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Memorias de Idhún, el retorno de los descendientes — capítulo 8
¡Hola a todos! Aquí traigo el capítulo 7 de Memorias de Idhún: El Retorno de los Descendientes.
!Espero que os guste¡
Erik y Ahmariel corrían por los pasillos del palacio. Sin desayunar y a vestidos únicamente con unos pantalones, pues estaban tratando de ponerse la camiseta mientras corrían, se dirigían a la enfermería. Aún estaban durmiendo plácidamente cuando Jack había entrado a la carrera en su cuarto para decirles que tenía que presentarse en cero coma en la enfermería.
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La próxima vez que salgamos- dijo Erik, jadeando por el esfuerzo- nos acostamos antes. Estoy cayéndome de sueño.
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La próxima vez que salgamos- replicó Ahmariel- trata de no pararte en todos y cada uno de los puestos de ropa y armas de Vanissar y de dejar de ligar con cada chica que te encuentras a tu paso, mi don Casanova.
Erik hizo una mueca de desacuerdo, pero no protestó. Era cierto que se había quedado maravillado por todos y cada uno de los productos que había visto. El tema de ligar con chicas ya era algo que él no podía evitar, y así se lo hizo saber a su amigo.
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Es porque tengo un aura carismática que desborda. No puedo evitar ser el centro de atención de todas las miradas- bromeó el dragón.
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Por supuesto, mi buen amigo- ironizó Ahmariel-. Eres todo un imán sexual, cabrón.
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¿¡Y el insulto por qué?!
Ahmariel dirigió una mirada de superioridad a su amigo, aunque Erik pudo ver también un ligero tono de lástima.
- Ahmariel… ¿Qué ocurre?
Sin embargo, el semiceleste no pudo ni empezar la contestación pues escucharon una voz llamándoles. Era Jack. Los dos amigos siguieron corriendo los metros que le faltaban, dejando la conversación para más tarde.
- Mi nombre es Zelinah- dijo la chica pelirroja levantándose de la cama lentamente-. Supongo que os preguntáis que estamos haciendo aquí exactamente, sobre todo después de la extraña forma de la que llegamos.
Mientras hablaba se iba acercando lentamente a los dos hermanos. Erik sintió la necesidad de retroceder, aunque no lo hizo por vergüenza.
- Yo soy Zeil- continuó el chico rubio mientras también se levantaba-. Suponemos que nuestra presencia os ha alterado, pero sabemos que más os va a sorprender lo que os contaremos a continuación.
Eva quiso salir corriendo de allí al escuchar a Zeil. No tenía un buen presentimiento. La misma sensación que había notado cuando aún estaba en la Tierra, aquella noche.
- Nosotros- dijeron al unísono- somos enviados de los Seis. Aquellos que rigen el mundo con su poder. Ellos nos crearon para llevar a cabo una misión. Una misión que pensamos cumplir.
Nada más escuchar esas palabras Eva salió corriendo de la enfermería. Ya lo entendía todo, y ni siquiera le había hecho falta sondear las metes de los Zelinah y Zeil.
Abrió la puerta violentamente y se precipitó hacia el exterior. Olvidó que había un escalón justo detrás de la puerta de salida y tropezó. Cuando quiso darse cuenta, ya estaba en el suelo. O, más bien, lo que ella pensaba que era el suelo, pero que estaba demasiado mullido para serlo.
- ¡Au! ¿Eva? ¿Qué ocurre?
Ahmariel. Era por eso que no le había dolido, ¡había caído sobre Ahmariel!
- Pero… por qué se supone que estás detrás de la puerta…
Quiso gritarle, reñirle por la situación, pero algo se lo impidió. Se dio cuenta de que estaba exactamente encima se el chico que le… gustaba. Sus caras estaban alineadas, al igual que el resto de sus cuerpos. Eva notó que un sonrojo repentino invadía su rostro al notar que justo debajo de su entrepierna, por donde estaba la de Ahmariel, algo se endurecía y abultaba. Eva sabía a qué se debía, y trató de levantarse. De repente, la chica escuchó unos pasos acelerados y un grito ahogado. Kelanieh.
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Esto… Kel…- musitó la shek, levantándose- Esto no es lo que parece…
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Claro que no- rió la joven, tomando la mano de su amiga. Ven, Eva. Tenemos que hablar un momento.
Kelanieh guió a Eva hasta su habitación. Lune estaba tranquila, pues sabía que su amiga nunca le reprocharía nada. En cambio, sí que se encontraba un poco nerviosa por culpa de esos dos extraños. Si ella estaba en lo cierto las consecuencias podrían ser catastróficas.
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Kel… ¿Por qué me has traído aquí?
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Pues verás, Eva- contestó la semiceleste-. Es que me pareció que tenías bastantes ganas de marcharte.
Las dos amigas compartieron una carcajada. La de Kelanieh sincera y la de Eva con un leve matiz de tensión. Todavía estaba preocupada.
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Recuerda lo de esta noche, Eva- murmuró Kel bajando la voz.
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No podría olvidarlo- respondió Eva con una sonrisa pícara iluminando su rostro.
Erik salió de la enfermería tras interrogar concienzudamente a Zelinah y Zeil. Ahmariel seguía esperándole fuera a pesar de que ya comenzaba a oscurecer. Erik se unió a su amigo sin decir ni una sola palabra. Juntos caminaron en silencio hasta su cuarto. Faltaba una hora para que se sirviera la cena, y los dos llegaron al mudo acuerdo de que querían descansar.
