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La tercera generación: 24 años después — capítulo 28
Cuando por fin llegaron al número 12 de Grimmauld Place, tras coger de nuevo el metro y andar unos diez minutos, todos estaban agotados. Habían montado en el London Eye, visto el Big Beny el Parlamento y después habían ido a una librería muggle donde las chicas compraron algunos libros clásicos.
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¡Menudo día! - Exclamó Rose en la entrada mientras Albus abría la puerta.
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Lo hemos aprovechado al máximo y las fotos seguro que han salido geniales. - Comentó. Cuando consiguió abrir por fin extendió el brazo y sonrió. - Podéis pasar, como si estuvierais en vuestra casa.
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Gracias.
Todos entraron al vestíbulo. Harry y Ginny habían reformado la antigua casa de los Black por completo poco después del final de la Guerra y parecía completamente distinta. Había más luz y habían conseguido quitar el retrato de la señora Black, el árbol genealógico de la familia - tal y como Sirius siempre quiso -, las cabezas de elfo… La amueblaron entera, al igual que las habitaciones aunque Harry dejó algunas cosas de su padrino y Regulus y, las demás, las guardó en el desván. No quería que cayeran en el olvido.
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Los dormitorios están arriba. - Explicó James, comenzando a subir las escaleras. - Vosotras os quedaréis en el de invitados en la segunda planta, y Al y yo en los nuestros, en la tercera.
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Creemos que cabréis todas, pero si queréis más espacio podéis usar también el de Lilly, nos ha dicho que no le importa. - Su hermano se encogió de hombros. Entró a la casa y cerró la puerta activando de nuevo las protecciones.
Rose siguió a su primo por las escaleras y les hizo un gesto a las demás que la siguieron algo cohibidas. Cuando llegaron al dormitorio, la pelirroja sacó las bolsas de sus compañeras y su pijama.
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Jamie… - Lizzy le dedicó una de sus miradas de cachorrito y él le dedicó una media sonrisa. La chica sostenía su bolsa reducida.
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¿No estabas enfadada conmigo, Elizabeth? - Replicó aguantando las ganas de reírse.
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Pero te perdono si me agrandas la bolsa. - Se acercó a él y apoyó sus manos en sus brazos, todavía con la misma mirada. - ¿Por favor?
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Tengo que pensármelo. - La apartó y se cruzó de brazos. - Todavía me duele la patada que me diste en el parque.
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Me estaba defendiendo, erais cuatro contra una. - Lizzy se mordió el labio. - Venga, ¿no querrás que duerma así, verdad?
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Hombre también podrías…
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¡Por Merlín, haz el hechizo de una vez James!
Los dos se sobresaltaron. Por un momento se les había olvidado que no estaban solos en la habitación. Con un suspiro, James sacó su varita y agrandó el bolso de Lizzy.
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Gracias. - Murmuró ella.
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Nos vemos en diez minutos para cenar. - Se limitó a responder él saliendo del dormitorio, visiblemente molesto por el comentario de su prima.
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Has sido muy grosera, Rose. - La reprendió Lizzy, sacando su pijama y dedicándole una mirada de reproche.
La pelirroja tuvo que morderse la lengua. No le importaba que su mejor amiga y su primo tuviesen lo que fuera que tuviesen, pero no había podido evitar reaccionar así. No sabía por qué la habían crispado tanto. Estaban manteniendo una discusión absurda, parecían una tonta pareja. La imagen de Scorpius se le vino a la cabeza sin poder evitarlo y notó cómo se ponía roja. ¿Pero qué le pasaba? ¿Por qué se acordaba de él justo en aquel momento? Se dio la vuelta para que sus amigas no notaran nada y se cambió rápidamente. Tenía que hablar con el chico en cuanto volviera a Hogwarts. No podía seguir así. Desde que había vuelto a casa no había dejado de pensar en lo que había sucedido en aquella clase y no estaba muy segura de sus sentimientos. Aunque intentaba convencerse de que solo fue un error, algo dentro de ella quería repetir lo que había sucedido.
