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La tercera generación: 24 años después — capítulo 31
Nadie volvió a ver a Lizzy y James hasta la hora de comer. La chica entró en el comedor hecha una fiera, seguida por él a pocos pasos.
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¡Lizzy, espera!
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¡Estoy enfadada, déjame de una vez! - Le gritó ella, sin girarse siquiera. Se sentó en la mesa de Ravenclaw junto a sus amigas que la miraban con el ceño fruncido.
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Tampoco ha sido para tanto. - Dijo él, sentándose a su lado.
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¿Que no ha sido para tanto? - Lizzy lo fulminó con la mirada y él tragó saliva. Era evidente que estaba furiosa, pero trataba de contenerse.
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¿Qué ha pasado? - Se atrevió a preguntar Rose, sentada justo enfrente. Los dos se volvieron para mirarla.
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Hemos estado toda la mañana en el despacho de la directora. - Comenzó a decir la morena, un poco más tranquila. - Nos ha echado la bronca del año, especialmente a mí porque se espera ese comportamiento de James, pero no de una de sus mejores alumnas.
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No nos lo esperábamos ninguno. - Murmuró Martha y Caroline le pegó en el brazo.
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Gracias, Martha. - Su amiga resopló. - Después ha empezado a interrogarnos para averiguar si he participado en alguna otra broma.
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¿No lo has hecho verdad? - La pelirroja la miró preocupada.
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No tan directamente como en esta.
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Es que es mucho mejor que nosotros en Pociones y muy lista. - La excusó James. - Le hemos preguntado cosas, nos ha ayudado con algún que otro encantamiento o poción, cosas así.
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Lizzy… - Caroline negó con la cabeza.
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Pero por suerte, McGonagall no se ha enterado de eso, hemos guardado silencio hasta que se lo ha creído. - El chico sonrió.
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Aún así estamos castigados hasta mayo y la directora me ha dicho que, si antes era difícil que fuera Delegada, ahora es prácticamente imposible y que todo esto se verá reflejado en mi expediente.
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La chica enterró la cara entre sus manos. - ¡Es la última vez que te hago caso!
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Solo será los viernes, sábados y domingos por la noche y por lo demás, no te preocupes, ¿quién va a ver tu expediente a parte de los profesores?
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¡Me pasaré mi cumpleaños limpiando! - Se quejó ella, ignorando su último comentario. Era obvio que el Ministerio tendría acceso a él y que lo miraría si ella solicitaba un puesto allí.
James iba a contestar pero, justo entonces, una lechuza marrón entró en el Gran Comedor con una carta roja atada a una de sus patas. Todo el mundo guardó silencio y la chica levantó la cabeza. Palideció al reconocer al animal.
- Mierda. - La lechuza se detuvo junto a ella que la acarició antes de coger el vociferador. Todos sus compañeros la miraban y suspiró. - Allá vamos.
Una potente voz inundó el comedor.
- "Elizabeth Collins, ¿cómo se te ha ocurrido? Estamos muy decepcionados, no nos lo esperábamos de ti, siempre has tenido un comportamiento ejemplar, ¿qué te está pasando? ¡Has rebuscado en la despensa privada de tu padre y has robado un ingrediente bastante raro para gastarle una broma de mal gusto a tus compañeros de Slytherin! Más te vale ayudar a tus profesores a crear el antídoto y no te hagas la tonta, no eres tu padre, pero sabes perfectamente cómo se hace. No nos lo esperábamos de ti, deberías cambiar tu actitud si de verdad quieres llegar a algo, pero allá tú con lo que haces. ¡Aunque esto no acaba aquí, señorita! Cuando vuelvas estarás castigada. Ya hablaremos en casa con tranquilidad Elizabeth."
La voz se apagó y el vociferador desapareció. Lizzy tenía la mirada fija en la mesa, la cara blanca y los ojos vidriosos.
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Lizz… - James la abrazó y ella escondió la cabeza en su hombro. - No pasa nada, yo recibo uno de estos todas las semanas. Tu madre no hablaba en serio, ha sido la impresión, seguro que mañana todo estará bien. Es una tontería, no ha sido para tanto.
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Me voy a la sala común, no tengo hambre. - Contestó ella, tras guardar silencio un momento. Se limpió dos lágrimas y fingió una sonrisa. - Os veré luego.
Se levantó y comenzó a andar por el pasillo, pero justo antes de alcanzar la puerta una voz la detuvo.
