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La tercera generación: 24 años después — capítulo 27
El día 27 por la mañana Rose esperaba ansiosa frente a la chimenea de la sala de estar. Había quedado con las chicas a las diez en su casa y apenas quedaban unos minutos. Albus y James también irían, pero supuso que llegarían tarde, como siempre. Revisó el bolso, que su madre había hechizado para que todo cupiera sin problema, una vez más mientras los esperaba. Como Caroline era nacida de muggles no tenía su chimenea conectada a la red flu así que tenía que ir a Londres en tren por lo que James sugirió que, para que no tuviera que hacer dos viajes el mismo día, podían dormir todos juntos en Grimmauld Place, la casa de su tío Harry en la ciudad. Suspiró y miró su reloj. Lo llevaba todo y solo faltaba un minuto para las diez. Justo entonces la chimenea se iluminó y en ella apareció una sonriente Martha.
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¡Feliz Navidad, Rose! - Exclamó, sacudiéndose los restos de ceniza y saliendo.
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Igualmente, Martha. - La pelirroja se puso de pie y la abrazó. - ¡Por fin llega alguien!
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Tranquila, no creo que Eliza tarde mucho más.
Apenas pronunció aquellas palabras, la chimenea se iluminó de nuevo y la aludida apareció.
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¡Chicas! - Exclamó, saltando para abrazarlas. - ¡Feliz Navidad! ¡Qué ganas tenía de veros!
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Y yo. - Rose sonrió. - Os he echado de menos, chicas.
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¿No llevas una bolsa con tus cosas? - Eliza frunció el ceño, mirando de arriba abajo a Rose.
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Mi madre ha hechizado mi bolso, cabe todo dentro. - Se encogió de hombros. - Si queréis, podéis guardarlo aquí.
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¿No te importa?
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Claro que no, no va a hacer que pese más. - Estiró el brazo. - Venga, dádmelos.
Martha y Eliza la ayudaron a guardar los brazos mientras murmuraban, asombradas, lo útil que era aquel hechizo. Cuando terminaron, la chimenea volvió a iluminarse y las tres sonrieron. Un chico de pelo negro y ojos verdes acababa de aparecer.
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¿Llego muy tarde? - Preguntó tras saludarlas.
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Todavía faltan Lizzy y tu hermano. - Rose puso los ojos en blanco. Qué casualidad.
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¿James no se ha pasado por aquí? - Albus frunció el ceño. - Se desapareció hace un rato, creía que habría ido a otro sitio mientras llegábamos los demás.
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Pues aquí no ha estado, pero tranquilo, creo que sé dónde está.
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Lizzy, tus amigas ya deben estar esperándote. - Dijo su madre mientras ella terminaba de guardar su pijama.
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Ya lo sé, pero deberías haberme despertado más temprano. - Se quejó la chica. - ¡No sabía que era tan tarde!
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Tienes 16 años, no tendría que llamarte. - Replicó la mujer. Su hija puso los ojos en blanco y agarró la bolsa.
-
Ya casi estoy, tranquila, además no les va a pasar nada por…
Su voz se vio interrumpida por una especie de chasquido y un alegre "Hola" que la sobresaltaron, provocando que tirara todo lo que acababa de guardar al suelo.
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¡Mierda, James! - Exclamó fulminando al chico con la mirada.
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¡Elizabeth! - La reprendió su madre.
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No pasa nada, ya lo recojo. - Resopló y se agachó para recoger toda la ropa que se había desperdigado.
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Buenos días, señora Collins. - Dijo James, entonces, de manera educada.
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Buenos días, James. - Respondió ella de la misma forma.
-
Anda, deja que te ayude Lizz. - Se agachó junto a ella que le dedicó otra mirada de odio mientras él contenía la risa a duras penas. Cogió el sujetador que se le había caído a la chica y le guiñó un ojo.
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Trae. - Prácticamente se lo arrancó de las manos, con la cara completamente roja. Su madre enarcó una ceja y se cruzó de brazos ante la escena. - ¿Qué haces aquí?
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He venido a por ti para que no tuvieras que ir sola hasta casa de mi prima. - Contestó él como si fuera lo más normal del mundo. Lizzy cerró el bolso y ambos se levantaron.
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Sabes de sobra que todavía no puedo hacer magia fuera de Hogwarts, ni aparecerme.
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Lo sé, aún te faltan diez días. - Se encogió de hombros.
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Que largos se me van a hacer, estoy deseando dejar de usar la red flu.
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¿Porque te ensucias?
