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La tercera generación: 24 años después — capítulo 47
La vuelta a Hogwarts fue un alivio para todos los adultos de la familia. Sabían que en el castillo no los atacarían, que estarían a salvo, pero los jóvenes no podían evitar seguir preocupados. Sus padres estaban ahí fuera, donde esos mortífagos campaban a sus anchas. No podían olvidar que sus familias estaban en peligro. Aún así, trataron de aparentar normalidad y no le contaron a nadie lo que había sucedido
- ni siquiera a Scorpius o Theo -, era demasiado arriesgado y no podían permitir que se enteraran. Solo querían que atraparan a aquellos hombres pronto y que no hubiera más ataques.
El último fin de semana de abril, se celebrarían los dos últimos partidos de quidditch: el Slytherin-Hufflepuff, en el que se decidiría el tercer puesto, el sábado 29, y el Gryffindor-Ravenclaw, en el que se decidiría el ganador de la copa de aquel año, el domingo 30. Tras dos semanas de duros entrenamientos, los cuatro equipos estaban preparados para aquel intenso fin de semana. Todos iban a dar lo mejor de sí mismos, todos querían ganar.
Rose no paró de gritar durante el primer partido, animando a Scorpius y su primo. Quería que el equipo de las serpientes ganara pero, por mala suerte, un bludger golpeó a Albus en el hombro cuando iba a coger la snitch, dislocándoselo, momento que aprovechó el otro buscador para coger la pelota. Hufflepuff consiguió el tercer puesto y el equipo de Slytherin se marchó sumido en la tristeza. Habían perdido los tres partidos de aquella temporada, habían quedado los últimos. El equipo necesitaba cambios, pero ya no podrían hacer nada hasta septiembre. Rose se pasó el resto del día y parte de la noche consolando a Scorpius, hasta que se hizo tarde y tuvo que irse a dormir. Al día siguiente tenía un partido que ganar.
-
¿Estáis listos? - Preguntó Rose con una sonrisa nerviosa al equipo. Apenas quedaban unos minutos para que comenzara el partido y todos esperaban su pequeña "charla motivadora", aunque siendo sinceros, estaba tan atacada que no sabía si sería capaz de decir algo coherente. Tendría que intentarlo. - Hemos llegado muy lejos, hemos ganado los dos partidos anteriores, somos buenos y lo sabemos. Debemos estar orgullosos de lo que hemos conseguido, somos un gran equipo, una gran familia de águilas luchadoras. Hoy tenemos que salir a ganar, sé que podemos lograrlo, sé que podemos hacerlo. - Miró a Lizzy que se mordía el labio y se pegaba pequeños pellizcos en el uniforme de forma nerviosa. - Lizzy, sé que tienes una gran presión y es normal, gran parte del resultado del partido dependerá de ti, pero puedes hacerlo, confío en ti. Puedes superar a James y sé que quieres hacerlo, así que a por él. - Ambas intercambiaron una sonrisa. Desde luego, le tenía muchas ganas al chico. - Sé que todos lo haremos bien, hemos entrenado muchos, estamos preparados.
-
¡A por la copa! - Exclamó Will poniéndose de pie y dando una palmada.
-
¡A por la copa! - Repitieron sus compañeros riéndose.
Los siete se dirigieron entonces hacia la salida y se colocaron en fila. Escuchaban los gritos de sus compañeros, sus vítores y sus pitidos. Rose tomó aire antes de salir.
- ¡Y aquí la tenemos! - Exclamó Jordan por megafonía. - La máxima goleadora de lo que llevamos de temporada, la pelirroja más inteligente de Hogwarts, la capitana de Ravenclaw: ¡Rose Weasley!
En la grada de las águilas empezaron a corear su nombre y ella levantó el brazo a modo de saludo. No podía ni quería decepcionarlos.
- ¡Y aquí viene el resto del equipo, los golpeadores, los cazadores, el guardián William Wood y la jugadora revelación de esta temporada: la buscadora Lizzy Collins!
Los otros seis siguieron a su capitana y, en seguida, los gritos de la multitud ensordecieron sus oídos. Empezaron a saludar y lanzar guiños a sus compañeros, un poco menos nerviosos que antes.
- ¡Y ya tenemos aquí al capitán de Gryffindor! - Exclamó entonces Jordan. - El gran, el increíble, el inigualable: ¡James Sirius Potter!
