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Historia 183757 — capítulo 2
CAP 2: ESE ODIOSO SOMBRERO
"(…) sentí la encantadora sensación de que todos los ojos de la sala se echaban sobre mi espalda, lo que inmediatamente me hizo querer hiperventilar."
Reif Larsen, "Las obras escogidas de T. S. Spivet
-¡Los de primer año por aquí!
Un gigante barbudo llamaba a los más pequeños agitando un farol. Cass se sintió pequeña e insignificante al ver la enorme figura, a la vez que recordaba todas las historias de gigantes que había oído en su vida.
Giró la cabeza para encontrarse a Scorpius, que le devolvió la mirada con sus ojos plateados en los que pudo leer el mismo hilo de pensamientos que ella.
"¿Realmente emplearán gigantes aquí? Por lo que sé son muy violentos y sanguinarios"
Si bien el hombre no era tan alto como un gigante (aunque eso Cassandra no lo sabía, ya que nunca había visto uno) junto a los nerviosos alumnos de primer año lo parecía.
De repente otra persona entró en su campo de visión. O mejor dicho, dos, ya que apenas el pelo azabache de Albus, que se había retrasado al camnbiarse, cruzó la multitud hacia el hombre del farol; una larga cabellera castaña hizo su aparición, provocando tanto en Cass como en Scorp sendas muecas de disgusto al pensar en la chica mandona del tren.
Al grito de "Hagrid" se abalanzaron contra la pobre persona, en una especie de abrazo simultáneo que hubiera derribado a cualquiera pero que sólo consiguió hacer retroceder unos pasos al tal Hagrid. ¿Es que acaso lo conocían?
-¡Rosie! ¡Albus!-exclamó-¿Cómo han estado? ¿Hicieron amigos durante el viaje?
Albus respondió claramente contento:
-¡Sí! Te los presentaré.
Dicho y hecho, Cass y Scorpius fueron arrastrados ante Rose y Hagrid, y llegaron justo para oír decir a la castaña:
-A mí no me agradaron las personas con las que viajó Albus, así que me fui con Victoire.
-No te preocupes, el sentimiento es mutuo- La afilada voz de Scorpius hizo callar a la niña que se percató de la presencia de "las personas con las que viajó Albus" y le hizo una mueca de fastidio mientras ponía los ojos en blanco al rubio, que le sacó la lengua, resentido.
-Yo soy Rubeus Hagrid, guardabosque de Hogwarts y profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, ¿quién eres tú?-preguntó señalando a Cassandra, la cual tras verle la cara dejó de temerle, pues una gran sonrisa le daba la bienvenida y los ojos negros que brillaban con amabilidad la invitaban a hablar.
-Mi nombre es Cassandra Harper señor-respondió algo nerviosa por encontrarse frente a un profesor, aunque no fuese como se los había imaginado.
-Oh, no me llames señor, nadie lo hace, dime Hagrid. ¿Tienes algo que ver con Edward Harper?.
-Soy su hija.
-No tenía muy buena mano para mi materia, espero que eso cambie; bueno, ¿y tú? ¿Cómo te llamas? Tu cara me resulta familiar, quizás conocí a alguien de tu familia.
El joven Malfoy se preparó mentalmente para lo que había temido, querido evitar y hecho dos veces desde que había subido al tren; presentarse:
-Scorpius Malfoy.
Enseguida los ojos del guardabosque perdieron el brillo (cosa que el chico había notado) y se levantó bruscamente, mascullando una disculpa acerca de que todavía tenía que reunir a los demás alumnos de primero.
Scorp se sintió caer abatido por dentro cuando Al se disculpó.
-Tranquilo Al, estoy acostumbrado.
La chica Weasley arqueó una ceja con incredulidad y Cass lo miró preocupada. "¿Tan obvio fui?" se preguntó.
La respuesta estaba clara en los rostros de las tres personas a su alrededor.
* * *
¿Un Malfoy en un bote con ella, riendo con su primo? ¿Albus ignorándola y charlando con su nueva amiga?
