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Historia 183341 — capítulo 2
Los días siguieron pasando y sólo faltaban dos días para que Draco volviera a Hogwarts. Ya tenía todo el material nuevo en el baúl, cuidadamente guardado con la ayuda de su madre. Era sábado y Lucius llegó antes de trabajar. Cuando terminaron de cenar y su marido se levantó para saludar a Severus, que esperaba en la recepción de su casa, Narcissa perdió toda la fuerza que había conseguido reunir. Narcissa acompañó a su marido como era costumbre pero evitó mirar a Severus a la cara. Musitó un suave "Buenas noches" que fue respondido por un movimiento de cabeza por parte de éste. No habían vuelto a verse desde aquella conversación en el patio trasero. Severus había cambiado el sitio de reunión con Lucius y ahora era Lucius el que iba a casa de Severus para irse después de copas. Pero aquella noche era distinta. Algo pasaba. Severus estaba en su casa y ella no sabía el por qué.
Las nerviosas manos de Narcissa, observada atentamente bajo la mirada de Severus, hicieron que la capa de su marido se le resbalara, haciendo que éste dejara de conversar con Severus y se girara a su mujer con un gesto de desprecio mal disimulado.
Cissy, cariño, cuidado con lo que haces.
Lo… lo siento, Lucius.
Y entonces lo supo. Supo que aquella noche iba a ser distinta. Su marido había comentado mientras cenaban lo enfadado que estaba por no sé qué asunto que había ocurrido en el trabajo, pero Narcissa esperó que con la llegada de Severus su mal humor se hubiera disipado. Pero no fue así y Narcissa temía. Temía lo que pudiera pasar cuando su marido llegara borracho una vez más.
Buscó con desesperación los ojos de Severus, que la miraban intensamente, transmitiéndole que él también lo había notado. La incertidumbre de sus ojos puso más nerviosa si quiera a Narcissa. Estaba perdida.
Su marido se marchó con Severus y ella se quedó un largo rato mirando el lugar donde los dos hombres se habían desaparecido. Draco se acercó lentamente, su mirada yendo del rostro preocupado de su madre al patio delantero de su casa.
- Mamá…
-
Draco, quiero que vayas a tu habitación y que no salgas de ella hasta que yo lo diga.
-
Mamá, no puedes dejar que padre te haga algo.
-
¡Draco, no me contestes! ¡He dicho que te vayas a tu habitación y eso harás! ¡AHORA!
Draco nunca había visto a su madre en ese estado. Subió rápidamente las escaleras y se encerró en su cuarto comprobando que tenía allí su varita. Escuchó cómo Narcissa lanzaba hechizos protectores en la puerta de Draco y él comenzó a desesperarse. Esperar hasta que su padre llegara se le iba a hacer muy duro sabiendo que éste iba a llegar más borracho que de costumbre y que estaba enfadado. Muy enfadado.
Narcissa, tras proteger como pudo a su hijo, se dirigió a su dormitorio y realizó los mismos hechizos. Se sentó en la cama y se dedicó a esperar. Esperar a que su marido llegara. Esperar a que se enfadara más todavía al encontrar que la puerta de su dormitorio había sido sellada. Esperar a que éste sacara la varita y lograra abrir la puerta. Esperar a que se enfrentara a ella, sin varita, indefensa. Esperar salir de ésta.
Habían pasado bastantes años desde aquella primera vez. Diez para ser exactos. Diez años desde que ella se encontraba jugando con su hijo de cinco años en el salón de su casa, junto al fuego de la chimenea. Era Navidad. Su marido llegó muy enfadado del trabajo. Más que nunca. Narcissa intentó animarle pero todo fue en vano.
**-**Lucius, olvídate de lo que haya pasado y relájate con tu familia. Ven, Draco está intentando leer un libro de pociones y está consiguiendo decir palabras complejas.
- Narcissa, no me importa lo que tu estúpido hijo esté intentando hacer. Nunca logrará nada en la vida.
- Lucius, no te consiento que hables así denuestrohijo. Es muy inteligente para su edad.
- ¿Quién te ha dado permiso para recriminarme nada?
Y todo empezó. Narcissa vio la furia en los ojos de aquel hombre y retrocedió algunos pasos. Pero no sirvió de nada. Lucius se acercó rápidamente y la cogió del cuello.
**-**Como vuelvas a contestarme así… Te mataré. No eres nadie para exigir nada. Eres mi esposa y tienes que callar cuando te hablo. Tienes que callar y no responder.
El puño de Lucius se estampó contra la boca de Narcissa y él la soltó de su agarre. Narcissa cayó al suelo de rodillas, con una mano frotándose el cuello y otra cubriendo su boca. Lucius salió de la habitación y Draco lloraba fuertemente en el sofá, con el libro de pociones en el suelo. Narcissa se recuperó en seguida al escuchar el llanto de su hijo y se sentó junto a él en el sofá.
