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Leyendo el futuro: el héroe perdido. — capítulo 32
Leo se mantenía mirando hacia atrás. Estaba expectante por ver los dragones del sol
desagradables portando un carro volador con una vendedora mágica gritando y tirando
pociones, pero nada les seguía.
-Por suerte-dijo Thalia mirando al cielo.
-¿Qué pasa nena? ¿Tenías miedo de que no saliera con vida?-Leo sonrió con arrogancia y se hecho el pelo hacia atrás, actuando como si ninguna mujer pudiera escapar a sus encantos.
-Que cansino...-murmuró Thalia, exasperada.
Él dirigió al dragón hacia el suroeste. Finalmente, el humo de la incendiada tienda
departamental se desvaneció en la distancia, pero Leo no se relajó hasta que los
suburbios de Chicago, dieron paso a los campos de nieve, y el sol empezó a ponerse.
-Buen trabajo, Festus.-Él le dio unas palmaditas a un lado al dragón de metal. -Has estado
impresionante.
El dragón se estremeció. Engranajes aparecieron e hicieron click en su cuello.
Leo frunció el ceño. No le gustaban los ruidos. Si el disco de control estaba fallando de
nuevo: No, esperemos que fuera algo menor. Algo que pudiera arreglar.
-Porque...
-¡Yo puedo arreglarlo todo!-lo cortaron Luke, Jason, Piper, Apolo, Will, Hermes y Rachel, imitando su voz.
Leo se cruzó de brazos.
-Me gustaba más cuando os burlabais de Percy-dijo el hijo e Hefesto entre dientes.
-Eso ya para el siguiente libro, ahora tenemos que aprovechar a reírnos de ti-dijo Rachel.
-Te voy a dar una buena puesta la próxima vez que estemos en tierra-prometió Leo.-Te
has ganado un poco de aceite de motor y salsa Tabasco.
Festus giró sus dientes, pero incluso eso sonaba débil. Voló a un ritmo constante, sus
grandes alas atrapaban el viento, pero la realización de eso era una carga pesada. Dos
jaulas en sus garras y tres personas en su espalda-- más Leo pensó en ello, lo que más
preocupado lo tenía. Incluso en los dragones de metal había límites.
Hefesto jugueteó nerviosamente con un motor entre sus dedos, uniendo y separando piezas, al igual que Leo cuando estaba nervioso. Tenía la teoría de que el dragón iba a terminar destruido, no por nada salía la cabeza en el boceto de su hijo.
-Leo-Piper palmeó su hombro. -¿Te sientes bien?
-Sí... no está mal para un zombi lavado del cerebro.-Esperaba que él no pareciera tan
avergonzado como se sentía. -Gracias por salvarnos allá, reina de belleza. Si no me
hubieras hablado para sacarme de ese hechizo...
-Y dado la bofetada...-añadió Leo como si nada.
-¿A qué te obligo a ir a tú botella?-preguntó Piper.
-¡Deja de amenazarme con la maldita botella! Desde que la tienes no has dejado de amenazarme ¡Pide un deseo de una maldita vez para poder salir de aquí!-gritó Leo, señalando a Piper con el dedo.
-De acuerdo...-Piper pensó durante unos instantes ¿Qué podía pedir? Nada de ropa, maquillaje, videojuegos o algo por estilo, todas esas cosas podía comprarlas con el dinero de su padre. Buscó más hondo en su mente. De pequeña siempre había querido un poni volador que cagara caramelos de manzana, sus favoritos, pero dudaba seriamente que eso fuera a servirle para algo. Aunque un pegaso no vendría mal, sobre todo para las carreras de caballos del Campamento Mestizo-de acuerdo, quiero un pegaso.
A Leo debió de parecerle un deseo absurdo, porque se echó a reír.
-No te creía tan cliché reina de la belleza.
Piper lo amenazó con la mirada, para luego señalar ala botella. Leo solo atinó a chasquear los dedos, pero una sonrisa maliciosa se dibujó en su cara. Casi al instante, Piper noto algo en su mano. Al abrirla, vio una gominola con forma de pegaso.
-¿Qué es esto?-masculló.
-¡Un pegaso! Fue lo que me pediste ¿no?-rio el latino al ver la cara estupefacta de su amiga.
-A la botella-ordenó.
Leo hizo un puchero, tratando de dar pena.
-P-pero si solo te falta un des...
-A...la...botella-repitió.
Un torbellino naranja absorbió a Leo al interior.
-No te preocupes por eso-dijo Piper.
Pero Leo le preocupa mucho. Se sentía muy mal por la facilidad con que Medea lo había
establecido en contra de su mejor amigo. Y los sentimientos no habían llegado de la
nada...
Su resentimiento por la forma en que Jason siempre tenía el centro de atención y
realmente no pareciera que lo necesitara. Leo se sentía de esa manera a veces, incluso si
él no estaba orgulloso de eso.
-Yo también lo siento. De verdad que no intento llamar la atención y...de alguna forma...estaba celoso. Tan solo confían en mí por ser un hijo de Júpiter, y tengo que tomarme las cosas en serio por culpa de ello. Admiro tu libertad para decir lo que piensas.
-Yo también te quiero tío-dijo Leo, aunque la conversación no resultaba tan conmovedora por el hecho de que Jason le hablara a una botella.
Lo que le molestaba más era la noticia de su mamá. Medea había visto el futuro en el
inframundo. Así fue como su patrona, la mujer en los mantos de barro negro, había
llegado a la tienda de máquinas hace siete años para asustarlo, arruinar su vida. Así es
como su madre había muerto-- porque de algo Leo podría hacer algún día. Así que de
una manera extraña, ni siquiera si sus poderes de fuego tenían la culpa, la muerte de
mamá seguía siendo su fallo.
