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Albus Potter — capítulo 14
No se si me desperté o si directamente todo dejó de ser negro.
Me levanté del piso y vi que Scor y James hacían lo mismo.
Me sacudí la ropa y miré al rededor, no se que era con lo que habíamos tropezado.
James hizo un ruidito ahogado.
-
Se me rompieron los lentes con la caída, mamá me va a matar. - desde hacia poco mi hermano usaba lentes, eran iguales a los de papá.
-
¿Sos mago? - le pregunté.
- Reparo. - dijo Scor apuntando los lentes con la varita y estos automáticamente se arreglaron.
-
Gracias, Malfoy. - le dijo como usando el apellido como insulto, pero de broma.
-
De nada, Potter. - respondió Scor de la misma forma.
-
Hey, chicos. Antes de que pasara eso raro... ¿ no les pareció ver a Rose? - pregunté señalando el umbral de la Sala de Ravenclaw.
-
Si, pero - Scor se asomó hacia afuera - parece que no está. -Se encogió de hombros. - Volvamos que tengo hambre.
Volvimos por el túnel hasta el "punto de encuentro" y la esperamos unos cinco minutos. Luego, impacientes, la fuimos a buscar.
Fuimos por el camino de la derecha y tuvimos que pasar otro túnel, aunque éste era bastante más corto.
Y llegamos a una sala, que era ovalada y con las mismas características que la Sala de Ravenclaw, solo que todo de los colores Amarillo y Gris.
Tenía varias cosas típicas de Hufflepuff (osea cosas raras) pero no me detuve a observarlas, tenía que encontrar a mi prima y mejor amiga.
No había señales de ella por ningún lado. Salí corriendo hasta el punto de encuentro y escuche los pasos de los chicos que me seguían.
- Hey, Potter, ¿estas más petiso o me volví loco?
Me di la vuelta, y en efecto, James perecía más chico.
-
Yo sigo igual, ustedes crecieron- dijo señalando mis pantalones. Me quedaban poco más abajo de la rodilla. - Parecen de mi edad.
-
Vamos a la Sala Común, ¡rápido! - les dije, teníamos que saber que sucedía pero sería mejor averiguarlo en la tranquilidad de nuestras habitaciones.
Salí hacia el pasillo de las mazmorras corriendo sin prestarle atención a nada. Llegué hasta el cuadro de la dama Gorda y cuando le dije la contraseña no me dejó pasar.
- ¿Cambiaron la contraseña de nuevo? - preguntó Scor.
-No me había enterado. - comentó James.
-
Nunca los había visto por aquí, niños, vallan a hacerle bromas a los de su propia casa.
-
¡Hey! - exclamó mi hermano indignado, claro, era el tercer año en el que venía a Hogwarts, además, ¿cómo olvidar al gran James Sirius Potter? Eleve los ojos mirando al techo, con solo imaginarme que decía eso me frustraba.
-
Vallan se o le aviso al director.
-
¿Director? - preguntó Scor.
-
Si, el director Albus Dumbledore, como si no supieran quien es. - dijo con molestia.
-
Si, tiene razón, mejor vamos a hablar con el director en vez de molestarla a usted. - dije a modo de saludo muy, muy, muy formal - Hasta luego.
Me aleje caminando hacia otro pasillo con los chicos. Cuando la dama Gorda no nos veía le pregunte a James:
-
¿Me das el Mapa?
-
Si, acá esta. - dijo sacándolo de su bolsillo, casi se le cae la capa de invisibilidad.
-
Que bueno que trajiste la capa. - suspire.
-
¿Por qué?
-
¿No escucharon que dijo Dumbledore? - agarré el mapa - Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. - dije apuntando el pergamino que empezó a formar el mapa. Señale un pasillo en el que había un pasadizo secreto en el que podríamos hablar.
Fuimos caminando hacia él intentando aparentar normalidad para los alumnos que yo no recordaba haber visto. Algunos luego de mirarnos juntaban sus cabezas y se ponían a cuchichear.
Llegamos al pasillo y corrimos un tapiz para poder entrar al oscuro pasadizo.
Nos sentamos en el suelo con el mapa en el medio.
-
Dumbledore... ¿no era el director que estaba antes que McGonagall? - preguntó Scor.
-
En efecto. - le respondí, mi padre me había hablado de él.
-
Pero... ¿no que está muerto? - volvió a preguntar, a lo cual asentí.
-
¿Qué hay de todas esas personas raras? No recuerdo haber visto a ninguno de esos estudiantes, nunca. - dijo James.
Revisé el mapa. Había muchos nombres extraños, otros que me sonaban, algunos apellidos conocidos y otros nombres que ya había escuchado, como por ejemplo, Albus Dumbledore, Minerva McGonagall, Rubeus Hagrid y Severus Snape. Aunque no pude revisar todo el mapa de una.
