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Memorias de Idhún, el retorno de los descendientes — capítulo 12
¡Hola a todos! Lo siento por el capítulo tan indecentemente corto de la última vez. Hoy os traigo una actualización más larga. Espero que os guste y me lo hagáis saber en los comentarios. ¡Saludos!
Era un día verdaderamente espléndido. Los tres soles brillaban fuertemente, calentando Idhún agradablemente. Por todas partes se respiraba un aire festivo, debido a la fiesta que se avecinaba. La mayoría de los chicos ya habían invitado a las chicas que les interesaban al baile, y solo los más rezagados trataban todavía de persuadir a las más difíciles con regalos improvisados y anhelantes súplicas.
Las amigas de Kalanieh estaban realmente encantadas, pues ya todas tenían al chico que querían para la fiesta. Algunas lucían anillos brillantes en sus dedos otras, flores de los más diversos colores en sus cabellos o vestidos. Estos distintivos eran utilizados como símbolo, anunciando que dicha chica ya tenía planes para la noche señalada.
Todo eran rostros felices en las calles de Vanissar. Sin embargo, Kelanieh distaba bastante de estar feliz. No había visto a Erik desde la mañana, y ya se estaba haciendo a la idea de que ese año tampoco iría al baile. Había bajado a la ciudad para hacer unas compras para su padre y, ya de paso, distraerse un poco con sus amigas. Antes de la llegada de la Tríada, la persona con la que Kelanieh pasaba la mayor parte del tiempo era su hermano mayor. Sin embargo, desde que Eva había entrado en su vida, su hermano solo tenía ojos para esa chica. Kelanieh no se encontraba celosa de Eva, en realidad a ella también le agradaba la chica, pero ella comprendía que lo único que Ahmariel podría tener con esa chica serían falsas esperanzas.
Y lo mismo pasaba con Erik.
Kelanieh vio a una de sus amigas acercarse corriendo hacia ella. Paró de caminar y aguardó a que la chica la alcanzara.
-
¡Kel! ¿Cómo te va?
-
Hola, Serena. Todo como siempre- sonrió la chica.
-
Mira lo que me ha dado Shein, Kel.- dijo la Serena mientras le mostraba un precioso anillo turquesa-. ¿No es precioso?
-
Me alegro por ti, Serena- contestó la semiceleste. Y era cierto, se alegraba por su amiga, pero no podía evitar sentirse deprimida por si misma.
-
Por cierto, Kel- añadió su amiga desviando la mirada- ¿ese de ahí no es tu hermano? ¿Quién es la chica que lo acompaña? No la conozco…
Kelanieh miró hacia el mismo sitio que su amiga y lo vio. Eran su hermano y Eva. Iban paseando tranquilamente y bromeando, pues Eva estaba riéndose. Kelanieh vio que la semishek llevaba una flor rosa adornando sus oscuros cabellos. La chica no podía dar crédito. ¿Cómo era posible que su hermano hubiera podido invitar a una shek sin problemas y que a ella no pudiera invitarla un dragón? Se suponía que los dragones eran criaturas amables, que compaginaban con los sangrecaliente.
- Una amiga de Ahmariel- respondió Kelanieh, sumida en esos oscuros pensamientos.
En ese momento, el semiceleste reparó en la presencia de su hermana. Se acercó a ella con una sonrisa en el rostro, seguido por Eva.
Kelanieh le devolvió una tensa mueca, que pretendía ser una sonrisa. Su hermano no se dio cuenta, pues su estado de ánimo era tan resplandeciente que nada en el mundo podría acabar con su buen humor. Sin embargo, Eva si pudo apreciar el terrible nubarrón que oscurecía el día de su amiga. Su código moral le impedía leer las mentes de sus amigos o familia, pero no podía preguntarle a la semiceleste estando su hermano delante. Por lo tanto, Eva hizo de tripas corazón y accedió a los pensamientos de Kelanieh.
Cuando la chica vio que la tristeza que marcaba el día de Kelanieh era culpa de su hermano, no pudo evitar que le hirviera la sangre.
<> pensó, enfurecida <>
En vista de que Ahmariel iba a charlar un rato más con su hermana, Eva conectó telepáticamente con Erik.
El semidragón había decidido pasar su mañana entrenando un poco de esgrima. La verdad era que nunca había sostenido una espada hasta ese mismísimo día, pero nunca era tarde para empezar. Su padre le había dejado una espada de madera para que comenzara a probar algunas fintas.
Llevaba ya media hora de infructuoso trabajo, pues ninguno de los ejercicios que su padre terminaban por salirle bien, cuando un pinchazo le atravesó la cabeza. Ahogó una exclamación de dolor y se llevó una mano a la frente.
<<¡¡Erik!!>> escuchó el semidragón en su cabeza.
<< ¿¡Eva?! ¿Pero que estás haciendo?>>
<< ¡Esa es mi frase! ¿A qué estás jugando, Erik?
El chico no comprendía nada de lo que se hermana estaba acusándolo, así que no pudo hacer más que transmitirle su desconcierto.
<< No te hagas el tonto>> le respondió de forma cortante Eva << La pobre Kelanieh está tan triste que es más que imposible que no te hayas dado cuenta>>
<< ¿Qué le ocurre a Kel?>>
<< Eres imposible. Sabes que solo falta una semana para el baile, ¿verdad?
