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La oportunista. — capítulo 10

PRESENTE

Domingo por la mañana me despierto en mi cama, mi pelo apestando a sudor y cigarrillos. Me quejo, ruedo encima y vomito en mi papelera. ¿Mi bote de basura? No me acordaba haberlo puesto allí. Entonces oigo tirar el inodoro.

¡Dios mío Peeta!

Me derrumbo contra mi almohada y pongo mi mano sobre mis ojos.

—Hola preciosa —Peeta entra con una bandeja y una sonrisa que ilumina toda la habitación. Me quejo de nuevo y escondo mi rostro en la almohada. Ayer por la noche: El alcohol, la traición de un amigo, esa embarazosa llamada.

—Siento mucho que te llamé. No sé lo que estaba pensando —grazno.

—No —dice colocando la bandeja sobre mi mesita de noche—. Me siento honrado de haber sido tu primera opción. —Toma un vaso de agua y una pequeña píldora blanca y los coloca tanto en mi mano. Dejo caer mi cabeza de vergüenza y muerdo la uña del pulgar. —Te traje un poco de pan tostado también...si estás lista. —Tomo un vistazo al pan y la mantequilla y se me revuelve el estómago. Niego con la cabeza y rápidamente quita la bandeja.

Mi héroe.

—Llamé al motel esta mañana —dice sin mirarme. Reboté en la cama y sentí mi cabeza dar vueltas—. Tu amigo desapareció anoche. Al parecer, tenía prisa por salir de la ciudad. —Me apoyo contra la pared y me mira a través de sus pestañas. Si no estuviera tan nauseabunda, habría sonreído al verlo a él en mi dormitorio.

—Un amigo, ¿eh? —Juego con mi edredón.

—No fue tu culpa. Hombres como esos deben ser castrados. —Asiento y resoplo mi acuerdo—. Pero, si alguna vez se te acerca nuevamente Katniss, lo voy a matar.

Me gustó eso. Me gustó mucho.

La canción 'Friends' se está reproduciendo en mi pequeño televisor cuando salgo de la ducha. Arrastro los pies en la sala de estar en bata y zapatillas y estoy de pie alrededor, no sé dónde sentarme. Peeta se escabulle a hacer sitio en el sofá para mí y enrollándose en la esquina. Decido hacer algo parecido a ser honesta.

—Me gustas Peeta —dejo escapar y luego me tapo la cara con las manos de la vergüenza —. Eso suena como una confesión quinto grado.

Él levanta la vista de la TV, sus ojos azules riendo.

—¿Quieres salir en serio?

Le pego en el brazo.

—No estoy bromeando. Esto es serio. Nosomosuna buena idea. Tú no sabes quién eres tú y yo séexactamentequién soy, por lo que probablemente deberías estar corriendo por tu vida.

—Realmente no quieres que lo haga. —Él estaba medio serio ahora, o al menos no estaba sonriendo ya.

—No. Pero sería lo mejor. —Estoy rodeando mis manos en las mangas de mi vestido. Me siento nerviosa y enferma del estómago, además de la forma en que me mira no está haciendo las cosas más fáciles.

—Tú estás enrollándote como un yo-yo aquí —dice poniendo ambas manos sobre sus rodillas, como si se estuviera preparando para ponerse de pie.

—Lo sé —digo rápidamente—, estoy pensando que yo no soy el tipo de chica del que quieres ser amiga.

—No sólo quiero ser tu amigo.

Tomo un instante, mi visión oscila dentro y fuera de foco y mi miserable corazón se hincha como un globo. Estoy muy confundida. No debería estar haciéndole esto a él, pero quiero hacerlo. Me froto la sien. Todo esto era demasiado complicado e injusto. Después de tres largos años, tengo lo que quiero y no es real. Él no sabe quién soy, y si lo hiciera, no estaría sentado en mi sala de estar.

Resoplo aire por la nariz. La Katniss buena me está pidiendo poner fin a las cosas con él para siempre. Ella recuerda el naranja atardecer de mierda y la pintura en el techo y lo que sucede cuando esos recuerdos vagan en su vida vacía y le recuerda cómo las cosas están frías. Nos dirigimos de nuevo a la TV, los dos avergonzados e incómodos. Peeta se va un par de horas más tarde succionando la esperanza de mis pulmones cuando se va.

