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La tercera generación: 24 años después — capítulo 6

Rose suspiró aliviada cuando bajó, por fin, del tren. No pudo evitar que una sonrisa se dibujara en su cara al ver que, casi al mismo tiempo que ella, pero por otra puerta, bajaba Lizzy Collins seguida del resto de sus compañeras de habitación.

  • ¡Lizzy, chicas! - Exclamó.

  • ¡Rose!

Lizzy corrió hacia ella y ambas se abrazaron.

  • ¿Qué tal estás? - Preguntó la pelirroja.

  • Muy bien, tenía ya ganas de empezar el nuevo curso. - La otra chica sonrió y se apartó el flequillo castaño de la cara. - ¿Y tú?

  • Supongo que bien…

Lizzy la interrogó con la mirada, pero al ver como las demás se acercaban, decidió esperar un poco antes de preguntarle.

  • ¡Rose!

  • Hola, chicas, siento no haber podido veros, he estado haciendo rondas casi todo el viaje. - Se excusó ella, abrazándolas una a una.

  • Eso hemos escuchado. - Comentó otra de ellas, Martha Roth. Enarcó una ceja antes de atreverse a preguntar. - ¿Es verdad lo que dicen?

  • ¿Qué es lo que dicen? - Rose tragó saliva, nerviosa.

  • Dicen que te han visto pelearte con Malfoy en el tren y que hace un par de días, en una fiesta os encontraron juntos en un dormitorio.

  • Pero, ¿quién os lo ha contado?

  • James. - Confesó Lizzy, pidiéndole perdón con la mirada. - Vino a verme al vagón y se quedó un rato charlando. Le sorprendió que no lo supiéramos.

  • ¿Os importa que os lo cuente luego? No tengo muchas ganas de hablar ahora…

Rose miró a su alrededor. Se sentía observada, veía a la gente señalarla, comentar y reírse. Dudaba que quedara alguien en Hogwarts que no lo supiera ya.

  • No te preocupes, Rose. - Lizzy entrelazó sus brazos y todas empezaron a andar hacia los carruajes. - Si te sirve de consuelo, le dije a tu primo que ni se le ocurriera contárselo a nadie más.

  • Gracias, Lizzy. - La pelirroja forzó una pequeña sonrisa, pero se obligó a anotar mentalmente que ella y James debían tener una pequeña charla.

Se montaron las cinco en un carruaje e hicieron el viaje en silencio. Una sensación de alivio invadió a la pelirroja al ver las torres del imponente castillo que era su hogar durante la mayor parte del año. Sonrió. Por fin estaba de vuelta y, estaba segura, aquel sería un gran año.

La cena transcurrió con normalidad, aunque todo el mundo comentaba lo sucedido entre Rose y Scorpius.

  • Al parecer, habrían pasado a mayores si el padre de ella no llega a aparecer. - Escuchó el rubio decir a una Hufflepuff de tercero.

  • Se escapó de casa para verlo, la ayudaron sus primas. - Oyó la pelirroja decir en la mesa de Slytherin.

  • Han discutido en el tren, uno de ellos quería algo más y el otro no, pero no estoy muy seguro de quién quería qué. - Dijo un chico de Ravenclaw cerca de Scorpius.

  • Estoy segura de que se siguen viendo a escondidas, pero no pueden decirlo. - Comentó una Gryffindor al ver pasar a Rose. - Ni los Weasley, ni los Malfoy están de acuerdo con esa relación.

Ambos chicos preferían ignorar a la gente pero, en su interior, notaban punzadas de arrepentimiento. ¿Cómo habían podido acabar así? ¡Si ellos se odiaban desde siempre! Nunca se lo hubieran podido imaginar. Terminaron de comer en silencio y, mientras Malfoy subió a sus habitaciones con sus amigos, Rose y los demás prefectos acompañaron a los nuevos Ravenclaw hasta la sala común. Les explicaron cómo se entraba a la sala (resolviendo un acertijo que cambiaba), les enseñaron la sala común y llevaron hasta sus respectivas habitaciones.

  • Lo mejor será que os vayáis a dormir temprano. - Les recomendó William Wood, el otro prefecto de sexto año.

