← Harry Potter y el Último Horcrux · de
Harry Potter y el Último Horcrux — capítulo 6
Ese mismo día, en la noche, los gemelos llegaron cargados de botellas de cerveza de mantequilla para celebrar el regreso de Charlie. Fue una velada estupenda, y Harry se divirtió mucho con sus amigos. La Sra. Weasley se lució con una suntuosa cena, y sacaron la mesa para comer afuera, bajo la brisa fresca de la noche.
—He practicado mucho la aparición —dijo Ron. Se servía en su plato una buena porción de patatas asadas—. Pienso que ya es perfecta.
—Sí, y solo has logrado dejar atrás cinco pelos de las cejas —dijo Hermione—. El examinador no se va a dar cuenta de que te «escindiste».
—Hermione, cinco pelos no cuentan —bufó Ron.
—Eso mismo dijiste cuando dejaste atrás la mitad de la ceja en la prueba en Hogwarts, y suspendiste —replicó ella.
—Todos estos días me aparecí bien en la cocina —farfulló Ron. Comenzaba a ponerse rojo.
—Sin contar la vez que aplastaste a Crookshanks —dijo Ginny claramente divertida.
—¿Qué iba a saber yo que el gato estaba en la silla en ese momento? —exclamó Ron. Blandió un tenedor con una patata ensartada, como si se dirigiese a una Corte Suprema—. Además, no le pasó nada. El condenado sigue por ahí, en busca de gnomos y detrás de tu Pygmy, Ginny. Si no lo vigilas, un día amanecerás sin mascota.
Hermione frunció la nariz.
—Sabes que sí le pasó algo a Crookshanks —dijo en tono desafiante.
—Bueno… ¡pero que se le haya partido la cola no es grave! —rebatió Ron acaloradamente.
—Para ti no será grave —intervino Lara—. Pero para un gato es doloroso.
—Eso, para un gato —barbotó Ron—. Pero que quede claro que no fue a propósito. Y Ginny, de nuevo te aconsejo que recojas a Arnold. El pobre Crookshanks está intentando comérselo de nuevo, ¡y a nadie parece importarle si lo hace! —agregó en casi un gruñido—. Sólo importa lo que el desalmado de Ronald le hizo a la cola de Crookshanks.
Le dirigió a Hermione una mirada cargada de desafío, pero ella se excusó con ir a atrapar a su gato, mientras Ginny, ya fuera de la mesa, sostenía a Arnold lejos de las garras del felino. El resto de la cena transcurrió muy animada, sobre todo, muy animado para Charlie. No dejaba de observar a Lara por el rabillo del ojo. Pero ahí no quedaba el asunto. Charlie también ponía todo su empeño en que Lara le dedicase una palabra, y buscaba atraerla con el tema de su trabajo en Rumania. A la muchacha parecía interesarle y era una oyente estupenda, lo cual redoblaba el interés de Charlie.
Harry se preguntaba como la chica podía estar todo el tiempo sin expresar nada. Sus ojos seguían vacíos, y sus palabras salían en un mismo tono, como si solo fuera… un robot. Una muñeca de cera con una invariable expresión. Aun así, por suerte, a la luz de los farolillos y lo animado del ambiente, se mostraba atenta y educada con Charlie.
Fleur estaba muy altanera al lado de Bill, y encontraba muy divertida las cosas que hacían los gemelos (malabares con botellas de cerveza de mantequilla, trucos de ilusionismo muggle…). Más bien, todos encontraban divertidas las cosas de los gemelos, menos la Sra. Weasley, que se mostraba algo reservada. Parecía debatirse entre regañarlos o reírse.
El primero en abandonar la velada fue Lupin. Se excusó con elegancia y tras una felicitación a la Sra. Weasley por sus atenciones, emprendió el camino de regreso a la cocina. A instante, Lara lo siguió.
Lupin, casi a punto de alcanzar la vivienda, perdió el equilibrio y unas manos pálidas lo sostuvieron.
—¿Está bien, señor? —le preguntó Lara.
