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Harry Potter y el Último Horcrux — capítulo 15

N/A: Este capítulo está casi igual que en la versión original, porque realmente... no tuve que cambiarle muchas cosas, y no tenía ganas de reescribir ;-p Que lo disfruten!

Harry apretó el agarre de su varita. Los ojos rojos estaban fijos en los de él, como una bestia salvaje esperando algún movimiento desesperado de su presa, para saltar, atacar, y matar. Detrás del muchacho no se movía nadie. Solamente se escuchaba la respiración lenta y acompasada de Hermione y el intento de Ron por respirar algo más que polvo. Lara nunca contaba.

—No hagas nada —le susurró la voz de la muchacha—. Espera una reacción por parte nuestra…

—Quítale su magia —susurró Harry de vuelta.

—Sospecho que no puedo.

—Puedes Abolir Magia. Quítasela a esa cosa.

—No te desesperes...

—¡El Horcrux está allá abajo!

Un horrible aullido y el lobo de piedra saltó desde las escaleras contra Harry y lo lanzó al suelo levantando una capa de polvo alrededor.

—¡Harry! —. Gritó Hermione. —¡Stupefy!

El hechizo le voló un pedazo de la espalda al lobo de piedra que había estado a punto de encajar sus colmillos en el cuello de Harry. Se sacudió para fijar sus ojos rojos en Hermione. Antes de que alguien reaccionase, el animal se abalanzó contra ella.

—¡Stupefy! ¡Impedimenta! —. exclamó Ron contra el lobo desprendiéndole un pedazo de cola, mientras Harry buscaba su varita.

—¡No dejes que te muerda, Hermione! —. Gritó Lara por encima de la polvareda. Agitó su varita y un haz de luz abatió al lobo por un costado lanzándolo contra la pared.

—¡Abajo, todos! —. Gritó Harry después de recuperar su varita. —¡Bajen las escaleras, rápido! ¡Vamos, vamos! ¡Tiene que haber algo allá abajo que nos sirva de refugio!

—¡Harry, tengo algo en los pies! ¡Estoy atada con algo duro y frío! ¡No puedo moverme! —. Gimió Hermione tratando de caminar mientras el lobo se acercaba agazapado contra el suelo, listo para saltar sobre ella.

—¡Lara! ¡Acaba de quitarle la maldita magia al lobo! —. ordenó Harry avanzando a zancadas hacia Hermione.

—¡Si la Abolo, la entrada a esas escaleras se cierra! ¡Se cierra el camino hacia el Horcrux! —. Respondió Lara señalando las escaleras de piedra. —¡No puedo hacer nada!

Ron hizo pedazos con un hechizo a las dos víboras de piedra que se habían enroscado en los pies de Hermione y no la dejaban caminar. Sin embargo, el lobo saltó sobre la muchacha con una agilidad dudosa para su constitución pétrea y cerró las mandíbulas alrededor del brazo de Hermione, quien gritó de dolor.

Harry agitó su varita contra el lobo y un rayo rojo lo impactó de lleno en el pecho, mientras Ron cargaba en brazos a Hermione y se apresuraba en bajar con ella por las escaleras. Harry agarró a Lara por un brazo y se lanzó escaleras abajo, mientras el lobo de aullaba a sus espaldas, trotando con el pecho destrozado, dispuesto a matarlos.

Ron les hizo señas por entre una rendija de una enorme doble puerta de roble, y Harry y Lara pasaron cuando el lobo atrapaba la pata del vaquero de Harry y se lo desgarraba. Cerraron la puerta y sintieron al lobo resquebrajarse al tratar de derribar la puerta. Ron pasó una gruesa tabla de madera a modo de seguro y se volteó.

—¿Están bien? —. Preguntó agitado. —¡Lumos!

En la punta de la varita del pelirrojo surgió una luz que iluminó parte de la nueva estancia a la que habían llegado.

—Si. ¿Y Hermione? —. Preguntó Harry jadeando, con la pata del vaquero hecha jirones.

Ron señaló algo hacia una esquina con la cabeza, y alzó su varita para alumbrar mejor. Hermione estaba allí, cubriéndose un brazo con el pullover.

—Déjame ver eso, Hermione. —. Pidió Lara amablemente.