- ¡Mira James, ahí viene el tuyo! - Exclamó Fred.
Se giró y pudo ver que otra lechuza se acercaba a la mesa de Ravenclaw con un vociferador. James le dedicó una media sonrisa antes de cogerlo y abrirlo.
- "¡James Sirius Potter, ¿cómo te has atrevido?! Esta vez te has pasado. Hacerle eso a una casa entera, ¿cómo has podido? ¡Tu pobre hermano estaba ahí! Se acabó, es la última vez que haces algo de esto. Sabía que no teníamos que haberte levantado el castigo, pero ya es tarde para lamentarse, eso sí, una sola carta más de la directora y te pasarás todo el verano trabajando duro. ¡Tienes casi 18 años y te sigues comportando como un crío! Tanto tu padre como yo estamos muy decepcionados y queremos que pidas perdón a todos los afectados, especialmente a Albus y sus amigos. ¡Y más te vale hacerlo!"
Toda la mesa de Slytherin se giró para mirar al chico que negó con la cabeza y se puso de pie. Miró hacia la puerta.
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No pienso hacer esto solo.
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Dijo con una sonrisa burlona. - Elizabeth, ven aquí.
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Ni hablar, mi madre no ha dicho nada de eso. - Notó cómo se sonrojaba.
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Tienes la misma culpa que yo.
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¡Venga, Lizzy! - Exclamó Rose lo que provocó que su amiga le dedicara una mirada enfadada. Esta se limitó a sonreír. No le había gustado lo que les habían hecho a Albus y Scorpius y quería cobrarse una pequeña venganza. - James tiene razón, si él tiene que pedir perdón, tú también.
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Yo… - Maldijo por lo bajo. Sabía que no le quedaba otra. - Está bien.
James y ella se acercaron a la cabecera de la mesa de Slytherin donde un gran grupo de estudiantes con el pelo y la piel verdes los miraban sin dejar de sonreír. Sin apenas ser consciente de ello, él buscó su mano y ella la agarró con fuerza.
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Sentimos mucho lo de esta mañana. - Dijo James. - No ha estado bien.
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Yo lo que quiero saber es, ¿en qué momento esto os pareció buena idea? - Preguntó Albus, elevando la voz por encima de las risas de sus compañeros y aguantando la suya a duras penas. Era la primera vez en su vida que veía a su hermano pidiendo perdón.
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Eso es secreto, solo puedo decir que James tiene muchas ideas raras cuando está de vacaciones. - Lizzy le dedicó una media sonrisa. - Pero es la última vez que me convence para hacer algo de esto y me comprometo a preparar el antídoto.
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Eso espero, señorita Collins. - La directora se acercó a ellos. - Vaya al aula de Pociones a ayudar al profesor Carraway, no puede faltar también a las clases de esta tarde y, señor Potter, ayúdelos.
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De acuerdo, directora.
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¿Sigue tu hermana enfadada? - Preguntó Theo.
Él y Lucy habían salido fuera después de comer para ponerse al día. Habían estado escribiéndose todas las vacaciones, pero no habían podido hablar a solas desde que llegaron. El chico estaba apoyado en el tronco de un árbol y ella, sentada entre sus piernas con la espalda pegada a su pecho. Hacía bastante frío por lo que estaban tapados con una manta.
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Sí. - Lucy suspiró. - No tendría que haberme puesto así, todo lo que dije estuvo fuera de lugar.
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Deja de torturarte. - Respondió él mientras le daba un beso en la cabeza. - Tarde o temprano se le pasará.
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Lo sé, pero aún así me gustaría hacer algo. - Bajó la mirada y comenzó a jugar con sus pulgares. - Si te dejara todo sería más fácil.
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¿Quieres hacerlo?
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No. - Respondió con rotundidad, giró un poco la cabeza y le sonrió.
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Me alegra oír eso. - Contestó Theo antes de besarla dulcemente. - Además, tengo una sorpresa para ti.
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¿Una sorpresa? - El chico vio como su cara se iluminó y no pudo evitar sonreír.
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Sí, anda, levántate.
Ambos se pusieron de pie y el chico sacó una venda del bolsillo de su túnica, se la puso y la guió aguantando la risa hasta que llegaron a un lugar cerca del lago.
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Ya hemos llegado. - Susurró Nott en el oído de la chica antes de quitarle la venda.
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Theo esto es… - Lucy se tapó la boca con la mano. - ¿Cómo lo has hecho?