-¡Que no fue tú culpa!-exclamaron Jason, Piper y Hefesto.
-¿No se suponía que estabas enfadada conmigo reina de la belleza?-comentó Leo para restarle importancia.
-Sabes que me es imposible enfadarme contigo más de un minuto-decidió continuar la conversación Piper, al darse cuenta de que Leo no quería hablar de lo de su madre otra vez. Haberla visto de nuevo y haberla perdido había sido duro para Leo, pero de alguna manera había servido para que dejara de torturarse por lo ocurrido. No quería retomar de nuevo el tema. -Anda, sal.
Leo apareció al lado de Piper al instante.
-Ya sabía yo que no podías vivir sin mi maravillosa presencia.
Cuando habían dejado a Medea en esa tienda explotando, Leo se había sentido un poco
bien. Él esperaba que ella no llegara a escapar, y que fuera derecho de nuevo a los
Campos de Castigo, donde pertenecía. Esos sentimientos no lo hicieron sentir orgulloso,
tampoco.
Y si las almas regresaban del infierno... ¿era posible que la mamá de Leo pudiera volver?
Trató de poner la idea a un lado. Ese fue el pensamiento de Frankenstein. No era
natural. No estaba en lo cierto. Medea podría haber sido devuelto a la vida, pero ella no
parecía muy humana, con las uñas silbando y la cabeza brillante y otras cosas.
No, la mamá de Leo había pasado. Pensar de otra manera simplemente podría conducir a
Leo a la locura. Sin embargo, el pensamiento se mantenía metiendósele, como un eco de
la voz de Medea.
-Vamos a tener que parar pronto-advirtió a sus amigos.-Un par de horas más, tal vez, para asegurarse de que Medea no nos sigue. No creo que Festus pueda volar mucho más que eso.
-Sí-asintió Piper.-El entrenador Hedge probablemente quiere salir de su jaula del
canario, también. La pregunta es-- ¿a dónde vamos?
-El Área de la Bahía-adivinó Leo.
-¿Es que acaso tienes deseos de muerte?-le preguntó Will.
-Deberías aceptar ya que soy un chico malo Solace. Ni la muerte puede conmigo-rio Leo, lejos de saber la verdad sobre su futuro.
Hades se apoyó en su trono, pensativo. Desde el inicio de la lectura, el pensamiento de que uno de los semidioses presentes (incluyendo a los tres que faltaban) iba a morir estaba metido en su cabeza, como si Hefesto se la hubiera clavado ¿Cuál de todos ellos sería? Rezó a...¿sí mismo? ¿A quién le reza el patrón de la Muerte/dios del Inframundo cuando quiere que alguien viva? Se encogió de hombros. Ya lo investigaría. Solo esperaba que no fuera Nico. Le había cogido bastante cariño al chico, pues no solo era el semidiós con el que había pasado más tiempo, también había desarrollado un leve y extraño cariño/orgullo hacia él, lo que siendo Hades equivalía al amor general que siente un padre por su hijo.
Sus recuerdos de la tienda departamental fueron difusos, pero parecía que recordaba haber escuchado eso. ¿No dijo Medea algo acerca de Oakland?
Piper no respondió durante tanto tiempo, Leo se preguntó si había dicho algo malo.
-El Padre de Piper-pusó Jason-Algo le pasó a tu papá, ¿verdad? Fue atraído en algún
tipo de trampa.
Piper dejó escapar un suspiro tembloroso.
-Mira, Medea te dijo que ambos moriremos en el Área de la Bahía. Y además... aunque fueramos allí, ¡el Área de la Bahía es enorme! En primer lugar tenemos que encontrar a Eolo y dejar a los espíritus tormenta. Boreas dijo que Eolo era el único que nos podía decir exactamente a dónde ir.
-Wow, eres experta en cambiar de tema ¿no?-le preguntó Rachel con curiosidad-¿me enseñarías ha hacerlo? Me viene genial para cuando mi padre me pregunte por las notas.
-Para eso siempre viene bien-afirmó Piper.
-También podíais aceptar mi oferta de que os dé clases-les recordó Annabeth, alzando una ceja.
Piper y Rechel se miraron durante un segundo, como si mantuvieran una conversación telepática.
-Creo que después de la clase que nos diste ya nos llegó-esquivó suavemente Piper la oferta.
Por desgracia, las sutilezas no funcionaban con la hija de Atenea, que encaró la otra ceja.
-¿Qué quieres decir?
-Veras Annie-tomó la palabra Rachel-la última vez que fuiste nuestra profesora te pusiste un poco...
-Macabra es la palabra que buscas-dijo Piper sin rodeados.
-¿Macabra?-repitió Annabeth.
-¿Es que no te has dado cuenta?-preguntó ahora Jason, pues él también había asistido a esa clase.
Hace algunos meses, mientras Leo preparaba el barco, Annabeth le había dado clase de griego a Piper, Rachel y Jason. La cosa no acabó bien.
Annabeth alzó una ceja, como queriendo decir: hablar claro.
-Annabeth, te queremos, pero como profesora das miedo-declaró Piper.
-Eso no es cierto-objetó la hija de Atenea, pues creía que sus clases eran bastante buenas.
-¿Qué no es cierto?-repitió Jason.
-¿Acaso no recuerdas cuando nos gritaste cuando fallamos en la conjugación de verbos?-le recordó Rachel.
-Eso es increíblemente simple, cualquiera lo habría sabido.
-¿Y cuándo me quitaste la libreta de un manotazo y la tiraste por la ventana?-habló ahora Piper.
-¡No estabas prestando atención!-exclamó la rubia, como si fuera la cosa más normal del mundo-además, no soy tan agresiva-
-¿¡Qué no eres tan agresiva!? Si cuando me confundí manzana con naranja me lanzaste el borrador mientras gritabas bastardo inculto-dijo ahora Jason.
