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La tercera generación: 24 años después — capítulo 44
Era la segunda noche que Rose pasaba en su casa. El día anterior había llegado agotada y no reunió el valor suficiente para decir nada, pero de aquel día no pasaba. Su madre se había ido a su cuarto a leer y, aprovechando que su padre y su hermano estaban en el salón jugando una partida de ajedrez mágico, la siguió.
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Hola mamá. - Dijo entrando y tumbándose en el lado vacío de la cama, como hacía cada vez que quería hablar con ella sin que nadie se enterara.
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Hola, cielo. - Hermione dejó el libro sobre la mesita de noche y sonrió a su hija que se había hecho un pequeño ovillo y enterraba la cara en la almohada.
Las dos guardaron silencio. Rose estaba armándose de valor para hablar y su madre no sabía qué decirle. Finalmente, la pelirroja tomó aire y habló.
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Estoy saliendo con un chico.
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¿Qué? - Su madre abrió la boca, sorprendida.
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¿No te alegras?
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Sí, claro, a ver me gustaría que te concentraras completamente en las clases, pero mientras no interfiera con tus estudios… - Hermione suspiró. - ¿Quién es? ¿Lo conozco?
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Sí, lo conoces.
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¿Es Lorcan? Luna me contó que le pareces una chica increíble.
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No, no es él. - Rose sonrió aunque su madre no pudo verla. Si ella supiera su historia con el hijo de los Scamander… - Es Scorpius.
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Scorpius. - Tardó unos segundos en asimilar quien era. - Scorpius ¿Malfoy?
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¿A cuántos Scorpius conoces, mamá? - Rose por fin se giró y miró a su madre a la cara. - Sí, es él. Llevamos saliendo desde enero, desde que volvimos de las vacaciones de Navidad.
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Entonces, ¿la cosa no acabó en la fiesta?
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No, ahí empezó, después de eso nos dimos cuenta de que nos gustábamos e intentamos luchar contra nuestros sentimientos, pero al final nos rendimos. - La chica se mordió el labio, preocupada. - Mamá, es un muy buen niño, te lo prometo. Es inteligente, sus notas son clavadas a las mías, es simpático y muy atento conmigo. Habría sido prefecto de no ser por una pelea que tuvo en cuarto con unos chicos que empezaron a insultar y llamar hija de mortífago a su prima Daphne, que tenía solo 13 años, pero estoy segura de que si sigue así será Delegado el curso que viene.
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A mí me dan igual sus notas. - Hermione le dedicó una media sonrisa. - Solo quiero que te trate como te mereces, aunque sea un Malfoy.
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Él no es como su familia, te lo aseguro, además su padre ha cambiado mucho gracias a su madre. - Se apresuró a añadir. - Mamá, nos queremos y voy a seguir con él pase lo que pase, pero me preocupaba mucho vuestra reacción, por eso no os lo dije. He tenido que chantajear a la mitad de los primos para que no dijeran nada.
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Sé que eres una persona muy sensata para tu edad y confío en tus decisiones pero ya sabes que siempre ha habido muchos roces entre nuestra familia y la suya.
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Pero Albus es amigo de Scorpius. - Protestó. Creía que sería fácil convencer a su madre de que aquello era una buena idea.
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Lo sé, no te estoy diciendo que cortes con él, solo que tengas mucho cuidado y que no va a ser fácil. - Hermione le dedicó a su hija una media sonrisa. - Eres muy inocente a veces, no quiero que te hagan daño y sé cómo pueden llegar a ser los Malfoy.
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Tú conociste al señor Malfoy y su padre, pero ya te digo que ellos no son Scorpius. - Insistió.- Su madre es distinta y lo ha educado para que no juzgue a la gente por su sangre, para él eso son tonterías sin sentido.
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De acuerdo, yo te apoyo, pero quiero conocerlo personalmente. - La mujer sonrió finalmente. Debía confiar en el buen criterio de Rose, aunque había algo que le preocupaba mucho.
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¿Cuándo se lo piensas decir a papá?
