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Endulzando a Rose — capítulo 2
Hola chicos y chicas, he tenido que volver a subir este capítulo porque no me había dado cuenta que había estado mal...es decir se veía horrible, con mm's por todo lado, espero comprendan que no fue mi culpa :P
Ojalá les guste
Vestía una falda de flores, una blusa sencilla con el mismo diseño que la falda, y una chalina colorinche bien atada al cuello.
En sus ojos se notaba la tristeza que sentía por el acto que estaba cometiendo, pero lo necesitaba, debía irse de allí lo más antes posible, no podía quedarse más tiempo en aquel lugar.
Aunque si él, llegaba de improviso y le pedía que se quedara ella lo haría, siempre había sido así, esperaba a que él la notara, a que él le dijera que por fin estaba enamorado de ella.
Pero las cosas no pasan como uno quiere.
Sonó el pitido del tren, anunciando que ya era hora de partir a su nuevo destino, un lugar frío y lleno de maldad, aunque también el único lugar donde estaría contenta y en acogida. O por lo menos eso era lo que ella esperaba.
Se despidió de un fuerte abrazo de su hermano; de su pequeña prima Lily, que para ella siempre sería la hermana menor que nunca tuvo y que aunque fuese caprichosa y muy engreída para lo que acostumbraba ella, igual la quería; la despedida más difícil para ella fue la de Albus, su primo denotaba profundo resentimiento ante la decisión de ella, sentía y con mucha razón, que lo abandonaba repentinamente, cuando desde pequeños habían hecho la promesa de mantenerse siempre juntos.
-Albus yo…-
-ya debes irte- le dijo secamente.
Ella se acercó a él y le dio un tierno beso en la mejilla, lo abrazó y en un suave susurro le dijo
-aunque no quieras comprenderlo…debo irme, no puedo estar bien, no puedo estar tranquila si está él junto a mí, no puedo- su voz se cortó.
Se separó de Albus pero unos brazos que la rodeaban la sujetaban a él.
-Rosie, promete que regresarás sana y salva y que nunca cambiarás ni un solo rizo de tus pelirrojos cabellos, promete que cuando regreses seguiremos siendo los mejores amigos como lo somos ahora- la voz llorosa de Albus hizo que las lágrimas salieran a borbotones de sus lindos ojos azules.
Ella asintió a todo lo que decía Albus.
-nada podría cambiar lo mucho que te quiero ni nuestra amistad-
Sonó el tercer pitido y se separaron, caminó tomada de la mano de Albus hasta la entrada.
-señorita Weasley- habló la directora- si usted desea puede desistir de esta…idea-
Rose miró a la condescendiente profesora y le dio la más triste sonrisa en clara señal que lo que más quería era dimitir de su decisión. Volteó a ver en dirección al castillo, en la búsqueda de una cabellera rubia que viniese a frustrar su intento de fuga, pero nada, no encontró ni rastro de aquellos ojos grises que la transportaban a un mundo lejano ni el aroma que la embriagaba y hacía que quisiese tumbarse sobre él y olerlo todo el tiempo.
Suspiró resignada.
-es hora de partir- dijo mirando a Albus que tenía los ojos llorosos.
-cuídate Rose…te estaré esperando-
Ella asintió.
-regresaré para navidad Albus, no te librarás de mí tan fácilmente- y se perdió su roja cabellera al ingresar al vagón que la llevaría a su nuevo destino.
-¡regresaré!- gritó desde dentro del tren mientras aún podía ver a su familia.
-¡regresaré!-
-¡regresaré!-
-¡regresaré!-
-¡Weasley!- la despertaron gritando y haciendo que se interrumpiera su sueño, y aunque ella no lo quisiese admitir, su recuerdo.
Ella se levantó rápidamente y se apresuró a poner una pose militar.
-¡Buenos días, Señor!- gritó la pelirroja con la voz mucho más gruesa, el semblante mucho más serio, la mirada mucho menos soñadora, sin el brillo en los ojos de antes.
-tranquila Weasley- dijo su amigo Berni al entrar a la habitación de la joven.