Vale, Annabeth tenía que admitir que ahí se había pasado un poco.
-¿Y si soy tan mala por qué Percy sigue viniendo a tus clases?
-Porque...no se...¿Te quiere?-propuso Piper.
-Pero hasta a él le das miedo-se metió Will en la conversación, pues él también había cometido el error de asistir a una de las clases de Annabeth. Si la gente creía que daba miedo con sus ojos gris tormenta amenazantes y su cuchillo en la mano, es porque nunca la habían visto con una tiza en la mano y un par de lecciones que enseñarte. Hasta Cronos habría huido despavorido.-No por nada faltó a las últimas sesiones.
-Pero eso fue porque estaba...-comenzó a decir Annabeth, pero se calló la palabra enfermo-¡SERÁ IMBÉCIL!-gritó.
En el apacible templo de Poseidon, un atemorizado semidiós temblaba en una esquina, pálido como el mármol, planeando su funeral.
Leo gruñó.
-Entonces, ¿cómo encontramos a Eolo?
Jason se inclinó hacia delante.
-¿Quieres decir que no lo ves?
Señaló delante de ellos, pero Leo no vio nada más que nubes y las luces de unas
pocas ciudades que brillaban en la oscuridad.
-¿Qué?-Preguntó Leo.
-Eso... sea lo que sea-dijo Jason. -En el aire.
Apolo comenzó a tararear la banda sonora de la película Alien.
Leo miró hacia atrás. Piper parecía tan confundida como él.
-Bien-dijo Leo. -¿Podrías ser más específico sobre la parte de lo-que-sea?
-Como una estela de vapor-dijo Jason.-Salvo que es brillante. Realmente débil, pero
está definitivamente allí. La hemos estado siguiendo desde Chicago, así que me imaginé
que lo veían.
Leo negó con la cabeza.
-Tal vez Festus puede sentirlo. ¿Crees que Eolo lo hace?
-Bueno, es una pista mágica en el viento-dijo Jason.-Eolo es el dios del viento.Creo que
él sabe que tenemos presos para él. Él nos está diciendo hacia donde volar.
-O es otra trampa-dijo Piper.
-Yo voto por la trampa-dijo Demeter levantando la mano.
-Trampa-confirmó Poseidon.
Uno a uno los Olímpicos fueron levantando la mano.
Su tono preocupó a Leo. Ella no sólo sonaba nerviosa. Ella sonaba quebrada por la
desesperación, como si hubieran cerrado ya su destino, y como si fuera su culpa.
-Este es el capítulo de las culpas y las consolaciones-negó Leo con la cabeza.
-¿Consolaciones?-preguntó Piper.
-¿Por qué crees que Jason te está abrazando de esa manera?-dijo, proporcionando que ambos se sonrojaran al darse cuenta de que, en efecto, el algún momento estaban abrazados como en los primeros capítulos-Y hablando de sonrojos...-Leo se giró hacia Rachel. La Oráculo desenvainó su cepillo azul del cinturón, dispuesta a enfrentar cualquier cosa que Leo dijera. Lo que no esperó, era que utilizara sus poderes de genio para hacerla parecer una hija de Afrodita. Leo le había proporcionado maquillaje, unos zapatos de aguja de unos quince cm y un vestido amarillo chillón, con un escote de vergüenza ajena y demasiado corto y pegado al cuerpo. Nadie en su sano juicio, por muy fresca que fuera, llevaría ese vestido en un lugar público. Nadie salvo Drew. Leo, al igual que el resto del Campamento, la había visto usarlo en su último y desesperado intento por seducir a Jason.
Rachel se puso roja a más no poder. Intentó taparse con el pelo, pero estaba recogido en una trenza. Su sonrojo aumentó al notar todas las miradas en ella.
-Te...mato...-gritó Rachel.
Leo echó a correr. A la mínima de intentar caminar, la pelirroja cayó. Will la agarró a tiempo, pero al ver la mirada amenazadora de su padre la soltó, haciendo que chocara contra el suelo.
-¡ME DÁ IGUAL QUE SEAS IMPORTANTE PARA LA PROFECÍA, YO TE MATO!-gritó, tratando de levantarse al mismo tiempo que intentaba que no se le viera nada, lo que era prácticamente imposible.
-Y yo ya he derrotado a tres-gritó Leo con alegría.
Rachel intentó agarrar su cepillo, pero no estaba. Previniendo esa situación, el hijo de Hefesto se lo había cogido. Pero no por ello estaba desarmada. Rachel se saco uno de los zapatos y se lo lanzó, dándole justo en la nuca y tirándolo al suelo.
-¡SI!-celebró Rachel desde el suelo.
Con un poco de ayuda de Afrodita, recuperó su ropa normal y al fin pudo levantarse. Caminó hacia Leo, recogió su cepillo y su zapato (ahora reconvertido en la deportiva que llevaba), se inclinó levemente hacia él y dijo:
-Enhorabuena-su voz detonaba falsa simpatía, dulzura y algo de compasión-solo te falta Thalia. Espero que no pierdas la vida por la apuesta.
Leo tragó saliva mientras se masajeaba la nuca. Si Piper lo había perseguido y Rachel golpeado con un zapato de tacón (Leo juraba que eran más eficientes que cualquier espada o lanza) , Thalia definitivamente lo mataría.
-Pipes, ¿estás bien?-Preguntó.
-No me llames así.
-Está bien, bien. ¿No te gusta ninguno de los nombres que hago para ti. Pero si su padre
está en problemas y podemos ayudar...
-No pueden-dijo ella, su voz cada vez más inestable.-Mira, estoy cansada. Si no te
importa...
