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Harry Potter y el Último Horcrux — capítulo 24
En la oscura casucha de Spinner's End, detrás de uno de los libreros que forraba la pared, un hombrecillo vestido con una túnica gris sucio registraba de forma desesperada entre varios libros, frascos de pociones, cofres sellados y algunos abiertos, sin sospechar de que el librero-puerta se había abierto y alguien lo observaba en silencio.
—¿Te ayudo, Colagusano?
El hombrecillo emitió un chillido y se volteó.
—¡Ah! Se-Severus —dijo con voz melosa—. No sabía que estabas ahí.
Contempló asustado al hombre. Sus ojos oscuros destellaban de forma desagradable. Hacían pensar en túneles oscuros.
—¿Te ayudo? —repitió Severus Snape en casi un siseo—. Quiero pensar que buscas lo que te pedí… aunque mi estudio dista mucho del almacén de sustancias. Una puerta de más, si mal no recuerdo la distribución de mi casa. ¿O acaso… curioseabas lo ajeno…?
Colagusano retrocedió cuando Snape avanzó hacia él. Sin darle tiempo a reaccionar, lo aferró por un brazo y le pinchó el pecho con la varita. Lucía calmo, pero sus ojos gritaban lo contrario.
—¿Crees que soy estúpido? —le gruñó. Colagusano gimoteó cuando el agarre pasó de la simple advertencia al castigo físico—. Registrando mis cosas en la menor oportunidad. Mi habitación. Salidas silenciosas y escurridizas propias de una rata de alcantarilla... ¿Qué quieres, Colagusano? ¿Tanto te interesa mi vida íntima, todos mis pasos? ¿O acaso... piensas traicionar al Señor Oscuro?
—Ni... ni en sueños... Severus... sabes que yo... que yo...
—¿Dónde está la piedra? —preguntó Snape sin dejarlo ir.
—¡No sé de qué hablas! —exclamó Colagusano.
Snape cambió de táctica. Apoyó la varita en el cuello del hombre y presionó, lenta y deliberadamente. Colagusano dejó de jerimiquear o moverse, conocedor del efecto de apnea que podría provocarle si le hundía la Nuez de Adán. En dependencia de la fuerza, podría pasar diez segundos sin respirar, o diez minutos. Snape parecía dispuesto a probar las dos teorías.
—No te hagas el idiota. La piedra. La piedra verde que guardaba en mi habitación, dentro de un cofre sellado —musitó Snape—. Desapareció meses atrás… y ahora, algunos de mis apuntes. Cosas que no están donde deben… Todas las pistas conducen a ti. Eres el único que deambula por mi casa como alma en pena.
—¡Te digo que no sé nada! —pudo gritar—. ¡No… no sé nada…!
Los ojos negros lo taladraron en un descuido. Colagusano sintió cómo si explorasen cada centímetro de su pasado, de sus acciones, decisiones e incluso cosas íntimas que nadie más debía ver. Snape abandonó su mente de improvisto, como un gran cuervo que aletea lejos con un botín brillante en el pico.
—S-Severus… —gimió—, por favor…
El brujo lo soltó con lentitud. Tenía el rostro desencajado.
—Desaparece de mi vista, podrida sabandija —ordenó.
—Severus... por favor… no lo hagas... —suplicó Colagusano con voz débil—. No… no pienses...
—¡FUERA DE AQUÍ!
Colagusano balbuceó algo y salió corriendo, tropezando con todo lo que estaba en su camino. La casa de Severus Snape ya no era segura. Allí tampoco habían pistas del próximo Horcrux.
ºººººººº*
La vida en la última casa del Valle de Godric Mágico se normalizó casi a los pocos días. Aunque Lara cojeaba levemente, debido a sus carnes desgarradas, ayudó a Hermione a preparar una poción para darle vitalidad a Ron y que terminara de expulsar el agua que tenía dentro. Después, con ayuda de un ungüento mágico que Hermione consiguió en San Mungo (y si Ron se hubiese enterado de que el proveedor fue el curandero Brad Pitt II, su grito hubiese quebrado la vajilla de dios), la piel de Lara había quedado como nueva, y pudo librarse de todos aquellos horribles arañazos provocados por los Inferis. Pronto empezó a soplar un viento helado invernal, que hizo que el desarrollo fructífero del árbol de peras del patio se pasmara como si le hubiese caído un rayo. Se acercaba Noviembre a una velocidad pasmosa, porque a Octubre casi le habían nacido alas y se había ido volando.