—Bloquea todas las puertas, y llámame si me necesitas, ¿de acuerdo? —Asiento con la cabeza mordiéndose el labio inferior. No quiero estar sola, pero estoy demasiado avergonzada para pedirle que se quedara más tiempo. —Te veré mañana. —Yo quiero que se quede, mirando su hermoso rostro. Parece que lo duda, y por un momento, creo que está funcionando.

—¿Qué pasa? —le susurro.Por favor, que no que recuerde. Por favor, que recuerde.

—Nada... es sólo que me siento como que hemos hecho esto antes... déjà vu, ¿sabes?

Lo sé, porque esta es la forma en que nuestros adioses eran cuando estábamos juntos. Nunca pasó la noche porque nunca lo dejé.

—Bueno, adiós.

—Adiós —le digo.

Me hago una taza de té y me acomodo en el sofá. Lo perdí una vez debido a mi podredumbre interior. Mis mentiras comenzaron desentrañarse una tras otro hasta que estaba tan abrumada por el tamaño de ellas, me miró a los ojos y me dijo adiós para siempre. Recuerdo la sensación de entumecimiento cuando lo vi salir, y luego por el resto del día, hasta que me di cuenta de que no iba a volver.Nunca. Fue entonces cuando las paredes de mi presa emocional se vinieron abajo alrededor de mí. El dolor que experimenté fue tan potente y punzante durante los primeros seis meses, dominando cada día como un dolor de garganta.

Después de eso, se convirtió en un dolor constante, una ausencia que nunca salió de sus huesos.Peeta se fue, Peeta se fue, Peeta se fue...

Incluso ahora que estaba de vuelta en mi vida, todavía sentía su ausencia. Mi tiempo, sabía, era prestado, y pronto el fiero dolor empezaría de nuevo. Sólo sería cuestión de tiempo cuando se enteré de nuestro pasado y mi embutido de mentiras.

Decidida aprovechar el día. Si el tiempo es corto, bien podría estar con él tanto como me sea posible. Cojo el teléfono y presiono el número de su apartamento. Él no contesta, así que dejo un mensaje en su máquina para pedirle que me devuelva la llamada, lo que hace, unos diez minutos más tarde.

—¿Katniss? ¿Estás bien?

—Estoy bien, muy bien —alejo su preocupación—. Voy para allá —le digo rápidamente—. Preferiría no estar sola y tú me prometiste una cena de todos modos.

Espero, conteniendo mi respiración. Hay una pausa, durante la cual aprieto ambos labios y los ojos. Tal vez él tiene planes con Delly.

—Genial —dice finalmente—. ¿Te gusta la carne?

—Yo soy toda carne. —Me estremezco cuando se ríe—. Dame la dirección. —Anoto la serie de carreteras y calles que está dictando, y lanzo mi pluma a un lado. Sé el edificio que está describiendo. Era el tipo de cosas que no puedes evitar mientras conduces en la vía para llegar a la cadena de elegantes cafés y tiendas que se alineaban en la playa. Tenía por lo menos treinta pisos, un pedazo de bienes raíces que brillaba como OZ.

Cuando llegué, le entrego las llaves de mi auto compacto al empleado que los estaciona y entro al frío vestíbulo.

Un portero me saluda. Sus ojos comienzan con mis pies y suben lentamente a mi cara. Había visto esa mirada un millón de veces desde los amigos de Peeta. Yo estaba entre ellos, pero no uno de ellos. Sus ojos estaban sintonizados con Louboutin y Gucci, así que cuando me presenté en mí ropa confeccionada, sus miradas se nublaron como si les aburriera. La mayoría de sus conversaciones comenzaban:"Cuando yo estaba de vacaciones en Italia el año pasado..." o*"el nuevo yate de papá..."*a las que sería una silenciosa oyente, ya que jamás había dejado Florida, especialmente no en el velero de juguete de mi irresponsable papi.

Mi papá era el hombre que lanzaba sus botellas de cerveza vacías a la suerte de los demás hombres.

Cuando me quejé con Peeta, me instruyó en el arte de esnobismo.

—Míralos como que tú sabes sus secretos y los encuentras aburridos.

La primera vez que miré abajo de mi nariz a una rica heredera, ella me preguntó dónde había comprado mis zapatos.