Ella se apoyó en Jason y cerró los ojos.
De acuerdo, Leo pensó— linda clara señal de que no quería hablar.
-Esa es una señal tan clara como la de ponerse cascos-dijo Will.
-Es una gran manera de ignorar a alguien-estuvo de acuerdo Luke.
Volaron en silencio por un tiempo. Festus parecía saber a dónde iba. Siguió su curso,
suavemente curvado hacia el suroeste y había de esperarse la fortaleza de Eolo. Otro
dios del viento para visitar, un sabor completamente nuevo de locura.
Oh, chico, Leo no podía esperar.
-Viva el instinto suicida-celebró Leo, consiguiendo que Hefesto necesitara uno de los calmantes de Apolo (que llevaban toda la lectura sin hacer efecto en ninguno de los dioses...tal vez necesiten dosis más grandes).
Había demasiado en su mente para dormir, pero ahora que estaba fuera de peligro, su
cuerpo tenía ideas diferentes. Su nivel de energía estaba fallando. El ritmo monótono de
las alas del dragón hacía que sus ojos se sintieran pesados. Su cabeza comenzó a dar
cabezadas.
-Atrapa unas pocas Z‟s- dijo Jason.-Es genial. Dame las riendas.
-No, estoy bien...
-Leo-dijo Jason-no eres una máquina. Además, yo soy el único que puede ver la estela
de vapor. Me aseguraré de mantener el rumbo.
Los ojos de Leo comenzaron a cerrarse por su cuenta.
-Muy bien. Tal vez sólo...
No terminó la frase antes de caer hacia adelante contra el cuello cálido del dragón.
En su sueño, oyó una voz llena de estática, como una mala radio AM:
-¿Hola? ¿Esta cosa está trabajando?
La visión de Leo entró en foco-- más o menos. Todo era borroso y gris, con bandas de
interferencia corriendo a través de la vista. Nunca había soñado con una mala conexión
antes.
A Hefesto se le iluminó la mirada ¡La radio libre de Hefesto! En ese momento estaba en proceso de fabricación, así que se alegró al ver que en futuro funcionaría.
Parecía estar en un taller. Fuera de las esquinas de sus ojos vio bancos de sierras, tornos
de metal, y cajas de herramientas. Una forja brillaba alegremente en contra
una de las paredes.
No era el campo de forja—tan grande. No era el Bunker 9—era mucho más cálido y
confortable, evidentemente, no abandonado.
Entonces, Leo se dio cuenta de que algo estaba bloqueando el centro de su punto de
vista-- algo grande y difuso, y tan cerca, Leo tenía que cruzar los ojos para
verla correctamente. Era un rostro feo de gran tamaño.
Las miradas de todo el mundo se giraron hacia Hefesto.
-¿Qué pasa?-preguntó el aludido-¿no puede ser otro dios feo? ¿Acaso soy yo el único?
-Que conozcamos si-dijo Demeter.
-Bueno, estaba aquel dios panda en Japón...-comenzó a decir Apolo pensativo.
-¿Japón?-Artemisa arrugó la nariz, confusa-¿Cuándo has estado tú en Japón?
-Pregúntale a este-se enfurruñó Apolo, señalando a Hermes.
-George y Marta-especificó el dios-le advertí de que el caduceo no era un juguete...
-¡Pero tiene modo láser!-exclamó Apolo, como si fuera un argumento válido.
-¿Rayo láser? ¿Me lo dejas?-preguntaron Leo y Thalia a la vez.
El hijo de Hefesto le dedicó una mirada seductora a la ojiazul. Thalia, en cambio, hizo crujir sus nudillos a modo de advertencia.
-¡Santa Madre!-Gritó él.
La cara se apartó y entró en foco. Mirando hacia él era un hombre con barba en sucio
mono azul. Su rostro estaba cubierto de bultos y ronchas, como si hubiera sido mordido
por un millón de abejas, o arrastrado a través de la grava. Posiblemente ambas cosas.
-Hum-dijo el hombre.-Santo padre , muchacho. Yo creí que sabrías la diferencia.
Leo parpadeó.
-¿Hefesto?
Estaba en la presencia de su padre por primera vez, Leo probablemente debería haberse
quedado sin palabras o atemorizado o algo así. Pero después de lo que había pasado
a través de los últimos dos días, con cíclopes y una bruja y un rostro en el lodo del
inodoro, todo lo que Leo sintió fue una oleada de irritación completa.
-¿Ahora te presentas?-Exigió.-¿Después de quince años? Gran crianza, Cara de
Piel. ¿De dónde sacas de pegar tu fea nariz en mis sueños?
-¿De verdad le dijiste eso?-inquirió Annabeth, estupefacta.
Los dioses reían, algunos por la conmoción de las palabras y otros porque simplemente les hacía gracia.
-Siento un renovado orgullo por ti Leo-declaró Luke con tanta solemnidad que rozaba la burla.
-No se merece Castellan-Leo le devolvió la seriedad en las palabras, pero hizo una reverencia para que no se tomaran en serio.
Luke, siguiendo la pantomima, inclinó levemente la cabeza.
-Tienes un problema serio-dijo Thalia-ni Percy fue tan imprudente delante de los dioses.
-Los problemas son mi especialidad, sobre todo si son míos-dijo Leo.
Hefesto sonreía por debajo de la barba. No sabía por qué, pero la insubordinación de su hijo le encantaba.
El dios levantó una ceja. Una pequeña chispa se prendió fuego en su barba. Entonces
echó hacia atrás la cabeza y se rió en voz tan alta, las herramientas se sacudieron en
la bancos de trabajo.
-Hablas igual que tu madre-dijo Hefesto.-Echo de menos a Esperanza.
