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Historia 177181 — capítulo 4

A la mañana siguiente, no hubo ningún tipo de bullicio en el castillo de Vanissar. Al contrario, todo era puro silencio, como si nada ni nadie se atreviera a pronunciar palabra dentro de los muros del mismo.  Cualquier presente podría haberlo calificado como tétrico, o peor aún, como si estuviera muerto.

Pero… ¿acaso no aparentaban estarlo casi todas las personas que en él vivían? No en vano, hacía tan solo unas horas, habían perdido a alguien muy importante en sus vidas. Por el contrario, en la ciudad, no faltaron gritos de alegría cuando se enteraron de que el dragón negro había sido asesinado.

Para aquellas gentes, era el primer paso para la total liberación de su mundo, así que ¿quién podía culparles? Definitivamente, no podían ser castigados, no por su propio monarca, incluso si el muerto no era otro que Erik, el hijo de la Tríada, más concretamente, del dragón y el unicornio que todo lo habían dado por un mundo que llegó a rechazarles cuando creyó conveniente.

Jack se encontraba sentado en uno de los bancos de la ciudad, en busca de aire fresco tras una noche en la que no había podido evitar llorar, algo que se había prometido no volver a hacer en la vida cuando tenía la edad de su hijo, cuando oyó algunas de las frases de distintas conversaciones.

-"¿Te has enterado? ¡Los sheks han acabado con él!"

-"Sí, los dioses han hablado. ¡Siguen con nosotros! Ahora, solo falta que se cumpla el resto de la profecía… debemos tener fe".

-"Aunque tal vez tarde tiempo en completarse…"

-"Claro. Pero es una amenaza menos. Nos salvaremos, ya veréis. La Tríada nos ayudará de nuevo, para eso han venido".

El rubio entrecerró los ojos mientras una furia indescriptible se apoderaba de su ser. Sus manos se cerraron y comenzaron a temblar, obviamente intentando contenerse, por dos motivos.

Primero, no quería revelar su identidad; la mayoría de esa gente no les conocía ni a él, ni a Victoria ni a Christian, y sería mejor que continuara así.

Y segundo, si cedía, no podía garantizar ser capaz de contenerse y terminaría haciendo algo de lo que posiblemente no se arrepentiría, pero que le convertiría en un monstruo. Tiempo después, no sabría decir si minutos u horas, notó una mano en su hombro.

-Jack… deberías volver al castillo. Todo el mundo te necesita allí... y tú nos necesitas a nosotros.

-Shail… -comenzó, con un tono de voz grave, evidentemente sin ganas de hablar con nadie, pero el mago no cedió.

-A mí también me duele, pero…

-Maldita sea, Shail. He dado mi vida entera y la de uno de mis hijos por esta gente, por un mundo que no conocía y que ni siquiera es el mío. Mi vida siempre ha estado en la Tierra, y allí se debería haber quedado.

-Idhún también es tu mundo, Jack. Eres en parte dragón, no lo olvides.

-Será mi mundo y todo lo que digáis. Pero yo no pienso mover un dedo por gentuza como esta nunca más: solo piensan en sí mismos y en salvar el pellejo cuando hay peligro. Cuando ya no nos necesitaron, nos echaron a patadas, pero ahora que el Séptimo volvió a asomar la cabeza, ¿tengo que actuar como si nada hubiera pasado? ¡No me jodas!

¿¡Me vas a decir que mi hijo ha muerto para salvar a estos bastardos!? -continuó- ¡¡Su vida valía cien mil veces más que la de cualquiera de ellos!!

Shail se quedó ligeramente abatido por las palabras de su amigo, pero aun así trató de hacerle entrar en razón.

-Chico… sé que la vida es injusta. Erik… era demasiado joven, tenía demasiada vida por delante. No merecía morir, no aquí ni por este mundo. En eso te doy la razón… ¿pero acaso vas a dejar la lucha a un lado, y hacer que su sacrificio sea en vano? -el humano le instó a pensar. Tras unos segundos, Jack volvió a hablar en el mismo tono lleno de rabia y malicia que había empleado desde que contempló a su propia carne y sangre precipitarse al vacío.

