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La tercera generación: 24 años después — capítulo 23
Rose pasó casi todo el viaje en el vagón para prefectos. Cada vez que cerraba los ojos las imágenes de la noche anterior volvían a su mente y no podía evitar sonrojarse. ¿Cómo había podido…? La situación se le había ido completamente de las manos. ¿Pero en qué estaba pensando? Bueno, se corrigió a sí misma, no estaba pensando precisamente. Nadie podía enterarse de aquello, se moriría de vergüenza si alguien supiera que había perdido la virginidad sobre el escritorio del aula de Transformaciones con Scorpius Malfoy. Siguió mirando el paisaje, ignorando a Albus que no paraba de hablar a su lado. Le gustaría decírselo, poder desahogarse, contarle todo lo que había sucedido pero no podía. Confiaba en él, pero no podía arriesgarse a que alguien los escuchara y lo difundiera. ¿Y si se enteraban sus padres? Su padre la mataría, no se lo perdonaría jamás, la odiaría. No podía dejar que nadie lo descubriera, se llevaría aquel secreto a la tumba si era necesario y esperaba que el rubio hiciera lo mismo. Después de todo lo que había pasado no habían hablado mucho. Parecía que solo se habían dado cuenta de lo que habían hecho cuando hubieron acabado y apenas eran capaces de mirarse a la cara. Se vistieron en silencio y se marcharon rápidamente a sus respectivas salas comunes.
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Vale, llevas todo el viaje ignorándome. - La voz de su primo se coló en sus pensamientos. - ¿Qué te pasa?
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No te ignoro. - Dijo, girando la cabeza para mirarlo. Forzó una sonrisa para tranquilizarlo.
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¿De qué estaba hablando?
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De lo bien que te lo pasaste en la fiesta con Caro. - Contestó Rose, encogiéndose de hombros. No había hablado de otra cosa en todo el día, dudaba que hubiera cambiado de tema.
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Era una pregunta muy fácil. - Replicó él, poniendo los ojos en blanco. - Ahora en serio, ¿qué te pasa?
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Nada. - Mintió la pelirroja. - Estoy cansada, solo eso.
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No sé por qué me mientes, pero tus motivos tendrás. - Albus suspiró, dándose por vencido y su prima tuvo que apartar la mirada. Se sentía mal mintiéndole, pero no podía hacer otra cosa. No podía reconocer aquello delante de Albus. - ¿Vienes a hacer una ronda? No has salido del compartimento y todos te empiezan a mirar mal. Si Lorcan no te ha dicho nada todavía, es porque no os habláis.
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No digas eso Al, nos hablamos. - Apretó los labios. - Poco, pero lo hacemos. - Al decir aquellas palabras notó cómo sus mejillas se coloreaban y se puso nerviosa. - Hablar, digo.
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Estás muy rarita hoy.
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Voy a hacer una ronda. - Se puso de pie, evitando contestar, pero el chico también se levantó. No iba a ser tan fácil esquivarlo. - Puedo ir yo sola.
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Pero las rondas en compañía son más entretenidas. - Se limitó a decir él.
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Como quieras. - La chica puso los ojos en blanco pero no insistió. No quería que sospechara todavía más.
Los dos salieron del vagón y recorrieron el pasillo del tren lentamente. Había oscurecido hacía rato y no debía quedar mucho para llegar porque los alumnos estaban muy alterados. Andaban en silencio el uno junto al otro. Por suerte nadie estaba armando demasiado escándalo - ni siquiera James y Fred -, así que decidieron descansar un rato en el compartimento en el que estaban Lizzy y las demás.
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¡Creía que no ibas a venir ya a vernos! - Exclamó Martha al verla en la puerta.
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Estoy muy cansada, es la primera vez que salgo del vagón de prefectos. - Se excusó ella. Lizzy le dedicó una mirada de incredulidad, pero no dijo nada. - ¿Sabéis cuanto queda exactamente?
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No más de media hora. - Eliza se encogió de hombros al decir aquellas palabras. - Tengo ganas de llegar por fin a casa, aunque os voy a echar de menos.
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No te pongas sentimental.
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Lizzy pasó el brazo sobre los hombros de la chica y la abrazó. - Que en unos días estaremos juntas de nuevo y siempre podemos quedar en Londres.
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Me encantaría ir a Londres en Navidad. - Exclamó Caroline, hablando por primera vez desde que ambos habían entrado. La pelirroja no pudo evitar notar que esquivaba la mirada de Albus y se preguntó si se habría perdido algo importante del relato de su primo.
