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Memorias de Idhún, el retorno de los descendientes — capítulo 2

El día amaneció soleado y tranquilo en Madrid. Los rayos de Sol se colaban por la ventana, acariciando las pestañas de Erik, que se despertó sintiendo ese cosquilleo. 

Abrió los ojos lentamente y no se sorprendió al no ver a nadie a su lado en la cama. "Eva siempre se levanta pronto, es normal", pensó.

Cogió la ropa que iba a ponerse y se fue al baño a ducharse. Bajo el agua se despertó del todo y recordó su conversación con Eva por la noche. 

Sin embargo Erik ya no sentía ese presentimiento extraño e inquietante que había sufrido la noche anterior. El chico no le dio más vueltas y lo dejó correr. Hoy era viernes, así que Christian tenía que estar al llegar y no le convenía estar despistado.

Se dirigió a la cocina para desayunar y allí se encontró con sus padres y su hermana, que estaban hablando sobre el Instituto.

Erik cursaba primero de bachillerato en un Instituto público de Madrid. No era mal estudiante, pero sus padres siempre alegaban que si se esforzara algo más le podría ir mejor. No ayudaba el hecho de que su hermana pequeña tuviera unas notas sobresalientes en todas y cada una de las asignaturas ya que solo contribuía a que sus padres la pusieran de ejemplo.

  • Hablando de clases en un día festivo, realmente no entiendo a mi familia- dijó Erik a modo de saludo.

  • Buenos días a ti también- respondió Jack.

  • Erik, no se si te das cuenta de que los exámenes están a punto de llegar y aún no te he visto coger un solo libro- le reprendió su madre.

Erik se quedó mirando a Eva un momento intentando transmitirle todo el odio que le tenía por haber sacado el tema de los exámenes.

  • Es que... Verás...

Pero la explicación de Erik quedó relegada a un segundo plano cuando la familia escuchó la puerta de la entrada abrirse con un ligero chirrido.

  • Papá- susurró Eva en voz baja mientras bajaba de un salto de la encimera donde estaba sentada.

En efecto, la persona que entró por la puerta no era nada más y nada menos que Christian. Éste abrazó a su hija y a Victoria cuando las vio, estrechó la mano a Jack con simpatía y revolvió el cabello a Erik cariñosamente.

  • Has llegado pronto- comentó Jack.

  • ¿Acaso quieres librarte de mi?- preguntó Christian.

  • Lo intenté hace mucho tiempo- contesto Jack, gracioso-, pero me ganaste tú.

Eran pocas las veces que hacían referencia a Idhún delante de los niños, pero siempre que nombraban algo de ese lugar, sus hijos los avasallaban a preguntas.

Para Erik y Eva no era un secreto la existencia de Idhún. A sus padres no les pareció conveniente ocultar todo su pasado. Sabían que era algo importante para los niños saber de dónde venían. No les daban detalles ni mucho menos. Idhún sería su historia hasta que sus hijos fueran lo suficientemente mayores como para entenderlo todo.

  • ¡Contádnoslo! ¡Por favor!- suplicaron Eva y Erik.

Christian dirigió a Victoria una mirada de precaución y habló en la mente de Jack y Victoria.

"Tenemos que hablar. Es importante".

  • Chicos, iros a hacer los deberes- dijo Jack mirando con curiosidad a Christian.

  • Luego os contaremos cosas- añadió Victoria-. Por favor.

Erik y Eva se marcharon a su cuarto y se cerraron la puerta, Erik enfadado y Eva pensativa.

En el salón los adultos se acomodaron en los sillones y Christian procedió a contar su historia.

  • He estado en Idhún. No digáis nada, sé que no es prudente, pero tuve que ir. La gente pregunta por la Tríada y sus hijos. Están dispuestos a abrir una puerta y venir a la Tierra a buscarnos. Erik y Eva, o más bien Lune y Kareth son temas principales de conversación. Ayer me encontré con Shail. Me ha dicho que la gente se arrepiente de habernos hechado por una niña con esencia shek, pero que no debemos fiarnos. Insiste en que volvamos, aún si solo es de vacaciones.

Por otra parte, los Seis también desean conocer a los descendientes de aquellos que derrotaron al Séptimo. No sé si es un problema este repentino interés o es simplemente pura curiosidad por lo que dejaron escapar.

Los tres guardaron silencio. Jack y Victoria todavía recordaban la furia con la que muchos idhunitas desearon acabar con Eva por tener sangre de shek corriendo por sus venas. No sabían que hacer.

  • Yo quiero ir.

Los tres alzaron la cabeza. Ante sus ojos se encontraba una curiosa Eva. Sus ojos azules brillaban con esa inteligencia que caracterizaba a los sheks y que la niña había heredado de su padre. Detrás de ella se encontraba su hermano, igual de curioso.

  • Eva... No deberías escuchar conversaciones ajenas- la reprendió Christian.

  • Pero no es una conversación ajena. Tiene que ver conmigo, conmigo y con Erik. Queremos ir.

La Tríada se miró entre sí, valorando las posibilidades. No tenían muchas opciones.

  • Está bien- sentenció Victoria-. Pero primero debemos contaros algo. La historia al completo. Nuestra y historia y, a partir de ahora, también la vuestra.