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Memorias de Idhún, el retorno de los descendientes — capítulo 13
¡Hola a todos! Me he dado cuenta de que el capítulo del baile iba a quedar extremadamente largo, así que he decidido dividirlo en dos partes. ¡Espero que os guste!
El día del baile amaneció soleado en Idhún. La última semana había pasado a una velocidad vertiginosa, entremezclándose el ajetreo por la celebración y las compras de última hora por parte de jóvenes, y otros no tan jóvenes, que todavía buscaban la manera de invitar a sus chicas al baile. La alegría de unos se veía contrastada con la decepción de otros, pues ciertos chicos no estaban demasiado interesados en cambiar una noche de risas con sus amigos de siempre por unos cuantos bailes con una chica que tal vez no volviera a hablarle al ver su original forma de bailar.
Esta celebración era una de las menos trabajosas para el palacio de Vanissar, pues toda ella se llevaba a cabo al aire libre. Por ello, el castillo se despertó de manera plácida y tranquila. Al menos, en su mayor parte.
Eva se despertó temprano, como acostumbraba a hacer durante toda la semana. Se levantó y se dirigió a las duchas, no sin antes echarle una discreta mirada a su compañero de habitación. El semiceleste estaba acostado de lado con los brazos estirados sobre las mantas. Tenía la boca abierta y roncaba muy suavemente. Ante esa visión del chico Eva aguantó una risa y fue corriendo a coger su teléfono móvil, que estaba muy bien guardado en su bolsa de viaje.
En Idhún los teléfonos móviles eran algo que nadie conocía, por lo tanto el de Eva estaba con la batería completamente cargada. Buscó un punto en el que Ahmariel saliera "bien" en la foto y presionó el obturador. Hecho esto, guardó el móvil de nuevo en su mochila y se dirigió a las duchas riéndose por lo bajo.
En la habitación contigua, Erik se despertó sobresaltado. Le había parecido escuchar un ruido fuerte que, a pesar de estar dormido, le sobresaltó de sobremanera. Entornó los ojos, maldiciendo no poder ver mejor en la oscuridad, y se incorporó lentamente. Buscó por toda la habitación un posible causante del ruido mientras trataba de ponerse sus zapatillas en la oscuridad. En ese momento, vio algo en la puerta. Una sombra oscura que entraba lentamente en la habitación y cerraba la puerta tras de si. Imaginando que sería Kelanieh, Erik se tranquilizó, a pesar de que no entendía que podría estar haciendo Kel en esos momentos entrando y saliendo de la habitación. Sin embargo, una breve mirada hacia la cama de su amiga le hizo quedarse helado. Su amiga estaba tumbada de lado sobre la cama, cubierta completamente por las sábanas. Entonces… ¿qué o quién era esa sombra?
- ¿Erik? ¿Estás aquí?
Al escuchar esas palabras, el corazón del semidragón dejó de amenazar con salírsele del pecho. Pero la procedencia de esa voz no hizo más que sorprenderlo. Era imposible, nunca la habrían dejado salir…
- ¿Erik?- volvió a repetir la misma voz.
No había duda alguna. Erik conocía esa voz a la perfección. Era la voz de los problemas. El desastre encarnado en cuerpo de mujer.
- Baja la voz- susurró Erik-. Ahora salgo. Espérame fuera.
Debido a la oscuridad, el chico no pudo ni siquiera ver qué pantalón y qué camiseta había cogido del armario, pero le dio igual. Para arreglarse para el baile todavía tenía tiempo. Cruzó la habitación de puntillas, tratando de no despertar a su pareja. Antes de abrir la puerta miró a la chica, que todavía dormía. Erik podía escuchar su respiración, lenta y tenue, en medio de la oscuridad. Y se hizo la promesa de qué nada de lo que pudiera decirle la chica que le esperaba fuera cambiaría su forma de ver las cosas. Su forma de ver a su Kel. Había sido estúpido durante demasiado tiempo, y no pensaba volver a repetir el mismo error.
