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Leyendo el futuro: el héroe perdido. — capítulo 20

Primer salto temporal: el reencuentro.

Annaneth llegó al fin al lago al que le había llevado Hestia. No había demasiados lugares en el que esconderse en el Olimpo, exceptuando el templo, pero ese sitio le había gustado de verdad.El agua se reflejaba en las paredes y en su cara. Además, al estar rodeada de árboles nadie la vería.Cerró los ojos y apretó los puños con fuerza, haciendo esfuerzos titánicos por no llorar.Sin embargo, no pudo evitar que varias lágrimas por la rabia se escapasen. Su madre no podía gritarle delante de los Olímpicos y luego pensar que no había ocurrido nada. Si ella hubiera vivido lo mismo, si hubiera sido Atenea la que hubiera tenido que caminar por el Tártaro como una mortal, siendo perseguida por monstruos y titanes...Un golpe en su espalda hizo que perdiera el hilo de sus pensamientos, y ya de paso, el equilibro.Instintivamente hizo aspavientos con los brazos, tratando de no caer al agua. No le apetecía volver a la sala del trono mojada, eso sería mucha humillación.Unas manos la agarraron por los brazos, tirandola de nuevo al suelo. La obligaron a darse la vuelta, haciendo que sus ojos hicieran contacto con unos verde mar, unos que habría reconocido incluso en la oscuridad.-Percy...-murmuró.El hijo de Poseidon la miró confuso, o más confuso de lo normal.-Annabeth ¿qué está ocurriendo?Una novia normal se habría tirado a sus brazos y lo habría besado. Sin embargo, ella era Annabeth, una semidiosa que en ese momento sufría la misma mezcla de miedo, ansia y preocupación que sintió al encontrarloen el Campamento Júpiter. Percy apenas se enteró de lo que padaba. Tan solo notó un movimiento de Annabeth, y al instante se encontraba en el suelo con la rodilla de la rubia clavada en su pecho y el resto del mundo dando vueltas.-¿¡Dónde has estado!?-le gritó Annaneth. Percy quería responder, pero esa situación era rara incluso para él.En los ojos de Annabeth se podía notar la preocupación ¿pero por qué estaba preocupada? ¿acaso no acababan de salir del Tártaro? -Me encantaría responder-conseguió decir-pero espera a que el mundo vuelva a estar en su sitio.Annaneth se levantó de encima suyo. Le tendió la mano y lo ayudó a levantarse.  Percy echó un vistazo al rededor. Annaneth se colocó frente a él, de manera que estaba situado en la orilla del lago. -¿Qué está ocurriendo?-volvió a preguntar Percy. Se fijó en los ojos de la rubia, llenos de lágrimas-Annabeth...La hija de Atenea corrió hacia el. Por un momento, Percy temió que volviera a golpearlo. Notó como los brazos de Annaneth se enroscaban en su cuello y hundía la cabeza en su pecho. Percy la abrazó con fuerza. Puede que no entendiera la situación, pero si su listilla lloraba era algo importante.-Te he estado esperando-la escuchó murmurar.Percy le agarró la cara,  obligándola a separarse de su pecho. Una piedra le cayó en la cabeza antes de que pudiera hablar. Miró molesto al techo mientras Annaneth leía y recogía la piedra, que llevaba atada una nota.-¿Que Hades fue eso?-El medio de comunicación preferido de las Parcas-respondió Annabeth como si nada, abriendo el mensaje.Percy abrió mucho los ojos y la miró.-¿Las Parcas?Annabeth pasó de el y comenzó a leer. Queridos semidioses:Suponemos que en este momento debeis estar un poco confundidos, sobre todo tú, Percy Jackson. Annabeth te lo explicará en un momento. El caso es que te hemos traído, hijo de Poseidon, porque nos hemos dado cuenta de que no podíamos jugar así con os sentimientos de Annaneth. Por ello, te hemos traído un libro antes.Sin embargo, nadie puede saber de tu estancia en el Olimpo hasta el segundo libro. En el cuarto de Annabeth hay una Hefesto T.V donde podrás seguir la lectura sin que te descubran.Las Parcas. -¿Puedes explicarme esto?-le pidió su novia.Annaneth le dedicó una mirada divertida.-Sientate sesos de alga, hay mucho que contar.

