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Harry Potter y el Último Horcrux — capítulo 21
Harry sabía que no contaba con mucho tiempo, y si por alguna razón contaba con él, no tenía intenciones de malgastarlo. Si se entretenía, Lara iba a morir. Su meta, era encontrar el libro del Príncipe Mestizo. Pero había un inconveniente que no podía pasar por alto bajo ningún concepto: tenía que preparar el antídoto. Y eso no iba a ser nada fácil. Tendría que robarle a Slughorn de alguna forma. Subía en veloz carrera hacia el séptimo piso, en busca de la Habitación del Requisito. Tenía que llegar antes de que a alguien se le ocurriera interceptarlo. Y eso, fue precisamente lo que sucedió. Luna Lovegood apareció de la nada, desafiante a todas las leyes físicas y probabilidades (excepto quizás a la ley de Murphy: si algo puede salir mal, saldrá mal), acompañada de otra niña de cabello rizado color caoba.
—¡Harry! —exclamó Luna en su tono favorito para decir que las musarañas volvieron a anidar en sus calcetines.
—¡No tengo tiempo, Luna! —intentó pasarles de lado, pero las niñas ocupaban todo el pasillo. Cosa que creía imposible hasta ese momento.
—Sólo será un momento —suspiró ella.
Harry desistió de empujarlas. No sería cortés. Solo si gritaba que detrás había un Snorlack de Cuerno Arrugado, quizás… pero sólo se voltearía Luna. La otra niña vería el engaño.
—De verdad no tengo tiempo para charlar... —explicó con prisa—. Tengo que resolver un asunto y...
—Ella es Migdalia Crossword —dijo Luna con un parpadeo curioso e hizo un gesto hacia la chica que la acompañaba—. Quería conocerte, así que la llevaba a la Torre de Gryffindor, o a la biblioteca, o a cualquier lugar donde pudieses estar, ¿sabías que Hogwarts es inmenso…?
—Hola, Harry —dijo Migdalia con una sonrisa, obviando la perorata ensoñadora de Luna acerca de cuantos nargles caben en un pasillo secreto de la escuela—. Luna me ha hablado tan bien de ti que… lo siento, ¡no pude resistirme a conocerte! Claro, también me habló de tus amigos… escucha, si tienes problemas en alguna tarea, sólo dime. Me sé de memoria los libros de séptimo curso —anunció con orgullo.
Harry pensó en responderle que ya tenía una Hermionepedia portátil, pero se lo pensó mejor y decidió salirse por la tangente educada:
—Sí, gracias, ya te avisaré, pero ahora debo irme, ¡adiós, Luna! Adiós… er… "Minalia"…
Luna murmuró un ensoñador "tienes un nido de nargles en el pelo" y Harry lo tomó como la despedida perfecta. Agitó una mano y retomó su carrera hacia el séptimo piso, al cual llegó tan rápido que temió haberse Aparecido. Fue sin aliento hacia la pared limpia después del cuadro de los Trolls danzantes. Tomó aire y caminó despacio frente a ese tramo de pared con los ojos cerrados.
Necesito el lugar donde escondí el libro del Príncipe Mestizo... por favor, necesito el lugar donde escondí el libro del Príncipe Mestizo; casi rezaba en su mente.
Se detuvo ansioso después de su tercera vuelta y la pared seguía tan sólida como siempre.
—¡No me hagas esto! —le suplicó a la pared—. ¡Lo necesito de nuevo!
Se agarró la cabeza con las manos y ralentizó las veces que pasaba por el mismo lugar. Comenzó a pensar con todas sus fuerzas nuevamente: ¡muéstrame el lugar donde escondí el Libro del Príncipe Mestizo!
Se detuvo al escuchar un chasquido. Se dio vuelta con el corazón en la boca. Al fin. Una puerta aparecida de la nada. Se precipitó adentro y cerró de un portazo, sin sospechar de alguien que se había acercado corriendo desde el final del pasillo, como si temiera que la puerta se desapareciera. A Harry le entró una alegría desbordante reconocer el lugar: una amplia habitación del tamaño de una catedral, con ventanas abiertas que dejaban entrar la luz, posada sutilmente sobre montañas de viejas y antiguas posesiones. Sin perder tiempo echó a correr por entre las cosas. Dos Frisbees rotos zumbaron vagamente hacia él con la intención de mordisquearle las orejas, pero él los espantó con ademanes exasperados mientras pasaba por encima de varias montañas de pergamino viejo y garabateado con lo que parecían ser exámenes de una época bien remota.
—¡Sí! —jadeó él con entusiasmo cuando pasó un Troll relleno. Torció a la derecha—. ¡Sí, lo recuerdo! ¡Es por aquí!