-¿Sabes qué es lo que más me jode, Shail? Que estos imbéciles están convencidos de que somos héroes de usar y tirar, sacándonos del cubo de basura cuando es necesario. Creen que estamos obligados a cumplir las profecías y sacarles las castañas del fuego, ¿entiendes?

-¿A dónde quieres llegar? -inquirió Shail.

-A lo mismo que le dije a Alsan. A que me he cansado de luchar por ellos. A partir de ahora, que aprendan a combatir a los sheks, que se entrenen, o que se dejen morir, lo que les venga mejor.

Pero conmigo no contéis para nada más… ¿Entendido? En lo que a mí respecta, la guerra se acabó. E Idhún también -terminó, y dicho esto, se levantó, tomando el sendero para volver al castillo.

Su cabeza comenzó a trabajar rápidamente, pensando en cómo volver a casa. Conseguiría que le abrieran la Puerta, se aseguraría de que Eva no tenía que correr la misma suerte que su hermano: no estaba dispuesto a perder todo por lo que habían trabajado, luchado y sufrido. Ya se encontraba a medio camino cuando, de repente, una sombra se deslizó delante de él, agarrándole del cuello de la camiseta y empujándole contra un árbol.

Los ojos verdes del dragón se abrieron mucho cuando se dio cuenta de quién era el agresor, no por el acto en sí… sino porque aquellos ojos azules como dagas heladas estaban húmedos.

-Christian…

-Escúchame bien, dragón…

///////////////////////////

Durante todo aquello, los jóvenes se encontraban entrenando en el castillo, aunque más que entrenamiento, bien podría haberse considerado como un ejercicio apático. Séun blandía la espada casi con aversión, haciendo movimientos lentos y cansados; evidentemente no estaba de humor para aquello, pero el desahogo le vendría bien.

Eva y Resa simplemente se encontraban la una frente a la otra, sin saber bien cómo actuar. Bastante tenían ya con sus propias emociones como para entrar en la mente o captar los sentimientos de las personas del lugar, respectivamente. En ese momento, todo apuntaba a lo mismo: la muerte del dragón.

Más pronto que tarde, Séun soltó la espada de madera con la que practicaba y se dirigió hacia la salida con un paso lento y desganado con sus ojos verdes fijos en el suelo, casi como una sombra, sin hacer ruido. Para Eva, ahora más falta que nunca de apoyo, le resultaba devastador.

Desde que había conocido al moreno, siempre le había gustado (aunque siempre lo negara) la forma que tenía de estar siempre bromeando, incluso en situaciones serias… y en ese instante, hasta él agachaba la cabeza y sufría en silencio.

Puede que fuera una shek, pero era evidente que su parte humana y su parte de unicornio la hacían caer en una desesperación que nunca había sentido antes; la de saber que su hermano se había ido y ni siquiera había podido decirle adiós. Ya nunca podrían volar juntos. El destino les había arrebatado aquella oportunidad… para siempre.

Antes de que pudieran decir nada, Markash se plantó en la puerta, con noticias sobre el estado de Cann.

-¿Qué quieres, serpiente? -inquirió el hijo adoptivo de Alsan de mala gana y un tono mucho más agresivo de lo habitual. Sabía que el shek estaría bastante contento de saber que Erik había muerto, pero no quería empezar una pelea.

-Ese chico que trajisteis desde Celestia… creo que deberíais verlo vosotros mismos. No sé qué demonios sucedió anoche con él, pero no es un humano cualquiera.

-¿Cann? -inmediatamente, el tono de voz de Séun cambió a uno mucho más preocupado. En ese momento se dio cuenta de que no se había parado a pensar en el pequeño rubio, cuando probablemente era el más afectado por todo aquello.

Los sheks le arrebataron a sus padres, a sus hermanos, y ahora, a Erik. Casi todo lo que conocía y por lo que vivía había sido asesinado a sangre fría…  No pudo evitar pegarle un puñetazo a la pared. Estaba siendo demasiado egoísta; si no podía ser fuerte por él, ¿quién lo sería?

