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Una historia de amor — capítulo 22

El baile cada vez estaba más cerca, la incertidumbre de que el padre de Calipso hubiese llegado antes que ellos al tesoro la carcomía y lo peor de todo había sido la llamada que había recibido de su padre aquella mañana.

Su madre estaba allí. Después de más diez años, su madre quería verla. Se lo había dicho a Percy, y él, como buen caballero que es, la había acompañado. Se dio la vuelta y vio el cocho de Percy aparcado en la calle mientras él descansaba apoyado contra su coche de una manera muy sexi. Se volvió a centrar en su madre, con la que había acordado encontrarse allí. La rabia la consumía, pero se apagó cuando vio a su agradable profesora de arquitectura en frente de la puerta de la casa de su padre.

-Hola profesora Minerva- dijo educadamente.

-Hola querida.- la profesora no parecía en absoluto sorprendida de verla allí.

-¿Cómo usted por aquí?- preguntó Annabeth.

-He venido  a hablar contigo Annabeth.- la muchacha se señaló sorprendida.

-Vamos a sentarnos.

-Verá señora, es que he quedado y...

-Yo soy tu cita Annabeth- dijo la mujer con calma. La voz de Annabeth se apagó por completo y la mano comenzó a temblarle.

-¿Qué?

-Soy yo Annabeth.

-¡No!- gritó Annabeth.- ¡No solo te fuiste de mi vida como si nada, si no que también me mientes sobre tu nombre y quien eres. ¡¿Cómo...?!

-Ya lo se- la atajó la mujer.- Soy una madre horrible. Pero veo que te has convertido en toda una mujer y quiero ayudarte.

-¡No! No puedes aparecer un día aquí y decir que quieres ayudarme después de más de diez años. Es...es... ¡cruel! ¿Qué clase de persona eres? Sólo te intereso porque te has fijado en que soy buena en tu campo y ahora de repente te intereso.

-Escúchame Annabeth- rogó la mujer.- Se que te he mentido, que te he dejado sola y que me fui... pero estabas con tu padre, y yo era joven, muy joven y tenía un sueño, tienes que entenderme. Quiero ser tu madre.

-¡Llegas diecisiete años tarde! No sabes lo que ha sido vivir con papá culpándome por tu ida. Ni siquiera una llamada- a estas alturas Annabeth ya lloraba. Atenea parecía igual que su hija, pero contenía las lágrimas.

El ruido de la puerta llamó la atención de ambas mujeres. Un hombre con cabello rubio se asomó por la ventana. Atenea se llevó la mano al pecho y contuvo un suspiro. Lo que menos quería Annabeth era una reunión de una familia completamente rota.

-Atenea- dijo Fredrik Chase en un susurro apenas audible.

-Hola- contestó ella.

-Hola.

-¡Esto es increíble!- exclamó Annabeth intentando dejar de llorar.

-Hola Annabeth- dijo su padre.

-¿Solo me vais a decir hola? Eso no puede arreglar nada, ¡nada!

Percy oyó gritos provenientes de la calle por la que había desaparecido Annabeth despidiéndose de él con la mano claramente nerviosa.

Corrió calle arriba hasta que delante de la puerta de una casa había tres figuras, una de ella gritaba, Annabeth.

-¡Annabeth Chase!- dijo el hombre.- ¡Somos tus padres no nos puedes hablar así!

-Vosotros no sois mis padres.- susurró Annabeth. Percy se acercó por detrás.-No sois mi familia.

-¿Qué puedo hacer?- preguntó Atenea también llorando.

-Ni siquiera me has pedido perdón- la voz de Annabeth apenas era audible. Percy sintió una ira creciente en su pecho. Se acercó a ella, pero antes de que la llamase si quiera, Annabeth le cogió de la mano y caminó en dirección contraria a sus padres. Percy prefirió estar callado, pero cuando doblaron la esquina Annabeth rompió a llorar.

Percy nunca había sido bueno consolando. Esa era Piper. Se limitó a abrazar con fuerza a Annabeth. Ella enterró su cara en el pecho de Percy.

-No tengo familia...- susurró Annabeth. Percy se alejó lo suficiente para mirarla a la cara.