Se detuvo.
A varios metros de él se hallaba una alacena corroída por algún ácido. Estaba coronada por el busto resquebrajado de un brujo feo y viejo, con una polvorienta peluca, y tocado con una tiara descolorida. El corazón de Harry latía con una rapidez alarmante. Casi se le escapaba del pecho. En un impulso corrió hacia el mueble. No le importó cuando su desesperación hizo que el busto se tambaleara, cayera sobre la alacena, y la peluca con la tiara le cayera en la cabeza. Apartó de un manotazo la jaula con el cadáver de cinco piernas y sacó un libro muy viejo y maltratado, que proclamaba con letras cuarteadas: "Fabricación de Pociones Avanzadas". Enseguida miró la letra pequeña que había en la parte baja posterior del libro: "Este libro es propiedad del Príncipe Mestizo".
—¡Hey! ¿Quién eres…? ¡Date la vuelta y no intentes nada!
Harry se quedó encorvado. Su cabeza oculta dentro de la penumbra de la alacena, con el libro contra el pecho. El sol iluminaba sutilmente los mechones de la peluca polvorienta que le había caído en la cabeza, y que en cierta forma, ocultaba su identidad.
—¡Dije que te dieras vuelta!
Ni soñara que iba a hacerlo. Se volteó con la varita en alto y un haz de luz roja impactó al Auror que lo cuestionaba. Éste cayó inerte contra un librero. Harry no se detuvo a preocuparse. Se quitó la peluca de la cabeza y sin soltar el libro, corrió por entre el laberinto de baratijas y objetos olvidados. Que el hombre se las arreglase como pudiese. Salió de la Habitación del Requisito y sin dudarlo siguió su loca carrera, pero esta vez hacia las mazmorras de Pociones. No obstante, no podía invadir ningún aula sin antes saber si el libro contenía lo que buscaba. Se detuvo medio escondido por unos tapices, y abrió el libro en la página de los venenos y sus antídotos. Empezó a leer; sus ojos pasaban vorazmente por las páginas, por encima de los apuntes que llenaban cada esquina del libro, por cada doblez, cada mancha... necesitaba tiempo, y eso era justamente de lo que carecía.
—Tiene que estar por aquí... Tiene que estar... ¡Tiene que estar por aquí maldita sea! —masculló desesperado.
Sus ojos se detuvieron en una página algo manchada, como si algún líquido se hubiese volteado sobre ella en el pasado, en una noche tranquila de desvelo y febril estudio.
"---------- CAPITULO IV; VENENOS METAMORFICOS----------
VENENO VIRFERA
**Aplicación:**usado para descubrir a los magos que tenían la virtud de transformarse en animales a voluntad (Animagos). Antiguamente se usaba como medio de ejecución de los que no se consideraban dignos de estar en determinado recinto mágico, o acusados de pertenecer a sociedades secretas y maléficas que atentaban contra el bien de la Comunidad Mágica.
**Acción:**obliga a estar bajo forma humana durante un lapso de tiempo indeterminado al individuo, y si está bajo forma animal, transformarlo a la fuerza en humano.
**Síntomas:**ojos vidriosos, fiebre alta, convulsiones, estado de shock general, parálisis abdominal y de las extremidades motoras, no reacciona ante los estímulos, dolor periódico en el pecho y región lumbar, respiración asfixiada, síntomas leves de transformación animaga.
**Observaciones:**provoca la muerte en el individuo si no se aplica el antídoto en 5 horas. No admite bezoar, acelera la muerte. Después de aplicado el antídoto el individuo debe estar en reposo absoluto durante 72 horas."
Harry no daba crédito a sus ojos. Había encontrado el veneno con que habían envenenado a Lara. Pero... por la descripción del veneno... alguien más en Hogwarts sabía o al menos sospechaba, de que su gata no era lo que aparentaba ser. Y lo peor: no le había agradado saber que en Hogwarts había un animago no registrado, y que ayudaba nada menos que a Harry Potter, a él. Y ahora tenía menos de cinco horas para salvarle la vida a Lara.
Marcó el libro y se lanzó escaleras abajo hacia las mazmorras. Un veneno tan complicado necesitaba un antídoto complicado. No admitía bezoar... era algo serio. Quizás quien se lo dio a Lara sabía eso... y prácticamente toda la escuela sabía que el bezoar salvaba de "casi" todos los venenos. Bueno, ahí estaba la excepción. No funcionaba con el veneno Virfera. ¿Quién sería el culpable? ¿Los Aurores? ¿El Ministerio de Magia por un motivo desconocido? ¿Voldemort tenía espías en Hogwarts? ¿Quién sospechaba que era un animago no-registrado?
