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Una historia de amor — capítulo 18

Habían pasado unos días desde lo de Calipso y no la habían vuelto a ver. Leo y Annabeth no se hablaban, aunque el chico sabía bien que Annabeth no tenía la culpa de nada. Piper y Jason no llegaron a tener la primera cita. Leo apenas sonreía y gastaba las bromas de antes, no era el mismo, y Annabeth lo sabía.

-¡Annabeth!- la llamó Piper que venía corriendo por el pasillo mientras Annabeth guardaba los libros en la taquilla.

-¿Sí?- preguntó Annabeth una vez que Piper estuvo jadeante a su lado.

-Han visto a la profesora de practicas de la universidad en la plaza central del pueblo. Thalia pasaba por allí con Nico y me ha avisado, tal vez es el momento de que le vayas a pedir consejo.

-No lo sé Piper. Tengo muchas cosas en la cabeza como para ir a preguntarla nada.

-Lo sé Annabeth, pero ambas sabemos que necesitas esa beca. Según lo que me has contado, tu padre no piensa pagártela. Necesitas su ayuda Annabeth.

Annabeth odiaba cuando su amiga tenía tanta razón. Al final cedió y fueron en el coche de Jason, ya que le había prestado las llaves a su "aún no oficial novia" y Annabeth salió corriendo en dirección a la plaza con los bocetos en la mano.

Cuando la vio sentada en el banco, una sensación de de  le recorrió la espalda. Aún así se acercó.

-Perdone señora- dijo Annabeth sentándose a su lado en el banco.- Soy una de las alumnas del instituto-internado del pueblo que pretende estudiar arquitectura, y aunque mis calificaciones son buenas, necesito ayuda para conseguir la beca.

-Por supuesto que me acuerdo de ti- dijo la mujer.- Esperaba verte pronto.

-No sé cómo agradecérselo- dijo Annabeth con una gran sonrisa que la mujer le correspondió.

-Creo que te lo debo- contestó la señora. Annabeth no entendió el significado de esas palabras, pero prefirió dejarlo pasar cuando vio que la profesora se levantaba y se dirigía hacia una cafetería. Le hizo una seña a Annabeth con la mano para que la siguiera.

Pudieron pasar horas hablando de los bocetos de Annabeth, pero sinceramente les daba igual. Annabeth se sentía cómoda, pero esa sensación de ya haber visto du cálida sonrisa antes la envolvía una y otra vez.

-Algo te preocupa- dijo Minerva mirando atentamente a Annabeth.

-No... bueno sí, pero dudo mucho que mis problemas sean de su interés.

-Bueno... si algo sé, es que los problemas son una distracción para poder conseguir una beca. Cuéntame que te pasa.- el tonó maternal que usó le puso la carne de gallina a Annabeth.

-Sólo creo que he separado a dos amigos míos... y no sé como volver a juntarlos. Me he pasado años encerrada en mi casa aprendiendo a interpretar las expresiones y comportamientos humanos, bueno...para saber porque mi padre... me odia (pero esa es otra historia).

La mujer escuchaba atentamente a Annabeth y al mencionar a su padre arrugó ligeramente la nariz. La atención que le estaba prestando la ayudó a calmarse, más o menos.

-La cuestión es que cometí un gran error, y no se cómo solucionarlo.

-Mira Annabeth, yo cometí un grave error hace muchos años. Nunca he hecho nada más rastrero. Esperé muchos años, y cuando intenté solucionarlo ya era demasiado tarde. No cometas tú el mismo error. Me he sentido mal durante toda mi vida, aunque de ese modo conseguí cumplir mi sueño, dejé atrás la felicidad. No espero que me entiendas, tan sólo te recomiendo que no tardes en solucionarlo y que sigas a tu corazón. El defecto fatídico de personas como tú o yo, no solamente es el orgullo querida, también está el defecto de analizarlo todo, hasta los sentimientos y emociones. Y un corazón roto, no se puede arreglar con los conocimientos. Se arregla con otro corazón.

Annabetn la miró perpleja pero después la sonrió cálidamente y le dio un abrazo cuando la mujer abrió  sus brazos.

-Sólo quiero que sepas que estoy arrepentida- le susurró la mujer al oído mientras se abrazaban.

-Muchas gracias- dijo Annabeth- Me ha ayudado más de lo que cree.

-Gracias a ti. Por cierto, si te parece bien, podríamos quedar el sábado que viene por la mañana para poder trabajar en las bases de esos edificios tuyos.

Annabeth asintió enérgicamente y se fue con una palabra en la cabeza que le rondaba la mente mientras caminaba de camino al coche de Jason dónde Piper la esperaba pacientemente mirando por la ventana: Minerva.

-¿Qué tal te ha ido?-preguntó Piper en cuanto Annabeth se sentó.

-Bastante bien la verdad. Mejor de lo que pensaba.- respondió Annabeth- Por cierto Piper, voy a necesitar tu ayuda para un pequeño asuntillo.

