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Memorias de Idhún, el retorno de los descendientes — capítulo 11

¡Lo siento! Estoy demasiado liada con el Instituto y demás, y no tengo tiempo para nada... Por si no fuera poco, la musa idhunita me abandonó. ¡Espero que os guste, a pesar de que no sea muy largo!


Cuando Christian se despertó por la mañana, el tercero de los soles ya se encontraba muy alto en el cielo. Murmuró una maldición al ver lo tarde que era y se apresuró en vestirse. Abrió las ventanas de la habitación para poder ventilar y sus ojos se movieron inmediatamente al cielo. Ya no quedaba ni un solo rastro de la oscuridad que el día anterior había adornado el firmamento idhunita. Christian sabía que él no había sido el único en darse cuenta de ese extraño fenómeno. Su hija Eva también lo sabía. El shek no sabía si lo ocurrido estaría relacionado con los Seis o no, o si tendría algo que ver con Zelina y Zeil, los cuales suscitaban cada vez más preguntas.

Tal vez Kirtash ya no fuera el asesino a sangre fría que Idhún había conocido hace 15 años, pero su intuición y oscuros pensamientos no habían variado ni un ápice. Kirtash había sido entrenado para ganar.

Y no pensaba fallar.

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Bajo la ducha Eva pudo despejarse un poco y pensar en lo que acababa de hacer. Ahmariel no tenía la culpa de nada de lo que estaba ocurriendo. Como si la intolerancia de los idhunitas no fuera problema suficiente, el sueño que había tenido ayer la llenaba de incertidumbre. La semishek sospechaba que no había sido un simple sueño. Una visión, un mensaje. Eva no sabía de quién, pero tampoco le importaba. Tenía solo un mes para decidir lo qué hacer. Si se quedaba y moría o si se marchaba con…

La chica enrojeció solo con pensarlo. No sabía cómo había sido capaz de hacerlo eso a Ahmariel. Ni hablar de marcharse con él. Era simplemente demasiado absurdo. Por mucho que le gustara el chico, no podía obligarlo a marcharse de Idhún.

Por lo tanto, solo quedaba la opción de luchar.

Eva salió de la ducha y se vistió a toda prisa. No quería encontrarse con nadie. Su único deseo era marcharse del castillo y pasar el día fuera, paseando y pensando.

Pero sus planes se vieron truncados nada más salió del baño.

Apoyado en la pared se encontraba Ahmariel. Cuando el chico vio que Eva salía de la ducha, se colocó en frente suya.

  • Ahmariel- comenzó Eva, dispuesta a dejar al chico demasiado desconcertado como para quitarle las ganas de seguir hablando-, ¿qué estás…?

Pero el semiceleste no le permitió continuar. Plantó delante de los ojos de la chica una solitaria flor de color rosa adornada con un tímido lazo en el tallo.

Los ojos de Eva miraron sorprendidos a la flor, y luego al chico que la sostenía. Ahmariel miraba tímidamente al suelo y estaba rojo hasta las orejas.

  • Al fin he logrado dejar a un shek sin palabras- rió un poco cortado-. Esto… Verás, Eva, en una semana se celebra un baile muy importante en conmemoración de un importante evento. Y yo tenía la esperanza de que…

  • ¿Yo fuera contigo al baile?- terminó la chica-. Ahmariel…

  • No- interrumpió el chico-. Déjame terminar, Eva. Estoy seguro de que estarás más que arrepentida de lo que pasó ayer por la noche. Sin embargo, tú me gustas. Me gustas mucho. Me gustas más de lo que nunca me ha gustado nadie. Y sé que enamorarse de un shek es un camino sin salida. Pero veo a tus padres y pienso… Pienso que a lo mejor no es algo tan loco, ¿sabes? Que tal vez tenga alguna oportunidad contigo. Pero luego te miro y me digo que es imposible que a una chica como tú llegue a gustarle alguien como yo. No soy muy bueno con las palabras, y cuando empiezo a hablar no sé parar así que no estaría mal que me dijeras cuando es suficiente… O algo así.

