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Harry Potter y el Último Horcrux — capítulo 25
N/A: Ahora vienen dos capítulos tramposos. Más o menos. Resulta ser que, la primera vez que escribí la historia, se me olvidó poner el sexto Horcrux. Algunos lectores (demasiados) me lo recordaron cuando terminé de publicar la historia y... realmente tenía vagancia. Todavía la tengo, no es algo de lo que pueda deshacerme así como así, pero tomé conciencia, que es distinto. Así que nunca escribí capítulos referidos a ese punto. Hasta ahora. Me dije que no era justo que me comiese un Horcrux (y saben malísimos), así que, dos capítulos trampas: este y el próximo. Espero que lo disfruten, mis queridos patizambos o
Ron y Hermione escucharon a Harry envueltos en un mutis desasosegado. Estaban tan inexpresivos como la propia Lara, de la que nunca se podía saber si estaba sorprendida, calmada, conocedora, aburrida o incluso con hambre y contando con que, por suerte, se había vuelto menos rígida después de convivir en el Valle de Godric. Cuando Harry terminó su relato en el cual decidió no pasar nada por alto y, al cabo de diez minutos, sus amigos aún continuaban regalándole silencio. Ron fue el valiente de romperlo:
—¿Cómo vamos a destruirlo? Quiero decir… ¡no hay forma de separarlo…! Sabrá que destruimos los otros… ¿o no es capaz de sentirlo?
Harry zangoloteó la cabeza.
—Sintió los últimos y por supuesto que será difícil destruir el sexto. Pero debemos hacerlo. Solo así él podrá morir. Lo que debemos planear con mucho cuidado, es cómo llegar a él y…
—¡Es su maldita serpiente, por Merlín! —exclamó Ron—. Debe tenerla todo el tiempo guardada en un bolsillo, incluso cuando va al baño o se echa perfume, ¿cómo se supone que la matemos?
Otra vez, el silencio ostentó el dominio absoluto de la situación. Ni siquiera Hermione, generadora de ideas en una proporción de veinticuatro por segundo, podía decir algo. Para sorpresa de Harry, fue él quien aportó una solución, que no por ello dejase de ser más complicada que besar las púas de un erizo:
—Debemos entrar en la mansión. Infiltrarnos. Tendremos que hacer poción multijugos, conseguir… cabellos de mortífagos, o algo.
Todos intercambiaron miradas de perplejidad.
—Bueno… conseguir los ingredientes para la poción… puedo hacerlo en el Callejón Knockturn —dijo Hermione con un cabeceo—. El aporte mortífago… no tengo idea de cómo podremos hacerlo sin que nos embosquen o nos ataquen decenas de ellos… si tan solo Colagusano estuviese vivo… él… quizás nos hubiese conseguido algo… pero así… Harry, eso es suicidio.
—Además, ¿cómo matamos a la serpiente? —agregó Ron—. Es un ser vivo, asqueroso, se mueve por doquier, no es un objeto al que le puedas lanzar un hechizo con facilidad y no creo que se quede quieta si se lo pedimos. Tendrías que tomarla por sorpresa… a ella y a Voldemort. Pero una vez que la mates, él irá a por nosotros. Si logramos entrar a la mansión… creo que debemos estar preparados para luchar y…
Dejó la frase en el aire y nadie lo obligó a terminarla. Lara se removió en su silla y, fantasmal, se acercó a la luz.
—Quizás sepa cómo conseguir cabellos de mortífagos —dijo. Recibió miradas de expectación y se apresuró en continuar—: mi padre está entre los hombres-lobo de Voldemort. En algún momento debe tener contacto con los mortífagos. Él nos puede conseguir lo que buscamos, e incluso, más: el cómo matar a la serpiente Nagini, o decirnos sus movimientos y horarios dentro de la mansión, si es que los conoce, o tiene la facilidad de saberlo.
—Muy bien, ¿tienes la forma de contactarlo? —preguntó Harry, con la sensación de estar, como reza la expresión cliché: viendo una luz al final del túnel. Aunque fuese del tamaño de la punta de una aguja.
—No. Ni siquiera Tonks puede hacerlo.
La respuesta provocó en Harry que aquella luz diminuta de aguja, cayese en un pajar donde quizás tendría que buscarla. Otro cliché. Pero en ese instante, ni él ni yo, queridos lectores, deseamos detenernos para erradicar y/o señalar los clichés presentes en esta historia y, en consecuencia, lo mejor que podemos hacer es proseguir con el desarrollo de la situación que nos ocupa, la cual espero les resulte harto interesante. Retomemos la narración en el instante en que Lara responde, para desánimo de Harry, que no tiene forma de localizar a Lupin. Quien le procura una justa protesta es Ron Weasley. Los invito a leer qué dice y, con ello, retomar el hilo de la historia:
—¿Entonces por qué sugieres algo que no nos sirve de nada? —farfulló el pelirrojo.