<< ¿Baile?>>
Eva reprimió un grito. Estaba segura de que Kalanieh se lo había dicho. Pero su tonto hermano no había caído de la burra todavía.
<< Erik>> continuó la semishek << El baile del que te ha hablado Kelanieh. Ese baile. ¿No vas a invitarla?>>
<< ¿Invitar a Kel? ¿Yo? A ver… Seguro que ella tiene alguien mejor con quien ir…>>
<< Tú verás Erik. Por cierto, está en el pueblo. Y me parece que se va a aburrir de esperarte>> dijo Eva, cortando la comunicación telepática con una sonrisa en sus labios. Estaba segura que Erik ya había dejado lo que estaba haciendo para bajar a la ciudad.
Y así era. En el castillo, el semidragón ya había guardado la espada bajo la atónita mirada de su padre, que no había sido partícipe de la conversación.
En vista de que cambiarse de ropa le llevaría mucho tiempo. Decidió ponerse una sudadera por encima de su ropa de entrenamiento y, así, salió del castillo a la carrera, con la esperanza de llegar al centro de la ciudad antes de que Kelanieh se fuera.
Tras unos dos minutos de frenética carrera y algo menos de la mitad del trayecto recorrido, Erik se dio cuenta de que no llevaba nada para su amiga como muestra de su intención. Trató de frenar en seco, pero debido a la velocidad, tropezó con una piedra y se cayó. Sin perder un solo segundo, el semidragón se levantó del suelo y buscó una solución rápida- pero que pareciera elaborada- para su amiga.
-
Bueno, Kel, Eva y yo nos vamos- dijo Ahmariel, despidiéndose de su hermana-. Tenemos que hacer unas compras.
-
Ya me lo imagino- sonrió Kelanieh-. Pues no os entretengo más.
Eva y Ahmariel de despidieron con un gesto rápido y se dirigieron a la tienda a la que tenían pensado ir. Sin embargo, un grito los hizo pararse en seco. Ambos se dieron la vuelta, alarmados, pero Eva se relajó de inmediato al ver que el que gritaba no era ni más ni menos que su hermano mayor. Bajaba por la cuesta que llevaba a la plaza a una velocidad asombrosa, tratando de llamar la atención de Kalanieh llamándola a gritos. Estaba lleno de polvo y su rostro dejaba ver algunos rasguños. En la mano llevaba un estuche pequeño.
Cuando el chico llegó a donde Kelanieh se encontraba, se dejó caer al suelo de agotamiento. La semiceleste se quedó parada, mirando anonadada a su amigo arrodillado en el suelo tratando de recuperar el aliento.
- ¿Erik? ¿Estás bien?
El semidragón levantó la mirada, jadeante.
- Ehh… Si, gracias.
Se levantó poco a poco y alargó la mano con la sujetaba el estuche.
- Esto es para ti, Kel- dijo Erik-. Yo… Solo quería saber si te gustaría… ir al baile… conmigo.
La semiceleste estaba alargando las manos para coger el estuche, pero se detuvo en seco al escuchar las palabras de su amigo.
-
Pensaba que no ibas a pedírmelo- confesó.
-
Verás- trató de excusarse Erik- Pensaba que tendrías alguien mejor con quien ir.
Kelanieh simplemente sonrió y abrió el estuche. En su interior había un adorno para el cabello de color blanco azulado en forma de flor.
La amiga de Kelanieh- que había estado a su lado todo el tiempo- se retiró discretamente cuando se dio cuenta de que Kelanieh se había olvidado completamente de ella.
- Oh, Erik, es precioso. Claro que iré contigo.
El chico sonrió orgullosamente, a pesar de que en el fondo la aterrorizaba la idea de que Kel hubiera podido rechazarlo.
En el castillo de Vanissar, los dos invitados charlaban recluidos todavía en la enfermería.
- Me parece, Zeil- murmuraba la chica- que no nos van a dejar salir.
El chico se encontraba tumbado en la cama, igual de aburrido que su hermana. Suspiró amargamente, pensado en que no era del todo raro que no les permitieran salir. Después de todo, nadie sabía nada de ellos.
-
Ya sabes, Zelinah, que solo debemos estar aquí un mes. Si la niñita no se decide en ese mes, empezará la diversión.
-
Eso ya lo sé- contestó Zelinah, lanzando una mirada de aburrimiento a su hermano-. Pero me gustaría poder divertirme también en este mes.
Ambos hermanos suspiraron al unísono, aburridos. Era cierto que ellos se encontraban en Idhún para cumplir planes de venganza, pero aún así no estaban a favor de pasar el tiempo que durara su misión atrapados en un cuarto.
-
Además- continuó la chica-, la segunda parte de nuestro plan no está ni siquiera empezada, y no lo estará nunca a no ser que salgamos de aquí.
-
Va a ser difícil seguir con eso. Después de todo, ya tienen a alguien especial en sus vidas, tanto el dragón como la shek.
-
Eso no será problema- rió la chica, con ojos brillantes-. Los dos hermanos son medio humanos. Y todo el mundo sabe que los sentimientos de los humanos son débiles. Las relaciones humanas están marcadas por los celos y la inseguridad. No será difícil cambiar las tornas a nuestro favor, Zeil.