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Memorias de Idhún, el retorno de los descendientes — capítulo 6

¡Hola! Este es el último capítulo de "presentación", a partir de ahora comienza la verdadera historia de Eva y Erik, de Ahmariel y Kelanieh. Pero no solo la suya. Pero, lo siento, hay un paréntesis- Aikarn sabe de lo que hablo- pero me fue imposible de sustituir por comas. ¡Disfrutad!


  • ¿Y qué se supone que debo decir?

Victoria suspiró. Ella no solía ponerse nerviosa cuando estaba segura de que todo iba a ir bien, pero su hijo estaba empezando a sentir un cierto temor.

  • No tienes que decir nada, Erik. Deja que tu padre y yo nos encarguemos de esto.

  • Tu madre tiene razón- añadió Ahmariel-. Deja de preocuparte. No va a pasar nada malo.

Y Erik de verdad quería creer las palabras de su amigo, pero un sentimiento extraño en su interior le decía que no se fiara. Estaba seguro de que cuando menos se lo esperara, algo horrible los sentenciaría. Ese presentimiento le hizo acordarse de la noche anterior a que toda esa locura empezara, hacía tan solo 3 semanas. 

"Qué raro" pensó "No he vuelto a tener esa sensación hasta ahora. Me pregunto si..."

Pero un ruido de pasos y una exclamación ahogada le hicieron dejar de pensar en esa extraña premonición para centrarse en la realidad. Los pasos, vio Erik, provenían de Kelanieh y Eva, que habían terminado de arreglarse y estaban ya listas para presentarse a los idhunitas. Kelanieh dejó a Erik realmente impresionado, pues tan solo llevaba un vestido fino de color blanco que se ceñía a su pequeña cintura por un lazo de raso, pero al chico le pareció la criatura más bonita del universo. Sin embargo, la exclamación ahogada que había escuchado Erik y que provenía de Ahmariel, no estaba destinada a la preciosa Kel. Ah tenía los ojos abiertos como platos y la boca entreabierta. ¿La causa? Eva. Erik vio que, efectivamente, su hermana pequeña estaba muy guapa, pero no entendió la admiración de su amigo, pues a su parecer Kelanieh estaba mucho más hermosa que la fría de su hermana.

Ahmariel, a pesar de la belleza de su hermana, no pudo despegar la vista de la chica de pelo castaño oscuro y brillantes ojos azules que mantenía la miraba baja por la vergüenza. Nada más verla había pensado que era una chica realmente hermosa, a la par de inteligente e increíble.

A pesar de tener sangre celeste, Ahmariel no podía percibir lo que otras personas sentían, ese don le había correspondido a su hermana (decidió avisar a Erik del tema, pues él también había notado que el dragón estaba "ligeramente" interesado en su hermana). Por el contrario, Ahmariel había recibido el poder de la magia que un unicornio le había concedido poco después de nacer. Nadie podía explicarse como un unicornio pudo tocar al chico, pues él no recordaba haber visto ninguno, y era bastante probable que ya no quedara ninguno en todo Idhún. Sin embargo, así era.

  • Ahora que ya estamos todos- sentenció Victoria interrumpiendo los pensamientos de los dos chicos- podemos empezar. Vosotros no os preocupéis, todo irá según lo previsto.

Y, a pesar de todo, Erik no pudo sacarse ese presentimiento de encima en ningún momento. Cuando estaban subiendo las escaleras hacia el escenario en el que habían de ser conocidos por los idhunitas, pensaba en el desastre. Cuando la luz proveniente del Sol le cegó al cruzar la puerta por la que se accedía al escenario, creía que algo horrible acontecería en breves instantes.

"Me estás poniendo nerviosa a mi" escuchó Erik en su cabeza. "Mis poderes avanzan a pasos agigantados, como puedes ver. Te comunico que ahora puedo leer tu mente".

"¡¡Pues no lo hagas!!" protestó el chico.

"Lo siento" respondió Eva "Pero eso es algo difícil de hacer cuando estás gritando en tu mente. Piensa más bajo".

Erik no pudo evitar que se le escapara una sonrisa tras las palabras de su hermana y trató de dejar la indecisión a un lado.