- ¿Bajamos ya?
La voz de Caroline la sobresaltó. Tomó aire y sonrió antes de darse la vuelta. Ya tendría tiempo de pensar cuando estuviera sola.
- Sí, ya estoy lista.
Las cinco salieron del dormitorio de invitados y bajaron hasta la cocina, donde los dos hermanos Potter las esperaban conversando animadamente y preparando la mesa. Al verlas les señalaron los platos situados en la encimera.
- Comida de la abuela Molly.
- Explicó Albus. - Os va a encantar.
Las chicas sonrieron. Lizzy había pasado algunos días de verano en la Madriguera con Rose y sabía que la mujer era una excelente cocinera. Terminaron de colocar los cubiertos y llevaron los platos a la mesa, se sentaron alrededor de la mesa y empezaron a cenar.
Tras terminar y recoger la cocina - James intentó hacer un hechizo para que se recogiera sola y se fregaran los platos, pero solo consiguió empeorarlo provocando las risas de todos -, subieron a sus habitaciones. Los hermanos se quedaron un rato hablando en la habitación de las chicas hasta que el sueño comenzó a vencerlos y se despidieron. Las cinco se acomodaron en sus camas y apagaron la luz, dispuestas a dormir tras un largo día. O eso hicieron todas menos una. Lizzy esperó hasta que la última de sus amigas se durmió y salió de la cama lentamente. Abrió la puerta tratando de no hacer ruido y subió a la planta de arriba. La casa era bastante lúgubre de noche, pero a la chica le dio igual. Cuando llegó, por fin, al rellano de la tercera planta, se dirigió a la puerta que estaba entornada y entró sin llamar.
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Por un momento creí que no vendrías. - Dijo una voz a su espalda.
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Eliza no se quedaba dormida. - Respondió ella con un susurro, cerrando la puerta y girándose para verlo. Estaba metido en la cama, tapado con una gruesa manta. - ¡Qué frío, hazme un sitio!
James destapó su cama un poco y la chica se tiró dentro. La tapó mientras ella se acurrucaba en su pecho.
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Muffliato.
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Mucho mejor. - Murmuró sonriendo. Se fijó entonces en el dormitorio. Había estado muchas veces en la casa de la familia Potter, en el Valle de Godric, pero era la primera vez que visitaba Grimmauld Place y no pudo evitar fijarse en la decoración. Tenía un gran póster de las Arpías, el equipo en el que había jugado su madre, banderines con los colores de Gryffindor, una copa de quidditch en miniatura que, sospechó, era una réplica de la real que había en Hogwarts y algunas fotos.
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¿Te gusta el cuarto? - Preguntó él casi en su oído y restregando su nariz contra su pelo un par de veces lo que hizo que Lizzy sonriera.
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Es acogedor. - Se encogió de hombros. - Muy tú.
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Era el cuarto del padrino de mi padre, Sirius Black.
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¿En serio? - Lo miró. No le sorprendía demasiado oír eso. El chico había crecido oyendo las historias de los Merodeadores y los idolatraba.
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Al menos lo fue hasta que se marchó de esta casa. - Explicó James, orgulloso. - ¿Te he contado eso alguna vez?
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Solo unas veinte o treinta.
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Bostezó al decir aquellas palabras. Estaba muy cansada.
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Vale, creo que se ha acabado la hora del cuento y toca dormir. - Lizzy se acurrucó un poco más al escuchar aquello. - Buenas noches, Lizz.
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Buenas noches, Jamie. - Dijo antes de besarlo. - Duerme bien.
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Mejor que nunca.