Eran tantas preguntas que le surgían una tras otra en la cabeza que no sabía ni por donde torcer, por donde bajar, por donde orientarse... simplemente sus pies iban solos hacia las mazmorras de Pociones, mientras sus manos aferraban con fuerza el libro del Príncipe Mestizo contra su pecho. Al llegar al vestíbulo ya estaba completamente desfallecido y fatigado. No podía más. Trastrabilló y cayó a gatas. Le dolía el pecho y los costados. Las piernas le palpitaban horrorosamente, como protestando de forma silenciosa y pidiendo un merecido descanso.
—¡Oh, Harry!
Luna (debía ser pariente de Murphy; si algo parece que va bien, es obvio que se ha pasado algo por alto) se agachó a su lado y le palmeó un poco la espalda.
—Agua... —jadeó él.
Luna sacó un pedazo de pergamino del bolso e hizo un vaso rústico.
—Aguamenti —el recipiente enseguida se llenó de líquido—. Bebe, Harry.
Lo aceptó con desespero. El agua chorreó por su mentón, corrió por el cuello, y mojó el cuello de su uniforme.
—Luna... no le digas a nadie... —la hizo prometer—. No le digas a nadie que me viste aquí... ni siquiera a Migdalia...
—Está bien, no diré nada —dijo ella con un parpadeo curioso—. Todos tenemos nuestros secretos, si lo digo, ya no será secreto, ¿cierto?
—Sí, en efecto… es así —Harry se levantó con ayuda de la muchacha y le regaló una sonrisa a pesar de sus circunstancias personales—. Eres buena amiga, Luna.
—Tú también —retribuyó.
Harry hizo un gesto de despedida y se precipitó hacia las mazmorras de Pociones. Fue directo al aula.
—¡Alohomora! —susurró al golpear con su varita la puerta y ésta se abrió limpiamente. Entró sin cuidado y casi la tiró al cerrarla—. ¡Colloportus!
Dejó el libro abierto en el pupitre más cercano al armario de ingredientes y lo revolvió, llenándose los brazos con lo indicado en el libro del Príncipe Mestizo. Se cercioró de tenerlo todo y buscó uno de los calderos que estaban apilados en una esquina de la clase. Enseguida lo puso al fuego y comenzó a preparar el antídoto, siguiendo, paso por paso, las instrucciones del Príncipe. La cocción duraba dos horas... más una que había perdido... ya eran tres. Esperaba que nada lo detuviera. Pero al parecer, Murphy estaba empecinado en fastidiarle el día con sus leyes (los problemas nacen, crecen, se multiplican y permanecen.) El sonido de una manigueta accionada hizo que su corazón olvidase un latido. Se incorporó con lentitud para posicionarse frente a la puerta, dispuesto a defender su caldero de antídoto.
—Qué raro, la dejé abierta —dijo la voz de Slughorn del otro lado—. ¿Estará atascada?
—Y de verdad necesito esa poción para el dolor de cabeza, Horace —respondió la voz de Appotus—. La maldita alergia se me ha ido de las manos…
—Pensé que tomabas los antialérgicos que te preparé.
—Lo hago, pero a veces los pelos de animales son directamente proporcionales a la acción de las pociones. O algo así.
A Harry se le erizaron los pelos de la nuca. Si entraban y lo atrapaban... sería el fin de Lara... y el suyo propio.
—¡Wingardium Leviosa!—pensó con fuerza a la vez que movía su varita contra una hilera completa de pupitres.
Enseguida todos los muebles bloquearon la puerta en un inusual silencio.
—¡Alohomora! —escuchó decir a Slughorn.
La puerta dio un "clic", pero cuando la fueron a empujar, no se abrió.
—Umm, parece que realmente está atascada—dijo Slughorn, preocupado.
—Ah, descuida. Yo me encargo.
Harry apuntó con su varita y no evitó pensar que, después de todo, Murphy era un genio: si se intuye que existen cuatro posibilidades de que una gestión vaya mal y se evitan, al momento aparecerá espontáneamente una quinta posibilidad que lo joda todo.
—¡Espera, Abacus! No creo que tengas intenciones de volar todo en pedazos, ¿o sí? —preguntó Slughorn con temor creciente en la voz.
—Olvida la poción para el dolor de cabeza —suspiró Appotus—. Tu aula no puede quedarse así… Ahora apártate, Horace.
Harry lo escuchó blasfemar parte de un hechizo.
—¡Espera, Abacus! Acabo de recordar que tengo poción para el dolor de cabeza en mi despacho. Después me ocupo de desatascar la puerta.