Eva se le quedó mirando durante unos segundos que al chico le parecieron eternos.

  • Soy una persona muy difícil, Ahmariel. No creo que te beneficie demasiado estar conmigo. Además, no tengo pensado quedarme mucho tiempo aquí.

  • ¿Por la opinión de unos pobres ignorantes?- inquirió el chico- No debería importante su opinión, Eva, si las personas a las que quieres saben la verdad.

  • Sé que tienes razón, pero… Este no es mi mundo. No estoy aquí por gusto, que lo sepas. Pero ahora no puedo marcharme.

Ahmariel y Eva se miraron fijamente. Una mirada azul de carácter fría y desapegada, sin ningún tipo de calidez. Una mirada oscura, en la que no se diferenciaba iris de pupila, pero amable. La semishek envidió esa forma de ser. Todo el mundo admiraba a Ahmariel, el chico gustaba a todo el mundo, pequeños y mayores. Eva sabía que había chicas mejores que ella que también estaban interesadas en Ahmariel.

Y, sin embargo, el semiceleste le había pedido a ella ir al baile.

  • Está bien- sonrió la semishek-. Iré al baile contigo.

La chica cogió la flor que Ahmariel seguía sujetando y, con una sonrisa pícara, añadió:

  • ¡Pero ni se te ocurra pensar que lo hago por que me gustes ni nada por el estilo!

  • Nunca se me ocurriría, princesa del hielo- sonrió el chico-. Por cierto, ¿tienes planes para hoy?

  • No que yo sepa- mintió Eva. Estaba segura de que pasar el día haciendo cualquier cosa, con tal de que fuera con Ahmariel, sería mejor que ir a pasear sola por la ciudad.

  • ¿Qué te parece si bajamos a la zona comercial de la ciudad y compramos un precioso vestido para ti? Y, ya de paso, ropa para mí. Hace ya cinco años que no voy al baile, supongo que no me valdrá la ropa.

  • Nos vemos en media hora delante de la puerta.

  • A sus órdenes.

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 Victoria se asombró mucho al ver bajar a Christian tan tarde. Jack se encontraba charlando con Shail y todos ellos ya habían terminado de desayunar. Cuando el dragón vio al shek bajar las escaleras tan tarde, no pudo reprimir una sonrisita de burla. Sin embargo, ese gesto se extinguió de su rostro al ver el semblante de preocupación que lucía Christian.

  • ¿Ocurre algo?- preguntó la unicornio.

  • Nada, de momento- respondió escuetamente el shek.

  • Si no ocurriera nada no tendrías esa cara- insistió Jack-. Yo también me di cuenta de que ayer pasó algo, Christian. No sé lo que y con qué estuvo o dejó de estar relacionado. Pero puedes contárnoslo.

Victoria asintió, dejando entrever que ella también era consciente de lo ocurrido el día anterior.

  • Ese es el problema- confesó-. No sé lo que ha ocurrido. La única que lo sabe… es Eva.

  • ¿Eva?- inquirió Victoria- Pero eso es imposible. ¿Cómo iba Eva a…?

El silencio se apoderó de la habitación, respondiendo por si solo a la pregunta no formulada de Victoria.

  • ¿Dónde está Eva, Christian?- preguntó el dragón, visiblemente asustado.

  • No lo sé- respondió-. Se… se ha desconectado de la red telepática.

No era un secreto para nadie de la familia el hecho de que Eva y su padre compartían una red telepática exclusiva, en la que el resto de la familia no entraba. Christian nunca habría imaginado a Eva siendo capaz de abandonarlo de esa manera.

Por eso Christian sospechaba que no había sido un hecho voluntario.

  • No sé cuanto tiempo nos queda, Victoria. Pero lo mejor sería estar preparados.