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La tercera generación: 24 años después — capítulo 18
Antes de colgar el capítulo quería deciros que he decidido subirlos enteros en vez de en dos partes. Antes lo hacía así porque no tenía mucho tiempo para escribir, pero ahora que tengo varios capítulos escritos, creo que es mejor subirlos así. No son muy largos y se entiende mejor la historia. Espero que no os importe :) Intentaré subir dos o tres capítulos semanales (lunes-miércoles-viernes/lunes-jueves) dependiendo de cómo lleve la semana. Esta, os adelanto desde ya, subiré tres. Y ya os dejo tranquilos con el capítulo. Espero que os guste y comentéis (¡qué no muerdo y me hace mucha ilusión saber si os gusta o no lo que escribo!). Un beso, Ladyluna10 :)
Pasó un mes desde el día del partido. Rose no volvió a hablar con Scorpius: lo evitaba en los pasillos y en Pociones se limitaba a darle instrucciones y dedicarles miradas acusadoras. Él no sabía qué hacer para que lo perdonara, sabía que no debía haber dicho aquello, pero lo hizo sin pensar. No pensaba que la pelirroja se lo fuera a tomar tan a mal. Intentaba hablar con ella, pero no le dejaba decir más de dos palabras antes de girarse, marcharse o mandarlo callar. Era desesperante. Pero la chica no estaba para tonterías. Bastante tenía con soportar las miradas tristes de Lorcan. Desde que le había dicho que lo veía solo como un amigo, el chico no había vuelto a dirigirle la palabra, ni siquiera en las guardias que tenían juntos.
- La próxima clase será algo especial. - Anunció el profesor de Pociones cuando quedaban apenas cinco minutos. - Pero no os daré ninguna pista, solo espero que vengáis preparados y listos para trabajar. - El hombre sonrió al escuchar cómo todos empezaban a murmurar. - ¡Hasta luego, chicos!
Todos comenzaron a recoger y Scorpius volvió a intentar hablar con Rose, como todos los días al terminar.
-
Escúchame, por favor. - La agarró del brazo y ella lo fulminó con la mirada.
-
¿Cuándo vas a entender que no quiero hablar contigo?
-
Rose, fui un estúpido, pero no podemos estar enfadados eternamente.
-
Hasta hace unos meses nos dirigíamos la palabra únicamente para insultarnos, ¿por qué debería cambiar eso ahora? Esos besos no significaron nada, Malfoy.
-
No lo dices en serio.
-
Sí que lo hago. - La chica consiguió librarse de la mano de Scorpius con un movimiento brusco. - Y ahora, tanto si me disculpas como si no, me voy.
Rose cogió sus libros y abandonó el aula rápidamente. El chico suspiró, pero también recogió sus cosas. Había hecho todo lo que había podido, pero ya no se le ocurría nada más. Había sido un bocazas y la pelirroja no lo perdonaría en su vida, solo le quedaba seguir hacia delante y tratar de olvidar todo lo que había sucedido con ella.
- No deberías saltarte tantas clases, Potter.
El chico se sobresaltó al escuchar la voz a su espalda, pero sonrió al ver como Lizzy se sentaba en la hierba junto a él.
-
Encima que lo hago para que podamos pasar un rato juntos… - James puso los ojos en blanco provocando que la chica riera. - Además, odio Pociones.
-
Nadie te ha obligado a cogértela. - Contestó ella, tumbándose. El chico la imitó y giró la cabeza para poder mirarla.
-
Si no recuerdo mal me dijiste que, si no sabía qué quería hacer al terminar séptimo, debía cogerla. - Puntualizó el pelinegro.
-
¿Todavía no sabes lo que vas a hacer?
-
Creo que intentaré entrar en algún equipo, aunque no descarto ser auror como mi padre y Teddy. - Contestó. - Me gustaría enseñar a volar y jugar al quidditch, como he hecho contigo, pero para eso ya está el profesor Creevy y, además, McGonagall no me daría el trabajo ni en sueños.
-
Pues estudia mucho para tus ÉXTASIS.
-
Eso intento, pero es demasiado aburrido. - James estiró el brazo de forma distraída y, tras pasarlo sobre los hombros de la morena, la atrajo hacia él. Lizzy sonrió y se acomodó en su hombro. - Además, estamos entrenando mucho últimamente.
-
¿Qué tal lleváis el partido?
-
Ganarle a Hufflepuff no será difícil, ¿vas a estar animándome o lo verás desde las gradas enemigas con Charlie? - Intentó que su voz sonara normal, pero no pudo evitar que un pequeño matiz celoso se le escapara.
