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La tercera generación: 24 años después — capítulo 30
Las Ravenclaw desayunaban tranquilamente la primera mañana después de las vacaciones. Martha, Caroline y Eliza hablaban de forma animada, pero tanto Rose como Lizzy estaban extrañamente calladas. La pelirroja estaba muy nerviosa, tenía su primera clase de Pociones, vería a Scorpius y tendría que hablar con él. Intentaba controlar el temblor que se extendía por su cuerpo. No sabía si sería capaz siquiera de mirarlo. Sin embargo, la morena estaba callada por un motivo muy distinto. No paraba de mirar hacia la entrada del Gran Comedor, ni de mirar su reloj. Suspiró por sexta vez. Llegaba tarde. ¿Y si lo habían descubierto? Por suerte, unos minutos después James entró con su característica sonrisa seguido de su primo Fred y la chica respiró aliviada. Le guiñó un ojo desde lejos y le hizo un gesto que ella interpretó como que todo estaba preparado. Solo le quedaba esperar y no tuvo que hacerlo mucho. De repente del techo sobre la mesa de Slytherin comenzó a caer un líquido espeso que bañó a todos los que desayunaban allí que comenzaron a gritar, asqueados. La sustancia se les pegaba a la piel y al pelo, tiñéndolos de verde. El Gran Comedor estalló en carcajadas. Rose miraba incrédula como su primo y Scorpius trataban de volver a la normalidad hechizándose el uno al otro, pero nada de lo que intentaban funcionaba. Parecía que la sustancia era completamente inmune a la magia.
- ¡Silencio chicos! - Exclamó la directora, furiosa ante el espectáculo. Como todos seguían riendo, gritó aún más fuerte. Estaba realmente enfadada, no le gustaban nada las bromas, especialmente las de aquel tipo. - ¡Silencio!
Todos se callaron, asustados.
- Mucho mejor. - Paseó su mirada por toda la sala, tenía una ligera idea de quiénes habían sido los artífices de esa broma. - ¿Quién o quiénes son los responsables?
Nadie dijo nada. Lizzy bajó la mirada, de repente su tostada le pareció lo más interesante del mundo. James, por su parte, actuaba con naturalidad.
- ¿Nadie habla? - Negó con la cabeza. - Bien, todos fuera excepto los de sexto y séptimo. Es una poción avanzada, estoy segura de que los culpables pertenecen a estos cursos. Los Slytherin podéis ir a la enfermería, la señora Longbottom os dará algo, pero después iréis directamente a vuestras clases. Sin excusas.
Lentamente todos se levantaron de sus mesas y abandonaron el comedor.
- Los demás, al frente. - Miró a los profesores. - Longbottom, Watt y Carraway, ¿podríais hacer las comprobaciones pertinentes?
Los tres jefes de casa asintieron y se acercaron a sus alumnos.
-
¡Potter, Weasley! - Los llamó Neville directamente. - Extended las manos con las palmas hacia arriba, por favor.
-
¿Por qué nosotros? - Se quejó Fred. - Por una vez no hemos sido.
-
Eso tengo que comprobarlo.
-
Pronunció unas palabras que provocaron que su varita se encendiera. La acercó a las manos del chico pero, ante su sorpresa, nada pasó. - Vaya, parece que decía la verdad, aún así, Potter, por favor.
James extendió las manos resignado y cerró los ojos. Sabía lo que iba a pasar.
- ¡Ya tenemos un culpable! - Exclamó el jefe de Gryffindor. Las manos del chico se habían iluminado. - Ve con la directora mientras termino con esto.
El pelinegro asintió y se acercó a McGonagall que negó con la cabeza. Sabía que había sido él, pero le sorprendía que Weasley no hubiese colaborado también.
Mientras tanto, el profesor Watt fue comprobando las manos de sus alumnos. Lizzy movía la pierna de forma nerviosa y Rose le dedicó una mirada preocupada.
-
¿Qué te pasa?
-
Nada. - Mintió. - ¿Por qué crees que me pasa algo?
-
No eres capaz de quedarte quieta. - Suspiró. - Por favor dime que no has tenido nada que ver con esto.
-
Weasley, Collins, extended las manos por favor. - Pidió el jefe de su casa con una sonrisa, interrumpiendo su conversación. Estaba seguro de que ellas no habían sido, pero tenía que comprobarlo.