Rose fue la primera en despertarse la mañana siguiente. Se estiró en la cama y se tapó un poco más. No tenía ganas de moverse, pero sabía que después se colapsaría el baño así que, haciendo lo que le pareció un esfuerzo sobrehumano, salió de la cama. Frunció el ceño al ver la cama de Lizzy vacía aunque no se preocupó. Solo podía estar en dos lugares. Miró su reloj antes de salir de su habitación. Eran apenas las ocho y media, pero el tren de Caro salía a las once y tenían que recoger, desayunar y llegar hasta allí. Despertaría al resto en cuanto saliera del baño. Salió del dormitorio y entró al aseo bostezando. Se miró en el espejo. Tenía el pelo completamente encrespado - como todas las mañanas - y unas tremendas ojeras. Había estado inquieta toda la noche, no había parado de soñar con Scorpius. Negó con la cabeza. El rubio iba a volverla loca. Se lavó la cara y cepilló el pelo, tratando de apartar al chico de su mente sin demasiado éxito, y volvió al dormitorio. Caro y Martha ya estaban despiertas y hablaban en voz baja.
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Buenos días. - Las saludó.
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¡Por fin dejas libre el baño! - Exclamó la morena poniéndose de pie. - ¿Ha entrado Lizzy?
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No. - Respondió Rose. - De hecho, no estaba ya cuando me he despertado.
Las tres aguantaron una carcajada. Era muy evidente donde estaba la chica. Martha salió del dormitorio mientras la pelirroja comenzaba a vestirse.
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¿No crees que deberíamos despertarla ya? - Preguntó la rubia señalando a Eliza que seguía durmiendo.
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Hazlo tú. - Contestó, poniéndose la camiseta. - Yo no me atrevo, ya sabes cómo se pone cuando la despiertan.
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Espera y verás.
Caroline abrió su bolso y sacó una botella de agua. Rose frunció el ceño al verla, tenía una ligera idea de lo que iba a pasar a continuación. La chica se acercó a la cama donde Eliza dormía, le quitó el tapón y, sin pensarlo, le tiró toda el agua por encima.
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¡¿Qué hacéis?! - Exclamó la chica mientras las otras dos reían y Caro se escondía detrás de Rose.
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¡Buenos días dormilona! - Respondió.
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Caroline Smith, date por muerta. - Dijo antes de lanzarle un cojín de la chica y levantarse de la cama.
Martha entró justo entonces al dormitorio y no pudo evitar empezar a reír al ver el panorama.
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Creo que se os escucha por toda la casa. - Comentó.
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¡Me toca el baño ahora! - Dijo Caroline, huyendo de su amiga y esquivando a Martha por muy poco.
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¿No había una forma más civilizada de despertarme? - Se quejó Eliza, sentándose en su cama.
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Te pones hecha una fiera hagamos lo que hagamos. - La pelirroja se encogió de hombros. - Caro solo ha intentado hacerlo más divertido.
Martha empezó a vestirse mientras la otra seguía refunfuñando. Cuando Caroline volvió del baño, fue el turno de Eliza que le dedicó una mirada asesina antes de salir del dormitorio. Terminaron de vestirse y empezaron a recoger sus cosas, aunque Lizzy seguía sin aparecer.
Media hora más tarde, las cuatro salieron del dormitorio con sus bolsos preparados y las camas recogidas. Decidieron subir a buscar, al menos, a Albus. Este estaba saliendo de su dormitorio cuando las chicas llegaron al rellano.
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¡Buenos días! - Las saludó. - ¿Ya estáis todos listos?
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Faltan el tardón de tu hermano y Lizzy.
Justo entonces se abrió la puerta del otro dormitorio y los dos aparecieron. Ella se sonrojó y abrió mucho los ojos al ver al resto allí mirándolos. Ya le había dicho a James que era muy tarde.
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Buenos… días. - Dijo el chico, nervioso.
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¿Qué hacíais?
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Nos hemos cruzado en el pasillo. - Mintió Lizzy. - Me dijo que subiera para… para ver su dormitorio porque… porque era el de Sirius Black, ¿verdad?
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¡Eso! Quería enseñarle el dormitorio de Sirius. - Corroboró James. - Ya sabéis que es mi ídolo, así que me siento muy orgulloso de tener su cuarto. El de Albus era el de su hermano Regulus.