—Payless* —le contesté—. ¿No es divertido? nuestros zapatos son idénticos, sin embargo, el precio que pagaste por los tuyo podrían alimentar a un pequeño país por un mes. —Peeta se había ahogado en su cóctel de camarones, y la heredera nunca había hablado conmigo de nuevo. Sentí un nauseabundo poder. Tú no tienes que ser rico e importante para intimidar a alguien, tenías que ser crítico.

No miré directamente al portero, pero parpadeo rápido en su dirección como si estuviera molesto conmigo.

Él sonríe.

—¿Está de visita señorita? —¿Está de visssita sseñorita?

—Peeta Mellark —le digo—. ¿Puede decirle que aquí está Katniss?—En ese momento escucho a la puerta del ascensor abrirse y Ricky Ricardo asiente con la cabeza a alguien por encima de mi hombro.

—Katniss —dice Peeta, poniendo su mano sobre la parte baja de mi espalda. Me estremece su contacto. Sonríe al portero. —Este hombre hace trampa en el póquer. Me estafaron completamente con cien dólares la semana pasada. —El pequeño imbécil sonríe radiante en respuesta. ¿Por qué la atención por parte de Peeta convertía a las personas en luciérnagas vivientes?

—¿Señor? Fueron los cien dólares más honestos que he hecho.

Peeta sonríe y me lleva hasta el ascensor.

—¿Te juntas con un empleado? —pregunto cuando las puertas se cerraron detrás de nosotros.

—Juego póker con ellos los martes —dice mirándome de reojo—. ¿Qué? Me gustan. No hay pretensiones. Además, yo no recuerdo a ninguno de mis otros amigos. —Me deja salir del ascensor y luego sigue detrás de mí. Tengo la sensación de que está mirando mi trasero.

—Es hermoso…este lugar.

Él hace una mueca.

—No es realmente acogedor, ¿no es cierto? Es un poco macho-solterón.

—Bueno, tu eres ambas cosas, por lo que encajas.

—Estoy seguro de que podría haber comprado una casa por lo que pagué por esto.

—Y una camioneta —Sonrío.

Hace una mueca.

—De eso no estoy tan seguro.

—Es aquí —dice deteniéndose en el 749—. No te dejes intimidar por los dieciocho pies de cielo raso y el plasma... son impresionantes, pero no es de temer.

Sigo sus hombros a la sala de estar. Su condominio es impresionante. El vestíbulo, resulta ser tan grande como mi habitación. Esta desnudo a excepción de la enorme lámpara de araña que pende sobre las baldosas color crema. Me siento absorbida por la elegancia. Él me lleva a la sala de estar, que, tal como lo prometió, tiene techos increíblemente altos. Toda la pared principal es una ventana, que muestra una vista del océano.

—Ahora, dime —digo deteniéndome para admirar una pintura— ¿mamá te ayudó a decorar o acabas de contratar a alguien?

—No lo sé —se encoge de hombros—. Pero la palabra es... salí con una decoradora sólo para tener cosas gratis.

—¿Así fue? —Extiendo la mano y toco con el dedo a la cubierta de un atlas gigante que estaba descansando en su manto.

—Esta es la cocina —dice llevándome a una habitación llena de acero inoxidable. Me conduce a un pasillo y se detiene antes de abrir la puerta.

—Mi oficina.

Me asomo por su hombro en una habitación que estaba encajonado hasta el techo de estanterías. Mi estómago se aprieta de la emoción y sentí una necesidad urgente de orinar.Libros. Maravillosos, magníficos libros.

—¿Tú leíste todo esto?

—Espero que no. Eso indicaría que no tenía absolutamente ninguna vida pre-amnesia.

—No lo sé —le dije, mis ojos barriendo los títulos— creo que disfrutas de un buen clásico... quizás Grandes Esperanzas. —Lo saco de la estantería y lo pongo en sus manos. Él hace una mueca, pero no lo mete de nuevo, poniéndolo sobre la mesa en su lugar.

Una foto enmarcada de Delly se encuentra colocada estratégicamente, probablemente por ella, junto al monitor de la computadora. La miro con furia. Es una de esas fotos de estudio que el fotógrafo cuidadosamente trató de hacer parecer natural. Delly estaba mirando un poco a la izquierda de la cámara, y su boca estaba ligeramente abierta y sensuales.*"Bésame, soy una puta hermosa"*dice en blanco y negro.

