Receta para el corazón — capítulo 4
La mañana siguiente, Hermione se levantó muy temprano para hacer el desayuno. Sin embargo, cuando llegó a la cocina, Neville ya estaba ahí, vestido con uniforme de doctor. Freía huevos con tocino.
-Buenos días, doctor Longbottom- saludó Hermione.
-Buenos días, prima- contestó Neville, mientras servía los huevos y el tocino en tres diferentes platos- ¿Dormiste bien?
-Muy bien, gracias. ¿Necesitas ayuda?
-No, ya casi está. ¿Y Rose?
-Voy por ella.
Hermione volvió a su habitación y encontró a Rose despierta pero aún en la cama.
-Buenos días, reina.
-Hola, mami.
-El tío Nev ya hizo el desayuno- avisó Hermione, arreglándole el cabello a su hija- ¿Tienes hambre?
-¡Mucha!
Las dos salieron a la sala, donde el desayuno ya estaba servido. Había café, tostadas y jugo de frutas. A Rose se le hizo agua la boca.
-Luna llamó antes de que despertaran- dijo Neville- Dice que a las diez las espera en su consultorio.
-¿Ella va a curarme?- preguntó Rose.
-Sí, y vas a ver que es muy buena- dijo Neville, sonriendo.
A las nueve en punto, Hermione alistó a Rose. Le puso un vestido ligero de color azul y unos moñitos en la cabeza. Ella sólo su puso jeans y una blusa suelta.
Esperaron a Neville en la sala, mientras él terminaba de hacer unas llamadas. A continuación, él las alcanzó y salieron de la casa.
-Van a llegar más temprano, pero en el hospital hay unos juegos para niños. Rose va a estar entretenida mientras tanto.
-¿Y sólo será Luna a la que veremos hoy?
-Lo más probable es que sí. Quizás les presente al pedíatra también. Hoy le tomarán algunos análisis previos a la terapia.
-Ah bueno…
La casa de Neville no estaba muy lejos del hospital, a pesar de que cogieron un tráfico pesado. A las nueve y media llegaron al hospital. Neville tenía un lugar reservado en el estacionamiento, junto a los de los pedíatras.
Hermione y Rose siguieron a Neville a través del hospital. Las paredes eran blancas y limpias, al igual que el piso. Rose se sostuvo fuertemente de la mano de su mamá. Al final, llegaron a un patio con juegos infantiles.
-El consultorio de Luna está doblando por esa esquina. Ya está todo arreglado, ella vendrá por ustedes.
-Gracias, Nev.
-Nos vemos luego, ¿sí?- dijo Neville, dándole un beso en la frente a Rose- Adiós.
-¡Adiós tío!
Inmediatamente, Rose, fue por una de las pelotas que habían ahí. Hermione se sentó en una banca y la miró divertirse.
El tiempo pasó volando. Rose ya había hecho dos nuevos amigos para cuando fueron las diez de la mañana. Hermione miraba hacia atrás de vez en cuando para ver si alguna doctora aparecía.
Y así fue. Entre la multitud, una mujer de cabello rubio y bata blanca caminaba hacia el patio, buscando a alguien. Sus miradas se encontraron, y la doctora sonrió hasta llegar con Hermione. Se quedó sorprendida al ver lo joven que era Luna.
-¿Hermione Granger?
-Sí, mucho gusto.
-Luna Lovegood- dijo la doctora, estrechando su mano- Es un placer conocerte. ¿Y la pequeña?
-Está ahí- dijo Hermione, señalando a Rose.
-De acuerdo, yo iré.
Luna se dirigió hacia Rose. La niña la miró con confusión. Hermione vio cómo Rose se despedía de sus amigos y caminaba de la mano con Luna.
-Listas- dijo Luna, sonriendo.
El consultorio de Luna era pequeño, adornado con figuras de dibujos infantiles que Rose veía en la televisión. Las invitó a sentarse frente a ella. Luego, empezó a hacerles preguntas básicas, como la fecha de nacimiento, los hobbies, la comida favorita y otras cosas de Rose.
-Muy bien- dijo Luna, al finalizar- Esto pasará al pediatra. Lo veremos en la sala de terapias en un momento. Mientras tanto, quiero que Rose me prometa algo.
Rose miró a su mamá, como si estuviese pidiendo permiso. Hermione asintió.
-Rosie, prométeme que vas a hacer todo lo posible en las terapias. Vas a ayudarnos a que podamos curarte, y no te vas a preocupar por nada, ¿de acuerdo?
-Sí.
-¡Perfecto! Entonces, vamos para que conozcan dónde será la terapia.
Rose estaba más tranquila. Incluso saltaba mientras iban a la sala. Luna reía de vez en cuando.
Llegaron a un lugar más grande que el consultorio de Luna. La puerta era de vidrio, las paredes estaban cubiertas de espejos y el suelo estaba alfombrado. Había barras alrededor de la sala, pelotas ordenadas en un armario grande y juguetes de hule.
Luna llevó a Rose a las barras y le enseñó poses de ballet. Rose se divertía. Luego, empezó a jugar con las pelotas. Luna le hizo una seña a Hermione para que se uniese.
-El doctor ya debe estar llegando. Juega con ella mientras yo lo atiendo, ¿sí?
-Sí, claro.
Rose seguía jugando con las pelotas, sentándose encima de ellas o lanzándolas hacia el techo. Hermione se sentó en el suelo y jugaba con los juguetes de hule.
Entonces, vio por uno de los espejos que un hombre pelirrojo se paraba al lado de Luna y observaba a Rose. Era alto y fornido. A Hermione le pareció que era un modelo de revista, y supuso que era el pedíatra más solicitado por las madres de los pacientes.
A continuación, el doctor le devolvió la mirada por el espejo, y Hermione sintió que sus ojos azules le traspasaban el cerebro. Se obligó a dejar de mirarlo, pero aun así podía sentir su mirada pegada en su nuca, y se puso nerviosa.
-¡Hermione!- la llamó Luna.
La joven giró, tratando de no encontrarse con los ojos del doctor. Se acercó a ellos.
-Hermione, él es el doctor Ronald Weasley. Es el pedíatra de Rose.
-Mucho gusto, Hermione- dijo Ron, estirando su mano hacia ella.
-Igualmente, doctor Weasley- Hermione respondió el saludo- Y gracias por ayudarnos.
-No hay por qué. Tanto Luna como yo vamos a asegurarnos que Rose esté bien.
Hermione sonrió. El doctor la miraba con curiosidad, como si supiese más de ella.