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Harry Potter y el Último Horcrux — capítulo 12

Harry se sentía atontado. No supo cómo sus piernas lo llevaron de regreso a la casa de sus padres. Cuando pasó por la sala, tropezó con Ron cargado de escombros. Supo que le preguntó algo, pero ignoraba su propia respuesta. Al parpadear una vez más, descubrió que estaba en la habitación compartida. Se sentó en su cama, despacio, o activaría una oleada de muelles saltarines.

Sólo entonces se percató de que había sido un estúpido.

Se había dejado engañar como un niño, ¡por supuesto que Colagusano no tenía nada para decirle! Aunque habló con demasiada seguridad; conoce todo lo relacionado con los Horcrux… porque Voldemort no sería tan idiota de confiarlo a sus mortífagos, y menos a uno como él, con ese tempestuoso historial de traiciones dobles y triples, ¿o sí? ¿O sólo era un cebo, para engañarlo, atraerlo a su perdición? Pudo haberle echado la Imperio. Después de usarlo, someterlo a un hechizo desmemorizante. Esa era una buena solución.

Harry se aferró la cabeza con las manos. La conclusión es que era un idiota. No debió saborearse ante la perspectiva de tener información fresca de los Horcruxes, no ceder a los chillidos de Colagusano, a la obviedad del esfuerzo que hizo para no desaparecer, como el gran cobarde que era. En la actitud de Colagusano había algo que no encajaba, lo peor, era que no sabía si era a su favor, o en su contra.

—Hey, oye, amigo…

Harry alzó la cabeza con un respingo. Descubrió a Ron observándolo con alarma desde el marco de la puerta. A saber cuántos minutos llevaba allí, incluso hablándole para hacerlo reaccionar. Se enderezó y movió los hombros. Concluyó que realmente, había pasado mucho tiempo enfurruñado.

—¿Estás bien? Parecías un Inferi hace unos minutos… sé que me dijiste que estarías arriba pero… —Ron se rascó la nuca, atrapó una pelusa enredada en su cabello y la desechó—. Tenías la misma cara de Lara. En ella se soporta, pero en ti… no lo sé, amigo, ¿te sucedió algo ahí afuera?

—Puede ser. Quizás… no lo sé —Harry sacudió la cabeza y miró a Ron. Su amigo lo miraba como si estuviese muy enfermo. O se hubiese convertido en un Snorkack de cuerno arrugado—. ¿Dónde están las chicas?

—Hermione fue a comprar algo decente para comer —respondió Ron sin relajarse del todo—, Lara… hace un círculo mágico de protección alrededor de la casa, o eso le entendí.

—Pensé que se iría con Hermione… ya sabes, se dividen y compran más rápido.

—¿Bromeas? ¿Quién le vendería algo a Lara con esa cara?

Harry logró esbozar una sonrisa, pero recordó su disyuntiva y volvió a sumirse en sus pensamientos. Hasta que Ron lo zarandeó por un hombro y a causa del movimiento un muelle se le encajó en una nalga.

—¡Auch! ¡Ron! —saltó de la cama y se frotó el trasero—. ¡No vuelvas a hacer eso! ¡Tengo una cama sensible!

—¿Qué diantres tienes? —le espetó Ron—. ¡Estás perdido, amigo!

Harry respiró profundo en orden de calmarse.

—Cuando las chicas regresen… tengo algo que discutir con todos.

Ron lo miró con extrañeza, pero como Harry regresó a su hermeticidad, no insistió.

Después de que Ron abandonase la habitación compartida, Harry se tendió en la cama (con cuidado, no quería repetir la experiencia del muelle) y cerró los ojos. Debía tomar una decisión antes de que todos sus amigos se reuniesen. La pregunta latía con fuerza en su cabeza: ¿confiaba en Colagusano, o no?

Por más que quiso, no pudo quedarse dormido. Permaneció en un estado ansioso de duermevela hasta que escuchó la puerta de la habitación abrirse y pasos que pretendían ser silenciosos, pero el piso remachado de madera no ayudó mucho. Abrió los ojos y vio a Ron, Hermione y Lara allí plantados. Los dos primeros con caras de preocupación. La tercera… nunca podía determinar qué sentía. Comenzaba a adaptarse, pero también era una molestia. Harry se sentó en la cama, apoyó los brazos sobre las rodillas y los contempló, como si fuesen soldados a ser evaluados en un desfile militar.