Para Rose Weasley no había peor insulto. Claro que eso fue hasta que vio el castillo. Todo eso se borró de su mente y se quedó sin palabras (sí, ella, sin palabras) ante la belleza de la imagen que veía.
En el lago, liso y negro como una espejo pulido, se reflejaban las miles de estrellas que se podían ver en el despejado cielo nocturno, pero éste espectáculo quedaba totalmente eclipsado por el imponente castillo que se alzaba del otro lado. Con sus torres y muros de piedra, cualquier mago hubiera podido atestiguar con sólo verlo el tiempo que el edificio llevaba instalado allí.
A su vez, la infinidad de ventanas que había diseminadas por el castillo, todas iluminadas, le daban un aire de calidez que envolvió a Rose como un manto, dispersando sus nervios. En conjunto, todo contribuía a que el lugar pareciera más mágico de lo que su nombre indicaba, y todos en los botes estaban sobrecogidos por la vista.
-Y pensar que lo muggles solo ven un par de ruinas-susurró sorprendida por el hecho.
-Diría que puedo respirar la magia-le dijo por lo bajo Albus a Cass- Sé que es una tontería-Murmuró luego bajando la cabeza.
-No Al, yo también puedo sentirlo-le contestó una maravillada Cassandra.
Scorpius se mantuvo alejado, admirando todo en silencio.
* * *
Cuando finalmente llegaron, estaban notablemente más calmados, cómo si el ver el colegio hubiera tenido un efecto relajante sobre todos ellos.
Una mujer de gesto severo abrió la puerta trasera y se encontró con muchos pares de ojos que la miraban fijo; pendientes de todos sus movimientos.
-Síganme-ordenó
"Así es cómo imaginé que serían los profesores en Hogwarts, estrictos y severos" observó mientras miraba el apretado rodete y su austera túnica malva, además de la apretada línea de labios que Cass lograba ver cada vez que se daba vuelta para comprobar que ninguno se atrasaba.
Al llegar al final del pasillo los ojos de muchos se abrieron como platos. Y los que no; no paraban de parpadear intentando descubrir si se encontraban en un sueño.
Entrando y saliendo de la habitación había *fantasmas.*Los hijos de muggles los miraban entre temerosos y admirados.
Una chica rubia abrió la boca y ahogó un grito. Las puntas de su cabello, que estaban teñidas de un bonito tono violeta, se tornaron blancas, y pronto el resto de su pelo lo hizo también. Cuando se dio cuenta miró alrededor por si alguien la había visto, y rápidamente apretó los ojos y los puños hasta que regresó a su color anterior.
"¡Una metamorfomaga!" pensó Cass. "Que bonitas puntas".
La profesora McGonagall intentó hacerse oír, pero el barullo que generaba la presencia de los fantasmas no se lo permitía.
Éstos habían empezado a examinar a los alumnos, que se estremecían cuando eran atravesados pues producía la sensación de ser bañado en agua helada.
Los espíritus también comentaban sus impresiones.
-Mi querida Dama, debo diferir. Creo estar en lo cierto al decir que este joven irá a Hufflepuff.
El joven en cuestión, un aterrorizado niño regordete se quedó mirando al vacío formulando un grito mudo mientras los fantasmas lo traspasaban y la "Dama" le respondía a su acompañante:
-Lo que usted diga Sir Nicholas.
Una vez que la directora McGonagall hubo echado a todos los fantasmas, se acomodó su peinado, (del cual se habían soltado varios mechones), puso su cara más digna y miró tan duramente a los que todavía estaban hablando y riendo que estos no hubieran podido decidir quién entre los fantasmas y la profesora los había asustado más.
-Soy la directora McGonagall y su futura profesora de Transformaciones. Ahora, al pasar por la Ceremonia de Selección, serán seleccionados para una de las cuatro casas del colegio, Ravenclaw, Slytherin, Gryffindor y Hufflepuff, cada una con distintas virtudes y cualidades. Estarán enfrente de todo el colegio, así que pónganse presentables.
Pareció mirar con especial intención el pelo desordenado de Cass, quién con nerviosismo intentó acomodárselo detrás de la oreja, aunque las ondas y bucles seguían escapándose.