—Solo una herida sin importancia en la pierna —respondió él después de estabilizarse.
Intentó zafarse con delicadeza, pero ella no lo liberó, incluso lo miró a los ojos.
—¿Quiere entrar a descansar? —le ofreció.
Lupin quedó por unos instantes, perdido en las profundidades vacías de color esmeralda. Recobró la lucidez y se zafó con brusquedad del agarre de la muchacha.
—Estoy bien —casi le espetó con voz gélida—. Solo es una herida sin sentido.
—No le he hecho nada para que se muestre así conmigo.
Lupin desistió de alejarse, el suficiente tiempo para responder:
—Lo sé.
Giró sobre sus talones y avanzó a toda prisa hacia la casa de los Weasley. Lara lo alcanzó al trote.
—¿Usted sabe algo de mí que le incomoda? —le preguntó.
Lupin apenas la miró por encima del hombro.
—Puede ser —respondió, justo cuando se adentraba en la cocina.
—¿Dumbledore le dijo de mí?
—No —dijo Lupin. Ocupó una silla y sacó su varita. Miró a Lara—. Pero pensé que estabas muerta. Si eres quien creo.
Lara pareció perder firmeza. Despacio, se arrodilló a los pies de Lupin. Su rostro era una amalgama de emociones indescifrables, sin posibilidad de decir cuál era cuál. Hasta el mismo brujo pareció asombrado de descubrir que ella sí era capaz de expresar algo, aunque fuese demasiado confuso para encajarlo en una definición específica.
—Dígame quién cree que soy —pidió ella en voz baja—. Por favor. Dígame todo lo que piense de mí.
Lupin solo contestó con silencio, mientras se subía la pata del pantalón y se examinaba la herida, que parecía una mordida.
—Por favor, dígame —insistió Lara. En un gesto desesperado, aferró las manos del hombre—. Necesito saber quién soy.
—¿No lo sabes? —inquirió Lupin. Mas no hizo intento esa vez, de zafarse del agarre.
—Si lo supiese, no rogaría por sus conocimientos —dijo ella—. Para Dumbledore, para todos, soy nadie. Una herramienta. Un arma. Para mí misma, no me conformo. Quiero saber quién soy, de dónde vengo, cuál es mi esencia. Necesito un origen. Necesito una vida, aunque me haya sido arrebatada. No quiero ser nadie. Quiero ser alguien, y usted parece tener esa respuesta.
El hombre frunció el ceño, luego suavizó la expresión. Tragó con dificultad y la observó con algo parecido a la lástima.
—¿En qué te han convertido? —murmuró más para sí que para él. Alzó la voz—. Lo siento Lara. Pero no tengo nada para decirte. Adiós, dile a la señora Weasley que me marché.
Antes de que ella pudiese replicar, Lupin se liberó de su agarre con amabilidad y se levantó, para desaparecer con un sonoro «¡crack!»
Lara se quedó sola en la cocina, con la vista clavada donde antes había estado Lupin. La puerta de la cocina se abrió y Ron y Harry entraron muertos de risa. Se quedaron en silencio al ver a Lara allí.
—Emm, Lara, ¿y Lupin? —preguntó Ron mirando alrededor, como si esperase que de un momento a otro Lupin saliese del horno.
—Se ha marchado —dijo ella. La inexpresividad había vuelto a sus facciones. —. Me dijo, Ron, que se lo comunicase a tus padres.
Ron intercambió una mirada de preocupación con Harry.
—Lara, ¿qué sucedió? —preguntó Harry con cautela—. ¿Lupin... te dijo algo?
—Es lo que lamento. Su falta de palabras. Su único problema, era una herida en la pierna. No se veía grave —dijo ella con voz monocorde—. Estoy en la habitación.
Lara salió con paso firme de la cocina, con lo cual, Harry y Ron se quedaron solos.
—Ella es un poquito misteriosa, ¿verdad? —dijo Ron después de que Lara se hubo perdido de vista—. Y rara. Me da escalofríos, ¿tendrá afectados los nervios de la cara? Es como mirar a una maldita muñeca, sólo que ella no sonríe.