—Harry, comienzas a preocuparnos, ¿qué sucede? —preguntó Hermione, nerviosa.

El muchacho tomó aire y explicó casi con el mismo tono monocorde de Lara:

—Cuando salí de casa, hace un par de horas, llegué hasta el cementerio del pueblo y… allí encontré a Colagusano. O él me encontró a mí, de alguna forma...

Las reacciones de Ron y Hermione fueron predecibles; él se tiñó de un intenso color rojo a causa de la rabia, ella frunció los labios con desagrado. Lara permaneció tal y como estaba.

—¿Quién es Colagusano? —preguntó.

Ron y Hermione se ocuparon de explicarle a Lara quién era aquel retorcido hombrecillo y todo el daño que le había causado; desde traicionar a los Potter, el causante del encarcelamiento injusto de Sirius Black, el cómo había vivido como la mascota de Ron hasta que fue descubierto, y que por su causa, Voldemort había regresado. Una vez terminada la actualización de Lara, Harry procedió a contarles con pelos y señales, todo lo que le había ocurrido y dicho Colagusano en el cementerio, y lo jugosa que le parecía esa proposición. Con algo de titubeos, agregó sus temores de que fuera una trampa, y que todos terminaran pagando por su ingenuidad.

El silencio los envolvió a los cuatro, hasta que Hermione lo rompió con agudeza:

—Es interesante que lo hayan convocado justo cuando te explicaba lo del Horcrux.

—¿Qué tiene eso de interesante? —Ron hizo un gesto de aplastar algo—. Yo digo que vayamos mañana al cementerio, sí, ¡pero para borrarlo del mapa!

Repitió el gesto contundente para reafirmar su posición.

—Concuerdo con Hermione —dijo Lara, Ron miró a Harry con cara de: «¿es normal que las chicas siempre sean aliadas?»—. Ese simple hecho y… el que si es tan cobarde como me han explicado, se haya expuesto ante Harry por tanto tiempo, tomando riesgos…

—Pudo tener la Imperio —rebatió Ron y se cruzó de brazos—. Es una trampa, Harry. Lo que debemos hacer, es…

—Si tuviese la Imperio, estaría obligado a permanecer quieto, así Harry lo corte al medio —dijo Hermione y encaró a Ron—. Y además, ¡Voldemort nunca lo habría convocado mientras cumpliese con su orden de engañar a Harry! Eso sería insensato e inoportuno. Si fuese una trampa, Colagusano tendría tiempo de dejar el mensaje con más calma, además, en ese instante hubiesen salido mortífagos por doquier y acabado con Harry, es más fácil así.

—Pero… pero… —balbuceó Ron.

—Pienso que Harry es quien debe decidir —dijo Lara de repente y observó al muchacho, quien había permanecido en silencio, sentado en la cama. Ron y Hermione dejaron de discutir—. ¿Qué deseas hacer, Harry?

—No tenemos ninguna información del paradero del resto de los Horcruxes —suspiró el muchacho.

—¡Harry! —protestó Ron—. ¡No quiero pensar que…!

—Y estoy de acuerdo con Hermione y Lara —asintió finalmente, el pelirrojo se desinfló—. Pensé en las cosas que pueden salir mal, pero también en todo lo que ellas dijeron… debemos tomar riesgos. No queda otra solución. Mañana iré al cementerio a las doce para encontrarme con Colagusano.

—Iremos contigo —dijo Ron con arrojo, su amigo arqueó una ceja—. Usaremos tu capa invisible…

—Pero no cabemos tres —dijo Hermione con un cabeceo—. Ya no somos niños…

—No se preocupen por mí. Tengo otras formas de esconderme —dijo Lara.

—Bueno… —Hermione se encogió de hombros—. Entonces, iremos mañana al cementerio… no te preocupes, Harry. Cuidaremos tu espalda.