-Ella ha estado muerta siete años.-Tembló la voz de Leo.-No es que te importe.
-Pero sí me importa, muchacho. Acerca de los dos.
-Uh-huh. Es por eso que nunca te vi antes de hoy.
El dios hizo un ruido sordo en la garganta, pero parecía más incómodo que enojado. Sacó
un motor en miniatura de su bolsillo y empezó a juguetearlo distraídamente con los
pistones-- tal y como Leo hacía cuando estaba nervioso.
-No soy bueno con los niños
-O la gente-interrumpió Ares.
-Los animales.
-Bebés.
-Cíclopes.
-Dioses.
-Mestizos.
-Creo que incluso no sabría hablar con sus amigos imaginarios-dijo Apolo.
-Ya está bien de bullying ¿no?
...-confesó el dios.-O la gente. Bueno, cualquier forma de vida orgánica, de verdad.
Los Olímpicos lo miraron como diciendo Si hasta tú la has admitido.
...Pensé en hablarte en el funeral de su madre. Entonces otra vez cuando estabas en quinto grado... ese proyecto de ciencia que hiciste, chucker pollo a vapor. Muy impresionante.
-¿Viste eso?
Hefesto señaló a la mesa de trabajo más cercana, donde un espejo de bronce brillante
mostró una imagen borrosa de Leo dormido sobre la espalda del dragón.
-¿Ese soy yo?-Preguntó Leo.-Como...yo en este momento, teniendo este sueño... ¿me
miras mientras duermo?
-Hermano, no sabía que eras un acosador-rio Apolo junto con Hermes.
-No soy un acosador-se defendió Hefesto.
-Tranquilo sobrino, serán los genes-dijo Deméter, mirando de reojo al dios del Inframundo.
Hades se frotó la cara con las manos.
-Ya tardabas en sacar el tema-suspiró.
Hefesto se rascó la barba.
-Ahora me has confundido. Pero sí...eres tú. Estoy manteniendo siempre un ojo en ti, Leo. Pero hablar contigo es, um... diferente.
-Tienes miedo-dijo Leo.
-Ojales y engranajes-gritó el dios.-¡Por supuesto que no!
-¡Por supuesto que si!-corroboraron los presentes.
Hefesto miró al cielo ¿Qué cosa tan terrible había hecho para merecer a esta familia?
-Sí, tienes miedo.-Pero la ira de Leo se había filtrado lejos. Había pasado años pensando
en lo que diría a su padre si es que alguna vez se conocieran-- pero Leo lo
masticaba por ser un perezoso. Ahora, mirando en ese espejo de bronce, Leo pensó en
su padre viendo su progreso a lo largo de los años, hasta sus estúpidos experimentos
científicos.
Tal vez Hefesto era todavía un idiota, pero Leo tenía un tipo de entendimiento de donde
venía.Leo sabía de huir de la gente, no instalarse. Él sabía acerca de cómo ocultarse a
cabo en un taller en vez de tratar de hacer frente a las formas de vida orgánicas.
Leo y Hefesto se miraron. Puede que Leo fuera más carismático, arrogante y divertido, pero en el fondo el y Hefesto se parecían más de lo que la gente podía pensar. Hefesto, por un lado, lamentaba que se parecieran tanto. Leo había sacado partes maravillosas de Esperanza, pero habría perferido que no tuviera sus problemas con las personas.
-Por lo tanto-Leo se quejó-¿haces un seguimiento de todos tus hijos? Tienes como
doce de vuelta en el campamento. ¿Cómo puede incluso...no quiero saber.
Hefesto podría haberse sonrojado, pero su rostro estaba tan maltratado y rojo, que era
difícil de decir.
-Los dioses son diferentes de los mortales, muchacho. No pueden existir en muchos lugares a la vez—donde sea que la gente nos llame, siempre que sea nuestra esfera de influencia fuerte. De hecho, es raro toda nuestra esencia está siempre en un solo lugar-- Nuestra verdadera forma. Es peligroso, lo suficientemente potente como para destruir cualquier mortal que nos mira. Así que, sí... muchos niños. Añadidos a nuestros diferentes aspectos, Griegos y romanos
-Fantástico Hefesto, solo te han hecho falta unos segundos para desvelar uno de los secretos mejor guardados-le felicitó Ares con burla.
-Si es como el de tu relación con Afrodita lamento decirte que ya lo sabe todo el mundo-dijo, consiguiendo sonrojarlos a ambos.
Los dedos del dios se congelaron en su proyecto de motor.-Er, es decir, ser un dios es complicado. Y sí, trato de mantener un ojo en todos mis niños, pero tu especialmente.
Leo estaba bastante seguro de que Hefesto había casi resbalado y dicho algo importante,
pero no estaba seguro de qué.
-¿Por qué ponerte en contacto conmigo ahora?-Preguntó Leo.-Creí que los dioses
habían quedado en silencio.
-Tenemos-Hefesto gruñó.-Las órdenes de Zeus son muy extrañas, incluso para él.Está
bloqueando todas las visiones, los sueños y los mensajes de Iris desde y hacia el
Olimpo. Hermes está aburrido sentado fuera de su mente porque no puede entregar el
correo.
En la sala, Hermes se puso pálido.
-El correo...-murmuró-todo lo que voy a tener que entregar cuando la guerra termine. Mis operadores puede que se vallan a la quiebra, por no hablar de mi servicio de correo y envío. Espero no tener aún la oferta de los envíos extra-terrestres gratis ¡Aún peor!-gritó, sobresaltando a los presentes-¡Tengo a Stuart como subordinado de primera clase y jefe si yo no estoy! ¡A STUART!-gritó de nuevo, comenzando a sudar frío.