—No niego eso —dijo Harry con un respingo.
—¿Crees que nos ayude... a encontrar los Horcruxes? —preguntó el pelirrojo.
—Eso creo —contestó Harry al momento—. Fue muy bien entrenada. Apuesto a que ella vale por tres de los mejores Aurores del Ministerio.
—¿Tanto así? —dijo Ron incrédulo—. Los mejores Aurores del Ministerio están muy bien preparados.
Harry se encogió de hombros. No iba a imponerle su punto de vista a su mejor amigo.
—Sólo espero que Hermione no se ponga insoportable al descubrir que Lara es mejor que ella con los hechizos —comentó Ron al poner los ojos en blanco.
Harry rió divertido.
—Lara le ha simpatizado a Hermione, a pesar de lo escalofriante que pueda ser. Un milagro —dijo él—. Y parece caerle muy bien a Ginny.
—Claro, cuando descubrió que ella no estaba interesada en ti —dijo Ron con un guiño y dándole un codazo leve a Harry—. Y cuando puso a Fleur en su lugar. Fíjate que todavía ella no le habla a Lara.
—Y creo que a Charlie...
—Hola chicos, ¿no han visto a Lara?
Ron y Harry miraron a Charlie, quien estaba en la puerta de la cocina que daba salida al patio.
—Dijo que iba a la habitación —informó Ron, en el instante en que Ginny y Hermione entraban entre charlas alegres.
Charlie se mostró cohibido de continuar su pesquisa ante tantas personas. Sin decir otra palabra, giró sobre sus talones y abandonó la cocina.
Ginny intercambió una mirada con Hermione, soltaron una risita y también abandonaron la estancia. Ron emitió un bufido que sonó más o menos a: «¡chicas!». Harry y Ron decidieron subir después de varios minutos a ver que tramaban las chicas. Enseguida se acercaron a la puerta entrecerrada de la habitación donde todas se acomodaban y llamaron. El cuchicheo se detuvo, y la voz de Hermione ordenó: «Pase». Entraron para encontrar el ambiente muy relajado. Ginny y Hermione estaban sentadas en una cama, ya con sus batas de dormir, pero había alguien vestido de forma inusual.
Lara estaba con un ropón perlado, sentada en el marco de la ventana, encima de la misma cama donde estaban las otras chicas.
—¿Qué quieren? —dijo Ginny casi con recelo de la horda de machos que se atrevían a romper el ambiente.
—Er... Hermione, ¿por fin vienes con nosotros mañana? —preguntó Ron, aunque sonó a una triste excusa.
—Sí, ¿quién dice lo contrario? —dijo Hermione con ceño.
—¿Vas a cuidar que Ron no se «escinda»? —preguntó Ginny mordaz.
Ron tomó el color de su pelo.
—Bueno, Lara ¿vas a hacer la prueba? —preguntó Harry para salvar la situación.
—Por supuesto. Me vendría bien tener permiso de «Aparición» —contestó la aludida. Se bajó de marco de la ventana con gracia—. No podría huir todo el tiempo de una estampida de inspectores.
Ginny y Hermione soltaron una risita. Tocaron a la puerta, Ron agitó su varita y ésta se abrió. Charlie escondió algo detrás de él a la velocidad de un rayo.
—Hem, hem, ¿Lara está ahí? —preguntó un poco serio.
La aludida se acercó a él con elegancia.
—¿Sí, Charlie?
Él le sonrió.
—Luces radiante —le dijo.
Ella ladeó la cabeza. Un rubor muy ligero cubrió sus mejillas. Ginny y Hermione atisbaban con mucho interés por entre Harry y Ron.
—Esto... —Charlie sacó lo que escondía. Resultó ser un ramo de jazmines—... es para ti.
Lara aceptó las flores. Cerró los ojos y olió despacio para luego dedicarle a Charlie la mirada más suave que le vieron.
