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Memorias de Idhún, el retorno de los descendientes — capítulo 14

La Tríada al completo se encontraba en la biblioteca, discutiendo. A pesar de que sus hijos no les habían comunicado nada de los problemas y dudas que rondaban sus mentes, ellos lo sabían. No por nada eran sus padres.

Victoria, como madre de las dos criaturas, se bastaba de una sola mirada para saber cómo se sentían. Eva no la preocupaba especialmente, pues sabía que era mucho más avispada que su hermano, y no tendría problema en dejarle las cosas claras a cualquiera que se metiera con ella. Erik, por el contrario, siempre había sido más confiado. Por el contrario, el semidragón tenía mucha más experiencia del mundo en general, pues estaba en su naturaleza ser más sociable. En el Instituto, mientras Erik salía con sus amigos por las tardes, Eva se quedaba en casa leyendo, sin preocuparse de lo que ocurría más allá de su ventana.

Jack nunca había sido capaz de entender a su hija Eva. Como shek que esta era, sus pensamientos quedaban muy lejos de los del dragón. Confiaba en su hija, por ello nunca había dudado en que esta tomaría decisiones adecuadas siempre. Sin embargo, los últimos sucesos ocurridos, le inquietaban visiblemente. Por otro lado, su confianza en su otro hijo también era notable. Erik era mayor que Eva, y sabía defenderse a la perfección. Sin embargo, Idhún los estaba cambiando. A todos.

Christian estaba extremadamente preocupado por su hija. Ya había pasado un tiempo desde que su conexión mental se había roto sin motivo aparente, y aún no había dado señales de haberse restablecido. El semidragón le inquietaba, por supuesto. Pero esta era la única ocasión que él podía recordar en la que Eva fuera la que realmente corría peligro.

  • Bueno, empecemos- dijo Victoria, impaciente-. Los tres estamos de acuerdo en que la que tiene problemas aquí es Eva, ¿verdad?

Los chicos asintieron, convencidos. La situación de Erik también debía ser discutida, por supuesto, pero había que establecer prioridades.

  • Mi conexión telepática con Eva se rompió hace una semana- musitó Christian, removiéndose en su asiento- y aún no se ha restablecido ni parece que vaya a hacerlo.

  • No sé si lo habéis visto- interrumpió Jack-, pero Zeil y Eva estaban hablando esta mañana, y Eva parecía algo alterada.

Christian lanzó al dragón una mirada incrédula.

  • ¿¡Y cómo no nos avisaste antes?!

  • No creo que eso hubiera solucionado nada- respondió Jack, desafiante-. Lo que sí que nos ayudaría ahora sería poder hablar con Zelinah y Zeil. Iré a buscarlos.

  • Oh, eso no será necesario- exclamó Victoria-. Están detrás de la puerta. Llevan ahí, esperando, desde que entramos.

Como corroborando las palabras de Victoria, ambos hermanos entraron en la habitación, con la mirada altiva. Unicornio, shek y dragón observaron, cautelosos, a los extraños. Después de todo, en el fondo no sabían nada sobre ellos. No podían confiar en nada.


Cuando Kelanieh y Erik llegaron a la plaza central donde se celebraba el baile, sus respectivos hermanos aún no habían llegado. El semidragón cogió a Kel por la cintura y desplazó su mirada por toda la estancia. La verdad era que los idhunitas habían hecho un gran trabajo.

La plaza en la que se encontraban tenía forma circular. En un lado, habían dispuesto una gran tarima, donde se encontraba situada la música, que iba variando según las peticiones. Cuartetos de cuerda para bailar agarrado a su pareja, melodías más movidas para moverse sin sentido…

La danza tenía lugar en la zona central, alrededor de la cual habían colocado unos farolillos que emitían una suave luz blanca, perfecta para el ambiente.

Había también puestos donde vendían los dulces idhunitas más típicos, además de joyas y regalos por el estilo.

La semiceleste cogió de la mano a Erik y tiró de él en dirección a la pista de baile. El semidragón se resistió un poco, pues no era demasiado buen bailarín. Cuando iba a discotecas con sus amigos y las novias de estos, siempre se quedaba sentado ligando con otras chicas. Nunca bailando. Sin embargo, la insistencia de su amiga lo convenció, y terminó por dejarse llevar.

