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Harry Potter y el Último Horcrux — capítulo 26

N/A: Segundo capítulo tramposo. ¡Espero que lo disfruten! Hum... ¿reviews? ¿Hola...? ¿Hay alguien...? Sniff.

En su exterior, la mansión estaba tan demacrada como un arbusto con plaga. En su interior, los conceptos lujo y mal gusto para la decoración, perdían su significado hasta ser insignificantes. Harry se encontró atravesando, a paso de Snape, un hall de losas tan pulidas que bien podría usarlas de espejos y tan ricamente amueblado como lo estaría un museo mal organizado por un historiador incapaz de diferenciar el Rococó del Art Déco. Aunque Harry no era experto en ninguno de los dos y tampoco sabía la historia de ambos movimientos, se sentía capaz de organizar mejor el hall y las habitaciones sucesivas.

También le sorprendía que los mortífagos pululantes por el área (guardianes, citados, residentes y/o visitantes ocasionales) no hubiesen desvalijado la vivienda y vendido su contenido a algún coleccionista serio. Salvo que todo ya hubiese sido desvalijado y robado de las bóvedas de algunos coleccionistas serios, lo cual podría explicar perfectamente el mal gusto a la hora de amueblar la mansión.

No dejó de percatarse de la forma con que lo miraban algunos mortífagos. Se alarmó un poco más al notar que no era al único al que dedicaban ojeadas de extrañeza. Ron, Hermione y Lara, o mejor dicho bajo las circunstancias actuales: Lucius, Narcisa y Bellatrix, también causaban asombro. Eso lo puso nervioso. ¿Lupin se habría equivocado en decirles el momento en que podían entrar en la mansión? Hizo una seña disimulada y Lara se adelantó. Ron y Hermione parecían unidos con pegamento por las manos.

—¿Estás segura de que este era el día en que Lupin dijo que era seguro venir? —susurró con la odiosa voz de Snape.

—Muy segura —respondió Bellatrix. Harry debía recordarse a cada tanto que era Lara, o ya la hubiese matado por equivocación—. Puedes leer el mensaje tú mismo.

—No —la detuvo, porque ella ya sacaba un pedazo de pergamino de entre sus ropas oscuras. Lo volvió a guardar con gesto marcial—. No es necesario. Confío en que fue claro… Pero no me gusta cómo nos miran. Siento que se nos escapa algo…

—¿Severus?

Harry tardó unos segundos en percatarse de que era con él. Alzó la mirada con la expresión más fría que pudo componer. Frente a él, había un mortífago que le sonaba de algo. Tenía una barba descuidada y ojos hundidos, oscuros.

—¿Estás de vuelta, tan pronto? ¿Todos ustedes? —se extrañó el desconocido. Miró a sus acompañantes y regresó su atención a Harry—. Partieron ayer en la noche al sur… ¿o acaso el chivatazo de la guarida de ese Potter era mentira?

—Eso no te incumbe —tomó el mando Hermione y Harry se lo agradeció, porque tanto él como Lara estaban paralizados. Ron incluso tardó un poco en componer una mueca de fastidio—. ¿Cómo sabes a dónde fuimos y por qué?

—Oh, bueno, Narcisa… verás… alguien me comentó que… llegó ese chivatazo: Potter estaba en el sur. Saben que el Señor Oscuro lo quiere, y al verlos partir con tanta prisa…

El mortífago estaba nervioso. Al parecer, no había sido una orden pública la repentina salida de Snape, Narcisa, Lucius y Bellatrix. Harry supo que Hermione por algún golpe de suerte, había logrado revertir la situación. Decidió aprovecharlo al máximo. Aferró su capa negra y, en un movimiento que tantas veces vio hacer a su profesor de Pociones, se envolvió con ella como si se tratase de un vampiro. O de un murciélago preparándose para colgarse del techo. Le gustó más la imagen del vampiro y la mantuvo en mente cuando habló:

—Esa información es confidencial. No debería estar en tu cabeza. Como tampoco son de tu interés nuestros movimientos —siseó. El efecto fue inmediato. El mortífago se agazapó, como un ratoncito—. ¿O acaso… te has vuelto aficionado al espionaje? La pregunta latente sería: ¿para quién?

—¡No, por supuesto que no! ¡No espío para nadie! ¡Qué tontería…!

—Porque si así fuese, el Señor Oscuro estaría encantado de saber por qué te resultamos tan interesantes —agregó Ron y arqueó una ceja, en un odioso reflejo de Lucius Malfoy imbuido de esnobismo—. Casualmente, tenemos cita con él. ¿Quieres acompañarnos y aclarar tus lealtades?

—No, Lucius, ahórrale al Señor la vista de esta sabandija —Lara sacó su varita con una rapidez asombrosa (Harry en realidad se preguntaba si ya no la tenía en la mano) y la apoyó en la mejilla el mortífago. El infeliz aguantó la respiración—. Voy a sacar la porquería a la calle yo misma ¡Ja, ja, ja!