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No lo sé. - Confesó su hija. - Se va a enfadar mucho, le prometí que me mantendría lejos de él.
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Ya sabes que tu padre no soporta al suyo y es normal, pasaron muchas cosas antes y durante la guerra.
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Mamá…
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¿Sabes quién me hizo esto?
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Hermione se levantó la manga del pijama y dejó que su hija viera la marca que le habían dejado en el brazo. Rose asintió lentamente, con los labios apretados. - ¿Quién, Rose?
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Bellatrix Lestrange. - Murmuró. - La tía abuela de Scorpius pero ya te he dicho que no es como el resto de su familia y, además, esa mujer también era tía abuela de Teddy.
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Andrómeda no es Narcissa.
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Pues a Teddy le cae bien.
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Rose suspiró. - Mamá, ¿estás conmigo o contra mí?
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No se trata de estar contigo o contra ti, cariño, es verlo todo en perspectiva. - Hermione sonrió. - Ya te he dicho que confío en ti y que le daré un voto de confianza hasta conocerlo al menos.
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¿Se lo vas a decir a papá?
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No, esa es tu tarea. - Contestó. - Yo intentaré tranquilizarlo cuando lo sepa.
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¿Crees que me echará de casa? - Preguntó la pelirroja con preocupación.
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¿A su princesita? Jamás. - La mujer lanzó una carcajada. - Además, ¿crees que yo lo permitiría?
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Gracias, mamá, sabía que me entenderías. - Ambas se abrazaron y, justo entonces, Ron entró en el dormitorio.
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¿Celebramos algo? - Preguntó desde la puerta, con una sonrisa.
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No, es solo que os he echado de menos. - Rose sonrió y se levantó de la cama. - ¿Ya habéis terminado la partida? ¿Quién ha ganado?
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Tu hermano hace trampas. - Refunfuñó él haciendo que tanto su hija como su mujer comenzaran a reír.
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Seguro que sí, papá. - Rose abrazó a su padre y le dio un beso en la mejilla. - Me voy a dormir ya, estoy muy cansada.
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Que descanses, cariño.
Rose salió del dormitorio de sus padres con una sonrisa. Si bien no estaba todo ganado, lo de hoy podía considerarlo una gran victoria.
Al día siguiente por la tarde, Scorpius aprovechó que su madre estaba sola en su saloncito mientras su padre revisaba unos papeles en su despacho para mantener con ella la misma conversación que había mantenido su novia con su madre la noche anterior. Rose le había mandado una lechuza aquella mañana contándole que había ido más o menos bien y que intentaría hablar con su padre después de su cumpleaños. El chico tomó aire antes de entrar sin llamar. Su madre estaba sentada tomando el té acompañada de dos elfos domésticos con los que charlaba alegremente. No pudo evitar sonreír al verla. Sus abuelos se escandalizarían si la vieran y eso era una de las cosas que más le gustaban de ella: le daba igual todo lo que sus suegros pensaran de ella y no les permitía decidir ni sobre ella, ni sobre su hijo.
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Scorpius, pasa cariño. - Dijo con una sonrisa al verlo entrar.
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¿Podemos hablar, mamá? - Preguntó sentándose en el sillón enfrente de ella.
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Claro. - Miró a los elfos amablemente. - ¿Podríais dejarnos solos?
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Por supuesto, señora Astoria.
Los dos elfos inclinaron la cabeza y salieron, cerrando la puerta tras ellos. Scorpius tomó aire entonces.
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Tengo que contarte una cosa.
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Dime, cielo.
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He empezado a salir con una chica, llevamos juntos desde enero. - Soltó de golpe, casi sin respirar.
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¡Cuánto me alegro! - Exclamó Astoria, estirando una mano hacia su hijo. Sabía por su sobrina Daphne, que podía ser un poco bocazas, que era un poco rompecorazones y le alegraba saber que había sentado la cabeza. - ¿Quién es la afortunada?
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Eso es lo que me preocupa…
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El rubio aceptó la mano de su madre, que lo miró sin comprender. - Mamá, ¿te acuerdas de Romeo y Julieta?
