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La tercera generación: 24 años después — capítulo 57
James contenía la respiración, asustado. No quería hacer ningún movimiento, no quería que los descubrieran aquellos hombres. No entendía lo que pasaba, sabía que se habían fugado dos mortífagos de Azkaban pero, ¿de dónde habían salido los demás? Aquello no tenía sentido, era como si hubiesen convencido a más gente para unirse a ellos y, ¿qué clase de locos habrían accedido a ello? Agarró la mano de Lizzy, que estaba tensa junto a él y tampoco se movía. Ella le dio un pequeño apretón, pero no dijo nada hasta que todos hubieron desaparecido.
-
Tenemos que hacer algo.
-
Lo sé, tengo que avisar a mis padres o… no lo sé, tienen que saberlo y venir cuanto antes. - Contestó el chico, nervioso, saliendo de la capa. Se puso de pie y extendió su varita. - Expecto patronum.
Al principio no apareció nada más que un poco de humo y el pelinegro maldijo por lo bajo. Estaba demasiado nervioso. Volvió a intentarlo, pero tampoco fue capaz de crear nada corpóreo. La chica apoyó una mano en su hombro de forma tranquilizadora.
- Déjamelo a mí. - Dijo. Su voz sonaba segura, aunque por dentro estaba aterrada. Pensó en el partido de quidditch en el que James y ella se habían reconciliado, antes de pronunciar el hechizo. - *Expecto patronum. -*Un precioso león apareció y ella sonrió. - Señor Potter, los mortífagos que buscaban han entrado en Hogwarts, no vienen solos, vengan rápido por favor.
Agitó la varita, haciendo que se marchara corriendo. James sonrió levemente, a pesar de la situación. Le encantaba la forma del patronus de la chica.
- Deberíamos avisar también al Ministerio, avisaré a mi tía Hermione. - El chico tomó aire y se concentró en la sonrisa de la chica que tenía frente a él, en la primera vez que la besó. En seguida, un águila apareció y James suspiró aliviado. - Tita, los mortífagos están en el colegio, ya hemos avisado a mi padre, por favor venid cuanto antes.
El animal salió volando y Lizzy apenas logró contener una tímida sonrisa y un comentario. Le gustaba muchísimo el patronus del chico, pero no era el momento de decir tonterías.
-
¿Y qué hacemos ahora? - Se atrevió a preguntar antes de suspirar. - No podemos quedarnos aquí, ahí dentro corren peligro.
-
Lo sé. - James asintió. - Yo voy a entrar, no quiero ponerte en peligro pero…
-
No hace falta que me lo pidas, tranquilo, no voy a quedarme de brazos cruzados mientras atacan a mis amigos. - Lo interrumpió ella.
-
Tenemos que tener mucho cuidado, no sabemos cuáles son sus intenciones.
-
Estaremos bien, lo conseguiremos.
Ambos se miraron durante unos segundos antes de echar a correr hacia el castillo. No iban a rendirse tan pronto.
Un grito rompió el silencio de los pasillos seguido de una explosión. Un muro cayó derribado y Scorpius se paró en seco. ¿Qué estaba pasando? Tomó aire, sacó su varita del bolsillo de la túnica y empezó a correr. Cada vez se escuchaban más gritos y explosiones y él aceleró el paso hasta llegar a la planta principal. No pudo evitar temblar al ver lo que pasaba: un grupo de hombres con túnica, dos de ellos con máscaras de mortífagos, lanzaban hechizos y se abrían paso entre los alumnos, que trataban de huir atemorizados. Nadie entendía lo que estaba pasando y había cundido el pánico. Se separaron en grupos para recorrer el colegio, parecía que buscaban algo y el Slytherin de repente se dio cuenta de lo que era: la familia Potter-Weasley. Rose estaba en peligro, estaba sola en la biblioteca, seguro que no se había enterado de nada. Tenía que hacer algo. Derribó a uno de ellos con un *desmaius,*envió un patronus a su padre para que intentara hacer algo, y volvió a correr. Recorrió los corredores lo más rápido que sus piernas le permitían mientras esquivaba a sus compañeros, que también corrían aunque ellos hacia los dormitorios, tratando de encontrar un refugio. Estaba aterrorizado y el corazón parecía que iba a salírsele del pecho, pero no podía detenerse. Sabía que le llevaban ventaja, que algunos estarían llegando ya a la biblioteca y que, aunque Rose era una de las mejores brujas de su generación, no podría enfrentarse a un ataque sorpresa completamente sola. Aceleró el paso. Debía llegar cuanto antes.