Su risa fue tan espeluznante que a Harry se le puso la piel de gallina. Por suerte estaba abrigado con la capa. Se propuso sugerirle a Lara que nunca más se volviese a reír en voz alta. Y menos con la voz de Bellatrix Lestrange.

—¡No soy el único que sabe esto, no soy el único! —gritó el mortífago al borde del colapso. Los demás ocupantes del salón, que en un principio los habían observado con creciente curiosidad, ahora se apresuraban en dispersarse. O abandonar la estancia de la forma más disimulada posible. Aunque Harry admitió que el mortífago que intentaba saltar por una ventana no debía ser muy inteligente—. ¡Casi todos saben lo de la guarida de Potter en el sur, y que Severus eligió apoyo y…!

—¡Sigue, eso es, serás castigado, cas-ti-ga-do! —gritó Lara con aquella voz chillona que casi hace que Harry perdiera el control—. ¡Tú y todos esos inútiles-devora-chismes, el Señor Oscuro los matará como a hormigas insignificantes…!

—Ya habrá tiempo para eso… Bella —intervino Hermione en perfecta sincronía con el teatro de Lara, quien la miró con expresión enloquecida—. Debemos reportarnos. Ahora mismo.

—Cierto —admitió Lara y regresó la mirada al mortífago, quien contenía los sollozos de terror—. Ahora dinos, ¿dónde está el señor Oscuro? Como dijo mi hermana, tenemos un asuntito pendiente…

—Él… él está en el salón, inmediatamente en cuanto suban las escaleras, reunido con… sus agentes del Ministerio, ¡por favor no me mates, no me mates…!

Lara apartó la varita y el mortífago gimoteó agradecido. Hasta que ella le pegó un puñetazo en la nariz y lo lanzó de espaldas al suelo.

—Después vengo a jugar contigo —le anunció fingiendo una voz de niñita.

El mortífago se arrastró lejos, aterrorizado. Mientras reanudaban su camino, Harry pudo verlo saltar por la ventana por la cual escapó uno de sus compañeros minutos antes. Abandonaron el salón para encontrar unas escaleras vacías y solo entonces los cuatro respiraron con alivio.

—Eso estuvo cerca —susurró Harry.

—Hermione… —susurró Ron sin aliento—. Estuviste brillante.

Sin más, Lucius Malfoy sostuvo el rostro de Narcisa y la besó con ímpetu. Hubiese estado bien, si Harry no supiese que eran Ron y Hermione intercambiando anticuerpos. Cuando se separaron, se mostraron cohibidos frente a Harry y Lara. Más bien frente a Harry. Lara, aun como Bellatrix, no expresaba nada destacable, lo cual la volvía el doble de aterradora.

—No me digan nada. Se veía venir —los atajó Harry con un gesto. Ron y Hermione estaban más rojos que una señal de tránsito nueva—. Ahora, ¿podemos tomarnos esto en serio e ir a cumplir nuestro objetivo?

—Oye, amigo, por supuesto que nos tomamos esto en serio —dijo Ron con el ceño fruncido, aun sin soltar el talle de Hermione—. Solo felicitaba a mi… a… Hermione… por… por sacarnos del apuro.

—Muy bien. Movámonos —dijo Harry y la capa oscura se agitó como las alas de un murciélago cuando se dirigió a las escaleras.

Los otros tres se quedaron como pasmarotes en medio del pasillo.

—Está enojado porque Ginny lleva dos semanas sin escribirle —explicó Lara y siguió los pasos de Harry.

—Eso explica muchas cosas —murmuró Hermione. Mas cuando intentó avanzar, notó que Ron aún la aguantaba—. Hum, Ronnie… ¿tú, podrías…?

—¡Sí, por supuesto!

La disculpa fue otro beso considerablemente más corto que el anterior y la pareja, tanto en las apariencias como en la realidad, se apresuró en correr detrás de sus amigos. Justo cuando alcanzaban el siguiente piso, una de las puertas se abría y un mago y dos brujas salían al pasillo. No llevaban el atuendo mortífago, ni tampoco la Marca Tenebrosa, o al menos no de forma visible. Debían ser los agentes del Ministerio. Harry sintió cómo las manos se le congelaban y comenzaba a sudar frío. Era capaz de sentir la presencia de Voldemort aun cuando los separaban un par de paredes. Respiró profundo un par de veces y miró a sus amigos, tan pálidos como debía estar él. Lara era la única que mantenía el temple neutro. De repente se arrepintió de permitir que lo acompañaran, que tomaran el riesgo. Se arrepintió de llevarlos a morir. Pero ya era tarde para regresar, rearmar un plan, enfrentar su destino solo.

—Es hora —susurró—. Solo tenemos una oportunidad.

—Estamos contigo —susurró Hermione—. Todos.

Harry cuadró los hombros y se guardó su varita (no la de Snape) en la manga de la túnica, para tener un rápido acceso a ella.

—Terminemos con esto.