La aludida negó con la cabeza respirando con dificultad. Pero Lara la obligó a mostrar el brazo. Harry se horrorizó. El brazo izquierdo de su amiga era completamente de piedra, sus dedos rígidos y crispados en señal de dolor, la marca de colmillos en el dorso, llenos de musgo verde que se extendía con rapidez por todo su brazo de piedra.

—Advertí que no debía morderte. —. dijo Lara. Su falta de expresividad hacía que pareciese un regaño—Pero no tienes la culpa. Estabas acorralada. Y nosotros no fuimos lo suficientemente rápidos para ayudarte.

Harry miró la pata de su vaquero, que repentinamente le pesaba. Ahora los jirones eran de piedra; se bamboleaban pegados a la tela.

—Pero no te preocupes. —. Siguió Lara. —Cuando lleguemos a casa vamos a verte eso.

—¿Puedes... puedes quitarlo? —. Preguntó Hermione, temblorosa.

—Voy a hacer el intento de Abolir magia, pero después tendrías que ir a San Mungo para que terminen de quitártelo.

—Lara... esto... esto está caminando... —. Murmuró Hermione horrorizada mirando como una fina capa de piedra se extendía por su codo.

Lara enseguida pasó una mano por todo el brazo de la chica, y la piedra dejó de caminar.

—Ya está. Al menos se detendrá hasta que pueda hacer algo mejor. —. Dijo. Se rasgó parte del pullover que tenía puesto y lo ató por todo el brazo de Hermione, poniéndoselo a modo de cabestrillo. —No sabemos que magia oscura lo rige ni cuáles serían sus efectos secundarios.

Lara ayudó a Hermione a levantarse, y cuando la segunda fue a dar un paso, algo arremetió contra la puerta haciéndola vibrar mientas que Hermione daba un grito ahogado.

—Debemos seguir. —. Dijo Harry mirando por primera vez alrededor. —Esa puerta no resistirá mucho.

—¿Y cómo vamos a salir de aquí? —. Preguntó Ron iluminando con su varita el alto techo de piedra de la estancia.

—Vamos allá. —. Dijo Harry señalando hacia una luz titilante que se veía a bastante distancia. —Es el único camino que hay. A menos que queramos regresar con nuestro amigo.

Hizo un ademán hacia la puerta, y a todos parecieron disipárseles las dudas. Encendieron sus varitas y empezaron a caminar por un largo pasillo que cada vez se volvía más angosto, y el aire era limitado.

—Yo voy primero. —. Dijo Harry cuando el pasillo se estrechó bruscamente, y solo había lugar para una persona pasando de lado. —Ron, tómale la mano a Hermione y no la sueltes por nada. Y toma la mano de Lara, y tú... —la aludida arqueó las cejas— toma mi mano. Así no nos perderemos si hay alguna bifurcación.

Todos se tomaron de manos y empezaron a pasar con cuidado por el pasillo, mientras Harry mantenía al frente su varita, iluminando el camino.

Ahora sabía el por qué el sótano estaba lleno de estatuas de piedra. De seguro habían sido los predecesores de ellos, que por algún error, terminaron en el viejo sótano. Y no dudaba que allí, completamente de piedra, con rostros plagados de terror, los ojos queriendo salirse de sus órbitas, y bocas abiertas en gritos mudos de los que solo eran testigo las viejas paredes, estaba la mitad de la familia de la vieja y desafortunada Hepzibah. Claramente el lobo de piedra, en sus inicios, había sido un feroz guardián activo del Horcrux de Voldemort. Pero con el paso de los años, el señor Oscuro después de su regreso debió convencerse de que nadie sabía lo de sus Horcruxes, y volvió a su guardián de piedra en una llave para abrir el pasadizo oculto que llevaba a su preciado Horcrux. Pero Harry sabía que eso no era el único obstáculo que le había dejado Voldemort. Tenía los pelos de la nuca erizados, y la humedad del angosto pasillo casi sin oxígeno le empezaba a dar fatiga. Y por las respiraciones que escuchaba a sus espaldas, sus amigos estaban sintiendo lo mismo que él.

—¡Traten de respirar despacio! —. Exclamó Harry hacia atrás. —¡Hay poco oxigeno aquí!

—¿Y si hacemos un hechizo casco-burbuja? —. Sugirió Ron.