- Hey, ¡miren! Otro James Potter. - exclamó Scor señalando un punto cerca de las mazmorras.
Al rededor de ese "James Potter" había otros dos nombres "Sirius Black" y "Peter Pettigrew".
Mi hermano y yo juntamos miradas, ¿podría ser que... estemos en el pasado?
Sonaba demasiado loco, raro, irreal.
-
Hay que decirle a McGonagall. - les digo.
-
Pero, parece ser, que ella no es la directora ahora. - replicó James Sirius.
-
¿Confías en alguien que no conoces? Podría tratarnos de locos. - en realidad, me moría de ganas por ver a Albus Dumbledore y Severus Snape, eran el motivo de mi nombre.
-
Tienes razón.
Scor parecía no entender mucho, tal vez no conocía a las mismas historias que yo.
Vimos donde estaba en el mapa, y fuimos hacia el despacho del profesor Thomas, el cual estaba en las mazmorras.
- ¿De vuelta bajar? ¿Estoy gordo y quieren que adelgace? - preguntó Scor sin animo para bajar. Pero nadie le hizo caso.
Llegamos hasta el despacho (tratando de evitar la zona en la que habíamos visto a James, Sirius y Peter) y justo la profesora salía.
- Hasta luego, Horace.
Cerró la puerta y luego nos vio, primero a James, después a Scor y por último a mí. A medida que nos veía decía:
-
¿Qué sucede señores Potter, Malfoy y...? ¿¡¿Potter?!?
-
Le vamos a explicar todo - me apresure a decir, parecía pálida - pero tiene que ser en privado.
-
Oh, claro, claro - intentó recomponerse de la sorpresa -. Vamos a mi despacho, siganme.
Nos fue guiando por el castillo. Cuando llegamos al vestíbulo vimos a tres chicos corriendo hacia los terrenos. Uno de ellos (que perseguía a los otros dos) estaba maquillado, maquillado en exceso, ni a una chica le recomendaría maquillarse tanto, y una vez que nos pasó vi que detrás de la túnica de Slytherin llevaba un cartel bastante grande que decía:
"Amo a los Gryffindor, los leones son los mejores"
- ¡Potter! ¡Black! - exclamó la profesora llamándolos.
Ellos, que ya habían logrado salir del castillo, no la escucharon y siguieron corriendo. McGonagall bufo y siguió guiándonos hacia su despacho.
Nos abrió la puerta dejándonos pasar y nos ofreció sentarnos, a lo que nosotros preferimos quedarnos parados.
La profesora cerró la puerta y se sentó al otro lado del escritorio.
-
Bueno... ¿podrían explicarme por qué tengo de alumnos tres Potter idénticos y dos Malfoy similares?
-
Si, profesora, le explicaremos todo lo que pasó pero hay cosas que ni nosotros entendemos. - dijo James. - Explicale vos. - me pidió.
¿Por qué siempre yo?
- Bueno, mi nombre es Albus Severus Potter, - empecé mirando directamente a McGonagall. - él es mi hermano, James Sirius Potter y él, es mi mejor amigo Scorpius Malfoy. - la profesora volvió a ponerse pálida - Estábamos en Hogwarts con mi prima, cuando descubrimos un pasadizo...
Le expliqué todo, sin contarle del mapa, solo le dije que oímos sus nombres y preguntamos donde se encontraba ella.
Cuando terminé de hablar, sin interrupciones por parte de nadie, la profesora habló:
- Osea, que ustedes son del futuro y una maquina de Rowena Ravenclaw los trajo aquí... -James asintió. - Vengan, hay que decirle al Director.
Dijo y nos llevó hacia la gárgola que custodiaba su despacho... en nuestro tiempo.
- Draco Dormiens. - dice la profesora a modo de contraseña.
La gárgola se movió dando paso a una escalera de caracol que sube sola.
Nosotros nos paramos cada uno en un escalón y dejamos que nos lleve hacia arriba.
Al llegar había una especie de pasillo y una puerta. McGonagall tocó la puerta y se escuchó una voz no reconocida para mí que nos dejó pasar.
Entramos y me encontré con el despacho del director, casi igual que cuando lo usaba McGonagall, pero con menos cuadros.
Dumbledore; una persona difícil de describir. A simple vista podías ver a un anciano con gustos raros. Tenía estatura normal y túnica normal para los magos. Lo que realmente resaltaba en el anciano era que tenía la barba y el cabello blanco tan largo que si se ponía un cinturón, este, lo llegaba a agarrar. Otra de sus cualidades eran los ojos azules, muy profundos, que estaban detrás de unos anteojos finos con forma de medialuna.
Nos repasó a todos con la mirada (sin detenerse en la profesora) y en cuanto llegó mi turno sentí que podía ver mi alma.