Sin embargo algo se lo impidió. En la habitación contigua se escuchaban gritos de pelea que, aunque amortiguados por la pared, se escuchaban claramente.
- Esa es la habitación de Eva y Kelanieh. ¿Qué estará pasando?- se preguntó Ahmariel en voz alta.
Los chicos se abalanzaron sobre la puerta y corrieron los escasos metros que los separaban del cuarto donde dormían sus hermanas. Abrieron la puerta rápidamente y se encontraron con una discusión de chica en toda regla.
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¡Yo no puedo soportarlo más, Eva!- gritaba una alterada Kelanieh- ¡Entiendo que tenga que ser así, pero no puedes seguir haciendo lo que quieras!
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¡Hacer lo que quiera!- respondió una orgullosa voz- ¡Si estuviera en mi mano controlarlo no dudes que lo haría! Son estos estúpidos poderes, que se me van de las manos.
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Chicas…- susurró Erik-. ¿Se puede saber qué os pasa?
Fue entonces cuando Kelanieh y Eva repararon en la presencia de los chicos. Al principio se mostraron un poco sorprendidas, pero no tardaron en volver a la discusión.
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¡Ha sido culpa de Eva! Aparentemente no puede controlar sus poderes de shek y el hielo se le escapa de las manos. ¡Imagina que Erik empezara a quemar toda tu ropa, hermano!
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Pues la verdad, sería muy divertido- argumentó Ahmariel-. No me quedaría otra que pedirle ropa a…
Su hermana pequeña le lanzó una mirada enfurecida, instándole a cerrar la boca. Ahmariel cesó su monólogo un poco avergonzado. No le gustaba que lo regañaran… y menos delante de Eva.
- Me parece que no puedo seguir compartiendo habitación contigo, Eva- sentenció Kelanieh-. No te reprocho nada, pero como celeste soy demasiado sensible para tolerar estas cosas.
Erik y su amigo permanecían callados, atentos a como se desarrollaban los actos. Ambos chicos tenían el presentimiento de que la discusión iba a tener una gran repercusión en ellos.
- No pretenderás, Kel- protestó Eva- , que comparta habitación con mi hermano, ¿no? Creo que si congelara su ropa la bronca sería aún más grande… sobre todo con la aversión que le tiene al frío.
Erik reprimió un escalofrío. Cuando era pequeño había compartido habitación con su hermana durante un largo y espantoso año. No se llevaba mal con su hermana a pesar de sus esencias de shek y dragón, pero dormir en el mismo cuarto que ella había sido demasiado para él. Recordaba a la perfección aquel fatídico día en el que una Eva de 2 años había escalado a la litera superior, en la que dormía Erik. Se había posicionado justo encima de Erik y le había abierto un ojo a la fuerza con sus diminutos deditos de niña. El niño se despertó con un grito de terror, y no se cayó de la cama porque sus padres habían colocado un quitamiedos al lado del borde de la litera. Eva había empezado a reír a carcajadas y Erik comenzó a llorar de inmediato. Al único al que despertó el jaleo fue a Christian, que se levantó de la cama que compartía con Victoria aquella noche y fue a ver cómo estaban sus hijos.
El hecho de ver a su pequeña Lune riéndose y al dragoncito de Kareth llorando también le pareció gracioso, pero tomó a su niña en brazos y consoló a Erik. Lo arropó y le dijo que se durmiera. Cuando se marchó de la habitación con Eva en el regazo le susurró que no podía ser mala con su hermano, pero que por esta vez la perdonaba. La niñita de dos años, ya medio dormida en el regazo de su papá, asintió levemente. Christian la llevó a su cama, la posicionó entre él y Victoria, y así durmieron toda la noche.
Hasta las 8 de la mañana, cuando Jack se levantó para salir a correr y vio a su niño durmiendo plácidamente con un párpado rojizo y una mejilla morada por el golpe que se había llevado contra la pared al despertarse.
Y por eso Erik no quería dormir con Eva.
- Tranquila, Eva- contestó Kelanieh-. Claro que no. Tú vas a dormir con mi hermano y yo con el tuyo. ¿Verdad, chicos?
Media hora más tarde las dos amigas bajaban al comedor para cenar, después de haber cambiado de habitación sus maletas.
Las dos reían por lo bien que les había salido la jugada, pues Eva aseguró que los chicos no se habían dado cuenta de nada.
Sin embargo, la felicidad les duró poco. Eva recordó que todavía tenía un asunto pendiente con Zelinah y Zeil. Esos dos extraños acababan de llegar y ya habían alterado la tranquilidad de los idhunitas enterados de su existencia. La shek todavía tenía una firme sospecha sobre quiénes podían ser esos sujetos. Una sospecha que se sostenía sobre una base lógica, pero también muy extraña.
Eva temía la luz que había visto en los ojos de la chica y el chico. Era la misma luz que veía en su madre cada vez que la miraba.
¿Qué os ha parecido? ¿Cuál creéis que es la misión de Zelinah y Zeil que tanto teme Eva? ¿Conseguirá Eva transformarse en unicornio pronto, y así ser aceptada por la mayoría de los idhunitas?
Comentad, ¡que no cuesta nada y me hacéis feliz ^^!