-¡Mierda! -gritó, y salió en carrera hacia la enfermería.

-¡Séun! ¡Espera! -dijeron las dos muchachas, tratando de seguirle. Markash simplemente suspiró: definitivamente se le estaba haciendo muy complicado no lanzar ningún comentario sarcástico acerca de la muerte del dragón.

Cerrando los ojos un momento, le dedicó un mero pensamiento antes de eliminarlo de sus pensamientos, apartando su recuerdo en un pequeño rincón de su memoria.

-"Al menos moriste con honor, luchando y sin rendirte. Puede que fueras un completo inútil, pero ahora, en la muerte… tienes mi respeto, dragón" -fueron las últimas palabras de Markash hacia el fallecido antes de cerrar la puerta y deslizarse hacia la enfermería con su sigilo habitual.

Para cuando Séun pudo alcanzar la puerta, el hijo del Séptimo ya se encontraba dentro. Maldijo internamente por un segundo, pero siguió el ejemplo del shek y entró a toda prisa.

Excepto Christian y Jack, todos se encontraban allí, observando al preadolescente, que estaba sentado en la cama mirando a los presentes con desconfianza. Su expresión se relajó cuando Séun se acercó, preguntando cómo estaba.

-No lo sé… Me siento extraño. Es como si algo en mi estómago ardiera, pero sin quemarme. Duele un poco… pero es chispeante. Noto como algo que se mueve entre los dedos -confesó. Los humanos pensaron que se trataría de alguna enfermedad, pero para Victoria, aquella descripción era demasiado familiar.

-Tú… ¿un mago? -preguntó, a lo que el rubio negó rápidamente con un movimiento de cabeza.

-No, nunca he visto un unicornio, ni mucho menos tocado uno. Están extintos… bueno, casi -aseguró.

-Pero, entonces, no tiene sentido que puedas notar la magia… -musitó Victoria. Aunque era evidente en su voz que se encontraba rota, parecía haber encontrado las fuerzas necesarias para permanecer seria, al menos durante un tiempo.

-Vic tiene razón. Los únicos unicornios vivos que quedan son ella y Eva… y, hasta hace poco, Erik -la última parte fue más bien un susurro, pero logró que los presentes agacharan la cabeza.

En ese momento Cann recordó todo lo que había pasado el día anterior, e inmediatamente, su rostro se contrajo en una mueca de rabia e impotencia.

Su hermano estaba muerto. De nuevo la vida volvía a arrebatarle lo que era importante para él. ¿Es que acaso no tenía derecho a ser feliz? ¿Había nacido bajo una mala estrella, o simplemente, aquella realidad era la que vivían todas las personas en guerra a diario?

Su mirada se posó en Eva y en Markash, lo que hizo que sus ojos se entrecerraran al mismo tiempo que el rictus en su cara se ensanchó.

-Malditas serpientes… espero que ardáis en el infierno, todas y cada una de vosotras…  -fue lo único que pudo decir, sin saber de que una de esas "serpientes" era la hermana de Erik. La hija de Kirtash se adelantó unos pasos, preparando su mano para propinarle un golpe seco, pero Séun se puso en medio.

-Séun, apártate -casi ordenó ella.

-No, Eva. No pienso hacerlo.

-¿Pero es que no has oído lo que acaba de decir? -sus palabras eran cortantes como carámbanos, y no admitían réplica. Aun así, y aunque se sentía ligeramente intimidado, no retrocedió.

-Sí, lo he oído. ¿Y quién puede culparle por ello? Los sheks se lo han quitado todo, Eva. Sus padres, sus hermanos, sus amigos, todos sus conocidos: nadie, salvo él, escapó de la masacre en Celestia. Los pocos que lo hicieron están en paradero desconocido. Erik fue quien le dijo que le traería a Vanissar, que le ayudaría… y ahora, también está muerto.

Sé de sobra que los sheks sois mucho más inteligentes que nosotros… pero odio a la gente que habla y actúa sin saber nada -sus ojos verdes se endurecieron, enfrentándose a los de Eva, a la que no pareció importarle.