Una explosión hizo que Rose cogiera su varita y se pusiera de pie rápidamente. Dos encapuchados acababan de aparecer en la puerta. Lanzaron un encantamiento a la bibliotecaria, que cayó al suelo desmayada y atada de pies y manos y comenzaron a observar la biblioteca, con las varitas en alto. Los alumnos más pequeños empezaron a gritar y correr, escondiéndose entre las estanterías, sin saber qué pasaba, pero la Ravenclaw lo sabía muy bien. Habían venido a por ellos, pero no pensaba ponérselo fácil. Si querían atraparla tendrían que derrotarla primero. Buscó a Molly con la mirada y las dos primas intercambiaron una rápida mirada. La morena dejó los libros que llevaba en la mano y buscó su varita.
-
¡Por aquí chicos, hay una puerta escondida detrás de las últimas estanterías, vamos! - Les dijo a los demás, que corrieron hacia donde ella señalaba mientras ella se acercaba a la pelirroja.
-
¿Qué queréis? - Preguntó Rose con una entereza que la sorprendió incluso a ella.
-
Creo que lo sabéis muy bien. - Uno de ellos se quitó la capucha. Era un chico de no más de 25 años, alto y de aspecto fiero. Les dedicó una sonrisa que hizo que la sangre se congelara en las velas de ambas. - Rose y Molly Weasley, hemos venido a por vosotras y toda vuestra familia.
-
Tendréis que pasar por encima de mi cadáver para tocarles un solo pelo. - Dijo Molly con determinación. - Solo os daré una oportunidad para que os marchéis.
-
Eso no será ningún problema. - La apuntó con la varita y lanzó un rayo rojo que ambas chicas esquivaron por poco. - ¡Entregaos y nadie sufrirá daños!
Rose respondió con un hechizo que alcanzó el hombre del que todavía llevaba la capucha, que gruñó y contraatacó enseguida. En seguida ambas primas se batían en duelo contra los dos hombres. Solo quedaban ellos en la biblioteca, por suerte el resto había conseguido huir. Ambas chicas luchaban lo mejor que podían, pero sus contrincantes eran mucho mayores, por lo que sabían más hechizos y estaban más experimentados. El combate pronto se inclinó a su favor. Rose sabía que necesitaban una vía de escape si querían escapar de allí sanas y salvas. Sin dejar de pelear, miró hacia uno y otro lado hasta que, de repente, se le ocurrió algo.
- ¡Sígueme, Molly!
Lanzó un hechizo con todas sus fuerzas y consiguió que su oponente saliera disparado. Su prima hizo lo mismo y se apresuró a seguir a la pelirroja. Ambas sabían que no tardarían en seguirlas.
-
¿Dónde vamos?
-
Ya lo verás. - Rose sonrió levemente y giró hacia unas estanterías.
-
¿Qué haces? ¡La salida está allí! - La morena señaló hacia la puerta trasera, sin comprender qué quería hacer la otra chica.
-
Nos atraparían antes de llegar, nuestra única oportunidad es derribarlos.
-
¿Estás loca? Estas estanterías están encantadas. - Molly negó con la cabeza. - Imposible, Rose.
-
Tiene que haber un modo. - La pelirroja apretó los labios. No podía resignarse a creer que no había escapatoria.
-
Escúchame, sé que es muy difícil, pero correr es nuestra única oportunidad. - La Gryffindor suspiró. - Les lanzaremos un encantamiento aturdidor y correremos.
-
No lo lograremos, debemos pensar un plan mejor.
-
¡Hazme caso por una vez en tu vida, Rose! - El grito de su prima la sorprendió. - Vamos, no nos queda otra.
La Ravenclaw finalmente asintió. Las dos se asomaron justo cuando los dos hombres se ponían de pie otra vez y volvían a lanzar rayos.
- Desmaius.
Molly empezó a correr sin mirar si quiera si su hechizo había alcanzado su objetivo o si alguien la seguía. Sentía la adrenalina corriendo por sus venas, creía que nada podía fallar, pero se equivocaba. Un muro apareció de la nada, obligándola a detenerse y, antes de que pudiera darse cuenta, una mano la agarró con fuerza y unos brazos la inmovilizaron. Le quitaron la varita y ella comenzó a patalear.
-
¡Suéltame!
-
¿No decíais que debía pasar por encima de tu cadáver? - El joven lanzó una carcajada y apretó un poco más haciendo que ella apretara un poco los ojos. - Veo que ya no eres tan valiente.
Rose no pudo escuchar la respuesta de su prima pues, de repente, ambos desaparecieron. Ella comenzó a retroceder hacia la pared. Acababa de recordar que tanto la directora como el profesor Longbottom y algunos otros estaban fuera del colegio. Por eso habían entrado en ese momento - quizás incluso les habían invitado unas invitaciones falsas -, por eso habían conseguido romper las protecciones del colegio.
- Creo que solo nos queda por cazar aquí a una pelirroja.