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La multitud gritaba con euforia. No podían esperar el momento de ver de nuevo al dragón, al unicornio y al shek de la profecía. Los años habían provocado su aceptación a la serpiente alada, haciéndolos personas más sabias. O eso era lo que la mayoría quería pensar, pues aún quedaban personas que no podían concebir Idhún sin la muerte de Kirtash y su hija, Lune.

A pesar de todo, cuando los idhunitas vieron aparecer a Lunnaris acompañando a sus dos hijos, no pudieron evitar una exclamación de sorpresa. Kareth era la viva imagen de su padre. Rubio y de luminosos ojos verdes, poseía esa fuerza que caracterizaba a Jack y el fuego del dragón brillaba en sus ojos. No hubo nadie que pudiera pensar de forma intolerante hacia el chico, pues era hijo de Lunnaris y Yandrak. El dragón y el unicornio que salvaron Idhún. Sin embargo, la reacción hacia la pequeña Lune fue otro cantar. Todos vieron su enorme parecido con Victoria, y nadie pudo dudar que su esencia tuviera una parte realmente pura. Esencia de unicornio. Pero fue el gesto de Eva lo que escandalizó a algunos idhunitas que se encontraban entre el público. Nada más posicionarse frente al pueblo, la niña alzó la mirada, desafiante. Sus grandes ojos azules relampaguearon con orgullo, un orgullo que asustó a varias personas. Otras, sin embargo, conocían la procedencia de esa fachada orgullosa. Ella tenía miedo. Antes de unicornio o shek, Lune era humana. Y esa humanidad había quedado relegada a un segundo plano cuando la misma humanidad que poseían los idhunitas la habían rechazado. Estas personas pudieron al fin ver el interior de Eva, dejando a un lado el odio hacia el Séptimo y, por lo tanto, sus criaturas, los sheks. Los ojos de la chica no brillaban como la escarcha, sino como el cristal. Un cristal puro y diáfano que les permitió ver con claridad y nunca más volver a ser cegados por odios inconclusos. Eva también se dio cuenta. Por supuesto, tomó en consideración las buenas intenciones de estas personas, a las que trató de no leer la mente, pero estar alrededor de tanta gente con tantos pensamientos diferentes la mareó un poco; pero le dolió que, a pesar de que fueran una minoría, aún hubiera gente que no la aceptara.

  • Estos- empezó Victoria su discurso- son mis hijos. Hijos de un unicornio. Pero también hijos de un dragón- dijo mirando a Erik, que se encontraba a su izquierda-. E hijos de un shek- añadió mirando a Eva-. Sin embargo, espero a que penséis como yo, y os deis cuenta de que no importa quienes sean sus padres. No importa cuál sea su esencia o si hemos mantenido una guerra sin sentido durante años contra uno de ellos, que se acabó convirtiendo en una causa perdida. Las diferencias que hayan podido surgir han quedado relegadas a un segundo plano. Hoy Idhún es un lugar en el que reina la harmonía. Y espero que no sea la única que puede afirmar sin duda alguna que, en el futuro, ya no quedarán en Idhún muestras de este odio ancestral que tantos años lleva marcando la vida de idhunitas. La Quinta Era será diferente, gracias a todos vosotros.

La muchedumbre estalló en aplausos y vítores hacia Victoria y sus hijos, así como Jack y Christian, que habían llegado algo antes de que Victoria empezara a hablar.

Sin embargo, la felicidad y júbilo de las personas fue interrumpida por un grito. Un chillido angustioso y desesperado que sacudió hasta los cimientos el palacio de Vanissar. Poco a poco, los idhunitas fueron dejando un pasillo por el que se pudo ver las siluetas de un chico y una chica tambaleantes. Un instante antes de caer al suelo inconscientes dirigieron la mirada hacia el estrado en el que se encontraba Victoria y su familia. Todos pudieron ver la mirada de tranquilidad y el brillo que inundaba sus pupilas hasta el último instante en que mantuvieron los ojos abiertos, hasta que se desplomaron violentamente, provocando la confusión y el desesperado asombro de todos los que se hallaban en esa plaza.