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Por supuesto. - Era uno de sus libros favoritos. Había sido ella quien había aficionado a Scorpius a las novelas muggles.
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¿Te parece que hicieron bien en enamorarse?
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Nadie controla de quién se enamora, pero las circunstancias no fueron las más idóneas. - Negó con la cabeza. - ¿Por qué me dices todo esto?
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Me he enamorado de Rose Weasley. - Respondió finalmente.
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¿Weasley?
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Sí, ya sabes, la prima de Albus.
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La hija de Ronald y Hermione Weasley. - Murmuró ella, asombrada.
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La misma.
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A tu padre le va a dar un infarto.
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Lo sé, por eso quería hablar contigo a solas. - Scorpius suspiró, desanimado. Se esperaba otra reacción por parte de su madre. - ¿No te alegras por mí?
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Claro que sí, me alegro muchísimo y me encantaría poder conocerla mejor. - Astoria sonrió y apretó la mano de su hijo con fuerza, dándole ánimos. - ¿Cómo es? Solo la he visto de refilón en la estación. Cuéntame cosas de ella.
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Es la más lista de nuestra promoción, es realmente impresionante. - Empezó a decir. - También juega al quidditch, es la mejor cazadora de Hogwarts, máxima goleadora de lo que llevamos de temporada y además es muy buena con todo el mundo, ayuda a los demás siempre que puede y es prefecta y futura Delegada.
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Suena genial.
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Lo es. - Sonrió sin poder evitarlo. De Rose le gustaba hasta el mal genio. - Estoy seguro de que las dos os llevaríais muy bien, pero hasta que no hable con papá…
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No le va a hacer ninguna gracia. - Astoria había decidido ser franca con él. - Y no lo vais a tener fácil, no creo que su padre lo acepte así como así.
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No sé cómo hablar con él, qué decirle, cómo tantear el terreno, mamá. Rose ya ha hablado con su madre, pero también le da miedo hablar con el señor Weasley.
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Es comprensible. - La mujer suspiró. - Cariño, tendrás que decirle a tu padre lo que sucede tarde o temprano, yo te ayudaré si quieres, pero debe saberlo por ti.
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¿Y qué le digo?
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La verdad, que la quieres y que él tiene que entenderlo. ¿Tú crees que yo era la nuera que querían sus padres? ¿O tu padre lo que querían los míos para mí? - Negó con la cabeza, pero sonrió recordando momentos pasados. - Dile que recuerde y también a lo que estás dispuesto.
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¿Tú crees que funcionará?
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No lo sabrás si no lo intentas. Ahora está solo en su despacho, aprovéchalo.
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¿Y si me deshereda?
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Tendrá un problema conmigo
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Astoria miró con ternura a su único hijo. A su pequeño rubio que poco a poco iba haciéndose mayor. Hace nada correteaba por los pasillos de la mansión y ahora le hablaba preocupado de la chica de la que estaba enamorado. - y con toda la familia Greengrass, incluido tu tío Theo.
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Gracias por apoyarme, mamá. - Scorpius se acercó para darle un beso en la mejilla a su madre antes de salir de la habitación.
Se dirigió hacia el despacho de su padre, pero se quedó quieto en la puerta, incapaz de llamar. Temía la reacción de su padre y, por mucho que intentaba ser fuerte y valiente, no lo lograba. No podía hacerlo, no podía evitarlo. Estaba aterrado y temía que su padre tomara medidas drásticas y no pudiera volver a verla. Era mayor de edad, pero todavía no había terminado el colegio, no tenía trabajo y dependía de él para todo. Se asustó y no pudo hacerlo. Se volvió hacia su dormitorio, abatido. Ya hablaría con él en otra ocasión… o en verano.
Ayy, esas mamás :3 Desde luego, el amor de una madre todo lo puede y parece que tanto Hermione como Astoria están dispuestas a ayudar a sus hijos para que sean felices. ¿Qué os han parecido las conversaciones?
Como siempre, muchas gracias por vuestro apoyo y espero vuestros comentarios :)
Nos leemos el viernes.
Un beso fuerte,
Ladyluna10 :)