De nuevo al presente: charla de padre hijo y Thalia y su poder de la oportunidad (y competición de haikus)

Jason no sabía que pasaría con él. Su padre estaba en frente, mirándolo con una expresión realmente enfadada, como si todo lo que hubiera hecho estuviera mal. -De verdad quería que las cosas fueran diferentes-comenzó a decir. Eran las primeras palabras que pronunciaba en esos quince minutos-pero no me ha quedado otra. Tenemos que hablar seriamente sobre tu...actitud.Jason se estremeció, pero trató de que no se notara.-¿De qué hablas?-preguntó.Su padre lo miró como si fuera idiota.-Las malas compañías hacen decaer a los héroes Jason. Sé que puedes llegar lejos, más que ese Percy Jackson-hizo una mueca al pronunciar su nombre-pero tus ''amistades'' te frenan. Tú mejor amigo, Leo, es un peligro. No está en su sano juicio, o cómo dirían los suyos, le falta un tornillo-rió su propia broma, pero a Jason no le hacía ni pizca de gracia. Trató de mantener la compostura. Sabía que gritarle a su padre sería una mala elección. Debía controlarse-y esa preocupación por el hijo de Hades...-agitó la cabeza, como si se obligara a volver al tema principal-sin embargo, la mayor preocupación es Piper.-¿Qué pasa con Piper?-preguntó, en un tono de voz más fuerte del que le gustaría.Su padre le dedicó una mirada de advertencia.-Esa chica no es buena para ti-dijo-te está opacando, frenando en tu camino de grandeza. Comprendería vuestra relación si fuera algo sin importancia. Pero es obvio que estas no son las circunstancias, así que no me queda más remedio que...-¡NO!-saltó Jason. Chocó los puños cerrados contra la mesa y se levantó de golpe, sorprendiendo a Zeus-no voy a permitir que me quites a Piper. Y me da igual no llegar a ser tan famoso como dices, eso no es lo más inportante de la vida padre. Al igual que Annabeth no renuncia a Percy, yo no pienso renunciar a Piper. La quiero más de lo que pensé que podría querer a alguien. Y eso para mi ya es suficiente. Pero claro, tú eres incapaz de comprenderlo. Estás tan ciego que eres incapaz de ver que tienes delante de los ojos. Jason avanzó con rabia hacia la puerta. Ya la estaba abriendo cuando escuchó la voz de su padre.-Vuelve aquí-le exegió-¡No puedes hablarme así! ¡Soy tú padre!Jason no sintió remordimiento alguno al decir estas palabras. Ni siquiera se giró para mirarlo directamente a los ojos.-Me da igual.Abrió la puerta y se fue.

