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Memorias de Idhún, el retorno de los descendientes — capítulo 3

El timbre sonó puntual en el aula 1 Bach A. Bachillerato de letras. Erik recogió sus cosas rápidamente y echó a correr por el pasillo. Todos sus compañeros se extrañaron, pues Erik siempre era de los últimos en salir del aula y siempre bromeaba con sus amigos antes de marcharse.

Un par de pisos más abajo la misma estampa se repetía, pero en vez de un chico era una chica la que corría por los pasillos. Sin embargo, nadie se molestó en preguntarse a donde iría Eva. Todo el mundo sabía que era una chica más bien solitaria y nadie osaba dirigirle la palabra por miedo a ser el destino de una de sus frías miradas.

Un par de minutos más tarde los dos hermanos se encontraron en la puerta de su escuela, listos para marcharse y no volver hasta la semana siguiente.

Hacía ya un par de semanas que los dos estaban al corriente de la historia de sus padres al completo, además de a todos los peligros a los que tendrían que enfrentarse. Erik temía toparse con algún imponente shek, a pesar de que sabía que todos estaban en un lugar muy lejano, con el Séptimo. Eva, en cambio, temía a los humanos. Cuando supo que su marcha de Idhún se debía a que ella era hija de Kirtash, el último shek que quedaba en Idhún y, por lo tanto, nieta de Ashran el Nigromante, se enfureció con todos aquellos intolerantes que le habían obligado a llevar su vida actual en la Tierra.

Pero aún no sabían el dato más importante de la historia. Aquel que estaba relacionado de la forma más directa con ellos.

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  • El dragón, el unicornio, el shek y sus hijos volverán a Idhún dentro de una semana. Esperamos que sepáis comportaros como es debido esta vez.

La voz del mago Shail retumbó por las paredes de la sala. Todos los idhunitas se estremecieron levemente. A pesar de que volverían a ver a Lunnaris y a Yandrak, la futura presencia de Kirtash y su hija Lune no agradaba a nadie.

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  • Eva, Erik, debemos contaros el final de la historia.

Jack, Victoria y Christian estaban sentados en el sofá, mirándolos seriamente. Ellos acababan de llegar del Instituto. Ni siquiera habían podido comer antes de encontrarse con esa inusual imagen.

  • Pero...- musitó Erik- Creíamos que la historia terminaba con vosotros reuniéndoos con Christian en la Tierra y llevando una nueva vida aquí.

  • Y así es- respondió Jack-. Pero lo que os debemos contar ahora está relacionado con lo que va a pasar una vez lleguemos a Idhún.

  • Lune- comenzó Christian-. Tú eres hija de un unicornio y un shek. Tu esencia de unicornio es mucho más fuerte que la del shek. Es por eso que estamos seguros que podrás transformarte en un unicornio cuando estés lista.

Eva tomó aliento. Sabía a la perfección que sus padres no eran del todo humanos pero el que ella pudiera transformarse era algo que nunca se le había pasado por la cabeza.

  • Sin embargo- siguió explicando su padre- si pones de tu parte, y sé que lo harás, también podrías despertar a la shek que hay en tu interior. Es cuestión de tiempo y esfuerzo.

La pobre niña no pudo hacer otra cosa que dejarse caer en el sofá. Sus ojos azul hielo me movían, frenéticos, buscando algo a lo que aferrarse para no ser arrastrada por un mar de emociones.

  • Eva, creemos que tu parte unicornio es un arma que podremos utilizar para que puedas ganarte la aceptación de los idhunitas- explicó Victoria-. Solo necesitas practicar.

La chica asintió imperceptiblemente. Ya más calmada, decidió hacer todo lo que estuviera en su mano para transformarse y poder complacer a sus padres, además de los otros idhunitas.

  • Kareth- siguió Jack-. Tú eres una historia aparte. Tu esencia unicornio y tu esencia dragón son igual de fuertes, pues tanto Victoria como yo somos los últimos en nuestra especie. No sabemos en cuál de las dos sería más fácil que te transformaras. Pero sin duda lo conseguirás.

Erik ya había escuchado lo que le habían dicho a su hermana, por lo que ya sabía que esperarse. De todas formas, el hecho de que él también pudiera cambiar de forma lo atrajo y asustó a la vez.

  • Claro- dijo-. Lo intentaré.

  • Sabemos- siguió Jack- que esto ha sido mucha información de golpe, pero teníamos que aclararlo con vosotros. Hoy empezáis las vacaciones de verano y no debéis volver a la escuela hasta la semana que viene, a por las calificaciones. Queremos que hagáis hoy mismo la maleta, pues nos marchamos hoy a Limbhad. 