—Gracias, Charlie.
Lara dudó unos segundos, se alzó en punta de pies con torpeza, se apoyó con una mano en el pecho del muchacho y le besó una mejilla.
—Has sigo muy gentil —dijo mientras retrocedía con lentitud.
Charlie parecía estar en el paraíso.
—Que duermas bien, Lara —dijo él, embobado.
Le dedicó una última sonrisa y bajó las escaleras. Lara cerró la puerta con suavidad. Cuando se dio vuelta, se encontró cuatro pares de ojos clavados en ellas.
—No he hecho algo prohibido para que me observen de esa forma —dijo con su usual neutralidad, pero Harry le detectó un ligerísimo matiz de reproche.
—Lo sabemos, pero… ¿eso es todo? —dijo Ginny ansiosa—. ¿Acaso mi hermano no es guapo?
—Dentro del estándar de los hombres no es desagradable —aceptó Lara.
Harry miró, algo asombrado, como las mejillas de la muchacha se volvían más rojas. Lara se había ruborizado.
—Entonces, Charlie te gusta —picó Hermione cuando Lara hacía aparecer un florero pequeño.
—No he dicho tal cosa —dijo Lara, apuntó con su varita al interior del florero—. ¡Aguamenti!
De su varita surgió un fino chorro de agua que llenó un poco el florero, luego ella colocó los jazmines en él con cuidado.
—Me retiro a dormir —dijo al terminar con su quehacer—. Estoy exhausta. Me gustaría estar descansada para mañana. Buenas noches a todos.
—¡Pero si apenas son las nueve! —exclamó Ron.
—Creo que yo también voy a dormir —dijo Ginny. Se estiró con pereza y saltó a su cama—. Buenas noches.
Hermione también se acostó sin hablar.
—¿A Fred y a George no se les habrá quedado una pelotita somnífera en la habitación? —preguntó Ron cuando salían de la estancia.
—Voy a dormir —bostezó Harry.
—¿Tú también? —exclamó Ron—. ¿Pero qué les pasa a todos en esta casa?
—Se me olvidaba decirte... —dijo Harry cuando entraban a la habitación compartida—… George puso un caramelo de café Express con trocitos de escarabajo en tu jugo.
Ron se puso verde y Harry cayó como un saco de patatas en su cama.
Cuando Harry se despertó a la mañana siguiente por el llamado de la señora Weasley, se encontró a Ron sentado en la cama como un zombi, con cara de no haber podido pegar un ojo en toda la noche.
—¡Los mato! —mascullaba mientras bajaba con Harry que trataba de verse apenado por la situación de su amigo. Lo cierto era que no lo estaba logrando—. ¡No pude dormir en toda la noche por culpa del maldito caramelo! ¡Les voy a retorcer el pescuezo a los dos! ¡Tampoco me dieron el antídoto! Harry, ¿cómo tengo los ojos?
Harry se detuvo para ver los ojos rojos y marchitos de su amigo. Más bien parecía un sabueso en crisis que un chico que había dejado de dormir una noche entera.
—Bastante bien —mintió Harry con un esfuerzo notable para no reírse.
Ron se tranquilizó. Sólo un poco.
Cuando bajaron a la cocina, estaba tan abarrotada que para avanzar, había que pedir permiso. Lupin parecía haber llegado muy temprano, en compañía de Tonks, quien lucía radiante enganchada del brazo del brujo. Fleur, como siempre, parasitaba encima de Bill. Ginny y Hermione ya estaban despiertas y charlaban con los gemelos, que desayunaban apresuradamente para irse a la tienda de bromas.
El señor Weasley andaba con dos alambritos pelones, una bombillita que estaba en sus últimas, y la pila que le había regalado Harry. La señora Weasley lo miraba de reojo, como si temiese que el brujo hiciera estallar la cocina. Pero había alguien que lucía muy nervioso. Charlie miraba por la ventana, luego revisaba la cocina con la vista y volvía a mirar por la ventana. Al ver a Harry, se acercó en dos zancadas.