  • Sí y recordad que mañana debéis salir un poco más temprano, quizás os cueste un poco encontrar vuestras clases. - Añadió Lorcan. - Pero no os preocupéis, en seguida os acostumbraréis a esto y, mientras tanto, si necesitáis ayuda, solo tenéis que pedírnosla a alguno de nosotros.

  • Para eso estamos los prefectos. - Rose les dedicó una amplia sonrisa. - Y ahora a dormir, ¡vamos!

Todos los de primer año se dirigieron hacia sus respectivas habitaciones y, poco a poco, los prefectos los imitaron. Al final solo quedaron Lorcan, Rose y Will.

  • Oye, Rose… - El hijo de los Scamander carraspeó un poco antes de atreverse a preguntar. -, ¿es verdad lo que comentan?

  • ¿Qué? - Arrugó un poco la frente, consciente de lo que quería saber.

  • Lo de que Malfoy y tú...

  • No, fue solo una tontería, estábamos borrachos. - Se defendió ella, notando sus mejillas sonrojadas. - No escuchéis los rumores, a la gente le gusta mucho inventar.

  • ¿Entonces no estáis juntos? - Insistió.

-¿Tú qué crees? - Negó con la cabeza. - Buenas noches, chicos.

Rose sonrió antes de darse la vuelta y dirigirse hasta el dormitorio de las chicas, consciente de que ahora tendría que contarle lo que había pasado a sus amigas. Abrió la puerta lentamente y se encontró con sus miradas expectantes. Las cuatro estaban sentadas en la cama de Martha, con un par de revistas y un paquete de grajeas sobre la colcha.- ¡Rose, ven aquí de inmediato! - Exclamó otra de las chicas, Eliza Bell.

  • ¿Me vais a interrogar? - La pelirroja enarcó una ceja y las demás asintieron. - Esperad, al menos, a que me ponga el pijama.

Las chicas esperaron hasta que Rose se quitó la túnica y se puso un pijama rosa de manga larga. Cuando terminó, se acercó a la cama y se sentó junto a Lizzy.

  • Cuanto antes acabemos, mejor. - Se encogió de hombros. - ¿Qué queréis saber?

  • ¡Todo! - Exclamó Martha. - ¿Qué hay entre Malfoy y tú?

Rose suspiró y les contó todo lo sucedido: cómo se habían escabullido del apartamento de Teddy, cómo Victoire le había dejado sola en mitad de la fiesta porque creyó que Scorpius podía ser buena compañía, el juego de los retos, todo lo que ambos habían bebido y como, finalmente, habían acabado en un dormitorio.

  • Solo entramos ahí porque Nott nos perseguía. - Se excusó. - Estábamos borrachos, me senté en la cama, él se sentó a mi lado y, de repente, nos estábamos besando. Fue muy raro, pero lo peor fue que, de repente, apareció mi padre.

  • ¿Pero qué hacían tus padres y tíos allí?

  • Fue el mismo día que esos mortífagos se escaparon de Azkaban. - Continuó diciendo. - Se asustaron y fueron a comprobar que estábamos bien. Pillaron a mis primos jugando con unos explosivos nuevos y a nosotras en la fiesta. Estamos todos castigadísimos.

  • Explícate.

  • Nada de Hogsmeade, para empezar. - Rose suspiró. - Mis padres intentaron castigarme, además, sin quidditch pero conseguí negociar y les dije que me cogería una asignatura extra.

  • ¿Otra más, Rose? - Eliza abrió mucho los ojos. - Entre el quidditch, ser prefecta y eso no vas a tener tiempo ni para dormir.

  • Lo sé, pero tuve que aceptar eso y renunciar al baile de navidad para poder seguir en el equipo. - La chica suspiró.

  • ¡¿Qué?!  - Exclamaron las otras cuatro.

  • El equipo me necesita. - Replicó Rose. - Soy la nueva capitana, no podía dejaros tirados. Tenemos que ganar este año como sea, llevamos dos años consecutivos perdiendo.

  • Rose, ¿de verdad has renunciado al baile por eso?

  • Era mi única opción. - Negó con la cabeza. - Sabía que no debía hacerle caso a las demás, pero al final me convencieron.

  • Lo que no debiste fue hacerle caso a Malfoy. - Lizzy la miró preocupada. - ¿Cómo se te ocurrió?

  • Decía que era mejor que yo, quería demostrarle lo contrario.

  • Cualquier día te perderá el orgullo. - Martha puso los ojos en blanco.