-
Claro profesor. - Rose sonrió y lo hizo. Sus manos no se iluminaron por lo que el profesor Watt pasó a la siguiente.
-
Collins, por favor. - La chica suspiró y las extendió. El hombre no pudo evitar abrir los ojos, sorprendido, al ver cómo sus manos se iluminaban. - Elizabeth, me ha defraudado. ¡Directora, aquí tengo a otra!
Sus amigas se volvieron rápidamente para mirarla y ella notó cómo se ponía completamente roja. Bajó la mirada y se colocó al lado de James.
-
Te mato. - Susurró.
-
No sabía que podían detectar esa sustancia…
-
Mi madre me matará y después yo te mataré a ti. - Negó con la cabeza. Él le pasó el brazo sobre los hombros y le besó en la cabeza. - ¡Ya verás cuando mi padre se entere de que he rebuscado en su despensa!
Cuando comprobaron que nadie más estaba implicado, mandaron a todo el mundo a sus clases y a James y Lizzy al despacho de la directora.
Rose entró de las últimas a la clase de Pociones. No podía creerse que su amiga hubiese ayudado a James en una de sus bromas. Ocupó su sitio al lado de Scorpius y Albus se volvió interrogante.
-
¿Dónde está Lizzy? - Preguntó. Todavía tenía el pelo y parte del cuerpo verde.
-
En el despacho de McGonagall con tu hermano. - Negó con la cabeza.
-
¡¿Ellos nos han hecho esto?! - Abrió mucho los ojos, furioso.
-
Ya conoces a James. - Rose puso los ojos en blanco. - Le encanta meterse con los Slytherin y puede ser muy persuasivo.
-
No creo que le haya hecho falta mucho para convencerla… - Los dos tuvieron que contener la risa debido al comentario.
-
¡Buenos días, chicos! - El profesor Carraway saludó alegremente. - Id a la página 215, tenéis hasta que termine la clase como siempre.
Rose abrió el manual por esa página y leyó las instrucciones rápidamente. Miró de reojo a Scorpius, que hacía lo mismo, y notó cómo empezaba a temblar otra vez. Había recordado que tenía que hablar con él, que no podía evitarlo. Él le sonrió al verla mirando, aunque sintió cómo su corazón se aceleraba. Quería aclarar por fin las cosas con ella.
-
Oye, Rose…
-
Iré cortando los ingredientes. - Lo interrumpió, rápidamente. Se había puesto completamente roja. No podía hacer aquello, algo se lo impedía.
-
Pero yo quería…
-
Yo corto mejor. - Se limitó a decir.
Scorpius suspiró con resignación. Le odiaba, ni siquiera quería hablar con él. La había cagado pero bien. Comenzó a preparar el caldero mientras ella cortaba, pero no tardó en darse cuenta de que los nervios no la dejaban hacer bien su tarea. Rose no paraba de temblar por lo que no cortaba bien los ingredientes y evitaba cortarse por muy poco.
-
¿Necesitas ayuda?
-
No, puedo sola. - Mintió. ¿Por qué no podía hablar con él? ¿Tanto miedo tenía a que le dijera que no significaba nada para él?
-
Como quieras, tienes que añadir ahora al agua con esencia los trozos de bezoar.
Rose cogió un puñado y lo tiró sin pensar pero, de repente, el agua se enturbió y comenzó a subir.
-
¿Qué pasa? - Parpadeó varias veces, sin entender lo que sucedía.
-
¿Qué le has echado?
La pelirroja no pudo contestar porque la mezcla explotó, pringándolos a ambos y todo lo que los rodeaba.
-
Weasley, Malfoy, ¿qué ha sucedido? - El profesor se acercó rápidamente a ellos y les dedicó una mirada severa.
-
No lo sabemos, Rose ha añadido el bezoar y…
-
Señorita Weasley, eso que ha estado cortando no es bezoar. - La chica miró la tabla y abrió mucho la boca, horrorizada. Tenía razón. - No tolero estas imprudencias, podían haber provocado daños graves, por suerte solo estaba en la fase inicial. Estoy muy decepcionado con ustedes.
-
Yo… yo… tengo que irme.
Sin dar más explicaciones salió corriendo de la tarde, ignorando los gritos del señor Carraway y su amenaza de quitarle 30 puntos. Necesitaba alejarse de Scorpius, tranquilizarse y pensar.