Detrás suyo la chica metamorfomaga intentaba desesperadamente mantener su pelo del mismo color, ya que éste, debido a la vergüenza y los nervios, seguía cambiando de un rojo casi más furioso que el de Cass al blanco que tomó cuando vio los fantasmas.
-Ese es mi color-le dijo Cass con una sonrisa.
La chica rio y su pelo se estableció en castaño rojizo.
-Mucho mejor ¿Cuál es tu nombre?
-Maggie Heiss.
-¿Heiss? Es de otro país ¿verdad? Mmm... ¿Alemania? ¿Eres de Alemania? Yo siempre quise ir, debe ser hermoso, ¿cómo es? ¿Y por qué viniste a estudiar a Hogwarts? ¿No hay escuelas de magia allí?.
-Bueno… la verdad es que nunca estuve en Alemania, mi apellido es de Polonia. Y tampoco estuve allí- agregó con rapidez al ver la expresión de Cass- Mi padre es polaco. Por cierto, no me dijiste tu nombre
-Cassandra Harper- y eso fue la última cosa razonable que dijo antes de embarcarse en un monólogo sobre sus gustos y "cómo me gustaría ser metamorfomaga como tú, mi pelo es detestable".
-¡Acomódense en fila! Cuando entremos al Gran Salón el profesor Longbottom los irá llamando en orden alfabético, así que estén atentos.
Unas puertas dobles se abrieron de par en par crujiendo dejando ver un salón inmenso. El Gran Salón sí que hacía honor a su nombre.
Había cuatro mesas rectangulares, muy largas. "Las cuatro casas". Al miraba con curiosidad. Su hermano lo saludó desde la mesa más lejana. En el lugar opuesto, la mesa de Slytherin. "¿Será cierto que iré allí? Papá dice que está bien cualquier casa, pero James me contó que en Slytherin todos son crueles, y que cualquiera que entre allí es forzado a serlo hasta que se acostumbra y le empieza gustar tratar mal a los demás".
Delante de él, el pelo rojo de Cassie que le tapaba todo el cuerpo hasta la cintura. Por debajo asomaban sus puños apretados y cuando ella miró a las mesas, Al pudo ver el rostro lívido.
Sin saber muy bien porqué, Albus se estiró en un impulso y le tomó la mano, sus ojos esmeraldas sonriéndole para animarla. Cassandra le apretó la mano y volvió la vista al frente; sin que sus preocupaciones desaparecieran del todo aún.
* * *
-Eh Cass- el susurro de Maggie la sobresaltó- Mira el techo, o mejor dicho, el cielo.
Cassie hizo lo que le decían y al levantar la vista, emocionada apretó la mano de Albus que soltó un quejido de dolor.
En vez de techo, como había dicho Maggie, por sobre sus cabezas se abría la noche de afuera. Era hermoso, y lo único que la niña pudo hacer fue mirarlo, hasta que chocó con su amiga, que ya había parado.
Ansiosa soltó la mano de Albus y se acomodó la túnica y el uniforme, pero sin tocarse el pelo, ya resignada a la indomabilidad de éste.
Se puso de puntillas y por encima de todas las cabezas, notó un taburete con un sombrero viejo y raído.
"¿Ese es el Sombrero Seleccionador? Creí que sería más… no sé… nuevo".
Tres rasgaduras que imitaban los ojos y la boca se abrieron y el sombrero empezó a cantar; y su voz era exactamente la cualquiera hubiera pensado si se imaginara la voz del objeto; un vozarrón algo cascado y ronco, pero potente, acorde a su aspecto.
"Sean bienvenidos a su futuro hogar,
El colegio Hogwarts.
Soy el Sombrero Seleccionador
Y es mi tarea dividirlos en casas
Para que encuentren a sus afines;
En Gryffindor, los osados
Hallarán calidez y refugio.
Slytherin será el lugar
De los astutos y ambiciosos.
La inteligencia y sabiduría,
A Ravenclaw pertenecen sin duda;
Y Hufflepuff serán aquellos que no duden
En ayudar a los amigos y esforzarse.