—Espera… —lo detuvo Hermione, antes de que estallase una discusión. Aunque eso con Lara era difícil. Su táctica, muy efectiva, era dejar a los energúmenos con la palabra en la boca—. Debemos esperar al menos dos meses más, mientras se hace la poción. Lupin deberá escribirte en algún momento. Pienso que podrías atrapar la lechuza con que te envíe la nota y así podrás responderle.
—Creo que sé cómo lograr que me escriba o se encuentre conmigo —sentenció Lara y se envolvió en su abrigo negro—. Comiencen a preparar la poción. Yo me encargo del resto.
Como ocurre en los casos en que alguien se brinda voluntario para resolver un embrollo de cinco pares de cajones, nadie emitió opinión en contra. Era más fácil dejar la parte sucia en manos de Lara. Aunque desollar un par de sapos de tierra como parte de la preparación de la poción multijugos, tampoco era un trabajo muy limpio.
En los siguientes días, todos los habitantes de la casa restaurada al final del Valle de Godric correteaban de un lado a otro. Hermione, amante sin paralelo de la organización, fue la encargada de darle tareas a todos. Como sería muy sospechoso que una misma persona adquiriese en un mismo lugar, de golpe, todos los ingredientes de la multijugos, cada uno debía ir de compras, rotándose por tres tiendas distintas. Los ingredientes más peliagudos (piel de serpiente arbórea africana y polvo de cuerno de bicornio) se adquirieron casi bajo coacción. O Harry supuso que fue coacción cuando Lara llevó al boticario tenebroso casi a punta de varita hacia el almacén.
Así, Hermione montó un gran caldero en la cocina donde siguiendo las instrucciones de "Pociones más potentes", se dedicó a elaborar la multijugos. Esto trajo como consecuencia que a los quince días, la cocina dejase de llamarse cocina y quedase en solo: local donde se prepara esencia vomitiva. Así que todos tuvieron la necesidad de trasladar la zona de elaboración de alimentos comestibles al medio de la sala.
Y mientras la poción se preparaba, Lara se movía para realizar el trabajo más complicado. Para lograrlo, descifró lo que ya sospechaba: Lupin siempre acudía a ella o enviaba mensajes cuando se encontraba amenazada. Así que, por más tonto que sonase, se puso en peligro. Realizó una vigilancia selectiva en el Callejón Knockturn. Identificó a una cuadrilla de mortífagos que eventualmente patrullaban la zona. O fingían hacerlo, porque siempre terminaban, invariablemente, en una posada de nombre "Will-o'-the-wisp" emborrachándose hasta que gritaban que eran los putos amos. Nunca dijeron de qué y Lara no se preocupó en averiguarlo.
En un inicio, ella vio resuelto el problema de los cabellos de mortífagos. Incluso los consiguió. Un borracho nunca rechaza una copa gratis, ni siquiera de un extraño. Pero después de una breve investigación, supo que ni siquiera eran mortífagos que frecuentaban la mansión, sino del tipo: "si-no-puedes-contra-el-enemigo-únete-a-él", aunque no estén revestidos de legitimidad. Deducible. Voldemort no iba a enviar a sus mortífagos más cercanos a patrullar las calles de Knockturn, no si ya sabía que Harry estaba tras sus Horcruxes y tenía amplias posibilidades de saber que la serpiente Nagini era uno de ellos, deducción que no podía ser más acertada. Así que Lara se apegó a su plan original: exponerse. Buscar el peligro. O más del populacho: meter la pata concienzudamente para llamar la atención. Después de armar un buen jaleo en "Will-o'-the-wisp", obtuvo el resultado que esperaba: una citación de Lupin compuesta, como era usual, por letras recortadas del Profeta.
Ocurrió en un almacén del Callejón Diagon, saqueado durante las primeras incursiones mortífagas y, en consecuencia, olvidado por sus dueños. Si te asaltan una vez, ¿por qué no iban a hacerlo de nuevo? Cuando ella llegó, ya el hombre la aguardaba en las sombras. Era un bulto de telas oscuras, bien cubierto de pies a cabeza, sentado sobre un barril. Lara podía escuchar su respiración trabajosa. Supuso que estaría herido.