En un parpadeo ya se encontraba a la puerta del salón que abandonaron los agentes. La punzada lo acució en la frente, aunque no tuviese cicatriz con aquel disfraz. Al final de una mesa larga, se encontraba Lord Voldemort. Enroscada en su cuello como un grotesco foulard carnoso, se encontraba el sexto Horcrux. La serpiente Nagini. Voldemort levantó sus ojos rojos y lució tan sorprendido como el mortífago que los había cuestionado.

—Severus… no te esperaba tan pronto —confesó.

Se levantó en toda su altura considerable y Harry se adentró en la estancia, seguido por Lara, Ron y Hermione. La sorpresa de Voldemort fue mayor al verlos. Les indicó cerrar la puerta y con un movimiento fluido se les acercó. Harry sintió el ansia de atacarlo al instante, sin embargo, en su lugar inclinó la cabeza (no olvidaba quien fingía ser) y murmuró, quedo:

—Mi Señor.

—Si todos han regresado, debo suponer que la información era falsa —dijo Voldemort.

—Así es, mi Señor —dijo Harry. Las manos le sudaban—. No encontramos nada.

—Pensé que buscarían un poco más —dijo Voldemort con voz sutil, venenosa—. Que no se limitarían a mirar la casa que marcó Greyback. Potter pude estar escondido en algún lugar de las cercanías, incluso, acampar en el bosque. ¿Qué dices a eso, Severus?

—Buscamos con cuidado, mi Señor —explicó Harry sin dejar de hablarle a sus zapatos. Su mente trabajaba aprisa, rememorando la forma de hablar de su antiguo maestro de Pociones, el cómo podría funcionar su mente. Esperaba que los otros mantuviesen el temple mientras durara la farsa. Debía convencer a Voldemort de que era realmente Severus Snape—. Por eso le solicité que Bellatrix, Lucius y Narcisa me acompañaran. Nos dividimos y peinamos la zona. Pero conozco muy bien al muchacho y no vi seña alguna de él. Así que creí prudente regresar… quizás realmente esté escondido y nos detectó. Unas horas sin nuestra presencia podría animarlo a asomar la nariz, si realmente está allí. Si lo ordena, mi Señor, regresaremos al sur y volveremos a buscar.

Esperó. Vio el bajo de la túnica de Voldemort balancearse a sus pies desnudos, de un mortal blanco. Escuchó el siseo de Nagini.

—Muy bien. Confiaré en tu instinto, Severus —dijo finalmente el Señor Tenebroso—. Hasta ahora, no me has fallado. Retírense. Imagino que estén necesitados de descanso.

—En realidad, mi Señor, quería tratar un asunto más.

Harry dejó que poco a poco, la varita que ocultaba en la manga se deslizara hacia su mano. Vio los pies de Voldemort regresar hacia él con pasos seguros.

—¿Y qué es, Severus?

Harry levantó la vista y miró a Voldemort directo a los ojos.

—Destruir su sexto Horcrux, por supuesto.

El instante de confusión por parte de su enemigo fue su ventaja. No la desaprovechó. La varita le cayó en la mano y rápido como un látigo que restalla, la blandió contra el Señor Oscuro y recitó un hechizo tan antiguo que las referencias de su origen estaban perdidas en el tiempo. El haz púrpura brotó de la varita con un rugido sobrecogedor. Nagini intentó lanzarse contra él con las fauces abiertas, pero el hechizo la impactó carcomiéndola hasta convertirla en nada más que cenizas, a la vez que una figura oscura, aullante, escapaba del cuello mutilado del animal. El hechizo continuó su camino, impactó a Voldemort por el pecho y lo lanzó por los aires, haciéndolo caer revuelto sobre la mesa.

Nadie se movió. Harry aún tenía la varita extendida, sin temblar. Sentía detrás de él la respiración contenida de Ron y Hermione y la pausada de Lara.

—¿Terminó? —susurró Hermione—. ¿Es… es todo? ¿Ha muerto?

—Creo que sí —dijo Ron, también en voz muy baja—. El hechizo terminó con la serpiente y con él… lo vi, creo… ¿ganamos, tan fácil?

—Nunca es tan fácil —dijo Lara con reservas.

Con agilidad felina saltó a la mesa y avanzó por ella hasta acercarse al cuerpo de Voldemort y patearle una pierna. Se agachó para alargar una mano hacia el cuello del Señor Oscuro. Entonces, Harry lo percibió. Mucho antes de que ella lograse tomarle el pulso.

—¡No, Lara!

Todo sucedió en un parpadeo. Voldemort emitió un rugido y lanzó un zarpazo. Lara se apartó a tiempo y saltó lejos de la mesa para usar una silla de escudo cuando el Innombrable le enviaba un hechizo atronador que destrozó el mueble y cubrió la estancia con una lluvia de astillas.

Durante todo el suceso, Harry no pudo más que quedarse estupefacto. Voldemort tenía seis Horcruxes. Nunca llegó a formar un séptimo. ¿O sí? Segundos después se percató del dolor de sus articulaciones y el cómo se encogía. Dejaba de ser Severus Snape para ser Harry Potter.

Y eso fue lo que vio Voldemort cuando esquivó un hechizo de Lara y se volteó a enfrentarlo.