Apolo le dio unas cuantas palmaditas en la espalda para tranquilizarlo.
-Tranquilo, seguro que George y Marta se encargan de todo.
Hermes lo miró horrorizado.
-¡OH NO!-se lamentó, hundiendo la cabeza entre las manos-este va a ser la quiebra de mi negocio.
Afortunadamente, yo mantuve mi viejo equipo de radiodifusión pirata.
Hefesto le dio unas palmaditas una máquina sobre la mesa. Parecía una combinación de
antena parabólica, motor V-6, y cafetera. Cada vez que Hefesto empujaba la máquina, el
sueño de Leo vacilaba y cambiaba de color.
-Utilice este en la Guerra Fría-dijo el dios con cariño.-Radio Libre de Hefesto. Esos eran
los días. Lo guardé para pago por evento, sobre todo, o hacer vídeos cerebrales virales...
-¿Videos cerebrales virales?
-Pero ahora es muy útil otra vez. Si Zeus supiera que estoy en contacto contigo, tendría
mi pellejo.
-¿Por qué Zeus es tan idiota?
Los mestizos no tardaron en reír por la pregunta de Leo. En cambio, los Olímpicos trataban de mantener la compostura y no reírse, a pesar de lo contagiosas que eran las risas de los semidioses. Al final, Poseidon no pudo aguantarlo más y soltó una sonara carcajada, acompañado segundos más tarde Hermes, Apolo y, extrañamente, Hades. Porque si, que un mestizo insultara a su hermano era la clase de humor que le encantaba, sobre todo si llevaba razón. Demeter, Persefone, Ares, Hestia, Artemisa y, por último, Atenea, que arriesgaba su puesto de hija predilecta por reírse de aquella pregunta.
-Hrumph. Se destaca en eso, muchacho.
-Cierto-confirmó...todo el mundo.
-Hefesto lo llamó muchacho como si Leo fuera una molesta parte de maquinaria-- una arandela extra, tal vez, que no tenía claro propósito, pero que Hefesto no quería tirar por temor a que debiera necesitarla algún día.
No exactamente conmovedora. Por otra parte, León no estaba seguro de que quisiera ser
llamado "hijo." Leo no estaba a punto de empezar a llamar a este gran incómodo hombre
feo "Papá".
-¿No podías pasar sin los insultos?-preguntó Hefesto.
-Lo siento...papá-añadió Leo en el último momento, tan rápido que algunos no lo comprendieron. Pero Hefesto si lo hizo.
Y es que, desde que estaba ahí, el dios de la forja le había dado muchas razones a Leo para que lo llamara de esta manera: consolarlo por lo de sus poderes, ayudarlo con lo de su madre, defenderlo ante Hera y el resto de los dioses...Y, aunque Leo no lo admitiría en voz alta, se sentía bien poder llamar a alguien de ese modo.
Hefesto se cansó de su motor y lo tiró por encima del hombro. Antes de que pudiera
golpear el suelo, brotaron alas y volaron en helicóptero a sí mismo reciclandose en la
basura.
-Fue la segunda Guerra Titán, supongo-dijo Hefesto.-Eso es lo que enfadó a Zeus. Nosotros los dioses... bueno, estamos avergonzados. No creo que haya ninguna otra manera de decirlo.
-Pero ganaron-dijo Leo.
El dios gruñó.
-Ganamos porque los semidioses de-otra vez dudó, como si hubiera hecho casi un desliz-del Campamento Mestizo tomaron la iniciativa. Nosotros ganamos porque nuestros hijos lucharon nuestras batallas por nosotros, más inteligentes que nosotros. Si hubiéramos confiado en el plan de Zeus, si hubieramos ido todos al Tártaro a luchar contra la tormenta gigante Tifón, y Cronos hubiera ganado. Suficientemente mal que los mortales ganaran nuestra guerra para nosotros, pero entonces ese joven advenedizo, Percy Jackson...
-Ya tardaban en nombrarlo-dijo Thalia.
-Pues claro que hay que nombrarlo-dijo Annabeth-¿Quién menciona la batalla de Manhattan sin hablar de Percy?
-O sin hablar de ti-dijo Luke.
-O de ti.
-El tipo que está perdido.
-Mmm. Sí. Él tuvo el coraje de rechazar nuestra oferta de la inmortalidad y nos dicen que
debemos prestar más atención a nuestros hijos. Er, no te ofendas.
-Oh, ¿cómo podría sentirme ofendido? Por favor, salgan a ignorarme.
-Ese es un buen lema para el Campamento Mestizo-reflexionó Will.
-A parte de deprimente-comentó Jason.
-Pero, por desgracia, bastante sincero-suspiró Piper.
-¿Sabes que podría mejorar esta situación?-preguntó Leo en voz alta-que pidas de una vez el último deseo y me pueda librar de los bombachos.
-¿Después de mis dos primeros deseos aún quieres que pida un tercero?
-Ya he soportado el detalle del Error 13 y tu ira al ver tus sueños de niña truncados. No creo que haya algo peor.
-De acuerdo-cedió Piper-lo pediré al final del capítulo ¿de acuerdo?
Leo aceptó, conforme. Piper, que hasta ese momento hacia girar la botella en sus manos, la dejó en el suelo, al lado de su puff.
-Gran comprensión la tuya...- Hefesto frunció el ceño, luego suspiró con cansancio.-Eso fue
un sarcasmo, ¿no? Las máquinas no tienen sarcasmo, por lo general. Sin embargo, como iba diciendo, los dioses se sintieron avergonzados, de lo mostrado por los mortales. Al principio, por supuesto, nos sentimos agradecidos. Pero después de unos meses, esos sentimientos se volvieron amargos. Somos dioses, después de todo. Tenemos que ser admirados.
-¿Incluso si están equivocados?