Ginny se las ingeniaba para escribirle a Harry, utilizando las infalibles lechuzas del colegio y un útil hechizo de escritura invisible. Le contaba que las cosas se habían normalizado, pero que no habían quitado a los Aurores de Hogwarts y Appotus seguía a la cabeza de la casa Gryffindor.
"... A la Profesora McGonagall no parece hacerle mucha gracia los Aurores en Hogwarts, pero corren rumores de que Scrimgeour la amenazó con meterla en Azkaban si protestaba públicamente. Aunque es algo tan, tan, pero tan secreto, que ya todo el colegio lo sabe. Muchos dicen que es mejor así, que así estamos protegidos. No sé qué pensar, ha habido más muertes de padres del alumnado. Todos tienen miedo. Tienes que detenerlo cuanto antes, pero cuídate mucho.
Besos:
Ginny"
Harry siempre quemaba las cartas, aunque nada le hubiese dado más placer que guardarlas, pero sabía que si la casa era asaltada, algo que no descartaba, esas cartas pondrían en problemas a Ginny. Sin embargo, ahora que prácticamente tenía más tiempo del que hubiese querido libre, se puso a reflexionar que no había sido buena idea batirse contra Appotus y sus Aurores en Hogwarts. Con eso solo había logrado que el Ministerio creyera rotundamente, que él tenía Horcruxes.
No obstante, era algo absurdo: él, Harry Potter, que siempre luchó contra Voldemort, contra las Artes Oscuras... ¿De repente se pasó al bando oscuro porque sí? No evitó concluir que en el Ministerio la imbecilidad se los comía por una pierna.
El décimo día de Noviembre durante el desayuno, entró volando una lechuza oscura por la ventana. Aterrizó impecablemente encima de la mesa, extendiendo una pata con un paquetito negro hacia Lara.
—¿De quién es? —preguntó Ron con curiosidad.
La muchacha se encogió de hombros. Liberó a la lechuza de su carga y ésta se iba volando por la ventana. Luego, procedió a desprender un pedazo de pergamino del paquetito.
"UsA EStA"
Todos intercambiaron una mirada. Estaban enterados de la extraña forma en que Lupin se comunicaba con ella, pero lo cierto era que les daba curiosidad por saber qué era lo que debía usar. Lara realizó una leve floritura con la varita, y de inmediato, a partir del paquete, surgió una capa negra.
—Wow —murmuró Ron—. Es igual a la que tenías y los Inferis... bueno, eso.
—Supongo que Lupin pone esos mensajes extraños para que no sea detectado —dijo Hermione examinando el pedazo de pergamino, con las usuales letras del "Profeta" pegadas.
—Yo creo que está siendo misterioso —dijo Ron estirándose a sus anchas.
—Está donde los hombres-lobos —dijo Lara mientras doblaba la prenda—. Debe ser muy cuidadoso, porque corre peligro cada vez que me envía algo. Me gustaría que no se arriesgara tanto…
—Pero estando cerca de los hombres-lobos de Voldemort... puede enviar información buena a nuestro bando —dijo Hermione.
—Hermione, "nuestro bando", somos nosotros cuatro y Ginny —dijo Ron con una seriedad inusitada—. No creo que exista Orden del Fénix —agregó débilmente.
El silencio fue demasiado incómodo para romperlo. El tema no se volvió a tocar.
Harry había hecho varias salidas a Londres, al demacrado Callejón Diagon, al Callejón Knockturn y hasta por los alrededores de Hogsmeade, usando su capa invisible. No tenía ni la más mínima pista del sexto Horcrux y había intentado investigar solo, porque Colagusano no daba señales de vida. ¿Voldemort lo habría atrapado espiándole? ¿O simplemente no tenía información alguna sobre el sexto Horcrux? Ya Harry no sabía qué pensar. Noviembre pasó raudo, para dar paso a Diciembre, frío y nevado. La gente andaba descontenta, como si de repente hubiesen perdido los deseos de vivir.
Harry bebía té tibio, con una gruesa bufanda alrededor del cuello, mirando la nieve caer por la ventana de la casa del Valle de Godric. Se había resignado a no encontrar nada por sí solo. Por más que husmease, escamotease, y muchos otros "ase", era imposible encontrar algo. El secreto estaba mejor guardado de lo que pensó. Él mismo comenzaba a perder la esperanza. Se estiró bajo la manta con placidez gatuna y se puso en pie. Quizás un paseo por el callejón Knockturn, le sirviese para insuflarse ánimos.