—Este pasaje es muy estrecho Ron. —. Dijo Harry raspándose la ropa contra la pared. —No podríamos pasar. ¡Ladeen la cabeza!

—Espera Harry. —. Dijo Lara deteniéndose. —¿Qué es eso?

—Parece una antorcha. —. Murmuró Harry entornando los ojos. —¡Es la luz! ¡Avancemos! ¡Eso nos puede ayudar! ¡Podremos ver mejor si alcanzamos esa antorcha!

—¡Esperen!

Todos se detuvieron ante el grito de Hermione.

—Puede ser otra trampa. —. Murmuró ella desde lo último. —Harry, lánzale un hechizo.

Harry frunció el entrecejo, y le apuntó a la antorcha con su varita.

—¡STUPEFY!

La voz de Harry hizo eco decenas de veces contra las paredes, mientras que el pasillo era iluminado repentinamente por un haz de luz roja que zumbaba por el aire hacia la antorcha, que era la única fuente de iluminación en la habitación a la que casi llegaban. El hechizo impactó la antorcha que bajó como si fuese una palanca, y cuatro gritos ahogados se escucharon cuando el pasillo se volteó al revés y sus paredes se ancharon con un ruido sordo y escalofriante.

—¡Lumos! ¡No me suelten! —. Gritó Harry al convocar una argolla de hierro enterrada en el suelo, ahora techo, con ambas manos, mientras los demás se aguantaban de sus piernas como una larga cadena humana.

—¡No hay fondo! ¡El techo desapareció! ¡Es un abismo! —. Gritó Hermione asustada, mientras Ron la aferraba con su otra mano para que se aguantara mejor. —¡Me voy a soltar...!

—¡Ni te atrevas a hacerlo Hermione! —. Gritó Harry—. ¡Agárrala con más fuerza Ron!

—¡Todos vamos a morir si alguien no se suelta! —. gimió Hermione. —Y yo... con este brazo de piedra...

—¡Aquí nadie va a morir y nadie se suelta! —. gritó Harry aguantándose con todas sus fuerzas de la argolla, pero el peso de tres personas lo halaba y hacía que sus manos resbalasen. Le vino algo a la cabeza repentinamente, algo que podría ser la salvación de todos— ¡Lara! ¡Trepa! ¡Trepa por las paredes y alza la maldita antorcha!

Lara miró atrás. La pared era rugosa y llena de fisuras. Subió por el cuerpo de Harry, hasta que Ron se hubo aferrado a él con fuerza. Hubo un estallido...

—¡Wrrraaaaaauuurrrr!

Un gato negro saltó a la pared, sus garras se resbalaron por la pared hasta sacar chispas, pero se detuvo y se aferró con sus garras con fuerza.

—¡Eso es Lara! ¡Apresúrate! —. Dijo Harry algo aliviado por liberar peso. —¡Alza la palanca y ten cuidado de por dónde te mueves!

El gato negro empezó a moverse con cuidado por toda la pared, utilizando sus garras afiladas y prensiles para no caer al vacío. Se movía sigilosamente, pero rápido, hacia la antorcha que ya no estaba encendida. El gato llegó hasta la pared frente a la antorcha, meneó su cola felpuda y se posicionó como pudo para saltar. A Harry el corazón le latía con violencia, mientras la punta de su varita iluminaba todo el espacio. Estuvo a punto de cruzar los dedos, pero en esos momentos, cualquier movimiento desesperado era mala idea. El cuerpo del gato se desprendió de la pared de un súbito salto. Las garras prensiles del animal se extendieron al frente. Sus ojos esmeraldas de pupilas rasgadas fijos en la antorcha. Pero pronto éstos se abrieron de miedo cuando se dio cuenta de que no había tomado el impulso necesario.

—¡WRRRRUUUHHHAAAAAAAAUUUUUUUU!

—¡LARA!

Harry se quedó paralizado. El tiempo pareció haberse detenido, mientras el gato negro caía hacia las profundidades del abismo sin fin. Ron cerró la boca, sin producir el grito que había formulado con sus labios, y los sollozos de Hermione llenaron el pasillo, mientras las paredes hacían eco débilmente, como burlándose del llanto débil de la chica.

Harry necesitó más minutos de los necesarios para recuperarse.