—¿Padre? —lo llamó. El bulto se agitó con levedad—. Sé que planeas reprenderme por arriesgarme, porque sé moverme en la oscuridad. Pero no tenía otra forma de llamar tu atención. No me arriesgué a enviar lechuzas… ¿padre? —llamó de nuevo. Su interlocutor permanecía en silencio. No podía verlo bien. Con cautela, echó mano a su varita—. ¡Lu…!
—No —la detuvo la voz ronca—. No lo hagas. No es bueno dar indicios de que este almacén no está tan abandonado como todos piensan. Sé que no te he dado oportunidad para contactarme, es peligroso y agradezco que lo comprendas… pero esto que hiciste ya corre en los círculos más cercanos al Innombrable —hizo una pausa reflexiva—. Dime qué quieres decirme con tanta urgencia.
—Sabemos qué es el sexto Horcrux.
La figura se agitó.
—¿Lo saben? —repitió en un susurro desmayado—. Pensé que me escucharías, que ibas a alejarte de todo…
—¿Por eso no me habías enviado pistas?
—No. El sexto Horcrux es el secreto mejor guardado del Innombrable. Mi última opción era leer sus diarios, pero todo indica que ya alguien se me adelantó. El Innombrable atrapó a Colagusano leyéndolos. Lo asesinó en Borgin&Burkes y después quemó esos documentos sin más. Pensaba pasarle la información a Potter, pero al parecer, Colagusano le respondía al muchacho después de todo. Y me hubiese gustado que te mantuvieses al margen…
—Ya lo hemos discutido. Es lugar común, padre. Acompañaré a Harry hasta el final. Te contacté para pedirte cabellos de cuatro mortífagos cercanos a Voldemort. Dos hombres, dos mujeres.
La figura sufrió un estremecimiento.
—No. No lo haré. No ayudaré a que los maten a todos —dijo con voz firme.
—Es nuestra única oportunidad de entrar en la mansión y matar a Nagini.
—¿La serpiente es el sexto Horcrux? —dijo el hombre, más como pregunta retórica que como diálogo abierto—. Deducible. Nunca se separa de ella. Por eso es demasiado peligroso… no, ¡no! Es demasiado…
—Si tú no nos ayudas, estamos por nuestra cuenta y encontraremos la forma de entrar. En dependencia de esta, serán las posibilidades que tengamos para sobrevivir más o menos tiempo. Adiós, padre.
Lara giró sobre sus talones y avanzó hacia la salida del almacén. Una mano salida de la nada la aferró por un hombro para detenerla. Estaba fría. Temblaba.
—Muy bien —musitó la voz ronca—. Los ayudaré. Conseguiré cuatro muestras de cabellos de cuatro mortífagos cercanos al Innombrable. Les diré el momento justo cuando ellos no estén a su alrededor para que ustedes puedan entrar…
—La poción multijugos aún no está lista —dijo Lara. Se volteó y la mano le soltó el hombro. Su interlocutor retrocedió de regreso a la oscuridad, encorvado y tembloroso. Tuvo deseos de descubrir el rostro de su padre, ver de cerca las heridas que lo atormentaban y que no le permitía ver, pero respetó la privacidad del hombre—. Falta poco más de un mes para que termine de cocerse. Estoy segura de que podrás tener todo para ese entonces.
—Lo tendré —aseguró él—. Mientras, guarda la compostura. Obliga a Potter y sus amigos a permanecer ocultos… no se arriesguen de forma innecesaria.
Lara adelantó un paso para acercarse a su padre, mas él no se lo permitió. El "crack" del hombre al desaparecer fue lo único que la despidió.
Harry se sentía incómodo. No estaba feliz con los cabellos proporcionados por Lupin. Mortífagos cercanos a Voldemort eran, cierto, pero no en los que le hubiese gustado convertirse. Lara era Bellatrix Lestrange, con su mirada de párpados caídos y belleza oscura. Ron y Hermione tomaban los papeles de Lucius Malfoy y su esposa, Narcisa. Él, sin embargo, estaba en la piel más incómoda de todas. Era Severus Snape. Y de alguna forma realmente increíble, tenía su varita. No quería saber cómo Lupin pudo robársela, ni la forma en que actuó para que el brujo no se percatase.
—¿Entramos? —preguntó Hermione detrás de él, que por supuesto, no era Hermione, sino una muy convincente Narcisa Malfoy.
Harry se obligó a mirar a la reja que daba paso a la vieja mansión. Alzó la varita de Snape y la apoyó en los balaustres. Sintió una sacudida tan desagradable que temió perder su disfraz en el acto, pero para su sorpresa, no ocurrió. Las puertas se abrieron para ellos y, en silencio, los cuatro mortífagos falsos fueron al encuentro de la muerte.