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Pues no se hable más, podemos quedar el 27 o 28 en mi casa, podéis llegar a través de la red flu. - Rose sonrió al decir aquello. - Desde allí iremos al Londres muggle.
Las otras cuatro chicas asintieron y comenzaron a hacer planes sobre lo que podían hacer. Albus carraspeó a su lado, se sentía un poco fuera de lugar y quería irse, pero no quería parecer antipático. Por suerte su prima entendió lo que le pasaba.
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Escribidme contándome lo que queréis hacer, nosotros tenemos que volver para recoger lo que tenemos en el otro compartimento.
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Oye, James y tú también podríais venir. - Intervino Lizzy. El pelinegro sonrió. - Será divertido.
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Si todas queréis… - Murmuró.
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Claro, cuantos más mejor.
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Martha sonrió. - Además, si no ve a tu hermano, Lizzy no parará de lloriquear en todo el día.
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Pero, ¿qué dices? - La chica se puso roja mientras todos reían. - ¡No seas estúpida, Martha! Es solo que con James nos lo pasaremos mejor.
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Lo que tú digas. - Rose negó con la cabeza y se puso de pie. - Pues lo dicho entonces, escribidme y nos vemos pronto.
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Hasta luego, chicos.
Lizzy le lanzó una grajea a la cabeza a Martha antes de que Rose tuviera tiempo siquiera de cerrar la puerta y no pudo evitar estallar en carcajadas. Albus a su lado le dedicó una media sonrisa. Parecía de mejor humor pero, aún así, seguía notándola extraña. Llegaron al vagón de prefectos y bajaron sus baúles. Pronto estarían en la Madriguera con toda su familia, preparando la casa para pasar la Navidad y comiendo galletas de la abuela Molly.
En la estación los esperaba prácticamente toda la familia, incluidos Victoire y Teddy. Al verlos comenzaron a agitar los brazos, llamando su atención. Rose y Albus fueron los primeros en llegar.
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¡Papá, mamá! - Exclamó la chica, abrazándolos a ambos.
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Mi pequeña. - Dijo su padre, sin querer soltarla. - ¿Has crecido?
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Tienes el pelo más largo.
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Comentó su madre haciendo que pusiera los ojos en blanco. Todos los años lo mismo.
Poco a poco llegaron los demás: Lilly, Hugo, Roxanne y Lucy; después Molly y, por último, Fred y James. Todos saludaron a sus padres y tíos con besos y abrazos.
-
¡Mi primita favorita! - Exclamó Victoire, abrazando a Rose. - Te he echado de menos, tenemos mucho de lo que hablar.
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Lo sé. - Suspiró. Quizás Vic pudiera ayudarla, aunque no supiera la historia completa. - ¿Vas a pasar las vacaciones con nosotros?
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Por supuesto. - Respondió la rubia con una sonrisa. - No me perdería la comida de la abuela por nada del mundo y si para eso tengo que hablar con mi madre, lo haré.
-
Ya va siendo hora. - La pelirroja se encogió de hombros.
-
Chicas, ya hemos repartido los coches. - Teddy se acercó a ambas y apoyó su mano en el hombro de Rose a modo de saludo. - Vosotras dos, James y Albus venís conmigo, ¿os parece bien?
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Perfecto cariño. - Vic besó la mejilla de su novio. - En seguida vamos.
El chico se acercó a su padrino y comenzó a andar hacia la salida del andén seguidos por los demás. Harry y Hermione habían aprendido a conducir, al igual que Audrey y Teddy por lo que había coches de sobra y todos podían ir así a la Madriguera. Salieron del andén 9 y ¾ sin parar de charlar, comentando algunas cosas que habían sucedido durante el comienzo del curso y bromeando unos con otros. No se separaron hasta llegar a los coches.
- ¡Roxanne, Lilly, Hugo! - Exclamó Harry abriendo el suyo. - Con Ginny y conmigo.
Los tres asintieron sonriendo y, tras colocar sus baúles en el maletero agrandado, se sentaron en la parte de atrás.
- ¡Lucy, Molly! - Su padre señaló su coche y ambas se metieron, la mayor de las hermanas refunfuñando un poco. Seguro que su padre no paraba de hablar de exámenes y notas. Aún así, dejó sus cosas y se sentó junto a su hermana con la que todavía estaba enfadada.
Ron, Hermione, George y Angelina junto con Fred se metieron en otro coche, mientras hablaban de un nuevo producto que estaban a punto de lanzar al mercado. Finalmente, los que quedaban se montaron en el coche de Teddy. Victoire se sentó delante y Rose entre los dos Potter.