—R-Ron... —. Su voz surgió ronca, como si no la hubiese utilizado por años. —Sube por mi... por mi cuerpo... yo voy... a tratar... de llegar hasta... hasta la antorcha.

—No puedes... Harry. —. La voz de Ron también sonaba ronca y dificultosa. —No puedes ir allí. No tenemos como llegar.

—Levítame hasta allí.

—No puedo. No puedo soltar a Hermione.

—¡Suéltenme! —. Sollozó Hermione. —¡Es lo mejor! ¡Si me dejan caer el peso va a disminuir y...!

—¡Calla, Hermione! —. Amonestó Harry sintiendo como sus brazos no daban más. Empezó a sudar. Los nervios le comían la cabeza. Su cicatriz punzaba débilmente. —¡Aquí nadie se abandona! ¡No te...!

Se quedó callado.

Un jadeo débil.

El sonido de garras raspando las viejas y rugosas paredes.

Harry movió la varita entre sus dedos, para alumbrar hacia la antorcha. Los sollozos de Hermione habían desaparecido, y Ron temblaba levemente.

Dos ojos verdes fosforescentes surgieron en medio de la oscuridad, mientras que una pata de pelo negro y sedoso, con afiladas garras prensiles apareció iluminada por la lucecita de la varita de Harry.

—Lara... —. Murmuró él. —Volviste...

El gato trepaba sin descanso hacia la antorcha. Cuando la tuvo a su alcance, la empujó la antorcha con la cabeza. Hubo un sonido, como un mecanismo siendo restaurado en su lugar, y el pasillo giró de nuevo hasta quedar normal. Lara recuperó su forma humana con un estallido y se recostó a la pared jadeando.

Los demás cayeron revueltos de nuevo en el suelo, y se levantaron con cuidado.

—Bueno, andan...

Harry se detuvo. Las paredes temblaban y se empezaron a cerrar con un ruido de algo pesado siendo arrastrado sobre una capa gruesa de polvo.

—¡CORRAN! —. Gritó Harry empujando a Hermione hacia donde estaba Lara. Empujó a Ron y después corrió él. —¡NO MIREN ATRAS!

Las frías paredes se cerraban de una forma alarmante, amenazando con exprimir al que quedase atrapado en ellas. Hermione llegó y quedó jadeante contra la pared. Lara ayudó a Ron a pasar rápido halándolo con fuerza por los brazos, y Harry se lanzó al suelo cuando las paredes se terminaban de cerrar, dejándole atrapado la punta del zapato.

Lara se acercó a zafar el zapato de entre la prisión de las dos paredes.

—¿Estás bien, Lara? —. Le preguntó Harry respirando agitadamente.

—Sí. Pude aferrarme a la pared y subir de nuevo — contestó ella. —¿Ustedes están bien?

Ron asintió derrumbándose contra la pared para recuperar el aliento, mientras que Hermione miraba al techo, que no parecía tener final. Harry miró a un lado y luego al otro.

—Hay dos caminos. —. Dijo—¿Cuál tomamos?

—Usa el hechizo brújula. —. Sugirió Ron. —Oh, yo lo hago. —puso la varita en la palma de su mano poniéndose de pie y frente a la pared— ¡Oriéntame!

La varita giró descontrolada, dio un par de vueltas, y señaló vagamente justo en la pared que tenían al frente.

—Señala a la pared. Pero no podemos atravesarla. —. Murmuró Ron. —No creo que por aquí esté la taza de Hufflepuff...

—Pero sin embargo está, jovencito.

Ron dio un salto atrás cuando el fantasma de una mujer vieja y extremadamente gorda, con rubor plateado en sus mejillas, y vestida con una camisola de dormir plateada y que no disimulaba en lo absoluto su voluminosa barriga surgió de la pared a la que había señalado la varita de Ron.

—La taza de Helga Hufflepuff está detrás de esta pared, muchacho. —. Dijo el fantasma con voz chillona. —La estuve contemplando hasta ahora. ¡Es tan magnífica! ¡Sencillamente bella! Perteneció a mi familia, pero... ¿Para qué quieres la taza de Hufflepuff? —le preguntó con recelo a Ron, y mirándolo muy de cerca, haciendo que los pellejos de su cuello se balancearan como los de un perro sabueso pasado de peso.