-
Lo veré allí pero, tranquilo, os animaré a vosotros. - Ella fingió que no había notado nada y se encogió de hombros. - Si me linchan será únicamente culpa tuya.
-
Podré vivir con ello.
-
¡James! - La chica le golpeó el brazo y se separó de él, con el ceño fruncido.
-
Es broma, Lizzy. - James comenzó a reír mientras su amiga se sentaba, con los brazos cruzados. - Sabes que no permitiría que esos tejones te tocaran ni un pelo. Ni siquiera tu querido novio.
-
De todas formas, la pelirroja también es Hufflepuff, ¿no? - Enarcó una ceja, haciendo que el chico dejara de reír y se incorporara un poco, apoyándose en los codos. Sabía que había dado en el clavo.
-
Sí, ¿por qué?
-
Porque no deberías confraternizar con el enemigo. - La morena se mordió el labio. ¿Estaba sonando celosa? - ¿Cómo sabemos que no va a intentar distraerte para que pierdas el partido?
-
No es de esas. - James sonrió ampliamente, consciente del tono que había empleado la chica. - Además, tiene un nombre, ¿lo sabes?
-
Lo he deducido, pero pelirroja la define mejor. - Lizzy puso los ojos en blanco.
-
¿Estás celosa, Collins? - El pelinegro no pudo evitar reír al formular aquella pregunta. Para él, era como un libro abierto y era capaz de identificar todas sus emociones sin que la chica tuviera que decir nada.
-
Igual que tú, Potter. - Replicó ella, consciente de lo que el chico estaba pensando. Había notado sus celos antes igual que los notaba cada vez que la veía con Charlie.
Se miraron fijamente a los ojos antes de estallar en carcajadas. Nunca habían sido capaces de tomarse nada en serio - mucho menos, su "relación" - y aquella era la única forma que siempre habían tenido para revelarse lo que sentían. Ambos estaban celosos, ambos lo sabían, pero no iban a hacer nada por cambiarlo de momento. James estaba esperando que Charlie dijera algo que pudiera utilizar para separarlo de Lizzy "porque no te merece" mientras que Lizzy estaba esperando a que la pelirroja estuviera más ilusionada para separarla de James "porque esto afectará a tu fama de chico malo". Para ellos siempre había sido así y, en aquel momento, ambos sabían que solo era cuestión de tiempo el volver a estar juntos.
-
Pensaba que el día no se iba a acabar jamás. - Dijo Victoire suspirando y metiéndose en la cama. - Estoy agotada.
-
¿Mucho trabajo en San Mungo hoy? - Preguntó Teddy con una sonrisa, mientras terminaba de ponerse el pijama.
-
Sí, ha explotado un laboratorio de pociones y se han intoxicado diez personas. - Explicó la rubia.
-
No hemos parado ni un minuto, ¿tú qué?
-
Pues hoy me he aburrido mucho, solo he tenido que rellenar informes. - El chico arrugó la nariz provocando que su novia sonriera. Se tumbó junto a ella y acarició su mejilla.
-
Los malos estaban hoy de descanso. - Bromeó ella antes de unir sus labios. Teddy la estrechó entre sus brazos con fuerzas. - Podría acostumbrarme a esto.
-
Ya te he dicho que, si quieres, puedes quedarte aquí para siempre. - El chico volvió a besarla, aunque ahora con más pasión. Sin embargo, un ruido los sobresaltó a ambos, que se separaron rápidamente. - ¿Pero qué…?
-
¿Qué ha sido eso? - Victoire frunció el ceño y cogió su varita, que descansaba en su mesita de noche.
-
No lo sé. - Teddy la imitó, visiblemente molesto. - ¿Salimos?
-
Sí.
Ambos se levantaron y salieron juntos del dormitorio, con las varitas levantadas y preparados para enfrentarse a lo que fuera. Suspiraron aliviados y dejaron caer los brazos al ver de quién se trataba. Harry y Ginny Potter se habían aparecido en medio del salón. ¿Pero qué hacían allí?
-
¡Aquí estáis! - Exclamó Harry al verlos. - Teddy tienes que venir conmigo, es muy urgente, ha sucedido algo grave.
-
¿Qué pasa? - Preguntó Vic, alarmada. - ¿Están todos bien?
-
Asuntos del ministerio. - Respondió su tío, negando con la cabeza. - Tu tía se quedará aquí contigo.
-
No, antes quiero saber qué sucede.
