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Historia 183757 — capítulo 3

"(…) confieso que sentí algo cuando vi mi querido pelo sobre la mesa y toqué la áspera pelusa que me quedaba en la cabeza. Me pareció como si me hubiesen amputado un brazo o una pierna."

Louisa May Alcott, "Mujercitas"

   Un ojo, después el otro. Dos monedas de plata pestañearon con pereza observando a su alrededor.

   Scorpius Malfoy tardó un poco en ubicar donde se encontraba, pero al deslizar la mano por el suave acolchado verde oscuro comprendió que no era un sueño.

   Una media sonrisa apareció en su rostro: su (reciente) amigo se hallaba profundamente dormido, la boca abierta con un pequeño hilo de baba avanzando lentamente hasta la marca húmeda en la almohada, y miles de ideas cruzaron la mente del rubio, hasta que se decantó por lo clásico; un vaso de agua empapó la cabeza de Albus por completo hasta que se despertó boqueando con los ojos esmeraldas bien abiertos. Scorp no pudo evitar fijarse en que ni de esa manera el pelo azabache se quedaba pegado al cuero cabelludo y seguía saliendo para todos lados.

-¡¿PORQUÉ HICISTE ESO?!

-Porque podía- El chico se encogió de hombros como si despertar a tu amigo echándole un vaso de agua helada al segundo día de conocerse fuera tan natural como respirar.

   Anonadado ante tanta desfachatez, Albus sacudió la cabeza antes de ir a buscar una toalla al baño.

    Unos minutos después ambos estaban bajando al comedor. Era sábado, y a los alumnos se les permitía no usar el uniforme para pasear por el colegio y sus terrenos. Es lo que los tres amigos habían planeado hacer, pero Scorpius se estaba cohibiendo. Draco Malfoy había cambiado su actitud hacia los "sangre sucia" y muggles, es verdad, pero, tal como le decía a su hijo: "no se reniega de los orígenes", y como señal de respeto hacia el significado de llevar el apellido Malfoy y ser parte de una de las familias mágicas más antiguas de todas exigía, a sí mismo y al resto de su familia, el cumplimiento de ciertas costumbres, por lo que el uso de la túnica en presencia de magos es una ley. Y Scorp debe seguirla.

   Por eso, mientras que otros estudiantes llevan vaqueros y suéteres, él tiene puesta una túnica cerrada verde inglés, y atrae las miradas de la mayoría de los alumnos.

   No le importaría si no fuera por los comentarios que las acompañan:

-Míralo, es un verdadero Slytherin.

-Había escuchado que los Malfoy cambiaron sus costumbres, pero allí está la prueba de que siguen igual.

    Albus le había ofrecido prestarle su ropa, pero le había bastado una mirada para saber que el talle jamás sería el suyo.

   Sin embargo, un delicioso aroma ascendía por las escaleras y apuraron los últimos escalones pensando en el gran desayuno que se zamparían, si era parecido en algo al banquete de la noche anterior.

   Claro que tendrían que sobrepasar al torbellino rojo que interrumpió su llegada unos instantes después.

   Desde atrás de una columna una mancha colorada los aplastó entre sí.

-¿Cómo pasaron la noche? ¿No fue genial? Arrugué todo mi uniforme, pero creo que de alguna manera lo arreglarán, cuando volví del baño más temprano ya no estaba donde lo había dejado.

-Bien, ¡la cama es comodísima! Podría ser que se lo llevaran los elfos domésticos, mi madrina me contó que hacen todo aquí.

   Apenas tenían noción de la enemistad de las casas, de manera que ninguno entendía por qué los alumnos de otros cursos les dedicaban miradas sorprendidas cuando vieron que los dos chicos acompañaban a la niña a su mesa.

-Tengo una idea: ¿qué tal si después de Scorpius y tú van a los jardines? Yo tengo que buscar algo, los alcanzaré después en las puertas principales.

  • Muy bien Al, ¿ya se van a su mesa?

   Cass tomó asiento con cuidado de no meter los puños de su blusa celeste en algún tarro pringoso de mermelada.

   Se sirvió una taza de chocolate caliente que bebió dando pequeños sorbidos, pues aún quemaba al tocarle los labios. Había montones de cosas deliciosas para comer.

   "Es sábado, puedo servirme otro panqueque" Sus compañeros de casa la miraban con un poco de miedo; su boca chorreaba miel y ya iba por su tercer plato.

   Sin hacer caso de las miradas de Weasley, "muy presuntuosa con su café", se dirigió a la puerta mientras se frotaba la boca con la servilleta.

    *      *      *

   "¿Por qué me dejé convencer?" se repitió por quinta vez Scorpius Malfoy. "Porque podrían ser los únicos amigos que te harás en un buen rato". Al mirar a Cass se corrigió: "el único amigo". La niña estaba disfrutando tanto como él, de eso estaba seguro. Y a decir verdad, el único que aparentaba alegría era Albus.

   "¿Cómo se le pudo haber ocurrido traer a Weasley aquí?"

   En efecto, una niña de enredado cabello caminaba unos pasos delante de la pelirroja y el rubio arrastrando a Albus del brazo a través de los terrenos del colegio echando cada tanto miradas cautelosas hacia atrás.