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Básicamente. - Puso los ojos en blanco antes de mirar a su madre que había contemplado toda la escena con el ceño fruncido. James iba a menudo a ver a Lizzy y ella a verlo a él, pero su comportamiento de aquel día la había puesto en alerta. ¿Qué se traía ese con su pequeña y por qué, de entre todas las prendas que había en el suelo, había cogido su sujetador? Quizás no debería dejarla dormir en su casa aquella noche. - Ya estoy mamá.
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Oh, vale, sí. - Negó con la cabeza. Estaba siendo paranoica. Eran amigos y él solo era un niñato de 17 años que quería hacer que pasara un poco de vergüenza. Su hija le sonrió antes de salir de la habitación y dirigirse hacia el salón. - Espera un momento. - Se acercó a ella y sacó su varita. Apuntó a la bolsa y la redujo. Miró entonces a James mientras su hija guardaba la miniatura en su bolso de calle. - ¿Sabes cómo agrandarla de nuevo, verdad?
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Por supuesto. - Contestó él sonriendo.
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Entonces hazlo por ella, por favor. - Le devolvió la sonrisa. - Pasadlo bien y tened mucho cuidado, ¿de acuerdo?
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Sabes que sí. - Le dio un beso en la mejilla antes de meterse a la chimenea y coger un puñado de polvos.
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Hasta pronto, señora Collins. - Se despidió James.
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Vuelve cuando quieras. - Dijo la mujer, sonriendo ahora más ampliamente. Eran solo amigos, estaba segura.
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Estaré aquí mañana para almorzar. - Lizzy sonrió y se despidió con un gesto de mano antes de decir con voz clara. - ¡Casa Weasley-Granger, Londres!
Llegó la última al apartamento y, nada más salir de la chimenea, sus tres amigas corrieron a abrazarla.
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¡Eres una tardona! - Le reprochó Martha. - Son casi y diez ya.
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Lo siento, habría llegado antes pero James me ha entretenido. - Le dedicó una mirada de "tenemos que hablar muy seriamente" al chico mientras los demás la miraban sin entender qué hacían los dos juntos. - Se ha aparecido en mi casa. - Los demás asintieron como si fuera lo más normal del mundo lo que, por otra parte y conociéndolos a ambos, quizás sí era. - ¿A qué hora llega el tren de Caro?
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A y media, debemos darnos prisa si queremos llegar a la estación antes que ella. - Anunció Rose.
Se dirigieron hacia la salida y comenzaron a andar. La estación no estaba demasiado lejos, pero tardarían al menos quince minutos en llegar. Lizzy y James se quedaron los últimos y comenzaron a hablar en susurros.
-
¿De verdad has cogido mi sujetador delante de mi madre? ¿Cómo se te ha ocurrido?
-
Me pareció una idea divertida. - Se defendió él. - Además, seguro que ni se ha dado cuenta, ¿crees que si no te dejaría dormir esta noche en mi casa?
-
Me da igual, eres un idiota. - Se cruzó de brazos, enfadada.
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Venga, no te enfades. - Le dedicó una mirada de pena, pero la chica se limitó a arrugar más la frente. Tenía que cambiar su plan de ataque. - Solo te recuerdo que si quieres tu pijama, tienes que recurrir a mí. Sería una pena que estuviera molesto y no quisiera hacerlo.
-
¿Intentas que duerma desnuda, Potter? - Lizzy no pudo contener una sonrisa al decir aquello.
-
Sabes tan bien como yo que no me hace falta recurrir a chantajes para conseguir eso. - Sonrió de forma seductora y ella le pegó un puñetazo en el brazo. - ¡Auch! Era broma, ¿dónde está tu sentido del humor, Elizabeth?
-
Déjate de tonterías, James.
-
Espera un momento. - La agarró del brazo e hizo que se detuviera. Los demás siguieron caminando. - Ahora en serio, ¿duermes conmigo esta noche?
-
Tenemos que andar más deprisa si no queremos quedarnos atrás. - Dijo ella en lugar de contestar a su pregunta aunque no pudo evitar un leve sonrojo.
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Contesta primero. - Se acercó un poco más a ella. Los otros habían girado una esquina por lo que ya no podían verlos. - Por favor.
-
Ya veremos, depende de cómo te portes hoy. - Lizzy se soltó de él y siguió andando.
-
¿Quién es ahora la chantajista? - Preguntó él, subiendo la voz para que la chica pudiera escucharlo.
-
¡Vamos Potter, no tenemos todo el día!
Llegaron a la estación apenas cinco minutos antes de la llegada de Caroline. La rubia corrió hacia ellos con una radiante sonrisa nada más verlos.
-
¡Por fin has llegado! - Exclamó Eliza.
-
Gracias por venir a buscarme, de verdad. - Dijo, todavía sonriendo. - Siento haber retrasado los planes.