- ¡Rose!
Albus y Scorpius la llamaron casi al mismo tiempo y salieron corriendo de la clase.
-
¡Potter, Malfoy, si se marchan les restaré 15 puntos a cada uno! - Los amenazó el profesor, pero ellos lo ignoraron y siguieron a la chica fuera del aula.
-
¿Dónde estará? - Preguntó el rubio revolviéndose el pelo, un gesto poco común en él.
-
No lo sé. - Confesó Albus.
-
Supongo que se habrá encerrado en alguna clase. ¿Sabes si hay alguna vacía a esta hora?
-
¡Hay una al fondo del pasillo! - Exclamó Scorpius de repente. - Donde dan Cuidado de las Criaturas Mágicas cuando hace mal tiempo. Seguro que no hay nadie ahora.
-
Vamos.
Los dos aceleraron el paso y en seguida llegaron a la puerta. Estaba cerrada pero se podía escuchar cómo alguien sollozaba dentro.
-
Déjame entrar a mí, ¿vale?
-
El pelinegro miró a su amigo un poco molesto. Sabía que Rose estaba así por su culpa. - No creo que quiera hablar contigo.
-
Al…
-
Hazme caso.
Scorpius asintió con resignación y dejó que Albus entrara a ver a su prima. Cerró la puerta a su espalda con cuidado, pero la Ravenclaw ya le había escuchado y lo miraba fijamente, sentada en un pupitre al fondo de la habitación. Sorbía por la nariz y contenía el llanto a duras penas.
-
Rose… - Se acercó rápidamente a ella, que se puso de pie y le abrazó con fuerza. Enterró la cara en su pecho y comenzó a llorar mientras él le acariciaba el pelo. - Tranquila, desahógate. Estoy aquí, todo va a salir bien. - Sintió un nudo al decir aquello. Pocas veces había visto a la chica llorando y siempre que lo había hecho había sido una mala señal, pero no se atrevía a preguntarle. Dejó que siguiera llorando, aferrada a él con fuerza durante unos minutos. - Tranquila, Rose.
-
Al… Albus… yo… - Sollozó en medio de la frase. - Soy tonta, no debería… no debería estar llorando así.
-
¿Qué ha pasado? - Volvió a acariciar su pelo intentando tranquilizarla.
-
Todo me supera, no puedo más. - Confesó, todavía llorando pero un poco más calmada, cosa que alivió a su primo. - Entre las clases, el quidditch, ser prefecta… Scorpius. Me voy a volver loca, Al.
-
Rose, - La cogió por los hombros y la alejó un poco de él. Apretó los labios al ver sus ojos rojos. - eres fuerte, siempre has podido con todo y seguirás haciéndolo. ¿Tienes problemas en algo en concreto? Pídenos ayuda, yo te ayudaré en todo lo que haga falta, igual que los demás. ¿Los entrenamientos de quidditch? Deja que Martha o Will se encarguen de alguno si no te ves capaz, a ellos no les importará, estoy seguro. ¿Ser prefecta? Tómatelo con calma, hasta ahora lo has estado haciendo muy bien. Y luego con respecto a Scorpius… - Suspiró. - Sé que voy a arrepentirme pero, ¿hay algo que yo no sepa?
-
Sí… - La pelirroja apartó la mirada y notó cómo se ponía roja.
-
¿Quieres contármelo? - Se arrepintió nada más preguntar. Ya sabía lo que le iba a contar y no estaba seguro de querer saberlo, pero sabía que ella necesitaba desahogarse.
-
El día de la fiesta de Navidad no solo nos liamos, nos… - No terminó la frase, supo que no hacía falta.
-
¿Habéis hablado de ello?
-
No soy capaz de hacerlo, sé que va a decirme que no le importo.
-
¿Por qué estás tan segura de eso?
-
Porque es Scorpius. - Negó con la cabeza.
-
Pues está ahí fuera.
-
¿Qué? - Rose retrocedió dos pasos y negó con la cabeza. - ¿Qué hace ahí?
-
Salió corriendo en cuanto te marchaste de la clase, pero le dije que me dejara entrar a mí primero.
-
Dile que se vaya, no quiero verlo.
-
Rose, esto lo hago por tu propio bien. - Albus suspiró y se acercó a la puerta. Le hizo una señal a Scorpius con la cabeza para que entrara pero, antes de que lo hiciera, lo agarró del brazo. - Lo sé todo, que no vuelva a verla llorar por tu culpa.