—Quiero tener una gran oficina un día —dice, siguiendo mis ojos hacia la foto de Delly—. Más libros que no lea, una chimenea, y una de esas grandes puertas arqueadas con una pesada fachada.

—¿Vas a colgar esa foto en tu nueva oficina? —le pregunto. Me duele verla allí, tan fijada en su vida.

Peeta se encoge de hombros y me mira con interés.

—Depende. La chica en el marco podría ser diferente. Tengo una cosa por las de cabello oscuro.

Le hago una mueca.

—Y mi habitación... Sus sábanas son de seda negra y están arrugadas y sin hacer.

Me pone enferma pensar en todas las mujeres que han rodado alrededor de sus sábanas.

—¿Dónde está el baño? —Le digo con voz débil. Él me lleva a través de la habitación y me mira fijamente. Hay una ducha con seis cabezales y profunda que podrían caber fácilmente cinco personas. Hay incluso una pequeña bodega construida en la esquina.

Se ríe de mi expresión.

—Este es mi sitio preferido también.

—Guao —digo.

—Bueno, si quieres pasar la noche puedes tener el privilegio de usarlo.

Toda la sangre se fue a mi cabeza.

Regresamos de nuevo a la sala de estar. Me desplomo en el sofá, mientras que Peeta va a buscar una botella de vino de la cocina. Él vuelve con dos copas en una mano y una botella de color rojo en la otra.

Llena las copas y me entrega una, sus dedos rozando los míos en el proceso. Cuando desaparece de la habitación para comenzar la cena, vierto el vino en mi garganta como una bala y relleno mi copa. Casi espero que Delly o su memoria hagan acto de presencia en cualquier momento y yo no quiero estar sobria cuando suceda.

—Así que, ¿puedo ver el anillo que has comprado para tu pequeña dulce novia? —Le digo cuando entra a la habitación. No sé por qué le pregunto esto, pero estoy segura que el vino me ha hecho más audaz.

—¿Por qué quieres ver el anillo? —Me mira por debajo de sus pestañas.

Hmmm, porque quiero ver lo que podría haber sido mío.

—Curiosidad. Soy una chica y me gusta la joyería. No tienes que mostrármelo, si no quieres.

Desaparece en la habitación y vuelve con una pequeña caja azul. Es Tiffany. Que predecible.

—Guao, hombre — le digo abriendo la tapa. Es un pesado y enorme diamante. El adorno más bello y desagradable que he visto. Bueno, aparte de Johanna de todos modos... —Esta cosa necesita su propio código postal.

—Pruébatelo. —Extiende la caja hacia mí y mi mano automáticamente la empuja.

—¿No es de mala suerte probarse el anillo de alguien más?

—Mala suerte para la novia, creo —se burla.

—En ese caso… —digo, alcanzándolo—. ¡Espera! —Echo hacia atrás mi mano—. Tienes que proponérmelo primero. —Le entrego la caja y me siento, esperando el show.

—¿Todo tiene que ser una producción contigo, no es así? —dice parándose y dándome la espalda.

—Pide y recibirás. —Cuando se da la vuelta de nuevo sus facciones están agitadas y nerviosas.

—Bravo —aplaudo.

—Katniss —comienza él. Lo miro en una sorpresa fingida. Luego de repente él está serio… o eso parece. Yo tomo un respiro. —Tú me perteneces. ¿Me crees? —Siento mis glándulas sudoríparas abriéndose.

Aguantando la respiración, asiento. Se suponía que esto era para reír, pero no suena gracioso, suena como algo que estaría recordando por años desde hoy, cuando este sentada sola en un cuarto lleno de gatos.

—¿Te casarías conmigo, Katniss? Eres la única mujer que sé cómo amar. La única mujer quequieroamar. —No se pone de rodillas y no lo necesita. Estoy balanceándome al borde de una crisis emocional justo ahora.

Sé que tenía que dar algún tipo de respuesta. Busco a tientas por mi ingenio, pero mi mente está tan seca como mi boca.