La multitud se volvió loca y muchas chicas comenzaron a gritar de forma histérica - lo que provocó que Lizzy pusiera los ojos en blanco - . James entró en el campo de juego con su característica sonrisa y comenzó a saludar a los aficionados.
- Lo siguen el resto del equipo: los golpeadores, el guardián Hugo Weasley y los cazadores, entre los que se encuentra la gran Lilly Potter, que puede arrebatar a su prima el título de máxima goleadora. Todo depende de este partido, ¡bienvenidos a la final de quidditch de Hogwarts del curso 2022-23!
Todos empezaron a aplaudir, incluidos los jugadores. En el estadio no cabía ni un alfiler, probablemente todo Hogwarts estaba ahí reunido. Eran muchos los que animaban a Gryffindor, pero también los que apoyaban a Ravenclaw. Habían colgado pancartas de ánimo y todos coreaban los nombres de los jugadores que los miraban radiantes. Scorpius y Albus animaban como locos a Rose desde las gradas de Slytherin. Si ellos no habían podido ganar, al menos les gustaría que lo consiguiera ella.
-
¡Capitanes, aquí! - Los llamó el profesor Creevy. Rose y James se acercaron hacia el profesor y se dedicaron una sonrisa de medio lado. - Quiero un juego limpio chicos, es la final así que espero un espectáculo bonito. Nada de trampas, ni tácticas antirreglamentarias, ni ataques gratuitos. Quiero un buen partido y espero tenerlo.
-
Lo tendrá profesor. - Contestó James con un deje de tristeza en la voz. Era su último partido, su última oportunidad de atrapar la snitch y de darle la victoria a su casa y, sin embargo… Miró hacia el equipo rival y su mirada se cruzó con la de Lizzy. - Será algo especial.
-
Estoy de acuerdo con mi primo. - Añadió Rose. - Lo haremos lo mejor que podamos.
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Está bien, daos la mano.
-
Mucha suerte, primita.
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Igualmente. - La pelirroja sonrió. - Pase lo que pase, estaré contenta. Hagamos un buen partido.
-
Estoy completamente de acuerdo contigo. - El Gryffindor le dio un abrazo a su prima, que no pudo evitar sonreír. - ¿Esto es mejor que un simple apretón de manos, verdad profesor?
-
Señor Potter, señorita Weasley, ya pueden volver con los demás. - El hombre negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír.
Los dos primos se separaron y se marcharon en direcciones opuestas.
-
Es la hora chicos. - Rose suspiró. - Podemos hacerlo.
-
¡A por la copa! - Exclamó James a sus compañeros. - ¡Vamos a demostrar lo que valemos!
Los catorce jugadores se montaron en sus escobas y se elevaron en el aire casi al mismo tiempo. Todos tenían la misma misión o, al menos, casi todos. Esperaron en su sitio mientras su profesor iba soltando una a una las pelotas, con el corazón cada vez más acelerado. Todos guardaban silencio y parecía que el tiempo se había ralentizado. Cuando por fin lanzó la quaffle, pitó y las gradas estallaron.
- Rose Weasley coge la quaffle, - Comenzó a narrar Jordan. - se dirige rápidamente hacia los arcos de Gryffindor, se la pasa a Roth, pero ella la pierde al esquivar una bludger lanzada por Fred Weasley. La recoge Lilly Potter. Potter se la pasa a Roxanne, Weasley está muy cerca de la portería, lanza pero… ¡uy! Genial parada de Wood. Le pasa la pelota a sus cazadores, que comienzan el contraataque.
Los jugadores de uno y otro equipo continuaron pasándose la pelota e intentando recuperarla, lanzando a los aros tratando de meter gol, intentando pararlos para estar un paso más cerca de proclamarse vencedores.
- ¡Gol de Roxanne Weasley!
La morena fue quien inauguró el marcador.
- ¡Gol de Lilly Potter! 20-0 para Gryffindor.
Aunque el contrataque no tardó en llegar.
- ¡Gol de Rose Weasley! - Anunció Jordan para, apenas unos minutos después, volver a gritar.- ¡Gol de Martha Roth! Los dos equipos empatan y los Gryffindor han iniciado un ataque. ¿Y qué pasa con los buscadores?