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Espero que os guste el nuevo disco de las Brujas de Greenwichporque es lo que vamos a escuchar todo el camino. - Anunció el conductor, encendiendo la música.
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¿Desde cuándo te gusta esa música para nenazas? - Protestó James, cruzándose de brazos.
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Desde que Vic se vino a mi apartamento y me obligó a escucharla durante 48 horas seguidas. Después de eso, no vuelves a ser el mismo. - Contestó con voz sombría haciendo que su novia lo fulminara con la mirada. - No me mires así, fue traumático.
-
Muy gracioso.
Todos menos la rubia comenzaron a reír. Por un momento Rose olvidó todo lo que había pasado con Malfoy. Estaba en casa, con su familia, e iba a ser una Navidad genial.
Molly y Arthur salieron de la casa en cuanto escucharon los motores de los coches.
-
¡Mis niños ya están aquí!
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Exclamó la mujer.
-
Ya era hora, creíamos que no llegabais y tenemos mucho que preparar para mañana.
Todos fueron abrazándolos y dándoles besos mientras ambos comentaban lo mayores que estaban y lo muchísimo que habían crecido.
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¡Este año habéis terminado demasiado tarde! - Se quejó su abuela.
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Es que McGonagall nos quiere tanto que no quería dejarnos ir. - Dijo James saludándola.
-
Sobre todo a ti, ¿verdad?
-
Bromeó Arthur, revolviéndole el pelo.
-
Ya sabéis que soy un alumno modélico. - Replicó entre risas entrando a la casa.
Andrómeda, Fleur, Bill y Louis los esperaban en el salón.
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¡Bienvenidos de nuevo! - Exclamó su tío con una sonrisa. - Menos mal que al fin habéis llegado, nos moríamos de hambre.
-
Pues todos a la mesa. - Anunció Molly. - Cuanto antes terminemos de cenar, antes podremos decorar la casa para mañana.
Victoire entró justo entonces a la casa, visiblemente nerviosa. Se quedó en la puerta mirando a sus padres, que le devolvieron la mirada. Su padre sonrió y se acercó a abrazarla.
-
Lo siento, papá. - Murmuró estrechándolo con fuerza entre sus brazos.
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Tranquila, ya estás de vuelta, todo está bien. - Respondió él. - Suerte con tu madre, os dejo solas.
-
Gracias.
Bill se fue y obligó a los demás a seguirlo hasta el comedor. Madre e hija se miraban pero no hablaban, ni avanzaban la una hacia la otra. Finalmente, Victoire suspiró.
- Maman, je suis…- La chica no supo cómo continuar la frase. - Je suis desolée. Je sais que tu es fâchée mais… tu m'as manqué. Beaucoup.
- Je ne suis pas fâchée.- Respondió Fleur tras guardar silencio unos segundos. - J'étais très fâchée, mais maintenant je suis jusque inquiète. Tu es bien ?
- Oui, maman. Je suis très contente chez Teddy.
- Tu vas revenir chez nous ?
- Non…- Dudó antes de responder. Había tomado esa decisión mucho tiempo antes, pero todavía no se lo había dicho a nadie. - J'aime vivre avec lui.
- Ma petite Victoire.- La mujer se acercó a ella y la abrazó con fuerza. - Tu m'as manqué aussi.
- Maintenant, tout est bien. Je t'aime maman.
- Je t'aime aussi ma petite.
N/A: Os dejo el diálogo entre Fleur y Victoire traducido, por si alguien no sabe francés o no lo entiende bien :)
- Mamá, yo...- La chica no supo cómo continuar la frase. - Lo siento. Sé que estás enfadada, pero... te he echado de menos. Mucho.
*-No estoy enfadada.-*Respondió Fleur tras guardar silencio unos segundos. - Estaba muy enfadada, pero ahora solo estoy preocupada. ¿Estás bien?
*-*Sí, mamá. Estoy muy contenta en casa de Teddy.
- ¿Vas a volver a casa?
*-*No... - Dudó antes de responder. Había tomado esa decisión mucho tiempo antes, pero todavía no se lo había dicho a nadie. - Me encanta vivir con él.
-Mi pequeña Victoire.- La mujer se acercó a ella y la abrazó con fuerza. *-*Yo también te he echado de menos.
-
Ahora todo está bien. Te quiero, mamá.
-
Yo también te quiero, mi pequeña.
Espero que os haya gustado el capítulo y, ya sabéis espero vuestras opiniones :)
Besos,
Ladyluna10 :)