El rubio asintió, tomó aire y entró en la clase. Rose le miraba desde el otro extremo de la habitación, con los ojos hinchados lo que hizo que se le encogiera el estómago.
-
Scorpius vete.
-
Tenemos que hablar Rose, ambos lo sabemos. - Se acercó a ella lentamente. - Llevo queriendo hablar contigo desde lo que pasó, pero no sabía por dónde empezar. No saliste del vagón de prefectos en todo el viaje y luego quise enviarte una carta, pero no sabía qué decirte. Ayer en el tren iba a ir a hablar contigo y también lo he intentado ahora en clase.
-
Ya sé que tenemos que hablar, no soy estúpida. - Lo interrumpió, cruzándose de brazos. - Sé que vas a decirme que todo ha sido un error, pero tranquilo, no me había hecho ilusiones, no se repetirá.
-
No creo que haya sido un error. - Las palabras salieron de su boca casi sin pensarlas y la chica le miró sorprendida. - Creo que llevamos demasiado tiempo negando lo innegable. Rose, siento algo por ti, creo que es más que evidente. ¿Tú sientes lo mismo por mí?
La pelirroja no contestó, sino que recorrió la distancia que los separaba y lo besó.
-
Supongo que esto contesta a tu pregunta. - Murmuró cuando se separaron.
-
Sí. - Apoyó sus manos en la cintura y volvió a besarla. Ambos sonrieron. - ¿Así que quieres intentarlo?
-
¿Me estás pidiendo salir, Malfoy? - Enarcó una ceja divertida.
-
Exactamente, Weasley, ¿qué te parece?
-
Una gran idea. - Se mordió el labio. - Pero Scor, ¿crees que podríamos mantener esto en secreto? No quiero que llegue a oídos de mi padre, prefiero que se entere por mí y si alguno de mis primos nos ve…
-
Opino igual que tú. - Suspiró antes de contarle lo mucho que se enfadó su padre cuando se enteró de lo que había pasado en verano. - Si mi prima se vuelve a ir de la lengua…
-
Primero tenemos que ver cómo nos va sin presiones externas. - Rose sonrió y deslizó sus brazos alrededor del cuello del rubio.
-
Solos tú y yo. - Scorpius sonrió. Todos sus miedos se habían evaporado. No lo odiaba después de lo que había pasado y, además, le correspondía. - Esto va a salir bien, ¿verdad?
-
Estoy segura. - Rose volvió a besarle consciente de que todos sus temores habían sido infundados.
-
¿Quieres volver a Pociones?
-
No. - La pelirroja negó con la cabeza. - Ya he perdido 30 puntos, ¿qué más da?
-
Si te sirve de consuelo, a Albus y a mí también nos han quitado 30. - Scorpius se encogió de hombros. - 15 a cada uno por seguirte.
-
Lo siento, es que me puse muy nerviosa y no me dejabas pensar. - Rose se sonrojó y apartó la mirada.
-
¡Pero si no hice nada! - Se quejó el chico, aguantando la risa. - Ni siquiera me dejaste hablar, me cortabas cada dos palabras.
-
Es que no podíamos hablar sobre lo que pasó delante de tanta gente. - Se excusó. - No quería que nadie se enterase.
-
Sí, puede que fuera una mala elección pero me alegra haberlo aclarado todo contigo.
-
Y a mí. - La pelirroja suspiró. - Aunque todo ha sido gracias a Albus.
-
¿Quieres contarle lo nuestro?
-
Acabará por descubrirlo y se enfadará si no se entera por nosotros, creo que es lo mejor pero no ahora, mejor después de comer. - Rose se encogió de hombros. De repente todo le parecía menos grave. - ¿Quieres salir a pasear un rato?
-
Me encantaría.
Hola a todos, aquí os dejo el último capítulo de la semana :)
No sabéis las ganas que tenía de escribir esto, así que espero que os haya gustado. ¡Por fin Rose y Scorpius están juntos! <3 No puedo prometer que sea fácil, pero algo es algo, ¿no?
En fin, muchísimas gracias por las más de 20000 visitas, los 129 comentarios y los casi 170 favoritos, sois los mejores :) Espero vuestras opiniones.
Nos leemos la próxima semana.
Muchos besitos,
Ladyluna10 :)