El beso de Percy era dulce y lento. Sintió cómo Percy se separaba levemente y la observaba.Desde que llegó al Olimpo Annaneth había conseguido recuperar un poco de peso y deshacerse de las ojeras que ganó en su estancia en el Tártaro.Observó a Percy detenidamente. Tenía varios rasguños en la cara y la piel más pálida de lo normal. Los rayos que entraban por la ventana se reflejaban en su piel, convirtiéndolo en lo más radiante de la habitación.-En el lago, antes de que las Parcas nos interrumpieran-comenzó a decir Annabeth.-ibas a decirme algo ¿qué era?Percy conectó su mirada con la suya. El brillante verde mar luchana contra el magnético gris tormenta.-Nunca te vas a separar de mi-declaró Percy, usando un tono de voz serio, poco habitual en el-nunca.Nada más pronunciar esas palabras fue como derribar un muro entre ellos.Acababan de salir del mismisimo Tártaro, juntos. Podían haber muerto, y estuvieron a punto de hacerlo en varias ocasiones. Y en todos esos momentos, ambos pensaban en lo mismo: que les habría gustado tener más tiempo para estar juntos.Percy besó de nuevo a Annaneth, de manera diferente a la última vez. En esta ocasión el beso estaba cargado de pasión. Annebth no tardó en corresponder el beso. Metió los dedos en el ya revuelto pelo negro de du novio y con la otra mano se agarró a su nuca. Percy la agarró por la cintura y la acolarró contra la pared. Todo el cuerpo de Annabeth estaba a punto de exploter. Le había parecido imposible que una persona canalizara tanto amor sin volverse loca, y ciertamente era así. Percy conseguía jacer ue tirara la lógica por la ventana.Notó como el pelinegro subía la intensidad del beso. Percy la levantó y la rubia se aferró a su cintura con las piernas, mientras que el ojiverde comenzaba a besarle el cuello, mientras libraba su pelo de la coleta. Percy cargó con ella hasta la cama, terminando encima de la hija de Atenea. Annabeth buscó los labios de su novio con desesperación y pasión, era la primera vez que se besaban de esta manera y llegaban tan lejos. Comenzó a descender las manos por su espalda, hasta llegar al final de la camiseta. Se la quitó en un rápido movimiento, lo que le proporcionó una sonrisa al hijo de Poseidon. Annabeth rodó los ojos antes de agarrarle la nuca y besarlo. -Annaneth...La inconfundible voz de Thalia al otro lado de la puerta, acompañada del sonido de la puerta al llamar, consiguió sacar de su momento romántico a la pareja. Miraron a la puerta, alarmados.-Escondete-le susurró Annaneth a su novio, por varios motivos:a)nadie a parte de ella debía saber que estaba ahí.b)estaban besandose en su cama y Percy no llevaba la camiseta, si Thalia entraba no dejaría de: 1)reírse y lanzar indirectas, provocando un momento incómodo; o 2)gritar, atrayendo la atención del resto de Olimpicos.-¿Donde?-preguntó Percy, levantándose.Annenth se mordió el labio mientras observaba el cuerpo de Percy. Desde luego, los entrenamientos y las peleas habían conseguido dejarle un cuerpo fan...detente, se ordenó a si misma, oblogándose a centrarse en la situación.-Bajo la mesa-respondió mientras trataba de rehacer su coleta. Dudaba de que Thalia dedujera toda la historia por sus megillas encendidas y pelo revuelto, pero era mejor arreglarse un poco. Caminó hacia la puerta y le hechó un último vistazo a la cama. Al comprobar que Percy no se veía desde donde se encontraba, abrió la puerta.-Hola Thals-saludó a su amiga, que no tardó en entrar. Normalmente la hija de Zeus no llamaba a la puerta. Agradrció que esta vez si lo hubiera hecho. -¿Ocurre algo?-preguntó.Sabía que Thalia estaba ahí por alguna razón, como para hablar de Luke o sobre que le estaría pasando a Jason.Thalia se sentó el la cama y la miró fijamente. -Quiero que me cuentes todo eso de que estabas enamorada de Luke.Annaneth se estremeció y dirigió una rápida mirada a la parte de abajo de la cama.Pensó en poner una excusa, pero por la cara de su amiga estaba claro que no admitía disculpas.-De acuerdo-accedió.Se sentó en frente suya y comenzó a contarle la historia. Mientras, Percy maldecía mentalmente a Thalia y su poder de la oprtunidad.