Sin embargo, yo leo vuestras mentes.
Podré definirlos en una casa u otra;
Pero el valor puede flaquear,
Ni la inteligencia inagotable.
La astucia puede no ser tanta,
Y nunca se es honesto todo el tiempo.
Hay cualidades de cada casa en todos
Y nadie pertenece totalmente a una.
El temple y el saber;
El orgullo y la constancia;
Están en cada uno de nosotros.
Yo diré el lugar que les corresponda más.
Así que después de estas palabras tan serias
(Y para alegrarlos un poco)
Yo nunca me equivoco,
Y donde sea que acaben
¡Están en el sitio correcto!"
Cuando terminó la canción, los estudiantes aplaudieron y esperaron al primero de los nuevos.
-¡Sophia Bletchey!
-¡SLYTHERIN!
-¡Lucas Boot!
-¡RAVENCLAW!
El profesor fue llamándolos por orden alfabético tal como lo había anunciado la profesora McGonagall, y el nerviosismo de Cass aumentaba proporcionalmente a la cercanía a la H.
Sería la primera de sus amigos en probarse el sombrero.
Rogó a quien fuera que cumpliera los deseos que Al, Scorp y Maggie fueran con ella, y que a la antipática de Rose Weasley le tocara en otra casa, por muy injusto que eso fuera para Albus.
-¡Cassandra Harper!
La chica del pelo rojo fuego caminó tan lento como si se dirigiera al mismo patíbulo, recibiendo la mirada impaciente de la directora McGonagall.
Por lo bajo, maldijo su pelo por ser tan memorable, un sólo error, y todos la recordarían al verla.
Con esfuerzo se subió al banco, aunque tuvo que saltar para llegar, pues sentada ni siquiera rozaba el suelo con las puntas de los pies, y se calzó el sombrero.
"Ah, interesante" dijo una voz familiar en su cabeza.
"¿Qué? ¿Quién eres? ¿Y qué haces en mi mente?"
"Cuando dije que podía leerla fue literal, ¿sabes?"
"Oh lo siento" Era el Sombrero. "Debería haberlo adivinado, se dijo, olvidando que alguien más podía ver lo que pensaba.
"Ajá, eso descarta Ravenclaw"
Cassie estaba a punto de responder, pero se lo pensó mejor.
"Buena idea"
Gruñido.
"Y quita esos pensamientos tan desagradables sobre quemarme."
Otro gruñido.
"No eres Hufflepuff, no te gusta demasiado trabajar, aunque seas leal a tus amigos, así que Slytherin o Gryffindor. Mmm… Orgullosa, decidida, y un poco maliciosa. También eres algo ambiciosa, aunque valiente, leal y completamente impulsiva… ¿Tú que dirías?"
A pesar de lo que Cassandra pensaba sobre Slytherin la mayoría de los chicos que habían sido seleccionados para esa casa le habían parecido desagradables, por lo que susurró "Gryffindor" sin dudar.
"Bien"
Y repitió para todos los presentes lo que ella había dicho:
-¡GRYFFINDOR!
La mesa roja estalló en vítores.
Se sentó al lado de un chico idéntico a Al, exceptuando la altura y las gafas redondas que llevaba sobre sus ojos avellana, haciéndolo, sin que ninguno de ellos lo supiera aún, un calco de su abuelo paterno.
Se presentó como James Sirius Potter y Cass le dijo su nombre; pero rápidamente fijó sus ojos celestes en el pelo castaño rojizo que subía al banquito y cruzó los dedos por debajo de la mesa.
Apenas le tocó la cabeza, el sombrero gritó "RAVENCLAW". Maggie buscó a la pelirroja con la mirada y al distinguirla, tarea nada difícil, le dedicó una sonrisa resignada que recibió la misma respuesta y al dirigirse a su mesa cambió su pelo al azul de las corbatas y escudos de sus compañeros de casa, revelando su habilidad y arrancándoles más gritos.