Harry reconoció al fantasma, no era otra que Hepzibah Smith, la antigua dueña de la casa donde estaban ahora, y a la que Voldemort asesinó para conseguir la taza de Hufflepuff y el medallón de Slytherin.

—Er... yo, yo... —. Empezó a balbucear Ron intimidado por la mirada tan fija del fantasma.

—Es un Horcrux.

El fantasma se volteó hacia Harry haciendo un gesto exagerado y teatral de sorpresa.

—¡No, querido muchacho! Un Horcrux... ¡Merlín y su carroza fantasma me libre de tener algo como eso en mi casa! Eso es Magia Oscura muy mala, jovencito... —. Lo regañó —. Tom protegió mi taza y mi medallón. Si, un buen muchacho...

—¿Desde cuándo usted no se actualiza? —. Bufó Ron, irritado. —¡Tom la asesinó! ¡Puso veneno en su té!

El fantasma se echó para atrás con una mano en el pecho y parpadeando.

—¿Tom Riddle? ¿Ese joven tan adorable que hizo todo esto, para proteger mi bella reliquia? —. Preguntó haciendo que Ron se irritara más.

—Pienso que si Tom la envenenó o no, ahora no es importante, señora. —. Dijo Lara. El fantasma la miró. —Pero sí que se convirtió en Lord Voldemort, el mago más poderoso y temido de todos los tiempos. Él la asesinó para convertir su "reliquia", en un Horcrux y así volverse de cierto modo inmortal. Nosotros estamos aquí para destruir ese Horcrux, y así Voldemort se debilitaría. ¿Qué hay que hacer para entrar?

Hepzibah vaciló unos segundos.

—¿Ven la antorcha? —. Dijo. Los demás asintieron. —Muévanla a la derecha, y van a encontrar una cerradura doble, con forma de rombo. Si tienen las dos piedras, la pueden abrir.

Sin más explicaciones, Harry giró la antorcha con suavidad hacia la derecha. La pared tembló y la argolla de la antorcha se corrió hasta revelar la extraña cerradura de la que les había hablado Hepzibah.

—¡Se los dije! —. Chilló el fantasma excitado. —¡Ahí está la cerradura! Oh, yo vi muy bien como Tom sellaba la puerta. Lo vi todo...

—Sí, sí señora. Pero ahora déjenos trabajar. —. Masculló Ron irritado.

Harry y Lara introdujeron las gemas, y las giraron a un tiempo. La pared se abrió repentinamente en dos, y se corrió dejando ver un salón amplio circular y bien iluminado, con el suelo de piedra desgastada, vieja, llena de moho e irregular, como una caverna, y en el centro del salón, sobre un pedestal de mármol, estaba la taza de Helga Hufflepuff; El Cuarto Horcrux. Entraron con cautela mientras Harry y Lara se ponían las piedras de regreso en sus bolsillos. Hepzibah los siguió con curiosidad, mientras Ron parecía molesto por la presencia del fantasma.

Harry se acercó al pedestal y miró la taza con el tejón grabado en ella. Tomó aire y agarró la taza de golpe. Un estremecimiento le recorrió todo el cuerpo, como si le estuviesen sacudiendo el estómago. Todo cesó repentinamente, como si jamás hubiese sentido aquella sensación de sacudimiento. Una puerta de piedra se abrió al final de la estancia, dejando entrar los rayos lunares.

—Gracias señora Smith. —. Dijo Harry apresuradamente envolviendo la taza en pedazos de su propio vaquero.

—¡Oh! ¡El jovencito me conoce! —. Exclamó el fantasma muy contento. —Eres adorable.

—Si viene Tom... no le diga nada. —. Dijo Harry mientras los demás se apresuraban en salir por la puerta secreta.

—Cuenta con mi discreción. —. Dijo Hepzibah, al parecer, contenta por entablar una conversación con alguien. Alargó la cara cuando vio que todos se iban. —¿Se van tan pronto? ¿No quieren una taza de té?

—¡Otro día señora! —. Gritó Harry antes de que la puerta de piedra se cerrase, y empezara a ascender por una escalera de piedra. En el final, se veía una maraña de plantas, y por entre las rendijas se colaba la luz de la luna.

—Al parecer esa mujer no sabe que murió. —. Masculló Ron ayudando a Hermione, porque su brazo de piedra le pesaba mucho.