-¿Y bien?-preguntó Leo con una sonrisa de satisfacción en la cara.-¿Puedo repetir?-pidió Demeter, acercando el plato.La sonrisa de Leo se ensanchó. Todo el mundo amaba sus tacos de toffu. El resto asintió con energía, acercando sus platos, todos menos uno.-No-dijo Apolo, abriéndose paso entre la gente-es hora del concurso de haikus.Leo le dirigió una mirada digna de una estrella de cine. Se limpió las manos al delantal, emborronando el mensaje de: BESA AL CHEF.-De acuerdo-aceptó, cambiando la sonrisa por una más propia de un hijo de Hermes a punto de cometer un delito-Tú primero.Apolo carraspeó varias veces, preparando la voz para emetir el que, según su opinión, sería el haiku ganador. Yo soy más guayQue el resto de diosesAceptarlo. Un silencio sepulcral invadió el Olimpo nada más decir eso.Giraron la cabeza hacia Leo, como rogando que él tuviera algo que decir. El semidios esperó unos segundos antes de responder.-Tío, que malo-se sinceró. Apolo frunció el ceño-hasta yo se que a eso no se le puede llamar haiku. Ahora verás lo que es. Con un suspiroSueña la libertadEncarcelada Todos miraron a Leo atónitos. Eso era un haiku. Un haiku de verdad.-Eso si que es poético-sonrió Leo.Apolo se puso rojo.-No es cierto. El mío es mejor.-No, el mío.-Vamos a dejar que el público vote-dijo el dios-¿Quién cree que mi haiku es mejor?-nadie levantó la mano.-¿El mío?-preguntó Leo.Todos alzaron las manos, incluso algunos dos.-¡GANÉ!-fardó Leo, emocionado.Comenzó a saltar de alegría, mientras Apolo, dramatizando mucho la situación, se tiró al suelo de rodillas, abatido.-Esto no quedará así Valdez.-Cuando quieras la revancha-le guiño un ojo el latino.Piper lo agarro del brazó y lo alejó del resto, antes de que su amigo dijera algo más.-¿Cuál es el truco?-le preguntó directamente.-¿Qué?-Que cual ha sido el truco-repitió.-¿Estás insinuando que hice trampas? ¡Me ofendes reina de la belleza! Acusarme a mi, tu mejor amigo, tu camarada, tu...-Leo-Piper encaró una ceja.-De acuerdo-admitió-he hecho una pequeña búsqueda en Olimpic mientras comíais y me he aprendido uno.-Lo sabía-dijo satisfecha.-¿Y? ¿Ningún sermón sobre hacer lo correcto?-Si de verdad quieres que nadie te de un sermón evita que Will se entere-le recomendó-una vez se enteró de que ayudé a los Stoll a poner polvos pica-pica en la ropa de Drew y me mantuvo una hora en la enfermería dándome una charla sobre cuan inmaduro había sido mi comportamiento.

Retrocedemos algún capítulo: a la verdad sobre Hera.

Hera se apareció justo en el otro lado del Olimpo.Le pegó una patada a una piedra, frustrada. Jamás se había sentido tan  humillada como cuando Zeus le había gritado. Era normal haberlo soltado todo de golpe.Una mano le tocó el hombro en un gesto tranquilizador. Detrás de ella, Hestia la miraba con unos ojos verdes cálidos y una sonrisa tranquilizadora.Sin decir una palabra, abrazó a su hermana mayor.No sabía como lo hacía, pero Hestia siempre tenía una gran capacidad para calmar a la gente.-No deberías tratatlos así-dijo, en un tono tan calmado que le fue imposible ponerse a gritar de nuevo.-Yo soy la reina-dijo en su lugar-me merezco respeto. Al menos me merezco eso.Hestia apartó un poco a su hermana para poder mirarla a la cara.-¿Al menos?Hera se mordió el labio al darse cuenta de lo que acababa de decir. No se lo había contado a nadie. Era su secreto, era lo único que le quedaba. Sin embargo, las Parcas habían hecho todo eso para que la verdad saliera a la luz y abrieran los ojos. Tal vez este era el camino.-No puedo más Hestia-confesó, sentandose en un banco- desde que me casé con Zeus...pensé que todo iría bien. Yo solo quería un matrimonio feliz, una familia, y sin embargo...