—¿No has visto a Lara? —le preguntó con recelo, como si acusara a Harry de tener a Lara escondida en su zapato.
—Ella debe de haber salido a entrenar —dijo Harry. Se encogió de hombros—. Es lo que ha hecho desde que llegó.
—¿A entrenar? —repitió Charlie confundido.
La explosión de Ron llenó la cocina de repente:
—¡Ustedes dos son los culpables de que no haya podido dormir en toda la noche! —gritaba en un ataque total de histeria. Apuntaba un dedo acusador hacia los gemelos y lo sacudía con intensidad. Si alguno de sus hermanos se acercaba otro milímetro, les sacaba un ojo—. ¡No tienen consideración, no piensan, hoy tengo la prueba de Aparición, y estoy tan cansado que no sé si la apruebe! ¡Y todo es culpa de ustedes…!
—Ya Ronnie —dijo Fred con voz aburrida. Registró en un bolsillo y le lanzó algo a Ron—. ¿Contento?
Ron miró el galeón largo rato, como si no supiese qué era exactamente.
—¿Cuándo pruebo otro caramelo extraño? —preguntó y se guardó el galeón en un bolsillo.
—Nosotros te avisamos —dijo George. Hizo un gesto de espantarlo—. Ahora no des más lata.
En el umbral de la puerta apareció Lara, con su usual mono deportivo. Fue una aparición silenciosa, casi fantasmal. Al punto de Ron atragantarse con su leche cuando ella avanzó hacia la mesa.
—¡Ah, querida, ya estás de vuelta! —exclamó la Sra. Weasley—. Siéntate, come algo. Después podrás asearte para ir con los muchachos al Ministerio.
Charlie, sonriente, de inmediato le ofreció una silla a Lara. Ella la aceptó con un amable: «gracias», y su mirada se cruzó brevemente con la de Lupin, sin embargo, el brujo la retiró antes de que ella pudiese abrir la boca y se concentró en leer «El Profeta».
Harry sentía mariposillas en el estómago y apenas comió. Se reprendió a sí mismo con que exageraba, no estaba tan nervioso. Sabía que la Aparición le iba a salir bien, o al menos contaba con eso. Ron comía tan rápido que apenas se le veía la mano en el trayecto del plato a la boca y de la boca al plato. Hermione estaba en la cima del mundo, satisfecha por haber aprobado en su primera prueba, algo que irritaba a Ron.
—Mamá, voy con Ron a las pruebas —dijo Ginny de repente.
—Tú no vas —dijo la señora Weasley sin siquiera mirarla.
—Pero Hermione va...
—Te quedas aquí —dijo la mujer algo impaciente—. No vas. Asunto cerrado.
La chica se enfurruñó y desistió de convencer a su madre de dejarla ir. Era como intentar hacer pesas con todos los megalitos de Stonehenge. No se podía. Después del desayuno, Ron no podía dejar de hablar de la prueba.
—No creo que sea en el Ministerio —decía mientras se lavaban los dientes. En realidad, Harry se los cepillaba. Ron escupía pasta dental—. Bill me dijo que los sacaban a todos al mundo muggle, y te decían en cuáles puntos estaban tus examinadores, así que debes aparecerte allí. Pero se queda un examinador atrás para ver si te «escindiste». Y luego tienes que regresar al primer examinador para esperar a que todos regresen. Claro, que sería catastrófico si te «escindes». Los muggles se aterrorizarían si ven una pierna tirada en medio de la calle. De seguro llamarían a los «pardetenemédicos» y si ellos se llevan tu pierna ¿cómo te la pegan de regreso?... y entonces...
Harry escupió en el lavamanos, se enjuagó la boca e hizo un ademán exasperado.
—Ron, ya capté todo. Relájate, ¿quieres? Vas a ponerme nervioso a mí.
Ron miró su cepillo de dientes como si fuese lo más fascinante del mundo. Aunque el embeleso no le duró más de cinco segundos.
