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Historia 183341 — capítulo 3
Hola! Siento muchísimo el retraso pero he tenido muchos exámenes, he tenido que viajar y mi portatil ha estado arreglándose. A partir de ahora intentaré subir más a menudo. Muchas gracias a los que han añadido la historia a favoritos. Me gustaría pediros un favor... Me gustaría que comentárais qué os va pareciendo la historia, dudas, sugerencias, etc. Me serviría de mucho. Un beso a todos :)
A la mañana siguiente el hechizo de su puerta había desaparecido y Draco salió corriendo para ver a su madre. Pero su puerta estaba cerrada. Lucius se colocó silenciosamente a sus espaldas.
- Tu madre no se encontraba bien y ha decidido quedarse ahí. - Un escalofrío recorrió el cuerpo de Draco. - ¿Por qué no aprovechas el tiempo y haces el baúl para mañana?
-
Ya está listo. Mamá me ayudó. - No se volvió a ver le la cara.
-
Pues, en ese caso, ve a tu habitación.
-
Quiero ver a mamá.
Draco estaba encarando a su padre por primera vez en su corta vida. Lucius lo miraba con una ceja enarcada y un gesto de suficiencia en los labios.
- Te he dicho que no se encuentra bien.
-
Ah, ¿sí? Y, ¿qué le pasa?
-
Según parece le ha salido un sarpullido por alguna picadura de insecto.
-
No veo que sea ningún motivo para no entrar a verla.
Lucius se acercó peligrosamente a Draco.
- He dicho que no, y es que no.
Narcissa estaba escuchando toda la conversación y, con toda la fuerza que pudo reunir su cuerpo adolorido, se levantó y abrió la puerta lo suficiente como para ver pero que no la vieran.
- Draco, cariño, no te preocupes. Estoy bien.
-
Mamá… Déjame entrar, por favor.
-
Haz caso a tu padre, cielo. Vete a tu cuarto y repasa a ver si tienes todas las cosas en el baúl.
-
Pero…
-
Draco, por favor, no desobedezcas a tu padre. No te preocupes por mí. - Le susurró Narcissa.
-
Está bien…
Con resignación, Draco dio media vuelta y si dirigió a su habitación. No le quedaba otra opción más que esperar allí encerrado y pedirle a Merlín que pasasen las horas rápido para poder coger el Expreso de Hogwarts a la mañana siguiente.
Draco no pudo despedirse de su madre antes de irse a Hogwarts ya que su padre seguía insistiendo en que no podía entrar a verla. Después de desayunar se dirigieron a King's Cross. Una vez allí Draco murmuró algo parecido a "prefecto" y se apresuró a entrar en el tren. Ya en el tren, se dirigió al compartimento de los prefectos, tal y como le habían indicado en la carta de Hogwarts. Sabía que no llegaba especialmente temprano, sabía perfectamente que ya habrían repartido las tareas a los prefectos y que él no tendría que ir al compartimento pero aún así prefería ir y estar solo. Con lo que él no contaba era que al llegar se encontraría a una persona sentada dentro. No contaba con encontrarse con ella hasta pasadas unas horas del viaje. Aún así, allí estaba ella, sentada tranquilamente revisando un pergamino sin percatarse que Draco la miraba desde el otro lado de la puerta.
Tomó todo el aire que pudo y entró. Tenía que ser el mismo Draco Malfoy frío y desagradable de siempre.
Vaya, vaya… ¿Me he confundido de compartimento o es que tú no sabes leer el cartel que pone "Prefectos"?
La tranquila apariencia de la chica se esfumó en un instante.
¿Y tú no puedes ver la insignia de prefecta que llevo en la capa?
Prefiero no mirarte durante mucho tiempo.
No sé por qué acepté quedarme e informarte sobre tus tareas como prefecto.
El cerebro de Draco comenzó a funcionar a 1000 kilómetros por hora. ¿Acaba de decir que aceptó quedarse para hablar conmigo? ¿Ella?
Nadie te ha obligado, así que no te quejes.
Hermione bufó, se levantó y le estampó el pergamino en el pecho antes de salir hecha una furia del compartimento. Draco se quedó inmovilizado en el sitio. A los pocos segundos se asomó al pasillo para ver a Hermione gritarle que leyera el pergamino y se tomara en serio su cargo.