¿qué he obtenido? Bastardos, decepciones, humillaciones...esto, el respeto que me deben, es lo único a lo que puedo aferrarme para poder continuar así.Hestia no sonrió con dulzura, como hacía normalmente, o compasión. Ver llorar a su hermana era algo que la rompía. Volvió a resguardarla en sus brazos. -Puedes cambiar las cosas-le dijo Hestia-siempre hay elección. -La última vez que traté de hacerlo terminé encadenada al Tártaro-respondió.-No me refiero a que trates de dar otro golpe de estado. Me refiero a que cambies las cosas. Comienza por los semidioses, ellos tambien han sufrido mucho.Hera estuvo a punto de dedicarle una mueca burlesca. Se contuvo en último momento. Dudaba seriamente que las desgracias de esos semidioses pudieran compararse a la suya. Hestia suspiró al darse cuenta de que su hermana no la creía. No le quedaba opción, iba a tener que usar ESO.Se apartó unos centímetros de su hermana y extendió la mano. Una caracola enorme apareció en ella. Era de un blanco tan puro como la nieve, reluciente y brillante.-¿De verdad crees que esos semidioses no han sufrido tanto como tu?-preguntó en un tono misterioso-Vamos a combrobar el futuro.Se llevó el extremo de la caracola a los labios y sopló. Una burbuja salió de ella, mostrando una vivída imagen.Una niña de siete años, vestida con un pijama rosa y una mochila casi más grande que ella. Huía por las calles, oscuras y mojadas por la tormenta que se desataba sobre la ciudad. Caía cada pocos metros, tropezando con el enorme abrigo marrón, lo único que la protegía del frío.-No más...no más monstruos-rogaba la niña, escondiendose tras un cubo de basura.El ruido de pasos contra el suelo embarrado resonaba en sus oídos. Contuvo la respiración, alarmada, mientras trataba de distraerse sanando la herida de de pierna, un corte profundo que cubría de sangre toda la rodilla. Sus ojos gris tormenta se dirigieron aterrados a la pequeña franja de luz que se colaba del exterior. Las pisadas se hacían más fuertes a medida que pasaba el tiempo. Comenzó a hiperventilar. Se agarró las rodillas y apoyó la cabeza. Las lágrimas, oscuras debido a la suciedad acumulada en su cara, resbalan por las megillas y continuaban por la pierna, mezclandose con la sangre. Dejó de escuchar los pasos y suspiró, más tranquila. Miles de arañas resurgieron de pronto bajo el contenedor y la tierra. Su cara, blanca cual papel, demostraba lo aterrada que se sentía. No pudo evitarlo más. Gritó. La imagen cambio, y ahora mostraba un barrio de Nueva Orleans, hará unos setenta años. El jazz se expandía por la ciudad como podía hacerlo la niebla, rápida y tan normal que nadie se enteraba de su presencia a menos que prestara atención. Una niña de ocho años caminaba sola por la calle, cargando la mochila llena de libros. Sus ojos dorados se posaron en unas niñas que jugaban, luciendo sus fastuosos vestidos primaverales. La niña se acercó unos pasos, consiguiendo que el resto dejara el juego de lado. Les dirigió una sonrisa tímida.-¿Puedo jugar con vosotras?-preguntó con amabilidad.La luz del sol se reflejaba en su piel morena y pelo caramelo, dándole un aspecto brillante. La niña del centro, la que supuso que sería algo así como la líder, dio un paso adelante.-¿Qué te hace pensar que queremos jugar contigo bruja?-exclamó, lanzándole la pelota a la cara.El resto de niñas rió al ver como la otra caía. De la tierra salió una piedra, un rubi, reflejando el color rojo sangre en el restro de las niñas ricas. La que había lanzado la pelota se agachó a recogerlo. -Sueltalo-pidió la de los ojos dorados.-¿Veis lo que os dije?-la castaña ignoró los deseos de la niña-es una bruja. El resto comenzó a corear la palabra en medio de calle.