James y Lizzy estaban muy cerca el uno del otro, llevaban así todo el partido, desde que el profesor Creevy había pitado el chico había comenzado a seguirla y llamarla una y otra vez, esperando que ella se girara y quisiera escucharlo, aunque de momento no había conseguido nada.
-
Lizzy, por favor. - Repitió. No estaba dispuesto a darse por vencido. - Tienes que escucharme, tengo que hablar contigo.
-
James, deja de insistir. - Respondió ella, por fin, haciendo que él sonriera a pesar de su tono de voz. - Esto es importante, tengo que encontrar esa dichosa bola.
-
Yo también, pero ahora mismo me da igual, necesito hablar contigo.
-
Más tarde.
-
No me vale esa respuesta, sé que después de esto te marcharás y volverás a girarme la cara cuando pase por tu lado. - James negó con la cabeza. - Sé que me lo merezco, que merezco esto y mucho más, que he sido un capullo, un cretino, un gilipollas y todo lo que tú quieras decirme. Me he portado fatal contigo y no sé cómo pedirte perdón, no sé cómo conseguir que vuelvas a dirigirme la palabra. - La chica se detuvo y lo miró con los ojos muy abiertos. - Sé que no merezco tu perdón, pero no puedo seguir así.
-
James…
-
Déjame terminar. - Pidió con una sonrisa nerviosa. - Aquel día, cuando llegué a mi habitación, me volví loco. Te había perdido y no podía soportarlo, sabía que era mi culpa, que debería haberme dado cuenta de que tú querías algo más y no podía parar de repetirme que la había cagado, pero después sentí una rabia indescriptible y, cuando una chica se acercó a tontear conmigo, le seguí la corriente. Soy una persona horrible y lo sé, no me merezco ninguna oportunidad. En ese momento, quería hacerte daño, quería que sintieras lo que sentía yo. Creía que tú no estabas sufriendo, me obligué a mí mismo a pensarlo. - Apretó mucho los labios. Lizzy tenía los ojos llorosos.
-
Ambos somos culpables. - Susurró ella finalmente. James tuvo que acercarse para poder escucharla. En aquel momento a ambos les daba igual el partido, el marcador, la copa, la snitch; en ese momento, solo existían ellos. - Cuando te veía con esas chicas, con una detrás de otra, una diferente cada día… creía que me volvería loca y cuando Cormac me pidió una cita solo pensé en pagártelo con la misma moneda. Sabía que te molestaría, que odiarías verme con otro, especialmente con él porque no os lleváis bien. Dudé, pero lo hice y, ¡por Merlín!, lo de Hogsmeade no estuvo nada bien.
-
En absoluto, fue un espectáculo lamentable.
-
Solo pensaba en que tenía que demostrarte que estaba por encima de todo, que me daba igual con cuantas chicas salieras, que había pasado página. - Siguió diciendo la chica. - Esto es culpa de ambos, somos horribles.
-
Lizzy, por favor, volvamos a ser los de siempre, seremos lo que tú quieras, yo estoy dispuesto a todo por ti. - James se mordió el labio antes de seguir. Aquello era difícil para él, pero sabía que era lo que realmente quería. - No quiero pasar ni un día más sin ti, no quiero volver a verte triste y saber que es por mi culpa, no quiero mirarte de lejos y lamentarme por no poder hablarte. Lizz, estoy enamorado de ti desde los 12 años, desde la primera vez que nos vimos. Me pareciste tan decidida, tan fuerte, tan diferente. Tardé mucho en darme cuenta de mis sentimientos, no me atreví a besarte hasta que estuviste en cuarto y, después de eso, he tardado demasiado en admitirlo, pero te quiero. Joder, te quiero muchísimo Lizz y necesito que me perdones, aunque entenderé que no quieras volver conmigo.
-
Yo también te quiero, James. - Confesó ella con una sonrisa tímida. - Llevo enamorada de ti desde los 11 años y he estado engañándome a mí misma demasiado tiempo. No me atreví a reconocer lo que sentía por ti hasta nuestra pelea, había pasado tantos años mintiéndome…
-
¿Tú también?
-
Temía perderte, ya lo sabes. - La morena negó con la cabeza y James sonrió. - Somos unos idiotas.
-
Completamente.
-
¿Crees que es demasiado tarde? - Su voz sonó ligeramente esperanzada y el chico amplió su sonrisa.