- Sh, ya pasó Draco,mamáestá bien…
Cogió a su hijo en brazos y le acariciaba la cabeza hasta que éste se durmió. Lo llevó a su cuarto y ella fue al suyo, temerosa de cómo respondería su marido. Abrió la puerta con miedo y se encontró a Lucius sentado en la cama cubriéndose la cara. Se acercó a él con cuidado y se sentó a su lado, poniéndole una mano en la espalda.
-****¿Cariño?
- Cissy… Lo siento muchísimo… No sé qué me ha ocurrido. Perdóname, por favor, mi vida.
Narcissa acarició su espalda tras susurrarle un suave*"No pasa nada"*al oído.
Los años pasaron y Lucius golpeó alguna que otra vez más a su esposa. Siempre achacándoselo al alcohol, al trabajo, al estrés… Siempre Narcissa perdonándole.
Pero supo que esta vez no sería como las anteriores. Supo que esta vez iría a más. Supo que esta vez quizá no saldría airosa de los duros golpes de su marido.
Seguía esperando, sentada en la cama, cuando escuchó la puerta de entrada abrirse. Escuchó los pasos de Lucius subiendo la escalera de aquél lugar al que alguna vez había llamado hogar. Lucius se acercaba a la habitación tambaleándose de vez en cuando debido a la gran ingesta de alcohol de esa noche. Puso la mano en el pomo de la puerta y no pudo abrirla. No pudo y se enfadó. Comenzó a gritar el nombre de su mujer pero ésta no se movió de su sitio. Con manos indecisas, Lucius buscó su varita en el interior de su capa. Cuando la encontró apuntó a la puerta tratando de recordar un hechizo adecuado. Sacudió la cabeza y logró despejarse un poco más. Entonces el hechizo vino a su mente y la puerta se abrió.
Lucius entró hecho una furia en la habitación, tirando la varita a cualquier rincón y mirando fijamente a su esposa, que le devolvía la mirada, tranquila en apariencia, pero su interior gritaba pidiendo ayuda. Le consolaba saber que Draco estaba protegido y que, si se ensañaba con ella, él estaría a salvo. Nunca había pegado a Draco pero siempre podía haber una primera vez. Lucius se acercó despacio, con un dedo apuntando a Narcissa y la otra mano cerrada en un puño, apretándolo tan fuerte que tenía los nudillos levemente blancos.
- ¿Qué te crees que estás haciendo, Narcissa? ¿Cómo te atreves a encerrarte? ¿Cómo te atreves a desafiarme?
-
Lucius, escúchame. - Narcissa se había levantado de la cama y caminaba hacia él con las manos levantadas. - Lucius, cariño, tranquilízate. ¿Quieres que hablemos de algo? ¿Quieres desahogarte?
-
No… No hables. Cállate.
-
Está bien. Pero dime qué te pasa.
-
¡Te he dicho no hables!
Lucius estalló. No tenía ningún motivo por el que pegarle a su mujer, fiel durante tantos años. Pero aun así, como otras veces en el pasado, se dirigió a ella y la agarró por el cuello. Narcissa sabía que no tenía posibilidades. Su cuerpo, frágil, era mucho más pequeño en comparación con el cuerpo de su marido, musculoso y alto.
- ¿Y cómo te has atrevido a estar a solas con Severus? He visto cómo lo miras cuando viene a casa. ¡Me engañas! ¡Seguro que has intentado seducirlo! Pero no eres nada. No vales nada. Severus nunca desearía a alguien como tú, tan insignificante, tan poca cosa. No sirves para nada.
¿Serían celos? ¿Todos aquellos golpes tendrían su fuente en los celos? No, no podía ser. Narcissa, a pesar de que había coincidido con Severus durante dos años en Hogwarts, era mayor que él por lo tanto no tuvieron una relación estrictamente formal hasta antes de que Draco naciera. Y con todo eso, hasta que Draco no entró en Hogwarts, ellos no habían hablado antes ya ella no asistía a las reuniones de los mortífagos. Y Lucius había comenzado todo esto seis años antes de que Narcissa y Severus entablaran la relación que tenían ahora. Si no eran celos… ¿Qué era?
No pudo seguir pensando porque Lucius la tiró al suelo y comenzó a darle patadas en el estómago, gritando cosas sin sentido, ideas sin pies ni cabeza. La puso sobre la cama y le agarró la cara. Narcissa intentaba librarse de su agarre pero era incapaz. Respiraba forzosamente y temblaba más de lo que hubiera querido.
La boca, nariz, ojos y estómago de Narcissa llevaban ya una serie de puñetazos recibidos cuando Lucius decidió parar. No quería que las marcas duraran mucho tiempo porque la gente sospecharía si no veían a Narcissa en bastante tiempo.
- Que no se te olvide… Que el que manda aquí soy yo.
Dicho esto se fue de la habitación a algún lugar de la casa y cerró la puerta con un gran portazo. Mientras, Draco había oído todo, peor no podía salir de la habitación. Prefirió mantener silencio para que su padre no fuera a por él también y así podría ayudar después a su madre. Pero escuchar el llanto y los quejidos de Narcissa lo mataban, lo enloquecían. No había peor tortura.