-No soy una bruja-sollozó la niña mientras recogías las cosas.Ellas siguieron canturreando la palabra, hasta que una de ellas cruzó el límite. Le lanzó una piedra. El resto comenzó a armarse de pedruscos. Nada más llegar a sus diminutas manos eran lazados hacia la castaña. Dejó de lado la mochila y salio corriendo. El grupo la siguió calle abajo, tirandoles piedras en cuanto tenían la ocasión. Los golpes dañaban su piel, pero seguía corriendo sin detenerse.Hera no sabía que era peor: que hubiera tanta maldad en unas niñas tan pequeñas o que nadie se parara a ayudarla.Al fin, la niña entro en una casa y cerró la puerta tras de si.-¡Algún día te pillaremos bruja!Las niñas se fueron riendo a carcajadas, como si acabaran de presenciar una comedia. Una niña con un arco a la espalda y una corona de plumas en la cabeza, suspiraba ansiosa ante un pastel de cumpleaños con siete velas. No dejaba de sacar flechas y lanzarlas a una diana que colgaba en la puerta. Sus ojos caleidoscópicos se entrecerraban cada vez que la flecha chocaba y salía disparada hacia otro lado. La escena habría resultado divertida si no fuera porque tan solo había otra persona en la enorme habitación llena de globos. Un hombre bastante mayor, debía de ser su abuelo. El cabello blanco aún tenía un par de pelos negros, pero no tardarían en desaparecer. Miraba a la niña con una sonrisa llena de cariño.-¿Cuando va a venir papá abuelo?-Ten paciencia Piper-contestó con dulzura-¿Quieres que te cuente una historia cherokee mientras esperamos?La niña asintió, emocionada. Que fuera cherokee explicaba por que llevaba el arco y las plumas, aunque parecía recién salida de los niños perdidos que de una tribu. Hera supuso que lo que podría haberse tomado como un insulto, a su abuelo le parecía cómico verlo en una niña tan pequeña.Antes de poder siquiera pronunciar palabra, las puertas se abrieron. La niña miró hacia allí, llena de euforia. Euforia que desapareció al ver entrar al mayordomo. -El Sr.McLean ha llamado-anunció.-Genial ¿Cuándo va a llegar? ¿Ya está cerca?-la sonrisa que se formó en su cara era alegre y llena de emoción. -Me temo que no. Dice que lo siente, pero que le ha surgido un imprevisto y no va a llegar hasta mañana.-¿¡Qué!?-exclamó la niña. La sonrisa se desvaneció. Los ojos comenzaron a brillar-¡No puede faltar! ¡El dijo...dijo que vendría a mi cumple!-Lo siento.-No-la niña comenzó a llorar-me lo prometió. Me prometió que vendría, que llegaría a tiempo. Se refugió en los brazos de su abuelo y comenzó a llorar en su camisa. -Me lo prometió-repitió mientras lloraba-me prometió que vendría. Que estaríamos un día los tres juntos, antes de que...El abuelo la separó un poco, y con una servilleta, le limpió las lágrimas. Le sonrió con tranquilidad, antes de que esta se borrara otra vez. Dio un traspiés y se llevó la mano al pecho El ruido del arco callendo al suelo resonó en toda la sala.-¡Abuelo!-gritó mientras corría hacia el.Gritó lo suficiente como para atraer la atención del mayordomo.En poco tiempo, el cuarto se llenó de gente. La anbulancia no tardó en llegar. Piper trató de correr hacia su abuelo, de verlo, porque ella no era tonta. Sabía que estaba enfermo de cáncer de pulmón. Lo supo desde el primer momento que lo vio conectado a esos tubos. Sabía que no le quedaba mucho tiempo de vida. Por eso había insistido en ese día, por eso le habría hecho prometer a su padre que vendría. Cuando su padre consiguió suficiente dinero para ayudar, ya era demadiado tarde. El cáncer había avanzado demasiado. Solo les quedaba esperar. Eso fue hace un año. Su abuelo había aguantado fuertemente en aquella casa sin vida, solo por cuidar de ella, para llenar aquella ausencia que dejó su padre al triunfar como actor. Ese día, el séptimo cumpleaños de Piper, habría sido perfecto.Su padre empujaría la silla de ruedas de su abuelo hasta la playa. Podría ver el mar una