El muchacho asintió y a pesar de que estaba decidido a correr el riesgo, no evitaba sentir un poco de miedo.

El siguiente día llegó tan rápido como una ráfaga de viento. A pesar de que Harry tuvo dificultades para conciliar el sueño (Ron no sufría tales problemas y lo envidiaba por eso), el tiempo le pareció fugaz. Lo que sí fue denso, fue justo antes de las doce, cuando caminaba hacia el cementerio con las manos en los bolsillos. No podía determinar dónde estaba Lara, pero sí Ron y Hermione. Las capas de invisibilidad no ocultaban los sonidos.

—¡Auch! ¡Ron, mira por dónde vas!

—Si no te empeñaras en caminar arrimada a mí…

—Estamos bajo una capa de invisibilidad, tiene que cubrirnos a los dos, ¡tengo que arrimarme a ti!

Harry puso los ojos en blanco y exhaló un suspiro. Al demonio con el factor sorpresa. Era mejor que Ron y Hermione se reuniesen directamente con él y con Colagusano. Pero milagrosamente al llegar al lugar, sus quejas mutuas dejaron de escucharse. Harry comprobó tener su varita encima y empujó las rejas oxidadas. Avanzó con decisión por entre las tumbas y se detuvo cuando estuvo frente a dos lápidas sencillas, una al lado de la otra. Miró su reloj. Diez... nueve... ocho... ¿Colagusano llegaría a tiempo? Siete... seis... cinco... ¿Sería una trampa y él caería en ella por tonto? Cuatro... tres... dos... uno...

¡CRACK!

Harry con un vuelco en el estómago sacó su varita y apuntó a la figura que acababa de aparecer. Colagusano se hizo sombra con una mano y parpadeó un par de veces.

—Eres… eres puntual —balbuceó sin dejar de parpadear, como si el sol lo molestara. Retrocedió un poco—. Veo... veo que realmente te interesa mucho... lo que tengo para decirte...

—No tengo todo el día —urgió Harry. Se esforzaba por no verse nervioso, pero entre tener tan cerca al causante de tantas desgracias y el débil pensamiento de que todavía podía tratarse de una trampa, hacía que su corazón latiese muy rápido y las manos se le enfriasen—. Habla.

—¿Viniste solo? —preguntó el hombrecillo.

—¿Ves a alguien más? —replicó Harry, mordaz.

—No... no...

—Entonces habla…

Wraaaauurrrrr

Colagusano se dio vuelta y retrocedió como si le hubiesen disparado con una escopeta. Un gato negro sentado sobre el césped, lo observaba con fijeza.

—Es solo un gato, Colagusano —dijo Harry, complacido de saber dónde estaba Lara. El hombre se había dado vuelta de tal forma que no le daba la espalda ni a Harry ni al animal—. ¿Les tienes miedo?

—No —dijo Colagusano con falsa calma. El gato maulló y se escabulló hacia las tumbas cercanas—. Sólo... me... nada. Harry... tienes que estar consciente de que te estoy ayudando, debes tenerlo en cuenta... —tragó en seco al ver la mirada impaciente del muchacho y prosiguió en voz muy baja—: la taza de Hufflepuff, está en la casa abandonada de la vieja Hepzibah. En el sótano. ¿Sabes quién era Hepzibah, Harry? El señor Oscuro la fue a ver en su juventud, antes de ser poderoso. Y la asesinó para obtener la taza y el medallón de Slytherin. Pero debes tener cuidado... no es tan fácil... el señor Oscuro puso muchos hechizos para evitar que la familia de Hepzibah encontrara su Horcrux y se lo llevase por error. No estoy seguro, pero sé que hay un pasadizo oculto por el sótano, que lleva a la taza.

—¿Y la información de los demás Horcruxes? —preguntó Harry—. Lo prometiste... y no quiero tomar medidas drásticas contigo, Colagusano.

—La siguiente pista la hallarás cuando tengas la taza de Hufflepuff. El Señor Oscuro también comete sus errores. Aunque nunca lo admita —dijo Colagusano acariciando su mano plateada—. Pero he de advertirte, que la casa de Hepzibah es «inmarcable».