Tenía la sensación de que, bajo la luminosa mirada de Kelanieh, nada podría llegar a salir mal nunca. No había peligros. Tampoco adversidades. Mucho menos molestas e inexplicables guerras idhunitas o terrestres. Solo estaban Kelanieh y él, bajo el hermoso cielo estrellado.


Los hermanos se sentaron, bajo la atenta mirada de la Tríada. Con actitud en apariencia fría y distante, además de altiva, en ningún momento desviaron su mirada de los ojos del unicornio, dragón o shek. No estaban ni un ápice intimidados. Y eso no tranquilizó lo más mínimo a ninguno de los adultos.

  • Antes de que empecéis con vuestras preguntas- declaró con voz solemne Zelinah- permitid que os contemos una historia.

  • Una historia- tomó el relevo su hermano Zeil, esbozando una siniestra sonrisa- que de seguro os parecerá de lo más esclarecedora. A pesar de que ya lleváis un tiempo en Idhún aún no habéis reunido la información suficiente como para saber nada.

Esta historia tiene lugar después de que la Tríada abandone Idhún, junto con sus hijos, Kareth y Lune. Los Seis han abandonado esta tierra, dejándola cargada de magia. Pasan los años, y nada parece cambiar en Idhún. Salvo el hecho de que los archimagos empiezan a extinguirse, aunque eso parece no molestar a nadie. Cuando el último de los archimagos, Qaydar, muere, no se le concede mayor importancia que un simple funeral.

Lo que los idhunitas no son capaces de concernir, es del amenazante peligro que se cierne sobre ellos. Pero, ¿qué van a saber estos pobres ignorantes? En su pequeño mundo, los sheks y el Séptimo se habían ido, de aquellos que los salvaron un día no se había vuelto a saber nada y la magia no se acabaría, pues seguía siendo entregada de vez en cuando por un unicornio desconocido. ¿Qué podía ir mal, si los Seis volvían a velar por ellos desde los cielos?

Y así fue como, los Seis, cansados de Idhún, decidieron volver a empezar. En estos 15 años tuvieron tiempo de sobra para pensar en cuáles habían sido exactamente sus errores. Y se dieron cuenta de que el Séptimo era la clave. Habían tratado de renegar de esa parte considerada oscura, repudiándola y confinándola a vagar perdida para siempre. Pero pensándolo, ¿cómo podía ser posible que un ser hecho de oscuridad y destrucción tuviera la maravillosa capacidad de crear? Dejando de lado que sus criaturas eran las únicas comparables a los dragones, hechas por un Dios "completo". La ecuación no resultaba coherente. Si además se sumaba que su raza había sido capaz de superar un largo exilio sin extinguirse, el Séptimo no podía llegar a ser tan horrible como ellos pensaban.

Y llegaron a un acuerdo. El Séptimo se alió con los Seis. Una Alianza que siempre había parecido imposible y contraproducente tomó una importante consistencia. Querían un nuevo mundo. Uno donde todos los problemas idhunitas no tomaran consciencia nunca más. Empezando por la magia. Pero no podían concebir la desaparición de Idhún. Y fue por eso que contactaron con los sheks de la Tierra. Allí estaba la perfecta ayudante para su nuevo cometido.

  • Ziessel- interrumpió Christian, anonadado.

  • Ella misma- asintió Zelinah, esbozando una irónica sonrisa.

Ziessel fue llamada por el Séptimo para llevar a cabo esta misión. Ella solamente debía introducir nuevos sheks encubiertos en Idhún y llamar a la Tríada de nuevo. Era un plan perfecto. Sin embargo, no contaban con que los famosos héroes volverían con su descendencia. Eso los obligó a cambiar de planes. Introduciéndonos a nosotros.


Eva y Ahmariel se distanciaron bastante del camino directo hacia el baile. Caminaron despacio, alumbrados únicamente por la luz que la luna les brindaba. A Ahmariel, lejos de parecerle romántico, suplicó a Eva una y otra vez que caminara más rápido. La chica, sospechando la reacción de Ahmariel, se negó. El semiceleste no quería molestar a Eva, así que simplemente bajó la cabeza, pero no dejó de temblar como una hoja durante todo el camino.