última vez. Su padre le habría enseñado surf, mientras él les sonreiría desde la orilla. Se habrían sentado a ver el atardecer. Le cantarían el cumpleaños feliz. Encenderían una hoguera, y mientras ella y su padre asaban nubes, su abuelo les contaría una historia cherokee.Todo sería como antes.Antes de qur su padre fuera famoso y no tuviera tiempo para ella. Antes de que su abuelo enfermara, y el cáncer se hubiera apoderado de él poco a poco, oblígandolo a luchar y soportar las deprimentes paredes blancas y los medicamentos que no funcionaban por Piper.Horas más tarde, en las que nadie la había llevado al hospital, le dieron la noticia de que su abuelo había fallecido. Piper se agarraba las rodillas, oculta entre las sombras. Acababa de quedarse sola. La escena se volvió borrosa.Un niño de seis años, rubio y ojos azul eléctrico trataba de sostener la enorme gladius de oro. Sus delgados brazos de niño la dejaron caer. Tenía arañazos en la cara y brazos, con una expresión de dolor que partía el alma. La antigua cicatriz del labio se había reavierto y sangraba. Le costaba respirar. Lo hacía pesadamente, como si cada suspiro supusiera el infierno.Un chico lo miraba con una  mueca de desaprobación, el ceño fruncido y los brazos cruzados. Seguramente no le llevaba más de tres años, pero su aspecto le hacía parecer mayor.-¿Puedo...descansar?-consiguió pedir el niño.El adolescente puso los ojos en blanco, como si fuera la suplica más ridícula que había escuchado en su vida.-Si sigues quejándote tanto nunca conseguirás se fuerte.-Pero...no...puedo...-antes de poder terminar el chico lo cortó.-Venga, vamos, aún te quedan varios ejercicios.-Pero yo no soy un hijo de Orco, no soy como tú.Reconoció el nombre. Orco, el dios del castigo. No era suficiente con que el niño tuviera que entrenar a una edad tan temprana como para tener que soportar a un hijo de ese dios.-Eres un romano.-le espetó, serio-Los romanos son fuertes. Y obedecen a sus supieriores. Y...-¡Tal vez no quiera ser un romano!-gritó el niño con sus últimas fuerzas, enfadando aún más a su superior.Le agarró por la camiseta, lo levantó y le pegó una bofetada.-Eres un romano-repitió, con una sonrisa sádica en la cara-debes permanecer fiel a las órdenes. Escenas de este tipo siguieron pasando: Thalia perdiendo a Jason, dejando atrás su casa,  siendo convertida en árbol, y más tarde enterándose de la verdad sobre Luke y luchando contra él, creer que lo había matado; Leo, huyendo solo, el rechazo de su familia y todas las de acogida, todas aquellas veces que escondió sus sentimientos, perdieno a Festus, y mucho más adelante, saliendo de Ogigia, ignorando si podría volver; esa chica, a la que persiguieron por bruja, sacrificandose dos veces, una para salvar al mundo y otra para salvar a su madre, ver a Sammy, su viejo amor, viejo y débil; Luke, soportando la locura de su madre, la ignorancia de su padre, la búsqueda que le proporcionó la misión, ver debastado como eran demasiados en su cabaña; Piper, su padre encadenado por un gigante, a punto de ahogarse, sola ante un ejército de monstruos, viendo a Annabeth y Percy capturados, Leo saliendo volando y Jason con una espada clavada en el vientre.Las imágenes de Annabeth le hicieron ahogar un grito. Luchar contra Aracne ella sola, pasar por todo eso. El corazón se le aceleró  al verla caer al Tártaro, cogida de la mano de Percy.Pero sin duda, lo que de verdad la atormentaría por las noches, eran los demonios de Nico Di Angelo. Vio las cosas a través de sus ojos. El edificio derrumbándose, escombros y el ruido de una explosión. Más tarde, el cadáver de su madre. Bianca...la hermana qur tanto quería, lo único que le quedaba a lo que aferrarse, avandonándolo, la sensación de estar perdido y más