-maldito infeliz, te voy a lanzar un imperdonable como me vuelvas a despertar de la misma manera- dijo ella riendo pero no como antes.
-veo que ya no eres la misma que ingresó a inicios de año…el cambio te sienta bien- dijo él mirando las ropas que llevaba Rose vestida en ese momento.
Una blusa casi transparente y un short que no cubría más allá de cinco centímetros de piernas, dejando muy poco a la imaginación.
-es solo ropa de dormir- se defendió ella- pero tienes razón…la mojigata de antes no se hubiese dejado ver nunca por un hombre en estas ropas- dijo ella acercándose sensualmente a su amigo.
-así es- dijo él rodeándola con los brazos por la cintura mientras ella se sentaba a horcajadas sobre él- pero confieso que me agrada esta nueva Rose, la anterior no hubiese soportado todo este tiempo en Durmstrang…veo que juntarte con Natas te hizo bien-
Ella lo besó en confirmación de sus deducciones, un beso que no significaba nada para ninguno de los dos pero un beso a final de cuentas.
-sí, el juntarte con Natas te ha hecho muy bien- sonrió él.
-¿quieres ver qué más me enseñó ella?- preguntó Rose moviéndose lentamente sobre el cuerpo de Berni, rozando ambos miembros, tanto los de él como los de ella.
-pues, no en este momento dulzura, Malcolm te anda buscando preocupado, se va por navidad y no te ha encontrado para despedirse de ti-
Rose se tensó al oír el nombre de su actual novio.
-por Merlín Santo- gritó ella cogiendo su varita y con un simple hechizo se cambió a la ropa que normalmente usaba- se me olvidó por completo…y yo perdiendo el tiempo aquí contigo-
Berni hizo un puchero y ella sonrió ante la expresión de su amigo. Le dio un suave beso.
-tú y yo pasaremos toda una semana aquí, con la torre solo para los dos Berni, Natas tampoco se queda, ¿lo recuerdas?- y salió corriendo cogiendo su chalina negra en el último momento.
-en verdad que has cambiado mucho, Weasley- dijo él con una sonrisa.
-¡accio saeta!- gritó Rose antes de salir del corredor.
Una escoba apareció frente a las escaleras y ella simplemente saltó sobre ella con una sincronía que tan solo el mismísimo Harry Potter en el cáliz de fuego podía igualar.
Pasó volando por todo el colegio, tratando de llegar a la estación de trenes con la mayor velocidad.
No le interesaba empujar a las personas de ese colegio, después de todo, si no te cuidabas, eras un tonto. Ella lo aprendió a la mala cuando ingresó y ahora era una de las principales en el colegio y quizás hasta la más respetada por todos, después de Malcolm, por supuesto.
Malcolm Krum.
Un joven fuerte, fornido, alto, piel color blanca, cabello negro azabache, ojos completamente negros (un cambio radical en ella si es que toman en cuenta que los ojos de Scorpius son grises casi para blancos). Es decir, digno hijo de Viktor Krum. Si se preguntan cómo es que Ron Weasley aceptó que su princesita estuviese con el hijo del ex novio de su esposa, pues, créanme, no lo sabe. Ya que no hay forma que los padres se contacten con sus hijos mientras están en la escuela.
-¡Malcolm!- gritó ella desesperada al ver el cabello de su novio ingresando por una de las puertas del vagón.
Él se giró rápidamente al oír la voz de la chica con la que estaba desde hacía unos meses.
-llegaste- dijo al verla caminando hacia él.
-lo siento mucho, me quedé dormida y ni bien me desperté vine corriendo hacia aquí- dijo ella abrazándolo.
-¿Por qué no estoy seguro de que eso es lo que haya pasado con exactitud?- preguntó él un poco fastidiado.
-porque estás intentado leer mi mente y no te lo estoy permitiendo, pero créeme, me quedé dormida y recién me he despertado-
El puchero que puso ella hizo que cesara con el intento de Legeremancia y la besó. Era muy cuidadoso con ella; sabía que, por más que ella no lo demostrase, era delicada como la flor por la cual llevaba su nombre.
