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Summer at Hogwarts — capítulo 7
La velocidad a la que se precipita el tren en el que viajo es casi superior a la de los pensamientos que se entrecruzan en mi cabeza. Chocan, se rozan, se adelantan, se funden, explotan, crean nuevos, se detienen, se dividen, se multiplican. Corren.
Hay ocasiones en las que no somos conscientes de que la vida es algo tan vivo como su propio nombre indica. Es un animal que cambia según la situación en la que se encuentre; y muchas veces este cambio no tiene por qué ser lógico, sino tan solo necesario.
Quiero explicarme a mí misma qué hago en un tren camino a ninguna parte, qué es lo que me espera en los tres meses de verano que quedan por delante. Claro que, comprender que un chico misterioso con el que te enrollaste en una discoteca intentó matarte por tener unas habilidades mágicas totalmente desconocidas para ti y que el muchacho al que semanas antes habías tomado por un tarado cuando te advirtió de esas mismas habilidades fue quien te rescató, no es nada fácil.
Ashton fue dulce y cuidadoso. Durante los días que estuve en su casa, recuperándome del inesperado ataque, jamás mencionó el hecho de que me liara con aquel chico. Nunca me culpó. Concebía el ataque como algo casual, que me podría haber sucedido en cualquier momento. Me explicó la situación en la que me encontraba con cuidado, suavizando mucho las palabras "peligro de muerte". Dejó de describirme Hogwarts como un estupendo lugar donde pasar el verano para explicarme que el colegio sería el único lugar donde podría estar plenamente segura. Hogwarts era un refugio ante un peligro que todavía no entendía bien del todo.
Ashton se esforzó tanto como pudo en volver a explicarme la historia. Hubo una vez un mago malvado que sembraba el terror más puro allá donde pisaba. La idea de este villano era eliminar a todos aquellos magos de sangre impura, es decir, nacidos de muggles. Sin embargo, no actuaba solo: tenía miles de seguidores denominados mortífagos. De hecho, las actividades eran ejecutadas con más frecuencia por sus secuaces que por el propio villano, que se dejaba ver en muy contadas ocasiones. Cuando el mago malvado, que respondía al nombre de Voldemort, fue derrotado por su némesis, un muchacho aún más joven que yo cuando le dio muerte, la mayoría de los mortífagos despareció. Muchos huyeron, mientras que otros dejaron atrás esa identidad e intentaron partir de cero. Otros fueron detenidos y siguen cumpliendo condena en Azkaban.
A lo largo de los años, sin embargo, y mientras el fuego de la derrota y del odio hacia los seguidores de Voldemort, los mortífagos que aún no habían tirado la toalla ni sido detenidos, se han ido reuniendo y reavivando su misión: limpiar el mundo mágico de sangresucias. A esta empresa se han unido jóvenes que, a pesar de no ser mortífagos y no apoyar necesariamente a Voldemort, comparten la idea de que los magos nacidos de muggles no son dignos de disfrutar de la magia. Así, el mundo mágico se ha dado cuenta de la existencia de una amenaza latente ante los nacidos de muggles y es por ello que se ha establecido una protección aumentada para ellos. El ministerio de magia se ha encargado de proteger a los más jóvenes de manera que su vida no corra peligro, mientras que los ya matriculados en Hogwarts o los estudiantes son conscientes de la situación y conocen el protocolo a seguir en caso de ataque. Esa sobreprotección ha creado una sed de sangre considerable en los mortífagos, quienes, según Ashton, son seres necesitados de violencia y destrucción, por eso han optado por una medida desesperada: recurrir a aquellos hijos de muggles cuyas cartas de admisión en Hogwarts fueron destruidas durante la época en la que Voldemort imperaba y así lo ordenó. Ellos, al ser totalmente anónimos y al no tener conocimiento alguno de su verdadera esencia, son las víctimas perfectas.
Así fue como todo empezó, con una serie de ataques hacia muggles anónimos. Hermione Granger enseguida tomó conciencia de que algo debían compartir esas víctimas, y unos análisis médicos no tardaron en descubrir que la magia, muy debilitada por el paso del tiempo y la ausencia de explotación, corría por las venas de aquellos que fueron asesinados. Lo demás fue un simple puzle: investigar la edad, las cartas que se enviaron en esas fechas etc. Fue en ese momento en el que Hermione supo que debía hacer algo para proteger a esas personas, que eran cientos, y creó una asociación cuya meta era encontrarlos a todos y protegerlos. Se acordó que la mejor forma para ello era que pasaran una temporada en Hogwarts en las que se potenciaría la magia que aún conservaran y aprendieran a defenderse. Solo al final de la iniciación express se les explicaría el alto peligro al que estaban sometidos. Así, cada verano podrían asistir a Hogwarts para descubrir su esencia en mayor medida y aumentaran sus nociones en autoprotección.
—Pero tú te nos has adelantado -sonrió Ashton a mitad de su relato, sus labios medio tristes medio dulces—. Has vivido de primera mano la amenaza bajo la que todos estáis.
Yo no tuve otra opción que creer todo lo que decía, claro. El frío, la luz, la varita…todo seguía fresco y real en mi memoria.
Según Ashton no tuvieron demasiados problemas a la hora de convencer de la historia al resto, incluso sin haber sido testigos del peligro que les acechaba. Ellos vienen a Hogwarts porque lo necesitan, pero no son conscientes de ello. Para ellos, su vida solo ha experimentado un giro prácticamente imperceptible comparado con la tranformación que ha sufrido mi día a día: el dejar a mi familia solo con un par de explicaciones débiles y un hechizo por parte de Ashton que les hizo más propensos a dejarme marchar («Tú misma serás capaz de deshacer el hechizo cuando regreses» me dijo al salir, cuando yo estaba al borde del colapso), el conocer de primera mano lo que nos amenaza. El tener miedo.
Alguien golpea con los nudillos en el cristal de mi compartimento, sacándome de mi ensimismamiento. Es Ashton, que esboza una sonrisa rápida antes de entrar.
—¿Nerviosa? —pregunta, sentándose a mi lado. Está tan despeinado como siempre, pero la emoción que lo sacude es casi palpable.
—Sigo esperando despertar en cualquier momento.
Ashton niega con la cabeza, divertido. Posa su mano sobre mi hombro.
—Todo va a ir bien. Por fin estarás a salvo.
Asiento con la cabeza, fingiendo un convencimiento del que carezco desde hace años.
—Recuerda que…—prosigue él, algo incómodo.
—Lo sé: no debo decir a nadie lo que sé, el peligro que corremos.
—Exacto.
Desconozco la razón por la que me recuerda que no debo desvelar a nadie el porqué de nuestra estancia en Hogwarts durante este verano. Como si quisiera hacer partícipe a alguien más de la profunda preocupación que me consumía. Como si fuera tan mala.
—Mira, ya llegamos —murmura Ashton, pegado a la ventana como un niño pequeño.
Imito su postura casi con miedo a lo que voy a encontrarme, y la vista me roba las palabras: un majestuoso castillo de varias torres se alza con un estilo sobrio y elegante sobre un extenso lago cuyas aguas parecen plata. El sol vierte luz a gritos, y casi siento cómo la magia envuelve con gracia el lugar, cómo se mete en mi estómago.
Casi siento cómo Hogwarts me da la bienvenida; cómo se alegra de verme.