º˜º˜º˜º˜º˜º˜º˜º˜º˜º˜º˜º˜º˜º
La vieja casona se alzaba imponente en medio del valle abandonado, en las afueras de Londres. Solo había un camino que conducía directamente hasta las rejas oxidadas, pero estaba lleno de zarzas y espinos, que imposibilitaban el tránsito decente. Su fachada era de ladrillo rojizo, salido de los hornos antiguos, y su techo casi estaba en ruinas.
En el piso superior, en una de las tantas habitaciones, una figura encogida, enfurruñada, revisaba pergaminos viejos. Buscaba algo con desesperación. Un trozo de vitela cayó al suelo cuando revolvía otros rollos de pergaminos más grandes. Miró por encima de su hombro. Solo estaba él. Se agachó a recoger el pergamino y no le llevó mucho tiempo leerlo.
—¿Se te perdió algo, Colagusano?
La voz le erizó los pelos de la coronilla.
—Contesta —exigió la voz a sus espaldas en un tono terrible.
Pero Colagusano estaba paralizado de terror. Estaba perdido.
—¿No me escuchaste? —siseó la voz—. Acércate, ven aquí… AHORA…
La mano blanca como una araña se apoyó en su hombro y lo hizo girar. Tal y como sucedió con Snape, se sintió sondeado hasta en las pozas más profundas de su conciencia.
—Traidor... —musitó Voldemort—. ¡Maldito traidor! ¡AVADA KEDAV...!
Pero antes de que Voldemort terminara el hechizo, Colagusano se transformó en una rata con una pata plateada. Chilló de terror y se apresuró en escapar por un agujero entre las maderas podridas.
—¡No podrás esconderte de mí!
Voldemort emitió silbidos bajos y desmayados, y una enorme y gruesa serpiente adornada de rombos se deslizó sumisa hacia su lado, alzando su cabeza chata y mirando a Voldemort con sus ojillos malignos.
—¡Mátalo!—silbó con rabia. —Y si escapa, házmelo saber.
La cola adornada de rombos, se perdió por el agujero por el que había escapado la rata.
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Una figura avanzaba pesadamente hacia Borgin & Burkes. Harry estaba seguro de que nadie lo había reconocido. Aunque nunca te podías fiar con sólo cubrirte la cabeza. Las capuchas disimulaban el rostro en la profundidad de sus sombras, no hacían milagros. Cuando estaba por entrar en Borgin & Burkes, alguien chocó contra él... o él chocó contra ese alguien.
—¡Mira por donde caminas, insecto! —gruñó una voz de mujer por debajo de la capucha gris.
A Harry el estómago le dio un retorcijón. Pero no de sorpresa, ni de miedo, ni de nostalgia. Era odio. Perdió el poco control que le quedaba.
—Mejor miras tú por donde vas —masculló con la voz quebrada de odio—. Porque esta vez no escaparás... ¡Y VAS A PAGAR MALDITA ASESINA!
*-Blandió la varita y los pies de Bellatrix Lestrange despegaron del suelo con fuerza. El horrible sonido del cristal quebrado llenó el Callejón Knockturn. Harry se descubrió el rostro y avanzó con la varita temblando de rabia hacia Bellatrix, quien parecía aturdida y con cortadas a causa de haberse estrellado contra la vidriera.
Otro haz de luz impactó a la mujer por el estómago y la lanzó contra el mostrador haciéndola pegar un grito de sorpresa y dolor.
—Tu libertad se acabó, Bellatrix —masculló Harry, enloquecido. Lo único que era capaz de pensar era en la venganza y que, como decía el dicho, se le servía en un plato frío.
—Vaya, vaya, qué sorpresa —murmuró Bellatrix con dificultad—. Pero si es el bebé Potter...
Un haz de luz la lanzó contra la pared haciéndola gritar nuevamente.
—¿Pensabas que iba a ser fácil, eh? —preguntó Harry con la voz temblándole de ira—. ¿Pensabas que iba a olvidar lo que hiciste?
—Mi primo no era más que un im...
—¡Termínalo! —rugió Harry apuntándole directo al corazón. Borgin estaba escondido detrás de su mostrador, rescatando furtivamente sus objetos de Artes Oscuras. —¡Vamos! ¿Qué esperas? ¿Sirius era qué?