—No pueden dejar que los pardetenemédicos se lleven las piernas de los magos que se escinden, ¿verdad? Santo Merlín, me voy a escindir y no será la ceja de nuevo, los gemelos dicen que nunca es la misma parte del cuerpo. No sé qué prefiero dejar atrás, ¿piensas que duela mucho quedarte sin dedos? ¿Cómo crees que nos examinen? ¿Juntos o separados…?
Harry le pegó un puñetazo en la nariz.
Ron parecía mudo frente a la chimenea de la Madriguera. A ratos se frotaba la nariz roja y miraba con rencor a Harry, quien prefería ignorarlo. Lara estaba tan misteriosa como siempre: con un vaquero, sus ya usuales botas y una camiseta. Todo, por supuesto, de color negro. Hermione como ella, estaba calmada. Fue la primera en tomar un pellizco de polvos flu. Entró confiada a la chimenea, y arrojó los polvos soltando un potente: «¡Ministerio de Magia!»
Después, uno a uno, Harry, Ron y Lara entraron en la chimenea para ser tragados por las llamas esmeraldas. Pronto todos estuvieron en el Ministerio de Magia y se dirigieron al vestíbulo. Se acercaron a «INFORMACIÓN», en donde una bruja de prominente mandíbula, aguardaba a los despistados limándose sin mucho interés unas uñas que más bien eran garras.
—Buenos días —saludó Hermione.
Después de dos minutos o más, la mujer se dignó a mirarlos.
—Buenos días, ¿desea algo? —preguntó irritada.
—Sí —dijo Hermione sin prestar atención a su tono—. Queremos saber dónde se van a realizar las pruebas de «Aparición».
La mujer señaló con desgano hacia la derecha del vestíbulo. Allí había un grupo de muchachos que no parecían pasar de los diecisiete años. Sin embargo, de repente se sentó de forma correcta en la silla y formuló una sonrisa tan grande, que Harry creyó que las comisuras de la boca se le engancharían en las orejas.
Los chicos se dieron vuelta. Detrás de ellos, vestido con una túnica azul marino, estaba Rufus Scrimgeour; Ministro de Magia. Detrás de él, venía Cornelius Fudge, un hombre corpulento que siempre llevaba un traje a rayas.
—Buenos días señorita Kastleen —saludó Scrimgeour. La mujer parpadeó y amplió más la sonrisa. Si eso era posible. El Ministro sacudió un poco su melena veteada de gris y fijó sus ojos en Harry—. Hola Harry —extendió una mano hacia él y el chico la estrechó sin ceremonias—. ¿Qué te trae por el Ministerio? Al no ser... que hayas aceptado...
—No he aceptado su propuesta, señor Ministro. Pero gracias —dijo Harry a secas. Retiró la mano sin lucir apresurado. Lo quisiera o no, Scrimgeour era el Ministro de Magia y pisaba su territorio—. Estoy aquí para hacer mis pruebas de «aparición».
—Entiendo —pronunció Scrimgeour como si saborease cada letra. Pasó la mirada de Ron a Hermione—. El señor Ronald Weasley y la señorita Hermione Granger, si no me equivoco. ¿Y esta jovencita es...?
—Lara Josthings. Una amiga —presentó Harry—. Lara, el señor Scrimgeour, Ministro de Magia.
Lara y Scrimgeour estrecharon manos. Sus miradas chocaron con brevedad, pero no hubo más acción. Después de varios segundos, Scrimgeour retiró sus ojos amarillentos de los esmeraldas de Lara y le soltó la mano.
—A la prueba de aparición asistirán cuatro de mis mejores Aurores. Cuestión de seguridad. Les indico para que no se alarmen —explicó el Ministro a nadie en particular—. Me gustaría quedarme a charlar un poco más pero soy un hombre ocupado. Con permiso.
Y Rufus Scrimgeour se fue, seguido de Fudge que hizo una leve inclinación de cabeza antes de seguir los pasos del hombre. Harry soltó aire aliviado. Esperaba que Scrimgeour le soltase una arenga de convencimiento para que estuviese de acuerdo en tener a dos Aurores a cada lado de él todo el tiempo, como si él fuese un inútil. Pero por suerte, no se produjo.