-¡Sobre todo, entonces! Y para que Jackson negara nuestro regalo, como si ser mortal
fuera de alguna manera mejor que ser un dios...
-Depende de por donde lo mires-dijo Annabeth.
Atenea miró a su hija con una mezcla de incredulidad, sorna y escepticismo.
-Es mejor en todo-corrigió a su hija. Annabeth no se salvó del tono de reproche ni la verdadera cuestión en las palabras de su madre, que sería algo como: ese engendro de mar te está aguando las neuronas.
Annabeth se cruzó de brazos y pasó su mirada por todos los dioses.
-Ser mortal significa muchas cosas, no solo vulnerabilidad o muerte. Si eres consciente de que tu vida se va a acabar en algún momento, vives cada momento de una manera que un dios no podría ni imaginar. El amor, la amistad, el valor, la lealtad, todos esos actos y sentimientos cuentan mucho más si eres humano.
-Por mucho que queráis, un dios no puede sentir el amor como nosotros. No podéis experimentar lo que es envejecer con alguien, compartir todos vuestros momentos-dijo Piper, echándole un cable a Annabeth.
-La amistad, los actos de lealtad hacia ella, para vosotros no significa lo mismo, pues tenéis menos limitaciones.-continuó Jason.
-No es lo mismo arriesgarse por una persona siendo inmortal a poder perder la vida por alguien-comentó ahora Leo.
-No valoráis tanto las cosas pequeñas y placenteras de la vida-sonrió Will, pasándose la mano por el pelo en ademán tranquilizador-por no hablar de que no tenéis tiempo para ello. Navidad, cumpleaños, verano, son cosas que nunca sabréis.
-Puede que nuestra vida sea más efímera, pero también es más intensa-concluyó Rachel.
Los dioses no sabían muy bien qué decir. No podían negar que lo que decían era cierto, pero para ellos el poder, la inmortalidad, era algo muy valioso. Tan solo tres personas, que habían comprendido cuán valiosa, maravillosa y condenada podía llegar a ser la vida de los mortales se miraron. Tenían qué hacer algo.
...bueno, eso pegó en el orgullo de Zeus. Él decidió que era hora de volver a los valores tradicionales. Los Dioses debían ser respetados. Nuestros hijos iban a ser vistos y no visitados. El Olimpo fue cerrado. Al menos eso era parte de su razonamiento. Y, por supuesto, empezamos a oír cosas malas revolviéndose bajo la tierra.
-Los gigantes, quieres decir. Los Monstruos vuelven a formarse al instante. Los muertos
resucitan. ¿Pequeñas cosas como esas?
-Sí, muchacho.-Hefesto dio vuelta a una perilla en su máquina de radiodifusión pirata. El
sueño de Leo se afiló a todo color, pero la cara del dios era un derroche de ronchas rojas
y moretones amarillos y negros, Leo deseaba que volviera a blanco y negro.
-Zeus piensa que puede revertir la marea-el dios dijo-para que la tierra entre a un período de calma y vuelva a dormir, siempre y cuando nos quedemos en silencio. Ninguno de nosotros cree realmente eso. Y no me importa decir, que no estamos en forma para luchar otra guerra. Apenas sobrevivimos a los Titanes. Si estamos repitiendo el viejo patrón, lo que viene después es peor.
-Eso es el eufemismo de la semana-dijo Atenea.-si seguimos el mismo patrón lo que está por venir es mucho peor.
-Los gigantes-dijo Leo.-Hera dijo que semidioses y dioses tuvieron que unir sus fuerzas
para derrotarlos. ¿Es eso cierto?
-Mmm. Odio estar de acuerdo con mi madre sobre cualquier cosa, pero sí. Los gigantes
son difíciles de matar, muchacho. Son una raza diferente.
-¿Raza? Lo haces sonar como caballos de carreras.
-¡Ja!-Dijo el dios.-Más como perros de guerra. Volvemos al principio, sabes, todo en la
creación vino de los mismos padres...
La mayoría emitieron un sonoro quejido.
-Ya nos la sabemos-se quejaron los mestizos.
-Ya la vivimos-se quejaron los Olímpicos.
...Gea y Urano, Tierra y Cielo. Tenían sus diferentes lotes de hijos-- sus Titanes, sus viejos Cíclopes, y así sucesivamente. Entonces Cronos, el jefe de Titán-- bueno, probablemente has escuchado cómo ha picado a su padre Urano con una hoz y se ha apoderaron del mundo. Entonces los dioses llegaron, los hijos de los Titanes, y los derrotaron. Pero ese no fue el final de eso. La tierra dio a luz un nuevo lote de niños, excepto que fueron engendrados por Tártaro, el espíritu del abismo eterno-- El más oscuro, el lugar más malo en el Inframundo. Esos niños, los gigantes, fueron criados con un propósito-- venganza hacia nosotros por la caída de los Titanes. Ellos se levantaron para destruir el Olimpo, y llegaron muy cerca.-La barba de Hefesto comenzó a arder. Distraídamente golpeó con fuerza a las llamas. -Lo que mi maldita madre Hera está haciendo ahora es una tonta intromisión jugando un juego peligroso, pero tiene razón en una cosa: ustedes los semidioses tiene que unirse. Esa es la única manera de abrir los ojos de Zeus, convencer a los Olímpicos de que deben de aceptar su ayuda. Y esa es la única manera de derrotar a lo que viene. Eres una gran parte de eso, Leo.
La mirada del dios parecía muy lejana. Leo se preguntó si realmente se podía dividir en
partes diferentes-- ¿En dónde estaba en este momento? Tal vez su lado griego estaba
arreglando un coche o llendo a una cita, mientras que su lado romano estaba viendo un
juego de pelota y ordenando pizza. Leo trató de imaginar cómo se sentiría tener múltiples
personalidades. Esperaba que no fuera hereditario.