—¿Y? —se impacientó Harry.

—Debes ir al Ministerio de Magia. Al Departamento de Misterios, al Departamento de Casos Sin Solución. Hubiese ido yo pero como comprenderás...

—Eres muy cobarde para hacer algo como eso... —masculló Harry—. Resume Colagusano. Me haces perder el tiempo.

—Allí busca los expedientes de entre los años 1956-1957-1958, aproximadamente —continuó Colagusano lo más rápido que podía hablar—. En uno de esos está el caso de Hepzibah y puedes leer la dirección exacta de la casa. Ni yo sé dónde queda...

—¿Por qué el caso de Hepzibah estaría allí si tuvo solución? —preguntó Harry receloso—. Acusaron a Hokey de su asesinato, su Elfo Doméstico. Y todo porque Voldemort —Colagusano se estremeció como si le hubiesen echado un balde de agua helada, pero Harry lo ignoró— le modificó la memoria al Elfo. Ese caso tuvo una mala solución, pero la tuvo.

—Dumbledore intervino... y el caso fue colocado allí. Creo que quería consultarlo después con mayor seguridad —explicó Colagusano, con una sonrisilla desagradable—. O dejarlo allí... en un futuro... para ti.

—¿Eso es todo? —preguntó Harry.

—¿Te parece poco? —se indignó su interlocutor—. ¡No fue fácil reunir ese pedazo de información! ¡No fue fácil espiar al mismísimo Señor Oscuro!

—Parece que es algo condicionado, el espiar y espiar —dijo Harry, burlón—. ¿En qué te beneficia todo esto?

—Obtener tu protección —dijo Colagusano con porte solemne—. Y que me libres de Azkaban cuando el señor Oscuro deje felizmente de existir. Tú me salvaste la vida. Tenemos un lazo mágico. Me veo obligado a pagar esa deuda —admitió a regañadientes.

Extendió su mano plateada hacia Harry.

—Es un trato —dijo con voz aguda—. Mi información a cambio de tu protección cuando todo termine.

Harry dudó unos segundos, mas aceptó la mano de Colagusano.

—Es un trato —aceptó, también en contra de su voluntad. Quizás algún afortunado incidente lo liberase de cumplir aquella locura.

—Bien, realmente yo... bien, bien —aceptó y liberó la mano—. Nos vemos… en otra ocasión… intentaré encontrar la forma de…

—Con esto —Harry le lanzó un galeón falso, el que usaban para comunicarse cuando estaban en el Ejército de Dumbledore. Estaba consciente del riesgo que corría al darle algo por donde pudiera localizarlo, pero ya parecía estar hundido hasta el pecho, y no podía arriesgarse a tener al hombre correteando detrás de él todo el tiempo—. Úsalo para indicarme hora y lugar, e intentaré reunirme contigo cuando tengas información nueva.

Colagusano asintió con un jadeo fervoroso y desapareció con un «¡crack!». Después de varios minutos, vio a Ron y Hermione acercarse, ambos despeluzados y con las mejillas algo rojas. Debajo de la capa de invisibilidad y a las doce del día, debía hacer mucho calor.

—¿Qué te dijo? —jadeó Ron. Lara había aparecido misteriosamente de detrás de unas tumbas y se acercaba a paso ligero.

Harry se guardó la varita en el bolsillo e hizo una mueca.

—Parece que tendremos que ir al Ministerio de Magia si queremos saber el lugar exacto de la Taza de Helga Hufflepuff.

N/A: Hola, lectores! Parece que el gato les robó los dedos... pero van a tener que pedirle que se los devuelva. No tengo reescrito el siguiente capítulo. Está en cero, y la versión antigua no concuerda con la nueva forma en que estoy presentando la historia. Ahora sí depende de ustedes que me dé prisa o no, porque si no muestran interés en la publicación de la historia, ¿para qué la voy a escribir? ¿Para mí? Sí, es divertido. Pero más divertido aún es compartirla con ustedes. Está en sus manos que reescriba y publique! Dejen comentarios, teorías, tomatazos y hachazos. ¡Estoy abierta para todos ellos! -con armadura, claro-