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James S.Potter y el reencuentro — capítulo 4

Las acciones de Greyback habían cambiado drásticamente los planes que tenían para el pequeño James, pero aun así todavía podían hacerle daño al famoso Harry Potter. Todo giraba en torno al objetivo de dañarlo de cualquier manera, ya fuera psicológica o físicamente. Ahora el plan de los mortífagos iba a seguir una dinámica aun peor que la anterior, Harry Potter se iba a arrepentir del día en el que mató al Señor Tenebroso.

Aunque el chico no se diese cuenta, los mortífagos le vigilaban día a día, pendientes de él en todo momento para no perderse nada. Tenían que saber como era y como actuaba, que le gustaba y que odiaba. Cuanto más supieran de él, mejor para todos.

En un futuro el chico les sería aun más de utilidad que ahora, tal vez Greyback incluso había ayudado haciéndole aquello al chico. Dentro de unos años, cuando estuviese en Hogwarts y se diese cuenta de que él no tendría mucho futuro por su condición de licántropo, Greyback podría engatusarlo para que se acercase a él y encima les ayudara con su causa. Harry Potter se iba ha arrepentir, al igual que el resto de su familia y amigos. Los seguidores de Voldemort jamás olvidaban, el rencor y la venganza en ellos era algo que siempre iba ha estar presente.

-Greyback, ¿tienes el informe de este mes?

El hombre lobo se acercó al mortífago cubierto con la capucha y sacó de su chaqueta unas hojas llenas de letras por todas partes. El mortífago, sin esperar un segundo, las cogió y comenzó ha ojearlas mientras Greyback esperaba paciente. Aquel muchacho había sido una de sus presas favoritas, una presa que tal vez en un futuro le ayudaría a él y a otros más en sus planes. No era para menos que estuviese entre sus favoritas, siendo el hijo perdido del famoso Harry Potter. El licántropo se acordaba perfectamente de las noticias de los periódicos después de la desaparición del pequeño Potter, no había podido parar de reírse durante horas, días e incluso semanas. El "elegido" ni siquiera se imaginaba el destino que iba a sufrir su hijo.

-De modo que ya lo han quitado de las listas de adopción...interesante. ¿Cómo ha reaccionado la gente al enterarse de su licantropía?

-La mayoría tan mal como esperábamos, solo unos pocos intentan estar a su lado.

-Mejor, cuantos menos apoyos tenga a su alrededor, más fácil será para nosotros acercarlo a nuestro lado. Estoy seguro de que recibirá una carta del colegio, así que lo mejor será que allí empecemos a tener contacto con él. Tal vez alguno de nosotros pueda infiltrarse o algo por el estilo, hay muchos profesores que necesitan una jubilación, o mejor dicho, una jubilación anticipada-dijo el mortífago riéndose de su propio chiste.

El licántropo asintió pero no se unió a él en las risas, él prefería seguir observando al niño en lugar de reírse de chistes, que en su opinión y en la de la mayoría del grupo, eran muy malos.

El muchacho había cambiado mucho desde el momento en el que se había convertido en un hombre lobo, hasta tal punto que se había vuelto algo agresivo y borde con aquellos que lo trataban mal por su condición. ¿Qué culpa tenía él de ser un hombre lobo? Él no había decidido nada de eso, jamás lo hubiera querido y ahora lo único que le quedaba era aceptarlo para el resto de su vida.

Desde el primer día que se transformó, muchos empezaron a rechazarle y a impedirle el paso a sus comercios o simplemente pasar cerca de sus casas, como si fuese un leproso o algo por el estilo. Aun así el muchacho no había perdido su forma de ser con aquellos que lo trataban como si fuese cualquier otro. Los pocos que le habían apoyado eran las personas a las que más aprecio tenía James, no sabía como habría conseguido levantarse si no fuera por la ayuda de ellos. Tal vez James fuese un rebelde en toda regla desde muy temprana edad, pero sabía cuando había que dar las gracias y a quien.

Tal vez el camino fuese duro, pero él tenía como objetivo superar cada bache del camino y cada obstáculo que se encontrase.