Bellatrix estaba sin habla al ver a Harry completamente enloquecido. Varios frascos estallaron haciendo que Borgin gritara del susto. Harry blandió su varita pero Bellatrix desapareció antes de que el haz de luz la tocara y a cambio, sintió algo que le quemaba la espalda y lo lanzaba dolorosamente contra la pared.
—¡Tienes mucho que aprender todavía, Potter! —escupió Bellatrix con desprecio.
Harry rodó por el suelo para evitar una lluvia de hechizos. Se escondió detrás del mostrador (Borgin ya no estaba) y en cuanto los maleficios dejaron de rebotar por doquier, se alzó para enviar un potente rayo púrpura que chocó contra el escudo de Bellatrix.
—¡Todavía te escondes como un bebé! —se burló ella—. ¡Un bebé, un bebé! ¡Y aquí no está el señor Oscuro para decirme que no puedo jugar contigo, bebecito…!
Harry apuntó por un costado del mostrador, con tan buena (o mala) suerte, que Bellatrix estaba demasiado cerca. El primer hechizo le picó cerca. Ella contestó con otro que lo obligó a recoger la mano, o se la arrancaba de cuajo. Se arrinconó entre la pared y el mostrador y esperó, paciente. Bellatrix no tardó en asomarse. Curiosa. Muy curiosa.
Harry blandió la varita en un movimiento punzante y el hechizo impactó de lleno a la mujer. Por un instante se elevó grácil e iluminada, antes de dar un par de volteretas en el aire y aterrizar revuelta contra un gran armario negro quebrándole el espejo de la puerta. Harry se puso en pie con solo escuchar el estruendo. Mas cuando invocaba un hechizo (Sectumsempra) para terminar a la mujer, una figura surgió chillando de la nada con un fuerte "¡CRACK!" cayéndole encima, y el hechizo ciego de Harry impactó a Bellatrix en las piernas en un corte limpio-*. El grito de dolor de Bellatrix opacó los balbuceos de la figura, aferrada a la túnica de Harry. Segundos después, pudo escuchar a quien le privaba de matar a Bellatrix:
—¡Escúchame Harry, escúchame! —la mano derecha le brilló. Era Colagusano. Estaba totalmente aterrorizado—. ¡Afueras... Londres... don-donde reside el Señor Oscuro... Grand Saint Joskett, la vieja mansión de Lord Dergraas! ¿Escuchaste, Harry, escuchaste bien lo que te dije? ¡Grand Saint Joskett, la vieja mansión de Lord Dergraas!
—¿A-Allí está Voldemort? —preguntó Harry, aturdido.
—¡No tengo tiempo! —chirrió—. ¡El sexto Horcrux… escúchame… escúchame bien…!
Se lo dijo. Harry en medio de la conmoción, no pudo más que sorprenderse. Colagusano le puso un pedazo de pergamino en las manos.
—¡AVADA KEDAVRA!
Harry cerró los ojos al sentir el chorro de luz verde y el torrente de muerte que zumbaba hacia él. Abrió los párpados con lentitud. Colagusano aún se aferraba al cuello de la túnica. Las rodillas de Harry cedieron ante el peso muerto, y cayó de espaldas contra las cortinas negras, rasgándolas. Colagusano lo aplastó. A Harry le entró un puñal el dolor en la cicatriz. Voldemort estaba allí. No necesitaba su sentido de la vista para saberlo, y era el asesino de Colagusano. Y si no se movía, él era el próximo. Sin dudarlo un instante, desapareció con un ¡CRACK!
Ron y Hermione se apartaron el uno del otro en el sofá cuando Harry apareció en la casa del Valle de Godric, más blanco que la nieve recién caída.
—¿Harry? —dijo Hermione tentativamente—. ¿Qué te...?
—Quiero estar solo —murmuró Harry.
Sin esperar otra pregunta, subió al segundo piso, y se sentó en el borde de la cama. Abrió la mano derecha para ver el pergamino que le había dado Colagusano antes de morir.
Grand Saint Joskett, la vieja mansión de Lord Dergraas
Lo dejó a un lado. Tomó aire y pudo expresar todo su malestar en una sola palabra santificada:
—Santa mierda.
La destrucción del sexto Horcrux era mucho más profunda y complicada de lo que pensó.
-- N/A: La idea principal del encuentro entre Bellatrix y Harry fue de Agustí García Irazola, de Catalunya, España. Yo solo la desarrollé.