Tenía que pensar rápido, tenía que derribar esa estantería, era su única oportunidad. Sacó la varita y empezó a pronunciar hechizos. Podía hacerlo, tenía que hacerlo. Un conjuro, otro, otro más. Escuchaba los pasos acercándose lentamente. Sabía que aquel hombre estaba solo jugando con ella, que en cualquier momento aparecería y luchaba porque no le entrara el pánico.
- ¿Dónde te escondes, pequeña Rose? ¿No te enseñaron papá y mamá que no había que huir de la lucha?
Un nuevo intento fallido. Rose cerró los ojos y se concentró con todas sus fuerzas. Agitó la varita y, de repente, la estantería comenzó a tambalearse. Abrió mucho los ojos y la empujó con su hombro.
- Pero, ¿qué…?
Hubo un efecto dominó. Las estanterías fueron cayendo una tras otra al igual que los libros. Rose escuchó un grito y, de repente, el silencio. No se atrevió a moverse. Le temblaban las piernas y tuvo que apoyarse en la pared. Esperaría cinco minutos y, si nada sucedía, saldría corriendo. Tenía que encontrar a los demás y salvar a Molly cuanto antes.
- ¡Lucy!
Theo corría por los pasillos empujando a la gente que se cruzaba en su camino y llamando a la chica una y otra vez. Sabía que iban a por ella, lo había escuchado en el almuerzo de Navidad, sus padres y tíos lo habían comentado. "Los Weasley deberían tener cuidado, seguro que esos mortífagos que huyeron van a por sus hijos". Las palabras se repetían una y otra vez en su cabeza. No podían haberla atrapado, no podía haberle pasado nada malo.
- ¡Lucy!
La llamaba una y otra vez mientras se dirigía hacia la Sala Común de Hufflepuff, sabía que ni siquiera ahí estaría a salvo. Derribó a un encapuchado sin detenerse, nada podía entretenerlo. Aceleró el ritmo y gritó su nombre de nuevo, cada vez más desesperado. "Mierda, mierda, mierda". Tenía que haber sido más rápido, había tardado demasiado tiempo en enterarse de lo que pasaba.
- ¡Theo!
Su corazón se aceleró al escuchar aquella voz - ¡su voz! - respondiéndole. La vio aparecer con el miedo pintado en sus ojos, corriendo hacia él mirando hacia atrás. La abrazó con fuerza y la besó.
-
Estás bien, he pasado tanto miedo, por Merlín, estás a salvo. - La miró durante unos instantes con atención y, tras comprobar que no le pasaba nada, la abrazó de nuevo. - Lucy vienen a por vosotros.
-
Lo sé.
-
Tengo que ponerte a salvo, no puedo permitir que nada te pase.
La cogió del brazo y la llevó por los pasillos, buscando un escondite. Ella se aferró a su mano y se dejó llevar, aunque no paraba de mirar de un lado a otro.
-
Estarán bien. - Theo le leyó la mente y forzó una sonrisa.
-
Eso no lo sabes, debería ir con ellos, somos una familia y debemos permanecer unidos. - Murmuró ella.
-
Lucy, estás en cuarto, ni siquiera tienes tus TIMOS, no puedes hacer nada contra ellos, deja que sea yo quien vaya. - Justo entonces vio un pequeño armario y no se lo pensó dos veces. La metió dentro y cerró la puerta a su espalda. - Aquí estarás bien.
-
Theo…
-
Prométeme que no te pasará nada malo. - Él acarició su mejilla lentamente y se dio cuenta de que ambos temblaban.
-
No puedo hacerlo. - Sabía que era verdad, pero aquellas palabras fueron un duro golpe para él.
-
Te quiero, Lucy. - Se atrevió a confesar. Tenía que decirlo, era ahora o nunca, no sabía lo que sucedería después.
-
Yo también te quiero, Theo.
-
Hablo en serio.
-
Yo también. - La morena sonrió y él supo que no mentía. - Creo que me he enamorado de ti, temía que no sintieras lo mismo.
Él también sonrió y la besó.
- Quédate aquí, vendré a por ti cuando todo esto acabe.
El chico se marchó sin dejarla añadir nada. Lucy suspiró antes de abrir la puerta y salir de nuevo al pasillo. No iba a dejar a nadie atrás.
¡POR FIN ES VIERNES!
Hola a todos y sí, mi alegría es real. Tengo los viernes una asignatura que es el equivalente muggle a un cruciatus jajajaja
Pues parece que el ataque se está volviendo serio pero, a pesar de eso, ¡por fin Lucy y Theo lo han dicho! Si es que no hay nada como estar en peligro de muerte para volverse sincero ;)
Espero que os haya gustado y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios :) Solo quedan seis capítulos :3
Muchos besitos,
María :)