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No te preocupes. - Albus se acercó a ella que no pudo evitar ponerse roja. - Si es por ti no nos importa, si tuviéramos que hacerlo por James la cosa cambiaría.
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Estoy aquí detrás, imbécil. - Dijo mientras fulminaba a su hermano con la mirada. Su hermano a veces podía ser un completo idiota, él solo estaba allí por Lizzy y Rose. - Te he escuchado
-
Lo sé. - Albus se encogió de hombros. - Supongo que no eres sordo.
-
Pero no hemos venido a pelearnos. - La pelirroja intervino, consciente de que aquellos dos no dudarían en ponerse a pelear allí en medio si era necesario. - Albus no piques a James y viceversa. Estamos aquí para pasar un día agradable juntos y si vais a estropeárnoslo, os mandaré a casa y hablaré con vuestra madre.
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¿Todavía os amenaza con chivarse a mamá? - Comentó Lizzy provocando que las otras tres estallaran en carcajadas.
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Conoces a mi madre, da miedo cuando se enfada. - Replicó el mayor de los hermanos, sonrojándose.
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Pobre Jamie. - Puso los ojos en blanco.
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Bueno, ¿nos vamos? - Rose interrumpió al chico antes de que pudiera hablar y le volvió a dedicar otra mirada amenazadora.
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Claro. - Caroline sonrió.
-
¿Dónde queréis ir primero?
Pasaron todo el día paseando por la ciudad. Llegaron a Piccadilly Circusen metro - que impresionó mucho a las tres chicas que nunca lo habían utilizado - y desde allí fueron hasta el río, a través de St James' Park, donde pararon a comer unos bocadillos y beber unos refrescos sentados en el césped. Durante todo el almuerzo no pararon de bromear, ni hacer tonterías ni un momento.
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¿Cuántos galeones me dais si me tiro al lago? - Preguntó James en un momento determinado poniéndose de pie de un salto
-
¿Estás loco? - Lizzy negó con la cabeza. - Está helado.
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¿Y qué?
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Que si te pasara algo tendríamos que soportarla quejándose. - Intervino Eliza riendo lo que provocó que la chica se pusiera completamente roja.
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No digáis tonterías. - Murmuró.
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¿Me echarías de menos si me pasara algo, Collins? - James se acercó a ella y la cogió de la cintura. - ¡Qué mona!
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¡James suéltame! - El chico la levantó y comenzó a correr manteniéndola a algunos metros del suelo. Lizzy comenzó a patalear.- ¡Que me sueltes!
Pero él la ignoró y siguió corriendo hasta que llegaron a una pequeña pendiente, resbaló y los dos rodaron unos metros. Rose, Martha y Eliza los siguieron sin poder parar de reír y se lanzaron encima de su amiga, haciéndole cosquillas.
- ¡Parad, por favor! - Suplicó Lizzy. James se acercó y ella volvió a patalear, sin poder parar de reír por culpa de las cosquillas. - ¡Ni se te ocurra!
Caroline y Albus los observaban a cierta distancia. Ambos estaban callados y la chica evitaba su mirada. El pelinegro no entendía qué le pasaba. ¿Había hecho algo en la fiesta que la había molestado?
-
Oye Caro…
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Albus, espera. - La rubia suspiró. - Lo que pasó en la fiesta solo olvídalo, ¿de acuerdo?
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Pero si no pasó nada. - Contestó, extrañado.
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Por eso, ya está. - Se encogió de hombros, pero siguió sin mirarlo.
-
Pero Caro…
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Déjalo, Al. - Por fin le miró a los ojos y forzó una media sonrisa. - Tú solo déjalo.
Ambos se quedaron en silencio. ¿Qué había pasado exactamente? Albus no entendía que le pasaba a la chica. En la fiesta todo había sido genial, ¿qué le habría pasado? No se atrevía a preguntarle, no quería empeorar las cosas. Unos pasos los hicieron girarse. Rose se acercaba a ellos con una sonrisa, el pelo algo enmarañado y restos de hierba en la ropa.
- Vamos chicos, tenemos que seguir, nos queda mucho por hacer.
Ambos asintieron y siguieron a la pelirroja. No querían arruinar su día en Londres.
Hola a todos :) Aquí os dejo el último capítulo de la semana, espero que os haya gustado y, ya sabéis, espero vuestras opiniones.
La semana que viene no voy a tener internet, así que no podré subir, pero tranquilos, a la próxima vuelvo y subiré como siempre así que tendréis el final del viaje a Londres y la vuelta a Hogwarts :)
Muchas gracias por todas las visitas, los comentarios y los favoritos, que siguen subiendo día a día.
Besos,
Ladyluna10 :)