  • Espero que lo entendáis- añadió Victoria-. Sería maravilloso que Eva pudiera transformarse en unicornio para cuando lleguemos a Idhún, ayudaría mucho. En la Tierra no hay magia suficiente, pero en cambio en Limbhad... la magia rebosa por los cuatro costados.

Los dos hermanos se miraron. Ambos estaban de acuerdo con la decisión de sus padres.

  • Claro que sí- dijo Eva-. Ahora vamos a hacer la maleta y en una hora nos vamos.

Christian y Jack los miraron con aprobación. Sin embargo, Victoria...

  • ¡Ah, no! ¡De eso nada!

Sus hijos la miraron, asustados, preguntándose qué era lo que habrían hecho para merecer la furia de su madre.

  • Antes- declaró ella tenéis que comer.

Las risas de los niños y sus padres molestaron ligeramente a Victoria pero, a pesar de todo, sonrió.

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  • No puedo hacerlo. Lo siento.

Victoria miró a su hija con comprensión.

  • Es normal, Eva. También a mi me llevó mucho tiempo.

El ruido de un portal abriéndose interrumpió la charla de madre e hija.

  • ¡Eva! ¡Tengo tus notas!- La voz de Erik llenó Limbhad y las chicas fueron a ver al recién llegado.

Hacía ya una semana que la familia estaba en Limbhad. Erik había salido a buscar las notas al Instituto, tanto las suyas como las de su hermana.

Jack y Christian estaban en la sala de entrenamiento, volviendo a ponerse en forma, tanto ellos como Haiass y Domivat. A pesar de eso, cuando escucharon a Erik fueron a ver lo que traía.

Eva quitó sus notas de las manos de Erik, las ojeó unos segundos y se las pasó a su madre y a su padre.

  • Felicidades- comentó Victoria.

  • Yo no esperaba menos- añadió Christian.

La niña se encogió de hombros. Una media de 10 en todo el curso no se podía mejorar, y eso le aburría.

  • Las clases deberían ser más difíciles- alegó.

El que no lo estaba pasando tan bien era Erik. No era mal estudiante, pero comparado con Eva...

  • Pásame eso, Erik- ordenó Victoria.

El chico se estremeció levemente y le dio el papel a su madre.

  • Cuando digo que tienes que estudiar más es porque tienes que estudiar más. ¡Un 7 en Historia! ¡Un 7! Eso es muy bajo, Erik.

  • Estoy de acuerdo con tu madre- añadió Jack-. Tienes que esforzarte más. 

  • ¡Pero cómo voy a centrarme en los estudios cuando sé que me voy a ir a un mundo nuevo donde existen los magos, dragones y esas cosas! ¡Dónde puedo transformarme en dragón! Es imposible centrarse en los estudios con esa motivación por otra parte.

Jack y Victoria suspiraron. Lo cierto era que su hijo tenía razón.

  • Vamos- dijo Jack-. Coged vuestras maletas. Nos vamos.

  • Pero yo aún no...- musitó Eva.

  • No importa- respondió Christian. Te adorarán de todas formas. Voy a hacer el Portal. Esperadme.

Todos fueron a por sus equipajes. Al entrar en su habitación, Eva sintió algo de nostalgia. Iba a echar de menos la Casa de la Frontera. A pesar de que solo había sido su hogar durante una semana, le había cogido cariño. Trató de no pensar en todo lo que se le venía encima. El odio de los idhunitas. Un nuevo mundo desconocido para ella. La posibilidad de transformarse en un unicornio o un shek. Todo era demasiado grande.

  • Nos vamos- dijo una voz a sus espaldas. 

Era Erik. Se le veía ilusionado y aterrorizado a la vez.

  • Nos vamos- contestó Eva.

Christian ya tenía el portal preparado. Jack y Victoria estaban esperándolos.

  • Pasaremos primero Jack y yo- dijo su madre-. Luego vosotros. Por último, Christian pasará y cerrará el portal. Ya nos esperan, así que no habrá margen de error. Apareceremos cerca de Vanissar. Allí nos esperarán Ha-Din, Shail, y aquellos que ellos hayan elegido para acompañarnos. No tengáis miedo.

Lune y Kareth asintieron.

  • No tenemos miedo- dijeron al unísono, esbozando una sonrisa de orgullo.

Victoria les dirigió una última mirada de ánimo y cruzó el Portal.

Lo último que vieron los dos hermanos antes de ser tragados por el Portal fue la oscuridad que los engullía y el gran vacío a sus pies.