Piper frunció el entrecejo ante el tono de su amiga.

-¿Qué asuntillo?- preguntó un poco nerviosa. Annabeth sonrió de lado.

-Pues verás...

()()(*)

Piper escuchaba atentamente a su amiga mientras esta le contaba su plan. Varias veces Piper pensó que Annabeth cuando se lo proponía podía ser igual de casamentera que ella.

-¿Sabes que horario tiene Calipso en el bar?-preguntó Annabeth.

-Se pasa la vida allí encerrada- contestó Piper.- Igual deberías dejar que lo arreglen ellos solos.

-Y es lo que voy hacer, pero los dos son muy testarudos. ¿De verdad crees qué alguno se va a acercar a hablar el otro aunque se mueran de ganas por dentro?.

-En eso llevas razón- dijo Piper.

-Suelo tener razón- dijo Annabeth divertida. Piper rodó los ojos. Aparcaron el coche a la entrada de la enorme mansión.

-Espero que funcione- dijo Peiper.

-Y yo- confesó Annabeth.

El miedo a perder a Leo o Calipso como amigos le quitaba el sueño todas las noches. Incluso había dejado de ir a ver a Luke a la biblioteca del pueblo por las mañanas. Corrió por los pasillos en busca de Percy y le encontró en la piscina.

-¡Percy!- le llamó. El chico, que estaba nadando no la escuchó. Volvió a intentarlo pero nada. Nadaba tan endemoniadamente rápido que era imposible llamar su atención. Se colocó en el borde de la piscina y esperó a que Percy pasara por donde estaba ella para intentar darle un manotazo para llamar su atención. Pero su plan no funciono. Justo cuando se inclinó para tocar la cabeza de Percy él dejó de nadar y el peso de su cuerpo jugó en su contra tirándola hacia delante y cayendo a la pisciana con la ropa puesta.

-¡Annabeth!- exclamó Percy. Sus ojos reflejaban una mezcla de diversión, confusión y sorpresa,- ¿Qué demonios haces aquí?.

Annabeth luchaba por mantenerse a flote, digamos que la ropa de calle no es lo más adecuado para nadar, además ella no era de las mejores nadadoras.

-¡Darme un chapuzón!- dijo Annabeth enfadada mientras se abrazaba a los hombros de Percy harta de luchar contra su ropa. Percy la agarró por la cintura y la apretó contra su cuerpo para mantenerlos a los dos a flote mientras movía las piernas. Se miraron a los ojos y Annabeth se quedó estática por la cercanía de Percy.

-¿Y bien?- preguntó Percy.- ¿Tanto me echabas de menos qué tenías que meterte conmigo al agua?.

-¿Eh?¡Oh, cállate sirenito! Yo sólo pretendía hablar contigo, pero no había manera de que me hicieras caso- dijo Annabeth enfadada.- ¡Ahora sácame de aquí!.

-Sí, si, si- dijo Percy.- Pero antes de eso...

Acto seguido Percy soltó a Annabeth haciendo que se cayera otra voz.

-¡Perseo Jackson!- gritó Annabeth.- ¡Juro que cuando te coja mi puño será lo último que veas- la amenaza de Annabeth si que hizo que se asustara, pero decidió picarla un poco más!

-¡Eso si me coges!- dijo mientras se ponía a nadar en dirección contraria a Annabeth.

-¡Tenlo por seguro!- gritó Annabeth mientras nadaba como podía detrás de Percy. A los cinco minutos comprendió que aquello era misión imposible. Jamás cogería a ese chico, pro lo menos en el agua. Dejó de nadar  y fingió ahogarse. Percy al comprobar que Annabeth ya no nadaba detrás de él se empezó a poner nervioso. Distinguió la figura de Annabeth en el fondo de la piscina y corrió a ayudarla. La sacó de la piscina y comprobó que Annabeth respiraba y que tenía una sonrisa en los labios.

-¡Annabeth!- gritó Percy enfadado-¿¡Cómo se te ocurre hacer algo así?!. ¡Por un momento he pensado que te había pasado algo, si te llega a pasar algo no me lo podría perdonar! Annabeth se incorporó aún con la sonrisa en los labios.

-Lo siento Percy- dijo ya un poco más seria.- No pretendía asustarte, pero algo tenía que hacer. De ser por ti aún seguiría persiguiéndote inútilmente. ¡Por favor no te enfades!- suplicó Annabeth.

-Esta bien- dijo Percy incorporándose.- Ahora vamos a cambiarnos, que vas a coger una hipotermia. ¿Qué era eso tan importante qué tenías que contarme?

Holaaa!!! Siento que sea un poco corto, pero es que soy muy mala insertar risa maligna. Vale, no jajajaja. A partir de ahora la listilla pone en marcha la operación: Caleo. Espero que os haya gustado, Besos!!!!