tarde, dejándolo así para sirmpre. Vio el brillo alrededor de Percy Jackson a través de sus ojos. Todas aquellas veces en las que se le había encogido el corazón por su culpa. Luchar en la batalla de Manhattan, para que semanas más los campistas redujeran su existencia a tres palabras: hijo de Hades. La sensación de creer tener algo, para que luego la ilusión desaparezca, fue peor que la realidad en si. Y no pudo contener el grito cuando se tiró al Tártaro, el lugar que todos odiaban y temían, el lugar del que todos querían escapar, fueran semidioses, dioses, monstruos o titanes. Todo ¿para qué? Para seguir siendo tratado con desconfianza, para seguir siendo tan solo una mera sombra en la vida de otros, un leve pensamiento de preocupación antes de que se olvidaran de él. Hera cerró los ojos, incapaz de ver más imágenes.-¿Ahora lo comprendes?La voz de Hestia la trajo de nuevo a la realidad. Abrió los ojos lentamente, para luego tener que pestañear debido a la vista borrosa. Sin darse cuenta había llorado. Al final consiguió ver la imagen de su hermana. Su sonrisa había sido reemplazada por una mirada de preocupación. La caracola seguía reluciente en sus manos. Le imagen era bastante sorprendentente. Ella se había derrumbado ante los sucesos. Sin embargo, Hestia seguía en frente suya, como una fortaleza. Comprendió que su hermana pequeña era más fuerte de lo que todos creían. Antes de poder responder, Hestia se llevó la mano al corazón, aflijida. Le recordó demasiado a la imagen del abuelo de Piper. Por primera vez en mucho tiempo, sintió rabia y desesperación hacia los dioses, sus hermanos e hijos, y por ella misma ¿Cómo podían estar tan ciegos para no ver todo el sufrimiento?-Afrodita-mustió Hestia, sus ojos verdes se volvieron dorados-está en problemas. Lo noto. El fuego se debilita. Zeus está enfadado. Ella...ella está de rodillas ante Piper. Una sonrisa se encendió en el rostro de Hera. Si algo le habían enseñado estas visiones era que no podían pagar sus problemas con los mortales. Mientras que sus vidas eran indefinidas y estaban llenas de altibajos, la de ellos era efímera y delicada. Y no valía la pena desperdiciarla.De alguna manera, Afrodita había comprendido la verdadera importancia de los semidioses en el puzzle que se estaba montando en esta lectura.La diosa del amor había encendido una pequeña mecha en la fachada de los Olímpicos. Ahora debía alimentarla y hacerla crecer, hasta convertirla en un incendio. -Lo he comprendido-anunció, respondiendo a la pregunta de antes-Hermana, tenemos una familia que salvar.

.......................Bueno, aquí está el siguiente capítulo: ¡TA-CHAN!Hay romance, depresión y una competición de haikus. Baatante conpleto ¿no creen?La verdad, es que este capitulo lo fui escribiendo a partes y luego lo ordené. La parte de Hera y las visiones me salió mientras escribía. La verdad es que estoy orgullosa de como me quedaron (excepto la de Piper, que me costó bastante más) ¿Por qué elegí las historias de Annbeth, Hazel, Piper y Jason? Facil, eran las que más me inspiraron, ya que la de Leo se conoció hace poco, sería repetirme algo. Por si os lo preguntais: si, el haiku de Leo lo saqué de internet, y el de Apolo...bueno, la verdad es que no comprendo del todo bien que es un haiku (si, y escribo sobre una competicion, aplausos para mi inteligencia) así que el de Apolo quedó como quedó.Espero que les gustara (y os haya emocionado el capitulo). En el siguiente volveremos con la lectura.si hay alguna falta lo siento, perp tuve que subir desde el mobil.P.D: si, se que no explique lo de Ares, pero no sabía como meterlo, así que esperen un capitulo más.P.D2: si alguien se pregunta de donde saco Hestia la caracola tambien habra que esperar, pero todo tiene explicacion.