-
Nunca será tarde si ambos lo queremos. - El pelinegro se acercó un poco más a ella, hasta que sus escobas estuvieron pegadas. - Sé que me he portado mal pero, ¿podrías perdonarme?
-
Sí. - La chica asintió, con los ojos ligeramente llorosos otra vez. - ¿Y tú a mí?
-
No tengo nada que perdonarte, aquel día tenías razón, las cosas habían cambiado, teníamos que sentarnos a hablar. Para mí no eres un capricho.
-
Lo sé. - Lizzy se mordió el labio. - Esto no será fácil, los dos somos unos cabezotas y unos orgullosos.
-
Pero nos queremos y eso vale más que cualquier otra cosa.
Tras escuchar aquellas palabras, Lizzy no aguantó más y recorrió la distancia que los separaba, posando sus labios en los de James. Había echado de menos a su James, sus besos, sus palabras, su sonrisa. Él la correspondió, sin poder dejar de pensar que había tenido mucha suerte. Por un momento temió que ella no lo perdonara o, peor aún, que ni siquiera lo dejara explicarse.
- ¡¿Pero qué estáis haciendo?! - Se escuchó la voz de Jordan a través de la megafonía. Ni él, ni nadie podían creerse aquello. ¿Qué hacían los dos buscadores besándose en medio del campo en lugar de atrapar la snitch? - ¡James, espabila!
Rose y Martha se miraron la una a la otra sorprendidas. El partido parecía haberse detenido. Nadie hacía nada, nadie se movía, pero el árbitro no había pitado así que el tiempo seguía corriendo. James y Lizzy sonrieron y volvieron a besarse, solo se separaban para tomar aire.
- No es posible. - Lilly negó con la cabeza. ¿Por qué su hermano tenía que reconciliarse con ella justo en aquel momento? Iban ganando 120-60, pero si Lizzy atrapaba la snitch no serviría de nada.
Y justo entonces, en una nueva parada para coger aire, la buscadora de las águilas vio algo revoloteando detrás de James. Y recordó dónde estaba. El partido, la final de quidditch, lo que se estaban jugando. No sabía si quiera cómo iba el marcador, pero sí que hasta que no atraparan la snitch, aquello no terminaría. No quería hacerlo, pero sabía que los demás no se lo perdonarían nunca.
-
Lo siento mucho, James. - Susurró.
-
¿Qué? - Él arrugó la frente, confundido. ¿Había cambiado de opinión?
No le dio tiempo a preguntar nada más. Lizzy se estiró en su escoba, alargó el brazo y se echó un poco más hacia delante hasta alcanzar la pelotita dorada. Sonrió al agarrarla, por fin, pero perdió el equilibrio sobre su escoba y se cayó encima de James, que también resbaló de la suya, por lo que ambos se precipitaron al suelo. Él cayó tumbado y ella sobre él. Por suerte no estaban muy alto.
-
¿Pero qué…? - La chica abrió la palma de la mano y le mostró la bola. - No es posible.
-
Te quiero. - Lanzó una alegre carcajada antes de besarlo, tal y como habían caído mientras él la abrazaba por la cintura, acercándola a él todavía más, si es que aquello era posible.
Siguieron besándose hasta que unos brazos tiraron con fuerza de Lizzy y la levantaron, obligándolos a separarse. Rose y Martha la abrazaron y empezaron a vitorearla.
- ¡Hemos ganado! - Exclamó la pelirroja sin poder parar de saltar y gritar. - ¡Vamos, nos tienen que dar la copa! Hemos ganado gracias a ti, perdíamos de 60, sin ti no lo habríamos logrado.
Lizzy sonrió. Desde luego aquel día había ganado, pero algo mucho mejor que un trofeo de quidditch.
No os podéis ni imaginar las ganas que tenía de subir ya este capítulo -
Hola y feliz miércoles a todos, por cierto :) Tal y como decía, este momento lleva mucho escrito y estaba en mi cabeza desde que empecé a escribir la historia :3 ¿Qué os ha parecido?
Espero que os haya gustado el capítulo y, ya sabéis, dejad vuestras impresiones en los comentarios. Muchas gracias a todos por vuestro apoyo, el viernes subo el siguiente :)
Un besazo,
Ladyluna10 :)