Para Resa, la tensión era palpable, dada su condición de semiceleste. Ninguno de los dos quería pelearse con el otro, pero llegados a ese punto, el enfrentamiento era inevitable.

-Bien -fue lo único que contestó la joven con una mirada sombría, incrédula ante la actitud de Séun.

-En cualquier caso, creo que yo puedo explicar todo esto. Cuando los sheks nos tenían contra las cuerdas, Cann se interpuso entre uno de ellos y Erik. Chico, vi cómo te pegaban un coletazo, cómo volaste hacia unas rocas, y te partiste el cuello. Era imposible que siguieras con vida. A no ser…

-A no ser que un unicornio le curara -completó Victoria, comprendiendo. Sin embargo, toda respuesta lleva a más preguntas, y en esa ocasión no fue diferente. Eva iba a abrir la boca para preguntarle cómo podía saberlo él, si ella ni siquiera estaba segura pero el moreno se le adelantó.

-Solo tuve que atar cabos. Si Erik puede… podía transformarse en dragón y tú en shek, era bastante posible que también tuvierais poderes de unicornio, ¿no crees? Había oído muchas cosas, pero… ¿curar heridas mortales? Eso es muy valioso, especialmente en una guerra -comentó Séun.

Eso convertía a Eva y a su madre en un objetivo prioritario para el Séptimo; no podían bajar la guardia.

Victoria suspiró, volviendo al tema anterior.

-Pero entonces, si ahora este niño puede usar la magia, eso quiere decir que Erik tuvo que transformarse en un unicornio. ¿Cierto?

Para sorpresa de todos los presentes, el ojiverde negó con la cabeza.

-No. No se transformó -sentenció.

-Entonces… ¿qué ocurrió? ¿Cómo le pudo curar…? -inquirió Christian, mirando fijamente al joven. El hijo adoptivo de Alsan sacudió la cabeza ligeramente, tratando de recordar lo que había ocurrido.

-Lo único que sé es que cuando Erik le abrazó, le comenzó a brillar la espalda de una forma que nunca había visto, pero solo duró unos segundos. Parecía que le salían dos alas blancas… pero eso puede haber sido mi imaginación. Me habían dado una buena paliza minutos antes.

En ese momento, Kirtash abrió mucho los ojos durante un segundo, y en el rostro de Jack se dibujó la incertidumbre.

-¿Qué ocurre? -inquirió el rubio, al mismo tiempo que Cann le dirigía una mirada de desconfianza. Pronto, el castaño se relajó, retornando a su estoicismo habitual. Tras pensarlo un momento, llegó a la conclusión de que era imposible.

-…No es nada. Simplemente, cosas del pasado. Nada importante -respondió tan taciturno como siempre, por lo que el rubio se encogió de hombros un poco. Cannais había permanecido en silencio, pero en ese momento volvió a hablar.

-Mirad, no tengo ni idea de quienes sois la mayoría de vosotros. Lo único que sé es que estáis en guerra contra los sheks, ¿verdad? Pues entonces, dejad que me una a la lucha. Entrenadme, o me entrenaré yo solo, me da igual, pero no me voy a quedar de brazos cruzados.

Mi familia, mis amigos, Erik… vengaré a todos ellos. No pienso dejar que su muerte sea en vano, ¿me oís? Y si para ello tengo que rebanar unas cuantas gargantas escamosas, lo haré con mucho gusto -terminó, con gran intensidad.

Por supuesto, Christian enarcó una ceja ante el exceso de confianza del joven, pero Alsan, por otra parte, se adelantó.

-Está bien. A partir de mañana te pondré al cuidado de Séun y Jack.

-¡Alsan! -replicó Eva, ganándose una mirada despectiva del joven huérfano.

-Eva, ya sé que lo que dice no está bien. Es demasiado parecido a mí en su día. Pero, ¿no recordais lo que decía la litografía? "Yandrak, el último dragón, cuya poderosa llama destruyó el cuerpo terrenal del Séptimo en una ocasión, guiará al legado de su raza para poder llevar a cabo la profecía".