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De Slytherin a Slytherin.
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Añadió la chica, con una risa nerviosa.
Los otros cinco los miraban asombrados. ¿De verdad se creían que engañaban a alguien? Aún así, asintieron y fingieron creerlos.
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Claro. - Dijo Rose. - Pues nosotros vamos a preparar el desayuno, bajad en cuanto estéis listos. No tardéis.
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Vale, Rose.
Los cinco se marcharon aguantando la risa mientras James y Lizzy se miraban el uno al otro serios.
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Te lo dije. - Murmuró ella, cuando los demás estaban ya lo suficientemente lejos.
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No sabía que todos estaban ya levantados. - Se excusó él. - ¿Se lo habrán creído?
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Eso espero. - Suspiró. - Voy a bajar a cambiarme.
Albus y Rose acompañaron a Caroline hasta la estación a pesar de que ella les dijo que podía ir sola. Eliza y Martha utilizaron la chimenea de la casa para viajar a las suyas mientras Lizzy y James fueron al Callejón Diagon - le chica decía que no tenía que volver hasta la hora de comer, así que iba a aprovechar para comprar algunas cosas y él decía que la acompañaría y, de camino, visitaría a Fred -.
Cuando el tren salió de la estación, los dos primos dieron media vuelta y se dirigieron hacia la casa de la pelirroja. A esta no le había pasado inadvertida la tensión entre Albus y Caroline, por lo que decidió aprovechar aquellos minutos a solas con su primo.
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Al, ¿hay algo que no me hayas contado?
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¿A qué te refieres? - Apartó la mirada rápidamente y ella supo que le ocultaba algo.
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Algo sobre Caro. - Se encogió de hombros. - ¿Pasó algo en la fiesta que no hayas mencionado?
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Bueno, quizás… - Suspiró.
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No fue exactamente en la fiesta, fue al terminar. La acompañé a la torre de Ravenclaw y estuvimos a punto de… besarnos.
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¿Qué? - La pelirroja se detuvo en medio de la calle con los ojos muy abiertos.
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Nos estábamos despidiendo y quería besarla y sabía que ella quería que la besara, pero no terminaba de decidirme y de repente ella me dijo que tenía que irse, que cualquier profesor podría pasar por allí y regañarnos. - Apretó los labios. - Y ayer me dijo que actuáramos como si nada hubiera estado a punto de pasar.
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¿Por qué?
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No me dio más explicaciones. - Negó con la cabeza. - Creo que se arrepiente, quizás no le guste.
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Es muy raro, Al. - Rose frunció el ceño. Ella había visto como Caroline miraba a Albus, no entendía por qué actuaba así. - Intentaré averiguar algo.
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No, da igual, voy a pasar de ella. - Albus se encogió de hombros y le dedicó una media sonrisa. - Tendrá sus motivos, ya encontraré a otra. No me gustaba tanto. - Mintió.
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Como tú quieras. - La pelirroja suspiró y pasó su brazo por la espalda de su primo, que era bastante más alto que ella. - ¿Quieres comer en mi casa?
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Estaría bien.
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Genial, pues ayúdame a cocinar algo decente, así le demostraremos a mi madre que no soy tan inútil en la cocina como ella cree.
¡Hola a todos, ya estoy de vuelta! Espero que os haya gustado el capítulo y muchas gracias por la paciencia. Esta semana subiré tres capítulos como siempre, así que se acabó la espera :)
Muchas gracias, como siempre, por las visitas, ya más de 19000, los favoritos y los comentarios. Sabéis que me encanta conocer vuestras opiniones así que no dejéis de hacerlo.
Muchos besitos,
Ladyluna10 :)
PD: Hoy JK Rowling ha dicho que James Sirius es dos años mayor que Albus, pero como no lo sabía y creía, como casi todo el mundo, que era solo uno, pues no vamos a cambiar eso de la historia :P