  • Ya la ha perdido, más bien. - Eliza rió y, en seguida, Caroline y Lizzy se unieron a sus risas.

  • Ay, dejadme, soy tonta, lo sé. - Rose enterró el rostro entre sus manos, también riendo.

  • Oh, no vayas a enamorarte ahora de Malfoy, Rose. - Martha la golpeó en el hombro.

  • ¡No digas burradas! - Rose fingió indignarse. - Ya le gustaría a Malfoy que yo quisiera algo con él.

  • Desde luego, eres la chica más completa de Hogwarts.

Rose sonrió, pero las últimas palabras que le había dedicado el chico se clavaron en ella. La había llamado traidora a la sangre. Odiaba a esa gente que valoraba a los demás solo por el status de su familia, era una tontería. Nadie tenía el derecho de juzgar a los demás únicamente por eso.

  • Anda, dadme una grajea y contadme algo más interesante, aunque sea… - Miró la primera de las revistas y leyó su título - la veracidad de las nuevas teorías merlinianas o… - Retiró esta y se fijó en la que estaba abajo. - cuáles serán los colores de moda esta temporada.

Las cinco comenzaron a reír. Estaban de vuelta, que se preparara Hogwarts que las Ravenclaw habían regresado para afrontar su sexto año.

Rose corría por los pasillos esquivando alumnos de otros cursos y procurando que ningún otro prefecto o profesor la viera y tratara de quitarle puntos. Era el primer día y ya llegaba tarde a la primera clase de pociones del curso. Aquella mañana se había levantado temprano, había bajado a desayunar y, después, había subido al despacho de la directora McGonagall para explicarle su problema. Le había contado que había llegado a un acuerdo con sus padres y que quería cogerse una asignatura extra, preferiblemente Adivinación, pero que si ahí no quedaban plazas se quedaría con Cuidado de las criaturas mágicas. La mujer le había preguntado varias veces que si estaba segura de aquello, pero finalmente había accedido, consciente de que si Hermione Weasley había decidido que aquello era lo mejor, debía tener sus razones. La chica había tenido entonces que rellenar varios impresos, pero finalmente todo había quedado preparado: al día siguiente comenzaría las clases de Adivinación, aunque tendría que renunciar a su hora libre. Solo cuando salió del despacho se dio cuenta de la hora que era: quedaban cinco minutos para su clase y tenía que bajar hasta las mazmorras.

Llegó diez minutos tarde, por mucho que corrió no pudo evitar que unas escaleras decidieran cambiar de dirección, ni que Peeves comenzara a lanzarle papeles. Abrió la puerta, muerta de vergüenza y todos los allí reunidos se giraron para mirarla. La clase era bastante pequeña, solo los alumnos con un excelente en su TIMO de pociones podían asistir, y había gente de todas las casas. Lizzy le dedicó una mirada preocupada desde su asiento junto a Albus. Scorpius estaba sentado solo detrás de ellos.

  • Llega tarde, señorita Weasley. - Dijo entonces el profesor de pociones.

  • Lo lamento mucho, profesor. - Se disculpó ella. - He tenido que solucionar unos problemas con una asignatura y he salido muy tarde del despacho de la directora.

  • Que no se repita, no le quito puntos por ser el primer día.

  • Muchas gracias.

  • Puede sentarse junto al señor Malfoy. - Señaló al chico y Rose frunció un poco el ceño.

  • ¿No podría sentarme mejor con la señorita Collins? - Preguntó dubitativa. Toda la clase alternaba sus miradas entre ambos chicos, que se sonrojaron.

  • Si hubiera llegado a tiempo sabría que este año las parejas serán mixtas. - El profesor se cruzó de brazos. - Y ahora siéntese, me gustaría comenzar la clase.

  • De acuerdo.

Rose suspiró y se acercó a la mesa que compartiría con Scorpius. Ambos se miraron, serios. Aquello no podía ser verdad.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------¡Aquí tenéis un nuevo capítulo para empezar la semana! Muchas gracias a todos por las visitas (¡ya más de 2500! Sois increíbles), los favoritos (estamos a un paso de los 70) y los comentarios (que me dan la vida y me animan a seguir, huelga decir). Nos vemos el jueves. ¡Espero que os haya gustado! Muchos besos, Ladyluna10 :)