Después de Jones, Lucy; Jeckles, Peter; dos gemelas, Eleanor y Emily Lewin, llegó el turno de Scorp, que se dirigió con aparente confianza a sombrero, pero que estuvo tres minutos sentado antes de que éste exclamara: ¡SLYTHERIN!.
Cass se puso a charlar con Garret Macmillan, elegido justo antes que Scorpius y con el (comprobado) hermano de Al, pero por dentro estaba empezando a preocuparse; ¿es que todos sus amigos iban a ir a otras casas? Sin embargo, todavía quedaba Al. Su hermano iba Gryffindor y sus padres eran un Potter y una Weasley; (casi) no había posibilidad de que no fuera con ella.
A pesar de todo el sombrero lo tuvo más de diez minutos sentado, mientras los alumnos empezaban a hacer apuestas sobre el Potter mediano, y, cuando finalmente anunció la casa…
-¡SLYTHERIN!
El grito sorprendió a todos, alumnos y docentes por igual. Algunos pensaron que se habían perdido la selección de Albus Potter y que ya habían llamado a otro niño.
Quizás Ravenclaw, o incluso Hufflepuff, pero ¿Slytherin? Nadie había visto venir eso. En especial dos personas de la mesa de Gryffindor que observaban al muchacho sin decir una palabra, mientras en su mente barajaban millones de preguntas sobre el muchacho de pelo negro azabache que en ese momento se dirigía hacia la que sería su segunda familia en Hogwarts.
"¿Cómo pudo pasar esto? Al debería haber venido a Gryffindor conmigo… Cuando le dije que a acabaría en Slytherin fue sólo para molestarlo. ¿Y ahora? Estará con las serpientes ; solo. Esa no puede la casa para Al, el sombrero se está poniendo viejo y confunde las cosas, eso ha pasado, mañana hablaré con Minnie…"
"¿Al? ¿A Slytherin? ¿Y ahora quién será mi amigo? Maggie está en Ravenclaw y Scorpius y Albus… Bueno, por lo menos están juntos. Ese sombrero me odia, lo hizo todo a propósito. Lo único que falta ahora es que esa antipática de Rose Weasley venga conmigo a Gryffindor."
Molly Rimbley y Lacey Poals acabaron en Ravenclaw y Emmet Queen y Philip Stewart fueron nombrados Hufflepuffs.
Cass apenas se fijó en Winnifred Turpin, su prima segunda y el chico que la siguió por esperar a Rose.
"Puff, ahí la llaman"
Y, como si el destino (o un sombrero parlante con serio peligro de ser desgarrado o incinerado) se estuviera burlando de ella, apenas le tocó la cabeza el grito de "¡GRYFFINDOR!" resonó por todo el comedor, antojándosele a Cassandra el anuncio de su perdición y le provocó fuertes deseos de estamparse la cabeza repetidas veces.
Claro que quienquiera que fuera todavía no había acabado de reírse de ella.
Como Rose no tenía amigos en la mesa ("´Pero por su culpa y no por un estúpido sombrero rajado") se fue a sentar frente James Sirius, la única persona conocida que alcanzó a ver desde la tarima (además de Cass, pero a ella no le hablaba).
Durante el resto de la noche Cass tuvo que aguantar las miradas de odio Rose y fingir estar interesada en la charla de Garret Macmillan, ya que, a pesar de las ganas que tenía de pedirle (no muy amablemente) que cerrara la boca y la dejara hundirse en la autocompasión, no tenía la culpa del malhumor de Cass. Apenas sí pudo escuchar el discurso de la directora, y no la animó ni la vista de los manjares enfrente suyo, es más, no probó bocado. Más adelante, cuando creciera y recordara ese momento se daría cuenta de lo patética y exagerada de su actitud, pero a sus once años de edad, lo único que podía hacer era sentirse miserable y desesperada.
Más tarde, cuando se levantó para seguir al prefecto los ojos ya empezaban a cerrársele, y cuando subieron a la habitación se tiró en la cama más cerca sin notar ni siquiera que al lado suyo se sentaba Rose Weasley, y a los dos segundos ya estaba dormida.