Ahmariel abrió los ojos una media hora después de que Eva se fuera. La semishek ya había vuelto de ducharse y, al ver que el chico todavía dormía como un tronco, le había dejado una nota en su mesilla de noche.
El semiceleste reparó en el papel cuando se levantó y abrió la ventana de la habitación. Sin dilación, abrió el mensaje.
<< Como veo que vas a tardar un rato más en levantarte y no pareces muy interesado en hacerme compañía, me marcho al pueblo, a ver si el chico tan guapo que ayer me preguntó si quería ir con él al baile sigue interesado. Si no tardas mucho, a lo mejor aún me ves por el jardín, paseando mientras no me voy. >>
La reacción de Ahmariel al leer la nota fue de lo más variopinta. Primero se rió, pensando que Eva no le haría eso ni aunque se olvidara de que hoy era el baile. Sin embargo, tras meditarlo un poco, cayó en la cuenta de que la reacción de un shek para una situación así podría ser algo que nunca se le ocurriría hacer a una chica normal.
Con este pensamiento no muy positivo en mente, corrió a las duchas. Batió su récord personal de tiempo y se vistió en dos segundos.
Sin pensar siquiera en desayunar, siguió corriendo hasta los jardines. Se paró en el primer piso, y corrió hacia una balaustrada que daba hacia donde Eva había dicho que "tal vez" estaría.
El primer golpe de vista le permitió confirmar que, en efecto, Eva se encontraba allí. Sin embargo, también pudo ver otra cabeza masculina a su lado.
Bajó las escaleras que lo separaban del jardín a una velocidad supersónica corrió hacia donde se encontraba Eva. Cuando estuvo más cerca pudo ver que la vista no le había engañado. Eva estaba con un chico. Un chico al que, desgraciadamente, conocía muy bien.
- ¡Eva!- gritó, sin dejar de correr.
La aludida echó la vista hacia atrás, y sonrió al ver al semiceleste correr hacia ella.
- Te has hecho de rogar, Ahmariel- rió la chica.
Una vez el chico llegó a la altura de Eva y su acompañante, se relajó visiblemente. A pesar de que aún no comprendía por qué su amiga estaba con Zeil. Con Zeil, precisamente. Además, ¿por qué estaba Zeil fuera de la enfermería? ¿No se suponía que tanto él como su hermana amenazaban la seguridad de Idhún?
-
Eva- dijo Zeil con una sonrisa confiada en el rostro-. Ahora me retiro pero, por favor, piensa en lo que te he dicho.
-
Descuida- respondió Eva, mudando su agradable sonrisa por un gesto adusto y serio-. Lo haré.
Ahmariel cogió a Eva de la mano y tiró de ella. La semishek lo siguió. Juntos, subieron al piso superior y se dirigieron, sin ni siquiera hablarlo, hacia el comedor.
Ahmariel fue el primero que se atrevió a romper el hielo. Con voz temblorosa, preguntó:
- Eva… ¿Qué hacía ahí Zeil?
La chica simplemente desvió sus ojos azules hacia otra parte donde los luceros negros de Ahmariel no la escudriñasen presionándola.
El semiceleste no volvió a preguntar nada, herido. Le dolía que Eva no confiara lo suficiente en él como para decírselo. Por otro lado, entendía que su amiga se guardara cosas para ella. Después de todo, no dejaba de ser un shek. Con esos oscuros pensamientos rondando por su mente, no se dio cuenta de que Eva había empezado a llorar.
La semishek tenía la cabeza baja, cosa poco habitual en ella, y unas frías lágrimas rodaban por sus mejillas. A Eva no le gustaba llorar, pero últimamente sus ojos se inundaban con demasiada frecuencia. La chica no quería tener secretos para Ahmariel, pero decirle lo que Zeil le había comunicado llevaba implícito tener que confesarle muchas cosas.