Se unieron con los demás adolescentes, que hablaban emocionados e intercambiaban opiniones. Entre ellos estaba Neville Longbottom, un chico de cara redonda y era la persona que más se metía en problemas que Harry conocía, aunque había cambiado mucho desde la batalla contra los mortífagos en el Departamento de Misterios.
—¡Hola Harry! —saludó Neville al llegar a ellos—. ¡Ron, Hermione! ¿Vienen a hacer las pruebas?
—Ya yo la hice —dijo Hermione con superioridad mal disimulada—. Y la aprobé. Vengo a acompañar a Harry, a Lara y a Ron.
Ron gruñó.
—Neville, ella es Lara Josthings —dijo Harry apresuradamente—. Es una amiga. Lara, él es Neville Longbottom.
Estrecharon manos sin muchas ceremonias. Neville pareció nervioso por unos instantes, hasta que Lara, de forma asombrosa, logró formular una leve sombra de sonrisa que tranquilizó al muchacho.
—¡Bien chicos, su atención por favor!
—Ay no, ¡él no! —gimió Ron al descubrir a Wilkie Twycross manotear como un pájaro asustado para obtener la atención de los presentes.
Wilkie Twycross había sido el Instructor de Aparición enviado a Hogwarts, con el objetivo de prepararlos para las pruebas. Pero Ron le había tomado algo de desagrado. Wilkie era pálido, con pestañas transparentes, pelo dedicado y un aire que lo hacía pasar desapercibido, como si una ráfaga de aire lo pudiera desarmar de un momento a otro. Estaba acompañado por varias brujas y magos, que parecían ser los examinadores. Y para complementar, detrás de él se encontraban cuatro infranqueables Aurores. Parecían gorilas con túnicas de mago. Harry se preguntó de cuál zoológico se habrían escapado.
—¿Me escuchan todos? —preguntó Twycross en punta de pies.
Hubo murmullos de aprobación.
—¡Silencio! ¡Silencio! —amonestó el instructor—. Escúchenme bien. Las pruebas van a realizarse en el mundo muggle...
—Te lo dije —susurró Ron a Harry.
—... por parejas —prosiguió el hombre por encima de los murmullos—. Deben actuar como muggles para no despertar sospechas...
—Díselo a los Aurores —murmuró Ron.
Harry se dio cuenta de que todos los examinadores estaban vestidos «a lo muggle». La nota discordante eran los Aurores, que llevaban túnicas.
—... seremos parte de una excursión guiada, si algún muggle les pregunta —informó Twycross—. Como primera prueba, ¡aparezcan en el mundo muggle en la dirección que la señora Dellakleyer les entrega en este momento! Ya nuestros examinadores han asegurado el área y está libre de muggles.
Harry tomó el pedazo de pergamino que una mujer bajita y mayor le pasaba. Lo leyó unos instantes y avanzó con decisión.
En un callejón en medio de Londres hubo un concierto de «cracks», y al menos una docena de adolescentes se materializaron de la nada. Ron se escudriñaba a sí mismo y se palpaba las cejas.
—Ohoh, un paso de avance —murmuró encantado.
Harry se miró. Había aparecido sin problemas. Hermione también y parecía dispuesta a hacer la prueba dos veces. Lara se mostraba calmada en contraste con Neville, quien se veía un poco agitado.
—¡Qué incómodo! —comentó—. Todavía no me acostumbro.
Todos pegaron un brinco cuando los examinadores aparecieron alrededor de ellos con ruidosos «cracks».
—¡Bien! —aplaudió Twycross—. ¡Muy bien todos! Aunque... señorita Heartletter, creo que esto es suyo. Más cuidado con la aparición la próxima vez.