¿Acaso soy yo el único que se ha dado cuenta de que Erik y él son demasiado parecidos?  Pues bien, no creo que haya sido un accidente que sea el único que escapó con vida de Celestia. Así que entrenémosle. Pero nada de combatir… no pienso mandar a un niño al campo de batalla.

Todos dirigieron su mirada hacia Cann, quien sonrió de forma siniestra.

-¿Cuándo empezamos?

/////////////////////

Dos días después, Erik ya se encontraba mucho mejor. Lyia se había marchado sin dejar rastro y sin previo aviso, lo cual le dejaba algo más aliviado. Le inquietaba tener a una posible shek tan cerca, a decir verdad.

Como estaba perfectamente, Varn le había trasladado a su casa ese mismo día, y en el camino, Anne les había acompañado. A Erik le caía bien la pequeña, siempre atenta y amigable.

-Pues ahora que mi hermana se ha vuelto a marchar, me voy a aburrir… -era el comentario más recurrente que realizaba. Una vez hubieron llegado al lugar, la pregunta de Varn fue rápida y directa.

-¿Y bien? ¿Sigues pensando en volver?

-Sí, pero no sé cómo. Necesitaría una Puerta… pero ¿de dónde la saco?

El pelirrojo no pudo evitar sonreír ante ese comentario.

-Je. Yo sé dónde podemos encontrar una. Normalmente no deja que se  use para llevar civiles, pero digamos que soy bienvenido. No creo que me nieguen ese favor. Me deben algún que otro favor, ¿sabes?

-¿Quién te debe favores?

-Oh, se me olvida que no los conoces. Es un grupo que se hace llamar…

-¡Los Cazadores, por supuesto! ¡En Talrrad son famosísimos! -casi chilló Anne. Erik suspiró con escepticismo, dudaba que todo fuera tan fácil como parecía.

-Varn… ¿por qué me ayudáis tanto? -preguntó con la cabeza gacha. El pelirrojo tomó aire un segundo antes de contestar al dragón.

-Porque he visto demasiadas personas rechazadas por su mundo. Si tú puedes y quieres volver, tienes que regresar.

-Es verdad… -dijo Erik, pero el cirujano no había terminado.

-Ahora, déjame hacerte una pregunta. ¿Estás seguro de que quieres regresar…? -de repente, el tono en su voz se había vuelto serio, muy serio. Sus ojos se habían clavado en los suyos, como buscando una respuesta.

El rubio no pudo entender por qué pareció satisfecho con su respuesta vacilante.

-Sí… mis amigos y familia deben de pensar que estoy muerto… tengo que volver con ellos -había respondido, pero se sorprendió a sí mismo titubeando.

-Bien… entonces, vamos. Nos marchamos ahora mismo.

-¿Ahora?

-¡Claro! Ya lo tenía todo previsto, así que solo necesitaré utilizar esto… -comentó, y sacó un talismán con forma de garra. Ante la mirada del muchacho, explicó qué era ese objeto que tenía en el bolsillo.

-Oh, esto es nuestro billete de ida, y el mío de vuelta. Me lo dieron por si algún día quería hacerles una visita…

-¿A quién? -volvió a preguntar Erik, pero Anne  se apoyó en su cabeza desde detrás del sofá con las manos.

-¡Eso ya lo descubrirás cuando llegues! -rio ella. Suspirando de nuevo, el rubio se agarró al hombro de Varn, ya familiarizado con la magia de transporte. De repente, el mundo visible comenzó a desvanecerse mientras Anne se despedía con la mano.

-¡Adiós, papá! ¡Hasta la vista, chico sin nombre!

Erik cerró los ojos, pensando en todos. Pronto volvería a casa…

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Hola a todos y perdón por la espera! Muchísimas gracias por los comentarios anteriores, en serio. En este capítulo no ha habido mucha acción, pero en el siguiente las cosas ya se pondrán más interesantes, lo prometo. ;)

Un saludo!