-adoro esos besos- dijo ella separándose de su novio- los voy a extrañar en la semana-
-para eso tienes a Berni…él se quedará contigo durante esta semana y podrás divertirte con él mientras no esté- dijo él con tranquilidad.
Ella le sonrió pero eso no la hizo sentir menos incómoda. La relación que tenía con Krum era extraña para ella, a pesar que ya llevaban unos meses juntos.
-tienes razón, pero él no se compara a ti ni en un pelo- dijo ella acercándose más de lo debido a su novio, rozando sus cuerpos.
Él la abrazó, pegándola más hacia él si eso era posible y empezó a besarle el cuello y el lóbulo de la oreja derecha, haciendo excitar a Rose.
-para que me extrañes más- dijo él besándola luego en los labios.
Ella sonrió y vio cómo desaparecía su novio, al que nunca quiso, al que no quiere y al que no querrá nunca.
Decidió regresar caminando por el sendero de piedras que había desde la estación hasta el colegio.
Caminaba pensando tristemente en que nunca podría querer a alguien como tan solo lo quería a él, a aquel hombre que le rompió su joven corazón.
Caminaba velozmente, estaba cansada de buscarlo pero aun así seguía haciéndolo. Se había decidido a dar el primer paso, aunque ello significase avergonzarse de por vida por aquello, no podía soportar más los sentimientos por él.
Cruzó un salón vacío y lo pasó, pero un reflejo de luz la hizo detenerse. Entró sin llamar a la puerta para evitar dar a conocer su presencia. Creyó que era una Doxy, desde hacía poco los alumnos hablaban de que se daban algunos avistamientos por estas épocas y siempre quiso ver uno.
Pero no creyó que al entrar, se encontraría con lo más doloroso que podía alguna vez ver.
Scorpius y Melissa Bloom se besaban. No soportó ver más allá de dos segundos aquella escena y salió corriendo de ese lugar.
Lloró, lloró por todo el camino que la llevaba hacia su habitación de prefecta.
No quiso hablar con nadie el último día de clases. Fue la primera en abordar el tren y la última en bajar, de más está en decir que no se sentó en el mismo vagón que sus primos y amigos.
Cuando la fueron a buscar a la estación, les dio una rápida mirada a sus tíos con una sonrisa feliz, la primera desde que había visto todo aquello.
Pudo ver por el rabillo del ojo que su primo Albus y su mejor amigo se acercaba a ella rápidamente. Miró a su padre con una mirada de disculpa y corrió hacia la chimenea más cercana. Cogió los polvos flu y desapareció entre unas llamaradas verdes.
Lo siguiente que supo fue que su padre se volvió como loco interrogando a Albus y hasta a Malfoy por el comportamiento de su hija.
No salía de su habitación, nunca lo hizo en todo el verano. Se dedicó a estudiar y estudiar durante todas las vacaciones lo que estudiarían en sexto año. Fue tanto así, que hasta pidió por catálogo los libros de sétimo año (que llevaría el siguiente año) y cuando los terminó pidió a su madre, mientras ella le llevaba el almuerzo, que le consiguiese los exámenes para los ÉXTASIS que tendría que dar.
Hermione estaba preocupada, si bien su hija siempre estudiaba en las vacaciones nunca era de esa manera.
Todos los días iba Albus a buscarla a su casa para tratar de conversar con ella pero ella se negaba a siquiera verlo, esa situación preocupó aún más a su madre.
Cuando llegó la fecha de regreso de clases, Rose salió por primera vez de su cuarto, se le veía pálida y más delgada de lo que nunca en su vida fue.
Sonrió con malicia ante el recuerdo que acababa de tener.
Miró hacia el colegio que se levantaba en la cima de una gran montaña y se detuvo viendo el paisaje, se miró a sí misma y notó una gran diferencia, la misma que veía en ella Berni, ya no era la misma Rose de siempre, ya no era la misma que una vez estuvo enamorada de Malfoy. Ahora era más fuerte, ahora era más hermosa, ahora era más segura de sí misma. El control que tenía de magia la hacía digna de llamarse Weasley Granger.
Ojalá les haya gustado y dejen sus comentarios :D
Besos
SombraPosion