Una chica trigueña de ojos cafés se ruborizó y se acercó a recoger una cola de caballo que parecía formar parte de su pelo de las manos de Twycross. Los examinadores después de ponerle el pelo a la chica en su lugar, los guiaron a las afueras del callejón, emergiendo todos en medio del bullicio de Londres. Los Aurores se mantenían vigilantes y no les parecía importar que los muggles los mirasen como si fuesen bichos raros.
Harry estaba muy confiado. Su «Aparición» no era para nada mala, y estaba seguro de pasar las pruebas. Lo único que parecía mantener a Neville tranquilo, era su charla con Hermione. Lara se mostraba casi tan cautelosa y atenta como los Aurores. Llegaron a una vieja Plaza y Harry pudo ver en algunas entrecalles, las cintas amarillas que se colgaban cuando se quería impedir el paso de los transeúntes.
Enseguida se dividieron por parejas. Hermione se retiró, aunque se veía ansiosa por hacer la prueba de nuevo. Harry y Ron enseguida quedaron juntos y dieron sus nombres a uno de los examinadores. A Neville le tocó con un chico muy nervioso y flacucho, mientras que a Lara la habían puesto con la chica que había perdido su cola de caballo. Cuando Twycross sonó un silbato de plata, todos desaparecieron con ruidosos «cracks», y los examinadores que se habían quedado corrieron a curiosear los alrededores en busca de algo «escindido».
Al cabo de varios minutos, la plaza se llenó nuevamente de «cracks» y todos volvieron a aparecer. Un grito retumbó en el lugar. El chico que se había aparecido junto a Neville había dejado al menos tres dedos de su mano derecha. Neville lo miraba con aprehensión.
—Pobre chico —murmuró Hermione, mientras los examinadores que faltaban se materializaban y corrían a unirle los dedos al infeliz.
—No debe haber tenido «determinación» —dijo Ron con suficiencia. Por supuesto, después de haberse examinado de punta a cabo—. Yo la tuve. Mucha de ella. Soy un chico determinado…
Hermione rodó los ojos en señal de fastidio.
—Yo lo hice lo mejor que pude —dijo Neville—. Espero haber aprobado.
Lara estaba apartada del grupo, en plena observancia de lo que pudiese abarcar de la plaza. De repente, un niño de no más de siete años apareció por una de las entrecalles y avanzó hacia el centro de la Plaza. Lara de inmediato lo observó con curiosidad. Era obvio que el lugar estaba hechizado con repelente anti-muggle. ¿Significaba eso que el intruso era mago? El niño la miró con detenimiento en la distancia y corrió hacia ella. Al llegar, le tendió un pedazo de pergamino con un resuello.
—¡Hola, Lara! ¡Toma!
Lara recogió el pergamino para leerlo.
ES HoRA dE QuE ReGrEsES
VeTE dE aQuÍ
—¿Quién te...?
Pero al alzar la vista, sólo vio alejarse la espalda del niño, quien corría hacia los edificios cercanos. Lara volvió a mirar la nota. Estaba compuesta por letras recortadas del diario mágico «El Profeta». El mismo diario que había visto leer a Lupin en la Madriguera esa mañana. Pero pronto le halló sentido al mensaje que aparentaba ser una broma, al ver sombras humanas en los tejados y escuchar el débil susurro de capas deslizándose por el lugar.
N/A: Estimados lectores/as, por favor, dejen sus comentarios acerca de la historia. Como expliqué en la portada, es una antigüa que estoy retocando con mi actual estilo de escritura, así que puede ser que se me escape algún que otro teclazo o me olvide de agregar/corregir algo. A veces, de tanto repasar el mismo texto, eres incapaz de ver los errores. Me gustaría que si encuentran alguna incongruencia me lo hagan saber.
También me gustaría saber (como a todo escritor), si la historia es de su agrado. Qué piensan de la trama, de los personajes, qué teorías les despierta, qué creen que suceda a continuación. Como también, si tienen comentarios negativos, son bienvenidos de postearlos. Los leeré y responderé como otro cualquiera.
Gracias por su tiempo, ¡y espero sus comentarios!
Atte: Priestess_Nahuel