—No hables así Ron. —. Lo reprendió Hermione. —Ella es...

—Excéntrica. —. Terminó Ron por ella. —Ahora vamos, tengo deseos de llegar a casa.

En el silencioso Valle de Godric, en la última casa abandonada y algo reparada, para hacerla algo habitable, hubo cuatro "Cracks" que resonaron suavemente en medio de la madrugada. Hermione y Ron se dejaron caer en el sofá, mientras Lara se ocupaba de quitarle el vendaje a Hermione y comprobaba el estado de su brazo de piedra.

Harry sin decir palabra, fue a la cocina; puso una tetera con agua caliente al fuego y buscó un paquetito de té. Limpió la polvorienta taza con agua fría de la llave y la secó bien. La llenó de agua caliente cuando el vapor empezó a salir por el pitillo de la tetera, y dejó descansar varios minutos la bolsita de té. Cuando estuvo listo, botó la bolsita hacia el patio y agarró la taza con las dos manos, soplando la ardiente infusión. Tomó aire cerrando los ojos, y se bebió en tres tragos el té. La dejó encima de la meseta. No pasaba nada. Colagusano lo había engañado. Que se preparase cuando lo atrapara de nuevo.

Un mareo.

Un aliento agitado.

Y todo le empezó a dar vueltas, hundido en un remolino de colores. Se aferró a la meseta. Los músculos de los brazos le palpitaban dolorosamente, mareado, completamente mareado. Como si una fuerza invisible lo hubiese obligado, enderezó la cabeza mientras sus ojos verdes se abrían al vacío y sentía el viento zumbando en sus oídos. Viajaba. Viajaba sin moverse de la casa. Viajaba sin despegar los pies de la cocina que una vez fue de sus padres.

Paisajes angostos, toscos, bellos y una larga línea de tren se reflejaron en sus ojos. Subió súbitamente, y distinguió un paisaje agreste, como obra de un pintor angustiado. Volteó, dio una bajada, luego una subida, volando como ave por encima de la copa de los árboles, mientras el viento seguía zumbando en sus oídos...

Un castillo inmenso... un lago, y su viaje siguió veloz e implacable, grabándose en su memoria, en sus sentidos...

Unas rejas coronadas por cerdos alados se abrieron para él, luego unas puertas enormes y se deslizó rápidamente por unos pasillos, cruzándose con fantasmas, cuadros móviles, un reloj medidor de puntos... Torció violentamente por una bifurcación para encontrase subiendo a toda velocidad al segundo piso, siguiendo veloz por el pasillo, hacia los aseos.

La puerta se abrió y Myrtle La Llorona seguía tarareando una canción fúnebre y apagada, paseándose de un retrete a otro. Giró en el aire y el lavabo con la serpiente grabada en el grifo giró rodeado de una luz blanca y se abrió dejando ver una amplia tubería, por la cual se metió.

Pasó la puerta de serpientes, la sala con gigantescas columnas con formas de serpiente, que parecían observarlo todo desde la cuenca vacía de sus ojos, la estatua de Salazar Slytherin al final, él subiendo raudo y entrando por la boca abierta de la estatua. Un pasaje cuadrado, y finalmente, vio la luz... diez estatuas sobre pedestales en una sala circular, todas eran iguales, todas con brazaletes iguales, y un agua putrefacta cubriendo el suelo, llena de cadáveres, sumidos en el sueño eterno, hasta que alguien ose interrumpirlos...

Harry se llevó las manos a la cabeza. Le dolía a muerte. Ron, Lara y Hermione estaban allí, junto a él. Debió haber gritado en algún momento para que todos acudiesen con tanta prisa.

—¿Estás bien Harry? —. Le preguntó Hermione.

Harry miró el brazo izquierdo de la chica. Tenía carne humana, pero todavía le quedaban indicios de la piedra pegada a ella. Alzó la vista.

—Ya... ya sé... —. Empezó a balbucear. Se aclaró la garganta y se irguió. —El próximo Horcrux está en Hogwarts. En la Cámara de los Secretos. Si no abren... tenemos que entrar a la fuerza.

Los demás se miraron, mientras Hermione articulaba levemente dos dedos de piedra, con la esperanza de terminar de darles movilidad.