El vino habla por mí. Lo beso, porque está cerca y no hay otra respuesta lo suficientemente buena. Es sólo un roce de labios, cálido y apresurado. Se congela y se me queda mirando con cejas curvadas en sorpresa.

—Te hubiese dado diamantes hace una semana, si hubiese sabido que obtendría eso.

Me encogí de hombros.

Levanto mi dedo y estudio el diamante de Delly.

—Luce…

—Estúpido… —termino por él—. Aquí tienes, tómalo. —Tiro de la banda y choca contra mi nudillo. Lo intento de nuevo. Esta… atascado. —¡Mierda! —me quejo—. Lo siento mucho Peeta. Esta fue una idea estúpida.

—No te disculpes. Tus dedos están probablemente hinchados. Dale un poco de tiempo y vamos a tratar de nuevo más tarde—. Y luego desaparece en la cocina para ver la cena y yo me quedo en el sofá con la mitad de una botella de vino y el anillo de Fresita en mi dedo.

—No lo entiendo. ¿Cómo puedes pensar tan diferente de antes? —pregunto mientras estamos sentados comiendo la cena en su mesa de comedor. Estoy mareada por el vino y mi lengua se siente peligrosamente suelta—. No te gusta el anillo que elegiste, antes de la amnesia, no te gusta la novia… o tu apartamento. ¿Cómo puede ser la misma persona alguien totalmente diferente?

—Nadie dijo nada de no gustarle la novia. Lo que pudo ser mis gustos en ese momento no lo es tanto ahora.

—¿Así que la amnesia te hizo una persona diferente?

—Tal vez o tal vez la amnesia reveló que no soy la persona que pretendía ser.

Él tiene razón. Los años que ha estado fuera de mi vida, se había transformado en un profesional soltero con sus cursis sábanas de seda. No era mi Peeta. El que había puesto esa mancha púrpura de pintura en mi techo.

—¿Amas a Delly? —las palabras están fuera de mis labios antes de tener el chance de tragármelas. Mi boca tiene un sabor amargo.

—Ella es encantadora. Muy amable y sofisticada. Siempre dice las cosas correctas en el momento exacto. Pero me parece que no puedo evocar las cosas que se supone que debo sentir por ella.

—Tal vez esos sentimientos nunca estuvieron allí en primer lugar.

—¿No crees que tal vez estás cruzando la línea? — Él deja sus cubiertos y apoya los codos sobre la mesa.

—Hey, sólo somos dos extraños conociéndonos. No hay líneas todavía. —Me echo hacia atrás y cruzo mis brazos.

Mi estado de ánimo se había agriado como la leche vieja y yo quería pelear.

—Tregua —dice levantando las manos.

Antes de que pudiera estar de acuerdo, toma nuestros platos y los lleva a la cocina.

Le ayudo a apilar los platos en la lavadora y luego Peeta consigue un poco de hielo de la cocina y lo mantiene en mi dedo.

Miro sus dedos trabajando a través de ojos lánguidos. Su siguiente movimiento casi me hace desmayar. Él está tratando de explicarme las reglas del fútbol, las cuales estoy fingiendo que me interesan, cuando alcanza mi dedo y lo coloca suavemente en la boca. El anillo se desliza con facilidad en esta ocasión.

Él lo toma de sus labios y lo coloca en la caja sin decir nada más. Lo lleva al dormitorio y yo aprieto y aflojo el puño.

—Necesito irme —digo, levantándome.

—No lo hagas —dice.

Mi teléfono comienza a sonar y dejo de mirar sus ojos para buscar en mi bolso. Mi teléfono muy pocas veces suena. Sólo lo tengo para emergencia y Johanna. Espero ver su número cuando miro la pantalla, pero en vez de eso es el de Sae.

—Algu-a-ien se metió en tu apartamento —grita cuando respondo.

**Hola!!**¿Que les pareció el capitulo?Espero que esta historia les siga gustando, me encanta leer sus comentarios!! :D **Asi que espero que no dejen de escribir!>>hablando de otra cosa:****Ya PRONTO se estrena Sinsajo!!!****Me dolio mucho ver a Peeta sufriendo en los trailers... y me dolera mas..****no puedo ver a Josh asi :(Ya compre mis boletos.. el 20 de nov. estare instalada viendo la peliculaaa! :DDGracias por comentar...!**Saludos