  • Ahmariel, si tienes miedo a la oscuridad me lo podrías haber dicho y no te hacía pasar este mal trago- comentó Eva en un determinado momento.

El chico pegó un respingo y miró aterrorizado a su pareja. Al advertir esa mirada, la semishek comenzó a reír.

  • Disculpa, pero parecía que ibas a salir corriendo de un momento a otro.

  • No es que tenga miedo… Es solo que la oscuridad no me trae buenos recuerdos.

La chica no respondió nada. Después de todo, ella no era quien de decirle a Ahmariel que le contara nada, pues era la primera en ocultarle cosas. A pesar de que el semiceleste no decía nada, ella sabía que estaba preocupado. A ella también le inquietaba. Pero recordar que aún contaba con 2 semanas la tranquilizaba ligeramente.

Cuando llegaron a la plaza, Eva pudo ver a su hermano "bailando" con Kel. La chica sonrió. Erik podía ser un auténtico pelma y sacarle de sus casillas, pero no dejaba de ser su hermano.

En ese momento, sintió como Ahmariel tomaba su mano y tiraba de ella hacia la pista. La semishek era muy amante del baile, pues le parecía una excelente forma de expresión, por lo que lo siguió, de buena gana. La noche no había hecho más que comenzar.


  • ¿Qué tenéis vosotros que ver con la reina de los sheks?- inquirió Jack, intrigado.

  • Muchísimo- respondió Zeil-. Empezando por el hecho de que es nuestra madre.

El silencio se apoderó de la sala llenando el ambiente de un aire misterioso. La cabeza de la Tríada daba vueltas. ¿Los hijos de Ziessel?

  • Nuestra madre, Ziessel- o Shizuko, si preferís llamarla por su nombre humano- fue la pieza clave en el plan de los dioses. Cuando vieron que debían contar con una amenaza añadida, vuestros hijos, nosotros tomamos ese papel.

Los Siete quieren volver a empezar. La destrucción de Idhún fue una de las primeras posibilidades discutidas, pero se rechazó. Eliminar un mundo requería casi el mismo esfuerzo que crearlo, pues no podía restar ni una simple huella de él. Sin embargo, ninguno de los Dioses quiso quedar retenido en Idhún. Y pensaron en la Tríada. No sería difícil hacer que volvieran a tomar las riendas de Idhún, después de todo, no era la primera vez que luchaban por un mundo que no era del todo suyo. La única diferencia era que esta vez, Idhún les pertenecería.

Erik y Eva resultaron ser una mejor opción. Son mucho más poderosos que sus padres, aunque no lo sepan. Eva ya está al tanto de todos estos planes, y Erik lo sospecha. Los Siete le dieron a Eva un mes de plazo para decidir si irá voluntariamente o si tendremos que llevarla a la fuerza. Pero que os estemos explicando los planes aquí y ahora cambia la situación.

  • Aguardad- pidió Victoria, pálida-. Habéis dicho que os los llevareis. ¿A dónde?

  • Es imposible que dos niños que aún no han desarrollado sus poderes puedan llevar bien el papel de "semidioses", ya que eso es lo que serán- respondió Zeil, seriamente-. Tendrán que venir con nosotros por… una temporada.

  • No creo que eso sea lo único que queréis- interrumpió Jack-. Si solo se tratara de esto, no habría hecho falta tanto secretismo.

  • Es obvio que para que dos personas lleven el futuro de todo un mundo a sus espaldas tengan que… cambiar un poco.

  • ¿Cambiar? ¿Qué tipo de cambio?- inquirió Christian tras la afirmación de Zelinah.

Los dos hermanos cruzaron sus miradas un instante, sonriendo pacíficamente. Ya habían dicho demasiado


¡Siento haber tardado tanto! El Instituto me quita el tiempo que me gustaría consagrar a escribir...

 ¿Qué os ha parecido? Muchas gracias por los comentarios, sois los mejores. Tengo una pregunta que haceros sobre el siguiente capitulo. Lemon... ¿o no? No sé si seré capaz de escribirlo, pero quería saber vuestra opinión al respecto.

¡Nos vemos!