Harry no supo si bailar, cantar o lanzar fuegos artificiales, o todo a la vez.
—Oh… entonces, vamos a tu despacho —aceptó Appotus y estornudó.
Harry se acercó a la puerta. No fue hasta que escuchó apagarse los pasos de los dos profesores que desbloqueó la puerta. Necesitaba la capa invisible. Miró el antídoto borboteando. De todas formas debía pasar una hora. Escondió el libro del Príncipe Mestizo debajo de un pupitre y salió del aula mirando a ambos lados con cautela. Corrió no, voló hacia la torre de Gryffindor y casi le susurra la contraseña a la Dama Gorda, que arqueó una ceja viendo lo agitado y sudoroso que estaba. No se detuvo a hablar ni a saludar a nadie. Subió a su habitación y entró como una exaltación. Pero cuando se dio vuelta el corazón casi se le escapa por la boca cuando Hermione se levantó de un salto de su cama.
—¿Dónde estabas, Harry? —le preguntó. Tenía los ojos rojos—. ¡Lara cada vez está peor!
—No le den ningún bezoar —advirtió y abrió su baúl para comenzar a registrar en él.
—¿Por qué?
—Encontré el libro del Príncipe Mestizo... —dijo Harry sin dejar de revolver la ropa. Hermione puso mala cara, así que se apresuró en agregar—: ¡allí está la salvación de Lara! ¡Allí está el veneno! Ahora preparo el antídoto... Hermione, alguien sospecha de que "Vesper" no es lo que aparenta... ¡Sino una animaga no registrada!
—¡No! —dijo ella con debilidad—. ¿Quién le habrá hecho algo tan horrible?
—Eso es lo que me gustaría saber —masculló Harry. Encontró su capa invisible y sintió parte de la batalla ganada—. Hermione, por favor, organízame de regreso el baúl... voy a terminar el antídoto...
—Voy contigo.
—No, mejor voy solo. El libro está siendo de mucha ayuda. Me duele admitirlo... pero el Príncipe Mestizo, ahora, es un amigo, si le salva la vida a Lara.
—No lo digo por el libro... —dijo Hermione con premura, aunque con cierto tono de reproche por ser reemplazada—. Lo digo porque necesitas a... a alguien que vigile y detenga a todo el que quiera acercarse a donde tienes el antídoto.
Harry lo pensó unos segundos para aprobar la idea con un asentimiento. Con la mala suerte del día, necesitaba a alguien que le cuidase las espaldas. Salieron de la sala común y apresuraron los pies camino a las mazmorras.
—Luna me presentó a una chica hoy… —Harry miró alrededor con disimulo para constatar que estaban solos. O al menos, lo más solos posible en un pasillo con tránsito de otros estudiantes—. Creo que es uno de los Aurores disfrazados —Hermione arqueó una ceja a modo de interrogatorio silencioso—. Tenía demasiado interés en conocerme y… oh, santo Merlín, allí está…
Ambos se detuvieron o casi topaban de bruces contra Migdalia Crossword. La muchacha les regaló una sonrisa de dientecitos blancos. Era aterrador.
—Oh, Harry, te buscaba, ¿podrías ayudarme en Pociones? —disparó sin pensarlo siquiera—. Sé que no nos conocemos muy bien, pero quizás podemos ser amigos y... ¿Qué tienes ahí?
Harry no supo qué contestar. Eran demasiadas preguntas y sugerencias para él en dos segundos.
—Es que Harry tiene prisa. Va a ver a su novia, Ginny Weasley —se adelantó Hermione en tono solemne—. Lo ayudaba a preparar una sorpresa para ella. Es eso que tiene ahí. Y desgraciadamente no puede ayudarte. Pero... ¿Quién eres?
—Ella es Migdalia Crossword. Migdalia, ella es Hermione Granger. Una muy buena amiga —presentó Harry—. Pero pensé que no necesitarías ayuda, Migdalia. Si dices que te sabes todos los libros de séptimo de memoria…
Hermione dio un respingo y la otra muchacha esbozó una sonrisa modosa.
—Oh… sí… que me los sepa no significa que sea buena en algo…
Hermione pareció sobreponerse al encuentro con una humanipedia rival y lució encantadora cuando dijo:
—Harry quizás tenga otras cosas que hacer, pero yo no, así que te puedo ayudar, ¿vamos a la biblioteca?
