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Historia 183341 — capítulo 6

Hola, siento ser pesada y repetirme, pero me gustaría que comentarais. Voy un poco a ciegas sin saber qué os parece la historia. Tengo claro lo que quiero escribir pero a lo mejor podría cambiar la forma de expresarme o algo si no lo entendéis o si os parece mejor. Gracias por leer :)

Los minutos pasaban y se convirtieron en horas. Hermione llevaba desde las 22:55 esperando pacientemente a Draco y, cuando eran las 01:30, el sueño la venció en aquella alejada aula de su dormitorio.

Draco ni siquiera se acordó de Hermione, todo lo que tenía en mente era su madre. Snape se las apañó para poder llevarlo a San Mungo. Una vez allí, Draco se detuvo a leer el cartel con las distintas plantas del hospital pero no era capaz de encontrar alguna en la que pudiera estar su madre: accidentes provocados por artefactos, heridas provocadas por criaturas… A lo mejor habían considerado a su padre una criatura en vez de una persona. Mientras Snape hablaba con la enfermera de recepción, Malfoy divagaba en estos pensamientos.

Al cabo de 10 minutos, Snape le hizo un gesto para que lo siguiera. Comenzaron a subir planta tras planta hasta que llegaron a la quinta: ¿Daños provocados por hechizos? ¿Acaso su padre había dejado atrás los puños para pasar a la varita? Draco se temió lo peor.

Entraron en la sala y recorrió cada cama con la mirada pero no vio ninguna melena rubia como la de su madre.

-¿Seguro que es aquí?

Snape no dijo nada, simplemente lo miró y siguió andando hasta el final de las hileras de camas. Al fondo, disimulada, había una puerta del mismo color de la pared, aparentemente sin pomo ni cerradura con la que poder abrirla.

-¿Pero cómo…?

-¿Podrías callarte un poco?

-Sí, señor.

Snape pasó la mano por el centro de la puerta y esta se abrió. Detrás de la puerta había una pequeñísima sala con una única cama en la que estaba tumbada Narcissa. Draco supo que era su madre por el color de pelo, porque estaba totalmente cambiada. Lo miró y su mirada estaba vacía. Sus ojos se inundaron y se cubrió el rostro con las manos. Su madre, antes guapa y amable, ahora estaba delgada y llena de moratones. Temblaba de arriba abajo.

-Draco… vete…

Pero no podía. No podía dejarla así, no le importaba su aspecto.

-Mamá, no pienso irme.

-Siento recordarte que solo tienes una hora para estar aquí, Draco.

-Lo sé, pero eso no importa.

Snape asintió y se fue a la última planta del hospital a esperar. Draco se sentó en la cama de su madre y la abrazó. Narcissa comenzó a llorar desesperadamente en su hombro mientras decía palabras inentendibles. La mente de Draco funcionaba tan rápido que pensaba que le iban a salir chispas de las orejas. Las preguntas se agolpaban en su cabeza pero no sabía por cual empezar.

-¿Cuándo?

-Hace un par de días.

-¿Cómo?

-Como siempre.

-¿Por qué no me has avisado?

-No quería preocuparte, cariño. Sabía que no querías que nadie lo supiera y no quería que esto afectase a tus clases.

Draco se quedó callado durante unos minutos. No sabía cómo hacerlo pero tenía una idea.

-Ven a Hogwarts conmigo.

-¿Qué?

-Ven conmigo a Hogwarts. Nuestra familia tienen mucha influencia y seguro que no hay problemas en que te quedes allí. Hay muchas habitaciones. - Ante la mirada de su madre Draco siguió buscando motivos - No me importa que estés allí. No tienen que verte. Pero estarás a salvo. Lucius no se atreverá a atacarte en el colegio ni podrá enfrentarse a Dumbledore.

-¿Desde cuándo estás de parte de Dumbledore?

-Desde nunca, pero si él puede protegerte, haré lo que me pida.

-Draco, yo…

-No me contestes todavía, pero piénsalo, mamá.

En ese momento Snape entró en la pequeña sala. ¿Ya había pasado una hora? Draco se despidió de su madre susurrándole en el oído de nuevo su propuesta. Cuando estaban cerrando la puerta, Narcissa llamó a Snape.

-Draco, sólo serán un par de minutos. Espera fuera, por favor, cariño.

Draco asintió y cerró la puerta tras de él. Pero, como buen Slytherin, pegó la oreja a la puerta por si podía escuchar algo de la conversación, pero no consiguió escuchar ni una palabra.

Severus salió a los cinco minutos sin decir nada y ambos salieron del hospital en silencio. Una vez en la calle, se desaparecieron para volver al castillo. Una vez allí, se despidieron con un movimiento de cabeza al separarse en un pasillo de las mazmorras.

Antes de llegar a la puerta de su sala común, el recuerdo de una cabeza llena de rizos le pesó en el estómago como si se hubiera tragado una piedra.

-Hermione…

Sin saber por qué se dirigió al aula donde habían quedado hacía horas. Sabía que Hermione no era tonta y se habría marchado al poco tiempo de ver que él no llegaba. Tras un largo camino en silencio y sigilo para no ser descubierto por nadie, llegó a la clase. Lo que no esperaba era ver que, al contrario de lo que había pensado, Hermione estaba allí, dormida sobre una mesa y tiritando de frío.