El semiceleste le gustaba, pero no dejaba de ser un idhunita. Ella no quería relaciones con idhunitas. Ella quería una vida fácil y sencilla, sin complicaciones de guerras y discusiones. Y sabía que, en Idhún, ese sueño jamás se podría cumplir. Sin embargo, no había nada en los humanos que la atrajera especialmente. Su vida en la Tierra era demasiado anodina y simple. No tenía demasiados amigos, ya que todos la tachaban de rara y antisocial.
Ahmariel giró su rostro hacia Eva, para disculparse. No quería discutir con ella. Si su amiga prefería no decírselo, sus razones tendría. Por desgracia, sus palabras de disculpa murieron en sus labios cuando vio la expresión que Eva llevaba pintada en el rostro.
Y ocurrió algo realmente extraño. Ahmariel nunca había manifestado poseer ningún tipo de poder relativo a su origen celeste. Cuando su hermana estaba triste la acompañaba en el sentimiento, si, pero no mostraba mayor empatía que un ser humano.
Sin embargo, cuando el chico vio las lágrimas de Eva rodar por sus mejillas y su rostro contraído en una mueca de dolor y sufrimiento, no pudo evitar que sus propias lágrimas empaparan sus mejillas.
-
Eva…- murmuró el chico mientras la abrazaba- No llores, por favor. Todo va a arreglarse, ¿vale?
-
Entonces- musitó la chica- ¿por qué tú también estás llorando?
-
Soy un celeste, ¿recuerdas?- respondió, acariciando el pelo de su chica- Yo también siento tu dolor. Todo va a estar bien, ¿vale? Ahora vamos a tu habitación para secar esa bonita cara. No quiero que nadie te vea llorar, y menos el día del baile. ¡Van a pensar que no te hace gracia ir conmigo!- trató de bromear el chico.
Eva rió suavemente y asintió. No merecía la pena estropear el día con malos pensamientos.
Kelanieh se miró al espejo de cuerpo entero que había en su cuarto. La verdad es que no estaba del todo mal.
Faltaba una sola hora para el inicio del baile, y Erik ya estaba esperándola en la entrada. La chica se había pasado el día en la cama, pues estaba agotada. El día anterior se había acostado a las 5 a.m. porque todavía estaba buscando un par de cosas para su vestimenta. Por supuesto, el vestido no se lo había hecho ella, pero había añadido un montón de detalles artesanos. El tiempo la había cogido un poco desprevenida porque Erik no quería decirle de qué color iba a ser su corbata, y hasta no saber eso ella no podría buscar las telas.
Pero ya estaba listo. Su vestido consistía en un top blanco con unas mangas muy pequeñas que sólo cubrían los hombros. La falda le cubría hasta la mitad de los muslos, y terminaba en una delicada puntilla. Kelanieh había añadido unos diminutos brillantes azules en las mangas y en la parte inferior de la falda.
Lucía un collar también azul como única joya, exceptuando, claro está, el adorno para el cabello que Erik le había regalado. Sus zapatos eran de color azul cristal y con un diminuto tacón.
Llevaba el pelo recogido en una trenza que le caía por el lado derecho de su cuello y, entrelazado en el medio de la trenza, una cinta del mismo color que el adorno de Erik.
La verdad es que no podía quejarse de cómo había quedado a nivel general, pero todavía sentía que le faltaba algo. Se sentó en el suelo de su habitación, con el estómago lleno de mariposas. Estaba realmente nerviosa. ¿Y si Erik decidía que ya no le apetecía ir con ella? ¿Y si todo salía mal y perdía su importante amistad?