Migdalia asintió de mala gana y siguió a Hermione hacia el recinto sagrado de los sabelotodo insufribles. Harry no lo lamentó, y en la primera aula entreabierta que encontró se puso la capa encima. Al pasar por el vestíbulo miró en un descuido un enorme reloj antiguo. La poción estaba casi al cumplir el plazo de la hora de borboteo. Y eso significaba agregarle más ingredientes. Siguió las restantes indicaciones del libro del Príncipe y cuando del caldero emergió una bocanada de un vapor morado intenso, se relajó. El antídoto ya estaba terminado.
Harry se levantó de un salto, tomó un frasco vacío del armario de los ingredientes y lo llenó hasta el tope. Lo tapó con un corcho y se aseguró de limpiar el caldero y ponerlo en su lugar. Recogió todo lo mejor que pudo, aferró el libro del Príncipe Mestizo con una mano, se echó la capa encima y salió del aula de Pociones. Caminaba con rapidez a pesar de que estaba muy cansado; ya comenzaba a anochecer. Llegó a la cabaña restaurada de Hagrid, que tenía todas las cortinas corridas y podía vislumbrarse una débil luz titilante en su interior. Tocó a la puerta un par de veces. Se escuchó un traqueteo, luego silencio.
—¿Quién es? —preguntó la voz del gigante.
—Es Harry, ¡traigo el antídoto!
La puerta se abrió y la colosal figura de Hagrid le bloqueó el paso. Parecía pensar que era una broma porque allí, en apariencias, no había nadie.
—Estoy invisible —susurró Harry—. Déjame entrar.
Hagrid se apartó y Harry se quitó la capa invisible. Se acercó a zancadas a la cama donde estaba Lara, con orejas gatunas, las manos crispadas y los ojos vidriosos y respiración asfixiada. Ginny, Ron y Hermione se apartaron la verlo con la botella de líquido lila.
—Ayúdame, Ron, incorpórala.
Ron sentó a Lara con cuidado, y Harry apoyó el borde de la botellita en los labios de la muchacha. Le echó un chorro de antídoto y la chica empezó a toser con lo que Harry le tapó la boca para que no botara nada. Cuando pareció tragar, las manos se le relajaron y sus ojos quedaron más vivos. Harry vertió en su boca lo que faltaba de antídoto y ella quedó unos segundos paralizada. Luego, cerró los ojos con suavidad mientras las orejas de gato quedaban mustias.
De repente emitió un bufido ronco y alzó las orejas. Harry y Ron la soltaron a un tiempo cuando la chica ya despierta, los intentó despedazarlos con sus uñas. Sus ojos no eran normales; tenían la pupila rasgada y mostraba los dientes como una gata furiosa. En medio del caos, Hagrid saltó sobre ella y la aplastó contra la cama. Lara siseó, rebufó y se revolvió con fiereza, hasta que emitió un débil ronroneo y las pupilas se le dilataron. Las orejas gatunas desaparecieron, dejó de ofrecer resistencia a la fuerza de Hagrid y a los instantes siguientes se desmadejaba en la cama sin síntoma alguno de transformación. Nadie se movió, por miedo a perturbar a la muchacha. Pero como después de algunos minutos ella no mostró cambios, pudieron acercarse. Ginny se inclinó a observarla con preocupación.
—¿Está bien? —susurró a Hagrid—. ¿No la habrás golpeado…?
—¡No! —se ofendió el gigante—. Imposible, sólo sostuve sus brazos y… respira, no se queja, es lo más importante.
—Si está inconsciente, no se puede quejar —apuntó Ron con una mueca. Hermione le dio un codazo—. ¡Ya, bien, bien, ella parece haber sobrevivido!
—Lara debe estar tres días en reposo absoluto —explicó Harry en voz baja—. Necesita un lugar seguro para esconderse… Hagrid... si se pudiera quedar aquí...
—No hay problema —aceptó Hagrid incondicional.
—¡Está despertando! —exclamó Ginny al agacharse junto a la doliente.
Todos se acercaron cuando Lara entreabrió los ojos.
—¿Quién fue, Lara? —le preguntó Harry, agitado—. Dinos quien fue…
Lara entreabrió la boca. Pero el intento de articular palabras quedó transformado en una mueca de dolor y se agarró el estómago.
—No la atormentes, Harry —lo reprendió Hermione—. No está bien...
—A-A-Abacus... Appotus.
Todos miraron a Lara, estupefactos.
—¿Q-Qué? —murmuró Harry.
—¿Dijo Appotus? —dijo Ron, anonadado.
Pero cuando regresaron la atención a Lara, ella parecía dormir profundamente.
N/A: ¡Saqué un respiro! Así que les traigo el próximo capítulo, a pesar de que nunca me dicen nada, sniff, sniff. Voy a intentar tener el siguiente para el próximo lunes! Espero...