Delante de ellos había dos enormes rosales llenos de rosas amarillas.
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Sé que te gustan mucho y pensé que te animarían. - Le dedicó una sonrisa. - Siempre encontrarás rosas amarillas aquí, da igual la época del año que sea. No quiero que pierdas tu sonrisa jamás.
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Gracias.
Se puso de puntillas, enredó sus brazos alrededor de su cuello y lo besó. Nadie había hecho nunca algo así por ella. Había plantado su flor favorita en uno de sus lugares favoritos del colegio para que pudiera cogerlas cada vez que se sintiera triste. Eso superaba cualquier regalo material que hubieran podido hacerle. Theo la abrazó por la cintura y la correspondió con una mezcla de ternura y pasión. Se separaron durante unos segundos y comenzaron a reír, sin poder evitarlo.
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Estás loco.
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Un poco solo. - Se encogió de hombros y la besó de nuevo.
Rose esperó hasta que Scorpius y Albus se levantaron de la mesa para salir del comedor. Sabía que el rubio entretendría a su primo hasta que ella llegara, pero aún así tardó apenas un par de minutos en alcanzarlos.
- ¡Albus! - Exclamó.
El chico se giró y frunció el ceño. No sabía lo que había pasado en aquella clase cuando dejó a Scorpius y su prima solos, había intentado sonsacarle algo al chico pero no lo había conseguido. Cuando la pelirroja llegó hasta él no pudo evitar fijarse en su sonrisa.
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Dime.
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Tenemos algo que contarte, pero no podemos hablar aquí. - Rose intercambió una mirada con Scorpius.
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Podemos entrar a cualquier aula, todavía queda un poco para que empiecen las clases. - Sugirió el rubio.
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Como queráis. - Albus sonrió. Estaba casi seguro de saber lo que iban a contarle. - Pero daos prisa.
La Ravenclaw se acercó a la primera puerta que encontró, la abrió e hizo a los dos chicos pasar.
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Siéntate, Al. - Dijo, un poco nerviosa. Sabía que se lo iba a tomar bien, pero no podía evitar inquietarse. Era la primera vez que iba a decir eso en voz alta.
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¿Tengo que asustarme? - Preguntó dedicándoles una media sonrisa. - ¿Voy a desmayarme o algo así?
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Tú solo hazlo. - Scorpius le dedicó una media sonrisa.
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Vale. - El pelinegro les hizo caso. - ¿Y bien?
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¡Scorpius y yo estamos saliendo! - Exclamó Rose con una sonrisa.
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¡Por fin! - Respondió su primo. - Creí que nunca ibais a sentaros a aclarar vuestros sentimientos.
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Era más complicado que eso. - La pelirroja negó con la cabeza. - Aún así me alegra que nos hayas obligado a hablar, nos sirvió para darnos cuenta de que nos estábamos comportando como dos idiotas.
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Pues lo que sois.
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Albus… - Scorpius puso los ojos en blanco.
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¿Y cómo pensáis decírselo a vuestros padres?
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No vamos a hacerlo de momento. - El rubio suspiró. - Bueno, ni a ellos ni a nadie. Solo lo sabes tú así que más te vale no contar nada.
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¿Vais a estar saliendo en secreto? - Les preguntó sorprendido.
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Sí, ya sabes cómo son nuestras familias y todo lo que va a decir la gente. - Rose suspiró. - Queremos ver cómo va esto sin presiones, pero sabíamos que teníamos que decírtelo porque sin ti no habríamos empezado, - Miró a Scorpius con ternura. - no nos habríamos atrevido a hablar.
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Me alegro muchísimo, chicos. - El pelinegro se levantó y abrazó a su prima que le devolvió el brazo. Después se acercó a su amigo y lo miró de forma amenazadora. - Te lo dije antes, pero lo repito. Como la hagas llorar…
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¿Me matarás? Creo que Rose puede defenderse solita.
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Lo sé, por eso iba a decir que te remataré después de que ella acabe contigo. - Albus comenzó a reír y ambos chicos se abrazaron.
Por fin había pasado lo que tenía que pasar.
¡Hola a todos y feliz lunes! Aquí os dejo un nuevo capítulo, espero que os guste :)
Daros las gracias, como siempre, por todos los comentarios, favoritos (¡ya más de 170!) y visitas. Me alegra mucho que os esté gustando, todavía queda mucho que contar ;)
¡Espero vuestras opiniones!
Muchos besos,
Ladyluna10 :)