<< No es momento para pensar en el terrible "que pasaría si", Kelanieh>> se dijo la semiceleste a sí misma. Se levantó y se miró al espejo por última vez. Dio una vuelta sobre sí misma y observó, satisfecha, que la falda hacía el efecto que ella quería. Cada vez que se movía un poco, la falda flotaba sobre sus piernas, para después caer suavemente y volver a su forma original. No le gustaban las faldas que quedaban pegadas a las piernas, así que ese había sido su único requisito al comprarla.
Con paso firme salió de la habitación y fue en pos de Erik.
Cuando Kelanieh llegó a dónde se encontraba su pareja, sonrió. Por lo menos su corbata sí que era del color que él le había dicho.
Al semidragón, al ver a Kelanieh, sintió el, por suerte refrenable, deseo de abrazarla y besarla. Estaba realmente preciosa. Para ser honestos, Erik considera que la semiceleste estaba ideal aunque se pusiera un saco, pero esta vez se había superado a sí misma.
-
Estás genial, Kel.
-
Muchas gracias- contestó la chica, azorada-. ¿Nos vamos?
Ahmariel echó a correr al ver la hora que era. Había quedado con Eva dentro de cinco minutos. En realidad, solo lo separaban 30 segundos del lugar exacto dónde habían quedado de verse, pero la semishek siempre era molestamente puntual, hasta llegar al extremo de aparecer en el lugar de la cita varios minutos antes.
Aquella vez no fue diferente, y cuando el semiceleste dobló la esquina que lo separaba del lugar de encuentro Eva ya estaba allí. Apoyada en la pared y con los brazos cruzados bajo el pecho, sonreía ligeramente de una manera un tanto inquietante.
Ahmariel había contado con la disponibilidad de su habitación para vestirse, puesto que Eva le había dicho que ella se arreglaría en la habitación de sus padres. Suerte de la que, por desgracia, no pudo disponer el semidragón, que fue echado de su propio cuarto por su pareja.
Ahmariel observó, escondido desde esta esquina, a su Eva. Su vestido era realmente precioso. De un color negro azabache con pequeños brillantes blancos, hacía resaltar los bonitos ojos de la semishek. La prenda no tenía mangas, y la falda era indecentemente corta, desde el punto de vista de Christian, al que casi le dio un infarto al ver a su pequeña niña vestida así. Sin embargo, a Ahmariel le pareció que no podría estar más perfecta. A pesar de que el vestido de la chica era maravilloso, era su peinado el que se llevaba la palma. Eva solía dejarse el pelo lacio, a pesar de que ya había comprobado que peinarse con rizos era algo perfectamente factible. Y esa había sido su ocasión. El pelo le llegaba por la cintura y los perfectos tirabuzones castaños enmarcaban su rostro de ángel, en el cual ya no quedaba muestra alguna de las lágrimas que lo habían cruzado horas antes.
Ahmariel y ella habían vuelto a la habitación y se habían acostado de nuevo, olvidando esa rutina llamada desayuno. El semiceleste había abrazado a la chica durante horas, rezando para que esta se quedara dormida y pudiera olvidar lo que fuera que la hacía estar mal. Por desgracia, Eva permaneció consciente.
La semishek le agradeció profundamente su intención de consuelo, y prometió contarle todo lo que la preocupaba después del baile.
El chico aceptó, receloso. No sabía qué podía ser aquel hecho tan importante que le quitaba el sueño a su amiga, pero tampoco pretendió agobiarla.
Conversaron sobre cosas triviales hasta la hora de comer cuando, juntos, fueron hasta el comedor. Pasaron el resto del día fingiendo que no había pasado nada.
Y allí estaban ahora. Eva estaba mucho más animada, eso podía verse a simple vista. El chico salió de su improvisado escondite y se dirigió a dónde la chica lo esperaba.
Cuando ella lo vio, su sonrisa aumentó visiblemente. Se cogieron de la mano y, juntos, salieron del palacio hacia la plaza donde el baile tenía lugar.
¿Qué será eso que Zelinah y Zeil andan diciendo por ahí? ¡Espero vuestras teorías en los comentarios!