-
Vic, tranquila. - Teddy apoyó su mano en el hombro de la chica. - No pasa nada, seguro que no es para tanto.
-
¿De verdad esperas que me crea que mis tíos han venido aquí en mitad de la noche porque sí? - La rubia se cruzó de brazos. - Además, si no hubiera pasado algo grave, ¿por qué tendría que quedarse aquí mi tía?
-
Para que no te sientas sola. - Intervino Ginny.
-
Soy mayorcita, puedo quedarme sola de noche. - Apretó los labios. - Aquí está pasando algo y no voy a parar hasta saberlo.
La habitación se quedó en silencio y los dos mayores intercambiaron una mirada. Ginny sabía que aquello iba a pasar, Victoire tenía 22 años y un espíritu indomable, no podrían mantenerla alejada de aquello. Enarcó una ceja, diciéndole a su marido que ya se lo advirtió y Harry suspiró. Estaba claro que tenía que decírselo, tenían que marcharse cuanto antes y hasta que no lo contara, la chica no los dejaría, pero aquello no podía salir de allí. Nadie de la familia podía enterarse de lo que había sucedido pocos minutos antes.
-
¿Recuerdas los mortífagos que se fugaron a finales de verano?
-
Sí, claro. - La rubia se notó palidecer. ¿Y si habían atacado a alguien?
-
Nos ha llegado un aviso, han estado cerca de la Madriguera.
-
¿Están bien los abuelos?
-
Sí, tranquila. - Contestó su tía. - Por suerte se han dado cuenta de lo que pasaba y se han aparecido en nuestra casa.
-
Todos los aurores han sido convocados, es la única pista que tenemos de ellos y debemos encontrarlos. - Continuó Harry. - Chicos, no queríamos asustaros, pero ahora parece más claro que nunca que estamos todos en el punto de mira.
-
Nos lo imaginábamos. - Murmuró Teddy. - Deja que me cambie y en seguida voy, Harry.
El chico se dirigió rápidamente hacia el dormitorio. Victoire dejó caer sus brazos y suspiró, asustada.
-
No le puedes contar esto a nadie: ni a tus hermanos, ni a ninguno de tus primos. - Murmuró Ginny acercándose a ella. - No queremos que se asusten. A tus padres y los demás los informaremos mañana, de momento solo lo sabemos nosotros, Ron y Hermione.
-
¿Y no puedo ir a ayudar? - Se atrevió a preguntar. - Seguro que necesitáis más gente y yo soy buena con los hechizos.
-
Ni hablar, es muy peligroso. - Su tío negó con la cabeza. - Vosotras dos os quedaréis aquí.
-
¿Y los abuelos dónde están?
-
En casa de Ron y Hermione.
-
Contestó. - Me acompañaron cuando fui a avisarlos de lo sucedido. Puede que tu tío ya no sea auror, pero no nos vendrá mal su ayuda.
Justo entonces Teddy salió de nuevo al salón, terminando de abrocharse una chaqueta.
-
¡Ya estoy listo! - Anunció. - Podemos marcharnos cuando quieras.
-
Tened cuidado, ¿vale? - Harry se acercó a su mujer y le dio un beso en la mejilla. - Te veré en un rato.
-
No te preocupes por nosotras, cuidaos vosotros. - Respondió ella, apretando los labios. - Espero que los encontréis.
-
Eso haremos. - Teddy sonrió antes de acercarse a Victoire. - Volveré pronto, mientras tanto no te separes de tu tía.
-
Sé cuidarme sola. - Dijo ella, agarrándolo de la chaqueta y acercándolo a ella.
-
Lo sé, pero esta situación es muy delicada.
-
Ten cuidado, Teddy. - La rubia se puso de puntillas y lo besó.
Cuando se separaron se dedicaron una sonrisa y él se acercó a Harry. A los pocos segundos ambos se desaparecieron, dejando a Ginny y Victoire solas en el salón. La rubia sentía un nudo en la garganta. Estaba preocupada, no quería que nada malo le pasara al chico.
-
¿Está sensación desaparece alguna vez? - Murmuró. Su tía la miró con ternura y apoyó una mano en su hombro.
-
No, pero te acostumbras. - Contestó. - Es su decisión y su trabajo, no podemos hacer nada para evitarlo, solo confiar en ellos y esperar que todo salga bien.
-
Supongo que haré un poco de té… o mejor tila. - La chica suspiró.
-
O también podríamos seguirlos. - Su tía sonrió.
-
Dame cinco minutos, tengo que vestirme.