-Me tienes a mi, siempre- dijo Percy. Annabeth sonrió cuando Percy comenzó a acariciarle la mejilla con su pulgar.

-Cierto. Y a los chicos- dijo Annabeth. Su sonrisa vaciló.

-No estas sola Annabeth. Cuando mi madre se casó con Paul también pensé que estaba solo, pero no es verdad. Te tengo a ti.

Annabeth miró a los ojos a Percy. Esos hermosos ojos verdes.

-Te quiero Percy- confesó Annabeth bajando la mirada. El corazón de Percy se aceleró. Fijo su mirada en los rubios rizos de Annabeth, sus ojos grises y el leve rubor por haber estado llorando. Todo en ella era hermoso.

-Yo te amo.

Un momento después los labios de Percy estaban sobre los de Annabeth. La rodeó con sus brazos por la cintura y ella pasó los suyos por su cuello. La juntó todavía más a él. No quería volver a separarse de ella nunca más. Cuando se separaron por falta de aire, la sonrisa en el rostro de Percy hizo a Annabeth sonreír también.

-El día que te conocí, mi madre se fue- dijo Annabeth aún sin apartar los brazos del cuello de Percy. Y él sin dejar de rodearla suspiró.

-Desde que te conocí no he vuelto a amar a nadie- confesó el chico. Annabeth sonrió.

-Eso es bueno, porque yo tampoco.- Percy gruñó complacido ante la respuesta de Annabeth y volvió a unir sus labios. Esta vez el beso era más apasionado, cargado de amor y de sentimientos encontrados. Percy acarició la espalda de Annabeth mientras ella jugueteaba con su pelo, enroscando mechones en sus dedos.

-Percy por favor, no me dejes nunca- dijo Annabeth entre besos.

-No puedo- confesó Percy. Annabeth le besó con más desesperación y Percy se acercó a la pared más cercana para apoyar el peso de ambos. Annabeth gimió cuando sintió el frío de la pared contra su espalda. Notó gotas en el pelo y separándose a regañadientes de Percy miró hacia arriba.

-Está lloviendo.

Percy la miró con una sonrisa.

-Eres preciosa- los cabellos de Annabeth se pegaron a su cara y se oscurecieron por el agua. Se puso roja ante el comentario de Percy, lo que la hizo parecer una niña pequeña. Volvió a besarla. Annabeth enroscó sus piernas alrededor de Percy. Posó su mano en el musculoso pecho de Percy y sintió su piel bajo la ropa húmeda. Un escalofrío recorrió la espalda de Annabeth.

-Deberíamos irnos- dijo Percy. Annabeth volvió a posar sus piernas en el suelo y asintió con la cabeza.

Cuando llegaron de vuelta al instituto corrieron bajo la lluvia hasta las habitaciones.

-Gracias por estar conmigo Percy- dijo Annabeth jugando con sus dedos. Ya habían llegado a la puerta de la habitación de Annabeth.

-Lo que sea por mi chica- dijo Percy con una sonrisa coqueta. Annabeth rió tontamente.

-Me gusta como suena- dijo Percy.- Mi chica, mi chica y sólo mía.

Otra vez Annabeth estaba contra la puerta y Percy la rodeaba con sus brazos.

-Vamos- dijo Percy cerca de sus labios.- Di que soy tu chico.

-Solo mío- dijo Annabeth.- Mi chico.

Percy unió sus labios en un delicado roce y se despidió con una sonrisa de Annabeth, que entró en su habitación.

Holaaa!!! Bueno como ya dije no voy a abandonar la historia, ¡por nada del mundo! Solo he tenido una crisis de inspiración. ¡Este capítulo es muy especial! Y no solo por la aparición de Atenea, sino también porque he llegado a las 11.000 lecturas, ¡y eso para mi es todo en logro! Y os lo debo a vosotros, ¡¡¡muchísimas gracias!!! Por la gente que me tiene en favoritos, las lecturas y los ¡90 comentarios!

Tal vez para algunos sea poca cosa, pero yo ahora mismo soy la persona más feliz sobre la faz de la tierra, les quiero!!.

PD: Dentro de un rato subiré el siguiente capítulo. No les haré esperar, besos!!