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Historia 183341 — capítulo 5
Hola! Siento mucho la tardanza. No sé si seguiréis interesados en la historia pero me ha sido imposible escribir nada. Intentaré terminarla y seguir subiendo capítulos. Agradecería mucho que comentárais qué os parece la historia. Besos :)
Los días pasaban y sus reencuentros en aulas vacías se repetían cada vez con más frecuencia. Al principio intentaban evitarlo, intentaban resistirse pero les era imposible. Como una cerilla, su amor se había encendido y no podían detenerlo. Y, como una cerilla, sabían que lo que estaban haciendo iba a quemarlo todo. Pero no les importaba, sólo podían pensar el uno en el otro.
El curso avanzaba y los demás comenzaban a cuestionarse el extraño alto al fuego que tenían Malfoy y Granger. Ya no hacían comentarios cuando el otro hablaba, ni siquiera Draco hacía referencia al estado de la sangre de Hermione cuando, "sin querer", se chocaban por los pasillos.
Las clases seguían como siempre, Hermione tenía prácticamente la mano levantada en todas las clases, lo cual resultaba insufrible para las demás casas pero muy beneficioso para Gryffindor.
Noviembre llegó, y con él el frío y el primer partido de Quidditch: Gryffindor contra Slytherin. El mismo viernes del partido, la última clase que tenían era pociones. Draco, siempre el preferido de Snape, había perdido el interés por la asignatura desde verano. No quería estar en una mazmorra encerrado con Snape. Sabía que éste no iba a preguntarle sobre su madre en medio de la clase pero la simple idea de que Malfoy tuviera que recurrir a él para intentar salvarla de su padre y que tuviera que atener a sus clases le resultaba muy incómodo.
Hoy Snape estaba más enfadad que nunca, y eso era muy difícil. Les ordenó hacer una poción mucho más avanzada para su curso pero no le importó las quejas provenientes de los alumnos. Se dedicó a pasear entre los calderos buscando todos los defectos posibles a las pociones de los leones pero sin quitar los ojos de Malfoy. Las dos horas de clase se pasaron lentas y tediosas y, cuando por fin sonó la campana que anunciaba la hora de la cena y, por ende, la hora del partido, todos salieron corriendo del aula.
-Malfoy, me gustaría… hablar contigo un momento, si me lo permites.
Draco se quedó paralizado en la puerta de las mazmorras. Giró lentamente sobre sí mismo y se sentó en el primer pupitre.
-No estoy del todo seguro de si… has tenido noticias recientes de tu casa.
-No he recibido nada de mi madre. ¿Por qué lo dice?
-Me lo temía…
-¿Qué se temía?
-No sé si soy el más indicado para decirte esto.
-¡Venga ya! ¿Haces que me quede para no decirme nada? ¿Por qué tendría que haber recibido noticias de mi casa? ¿Le ha pasado algo a mi madre? ¡Contestame! - Draco estaba de pie y se acercaba agitado a Snape.
-Si te tranquilizas quizá pueda contarte lo que sucede… Bien. Siento ser yo quien te diga esto pero… tu madre está en San Mungo.
-¡¿Cómo?!
-Al parecer tu padre se sobrepasó… ya sabes a lo que me refiero.
Draco no podía creerlo, tenía que ser mentira. Comenzó a dar vueltas por la clase tirándose de los pelos. Tenía que decidir qué hacer y tenía que decidirlo ya. Quería ir a ver a su madre, pero tenía partido de quidditch. Además había quedado con Hermione después del partido... Pero su madre…
-Quiero ir a verla.
-No puedes.
-¿Y por qué no?
-Tu padre no ha dicho nada a nadie, él piensa que yo no sé nada sobre lo de tu madre.
-¿Y cómo sabes que…
-Eso no es asunto tuyo.
-Bueno no importa. Quiero ir a ver a mi madre y quiero ir ahora.
-Te repito, no puedes ir.
-Debe haber alguna forma…
Siguieron paseando durante algunos minutos más. Sin mirarse el uno al otro.
-Puede que la haya. Ve esta noche a mi despacho después del partido. Intentaré llevarte a San Mungo durante unas horas.
-Gracias.
Draco fue a cenar, aunque lo único que consiguió comer fue un poco de tarta del postre. Después de eso y de no contestar a ninguna de las preguntas que sus compañeros le hicieron sobre por qué había llegado tan tarde a cenar, se dirigieron a los vestuarios para cambiarse. En el camino al campo de quidditch se cruzó con Hermione, pero iba tan concentrado que ni siquiera le dirigió la mirada.
No fue el mejor partido de Malfoy, claro está, pero ni siquiera le importó. Cuando Harry cogió la snitch dorada y se anunció el final del partido, desmontó de su escoba y se cambió lo más rápido que pudo. Corrió hacia el castillo y se dirigió al despacho de Snape. Entró sin llamar a la puerta.
-Estoy listo.
Mientras tanto, en otra parte del castillo, Hermione caminaba hacia la clase donde se encontraría con Draco minutos después. O eso pensaba ella.