-Todos lo esperamos-dijeron los mestizos.
-¿Os imagináis como sería tener esa bipolaridad?-preguntó Luke en voz alta.
-No somos bipolares chaval-dijo Ares, aunque su voz sonaba a amenaza.
-Vosotros esperar y veréis como si sois bipolares-dijo Piper.
-¿Por qué yo?-Preguntó, y tan pronto como lo dijo, más preguntas flotaron fuera. -¿Por
qué reclamarme ahora? ¿Por qué no cuando tenía trece años, como se supone debía ser? O pudiste haberme reclamado a los siete, ¡antes de que mi madre muriera! ¿Por qué no me has encontrado antes? ¿Por qué no me avisaste de esto ?
La mano de Leo explotó en llamas.
Hefesto lo miró con tristeza.
-La parte más difícil, muchacho. Dejar que mis hijos anden sus propios caminos. Interferir no funciona. Las Parcas se aseguran de ello.
Varios miraron arriba con los ojos entrecerrados y la mandíbula apretada. Las Parcas. Las todopoderosas Parcas. Las que, por algún extraño motivo, habían decidido intervenir de este modo, en vez de advertir a los dioses y permitirles interferir en la vida de sus hijos para que fuera menos patética.
La que más miraba arriba con rencor era Hestia. Nadie se daba cuenta de que aquella figura pequeña de trece años era la que más quería un cambio también por parte de las Parcas. Odiaba presenciar la muerte de los semidioses o como sus despreciables y horrendas vidas se volvían aún más horrendas y despreciables.
En cuanto a la reclamación, eras un caso especial, muchacho. El momento tenía que estar bien. No puedo explicarlo mucho más, pero...
El sueño de Leo fue confuso. Sólo por un momento, se convirtió en una repetición de la
rueda de la fortuna . Luego Hefesto volvió a entrar en foco.
-Explosión-dijo.-No puedo hablar mucho más tiempo. Zeus está detectando un sueño
ilegal. Él es el señor de los cielos, después de todo, incluyendo las ondas de radio. Sólo
escucha, muchacho: tú tienes un papel que jugar. Tu amigo Jason tiene razón-- el fuego
es un don, no una maldición. No le doy esa bendición a cualquiera. Nunca voy a derrotar
a los gigantes sin ti, mucho menos a la señora que sirven. Ella es peor que cualquier otro
dios o Titán.
-¿Quién?-Exigió Leo.
Hefesto frunció el ceño, su imagen cada vez más borrosa.
-Te lo dije. Sí, estoy bastante seguro de que te dije. Sólo una advertencia: en el camino, vas a perder amigos y algunas herramientas de valor. Pero eso no es culpa tuya, Leo. Nada dura para siempre, ni siquiera las mejores máquinas. Y todo se puede volver a utilizar.
Hefesto miró al libro con tristeza. El presentimiento del principio era cierto. Algo le iba a pasar al dragón.
-¿Qué quieres decir? No me gusta como suena eso.
-No, no debería.-Estaba la imagen de Hefesto apenas visible ahora, sólo una gota en lo
estático.-Sólo ten cuidado con...
El sueño de Leo cambió a la rueda de la fortuna al igual que el volante golpeó en quiebra
y el público, dijo, ¡Awwww!
Entonces Leo despertó a Jason y Piper gritando.
-Otra caída al vacío no, por favor-pidió Afrodita-trae, quiero leer yo, que me habéis saltado.
Piper rio ante la actitud estresada de su madre.
-Vale Leo, tu condena se ha terminado-dijo, pero al girarse hacia el puff del hijo de Hefesto, no vio a nadie-¿Leo?-preguntó en voz alta.
Uno a uno, les presentes se fueron dando cuenta de la ausencia del semidiós. También se dieron cuenta de que, en los últimos momentos del capítulo, el hijo de Hefesto no había hablado.
Invadida por el terror, Piper busco la botella con la mano, justo donde la había dejado.
Pero ahí no había nada.
-La botella ha desaparecido-informó, causando revuelo en toda la sala.
El lugar se llenó de murmullos y cuchicheos, mientas Jason, Piper y Annabeth buscaban desesperadamente la botella.
-Por aquí no está-dijo Jason.
Piper se mordió la uña del dedo pulgar, nerviosa.
-Es imposible-dijo Annabeth-si la botella no está aquí ¿Donde...
No le dio tiempo a terminar la frase. Una explosión, proveniente del ala este del Olimpo, acababa de explotar.
Los dioses, pálidos, se levantaron, con sus armas a mano, dispuestos a luchar. Los mestizos los siguieron hacia la explosión, nerviosos.
Annabeth se escabulló hacia el Templo de Poseidon, mientras Jason y Will corrían a la enfermería, temerosos de que hubiera ido a por Nico.
Porque, lo acababa de explotar, era la celda de Zeus.
..................
Final abierto del capítulo ¿Qué pasará con la botella en manos de Zeus? ¿Cómo la habrá conseguido? Y en cuanto a Leo ¿Alguien pedirá al fin los tres deseos y se librará de esa maldición? ¿Ganará la apuesta? ¿O perecerá por temor a Thalia?
Muchas preguntas por responder y menos de la mitad del libro para responderlo. Cada vez quedan menos capítulos. Y no, tranquilos, en el siguiente no solo habrá problemas, también leerán un capítulo, ya me aseguré de que el siguiente fuera corto, aunque este también era corto y me ha durado doce páginas...si, me ha venido la inspiración y me pasé un poco escribiendo. Incluso comencé el siguiente capítulo.
Espero que les gustara, y hasta la próxima, semidioses.