-
¿Qué sucede profesora McGonagall? - no terminó de decir esto cuando se interrumpió - ¿Alguien quiere un caramelo de - ya sabía que iba a decir, mi padre me había contado de esta característica frase, ofrecía caramelos de limón - naranja? - preguntó señalando un frasco sobre el escritorio que contenía esos dulces. ¿¡Qué!? ¿No eran de limón? - Todavía no encuentro unos dulces mejores que estos.
-
¿Qué tal... de limón? - preguntó James con el entrecejo fruncido (él había oído las mismas historias sobre el Director que yo).
Dumbledore pareció pensárselo.
-
Al punto, profesor Dumbledore. - espetó McGonagall con severidad.
-
Oh, claro, claro. - dejó a los caramelos de lado. - ¿Puedo saber sus nombres señores Potter y señor Malfoy?
-
Yo soy Scorpius Malfoy y ellos son James Potter y Albus Potter. - nos fue señalando Scor.
El profesor Dumbledore pareció sorprendido al oír mi nombre, así que le dije tratando de ser lo más educado posible y sonriéndole con sinceridad:
-
Es un honor conocer al hombre al que se le debe mi nombre.
-
El honor es mío al que tu nombre sea por mí. - me devolvió la sonrisa. Si algo de todo esto me incomodaba era que tenía que hablar con formalidad.
No nos preguntó de donde somos ni que había pasado, solo nos preguntó de quienes eramos hijos.
-
Albus y yo somos hermanos, nietos de James y Lily Potter, creo que en este tiempo su apellido es...
-
Evans. - completé. Los profesores tenían una mirada de triunfo que decía "¡Lo sabía!".
-
Y yo soy el nieto de Lucius y Narcisa Malfoy, ahora Black. - Scor hizo una mueca al nombrar a su abuelo. Yo todavía lo recuerdo, cuando secuestró a Fred en el bosque.
-
Tendremos que llevarlos de vuelta a su tiempo. Pero, antes, tenemos que descubrir como hacerlo. Vamos a tener que revisar la misteriosa Sala de Ravenclaw, pero será mejor hacerlo de día, - empezó Dumbledore a contarnos su plan. - ya se está haciendo tarde. Tendrán que quedarse aquí unos días, trataremos de que sea el menor tiempo posible.
Dumbledore hizo una pausa.
-
Obviamente, no deben decirle a nadie, siquiera a mí, sobre el futuro, eso podría cambiar las cosas. Y hablaré con los padres del James Potter de este tiempo explicándoles todo para que le hagan creer a su hijo que ustedes son familiares lejanos de él.
-
¿Qué hay de mí? No me parezco en nada a ellos. - preguntó Scor preocupado.
-
Te cambiaremos el color de los ojos y el cabello a los característicos Potter. Y en cuanto a ti, James, deberás elegir otro nombre, sería muy raro dos personas con el mismo nombre en la misma familia. - explicó el profesor.
James meditó.
- ¿Puede ser mi segundo nombre, Sirius?
Dumbledore pensó un rato y cuando parecía que iba a negar asintió.
- Son todos de Gryffindor, ¿verdad? - preguntó a lo que nosotros asentimos. - Hay tres lugares libres en el cuarto de los merodeadores. Sus antiguos compañeros nos suplicaron cambiarlos de habitación, así que... ¡Suerte! - exclamó y dio por terminada la conversación.
Los cuatro salimos del despacho y, ya en el pasillo, McGonagall nos dio la contraseña de nuestra Sala Común.
Subimos sin parar a hablar con nadie sabiendo que seguramente se habrían expandido por todo el castillo los rumores más extraños.
Subimos al cuarto que compartíamos con los merodeadores.
No había nadie. Al entrar vimos montones de ropa por toda la habitación. Había siete camas.
Mirando en el sentido del reloj, la primera cama tenía pegados en la pared posters de jugadores de Quidditch, y la cama estaba deshecha. La segunda, parecía que había sido atacada por un huracán, y en la pared de atrás tenía fotos de motos y había un peluche de un perro negro tirado arriba. La tercera cama, también deshecha, tenía un sándwich mohoso y por la mitad en la mesa de luz, y un peluche de una rata sobre la almohada. La cuarta cama, estaba con las sábanas tendidas con apuro y sin esmero, había libros en la mesa de luz y sobre la cama reposaba un peluche de un lobo.
Las últimas tres estaban completamente limpias, pero tenían uniformes de Gryffindor nuevos tendidos en las camas y a los pies de ellas cada cama tenía un baúl lleno de las cosas que necesitaríamos para ese año escolar.
Scor, James y yo nos pusimos cada uno en una cama quedando James en el lado derecho de la puerta y a su derecha Scor y luego yo. Dejamos los uniformes sobre el baúl y nos acostamos, quedando profundamente dormidos a pesar de ser más o menos las seis de la tarde.