*      *      *

   Llegaron cerca del límite del Bosque Prohibido y se sentaron en el pasto. El intenso color verde, muy parecido a los iris de Al, contrastaba con los oscuros árboles.

-Es un poco siniestro, ¿no creen?- Al intentaba entablar una conversación a toda costa, con un empeño admirable que solo causaba irritación en sus acompañantes.

-No-fue la cortante respuesta a tres voces. Ninguno estaba dispuesto a ceder a los esfuerzos del azabache y perdonar las palabras del día anterior, y mucho menos entablar una amistad.

   El silencio violento que se formó a continuación trajo también una tensión que enrareció el aire. Ni Al se atrevió a romperlo.

   Pero, sin embargo, sí fue roto.  Por una pequeña criatura que salió corriendo desde el bosque persiguiendo un escarabajo de color negro. Parecía un trozo de corteza con finas ramas que hacían de piernas y brazos. El ser tomó con cuidado el bicho y lo examinó minuciosamente, como si pensara que era otra cosa. Después se la tragó por un agujero que resultó ser la boca y recién entonces reparó en los cuatro chicos que lo miraban con miedo, curiosidad y recelo.

-¿Qué es eso?- preguntó la pelirroja, ladeando la cabeza, como si así pudiera observar mejor a la "cosa"

-¿No lo sabes? Yo lo aprendí a los nueve años, es un…

-Bowtruckle- Rose fue interrumpida por Scorpius que se ganó nuevamente el desprecio de la castaña, expresado en una mirada.

-¿Y qué es un bowtruckle?- Al interrumpió el duelo tácito y su prima retomó el papel de educadora:

-Son criaturas que viven en los árboles, generalmente en los que se usan para hacer varitas. Se alimentan de insectos y atacan a los que amenacen su hogar.

-¿Cómo aprendiste todo eso? No está en los contenidos de primer año, creo- En realidad Cassandra se estaba preguntando por qué diría insecto y no bicho "son palabras de mayores", pero olvidó su enfado hacia la castaña, aunque el tono claramente despectivo en la respuesta se lo recordó inmediatamente.

-Mi madre me dio algunos de sus libros de segundo y tercer año para estar más avanzada- Estaba siendo así deliberadamente, Al podía notarlo, pero era tan diferente de la Rose con la que él normalmente trataba que al niño de ojos esmeraldas le dolía en el pecho lo que le costaba reconocer a su prima.

-¡AAAAAH!

   Los dos se dieron vuelta: un torbellino rojo y marrón tenía lugar en la cabeza de Cassie. A su lado Scorp la miraba desesperado sin saber qué hacer. Lo único que le impedía al bowtruckle alcanzar los ojos de la pelirroja era el enredo que estaba causando, que lo encadenaba aún más al cuero cabelludo. Claro que eso sólo hacía que se revolviera con más ímpetu, sacándole lágrimas a la niña del dolor.

   En ese momento Al se agachó deseoso de ayudarla y tiró de él, junto con Scorpius que se sumó a ayudarlo pero:

-¡PAREN! ¡LO HACEN PEOR!

   Era un grito desesperado que los hizo desistir, y cuando ya pensaban que no podrían hacer nada la criatura pareció darse cuenta de que no servía de nada seguir moviéndose, atado como estaba con mechones de pelo.

   Se quedó así calmado, como un curioso pájaro de madera en un nido colorado, los ojos ambarinos parpadeando a todos los presentes.

   Al se preocupó al ver los arañazos que tenía Cassie en las manos, las mejillas y la frente, algunos de los cuales sangraban, pero muchos eran superficiales. La ayudó a levantarse y la revisó para ver si estaba muy lastimada mientras ella se masajeaba las pálidas sienes.

-¿Y ahora qué? No puede estar aquí arriba para siempre.

-Hay que llevarte al colegio, pero no te pueden ver con eso en la cabeza por los pasillos, llamarás demasiado la atención.- Albus no pudo ni quiso evitar la sonrisa que asomó a sus labios cuando su prima, de manera un poco hosca, al terminar e decir estas palabras le tendió su túnica a la pelirroja; "Ya sabía yo que al final se portaría mejor con ellos"-Quedarás un poco ridícula, pero es mejor que andar con un bowtruckle enredado en el pelo.

-Gracias, creo- Algo dudosa, "pero se justifica", Cassie la tomó y se la colocó de forma que le cubriera el cabello y el ser en él.

*      *     *

-¿Qué hacen aquí?-La directora McGonagall no podía menos que estar sorprendida por la velocidad con la que un alumno había logrado accidentarse. Y más aún al descubrir que quienes estaban allí eran los hijos del Trío de Oro y de su antiguo rival, Draco Malfoy. Sin embargo, ninguno parecía tener ninguna razón por la que estar allí.

-Vinimos a traerla

-¿A traer a quién?- Pero la respuesta la tuvo al seguir la dirección que apuntaba el brazo del pequeño Malfoy.

   Poppy había transformado el lugar en una peluquería. Largos y finos cabellos cual hilos de diversos tonos que iban desde el borgoña hasta el rojo sangre más brillante estaban dispersos por todo el suelo, aunque se concentraban en una cama donde se sentaba una diminuta niña con un bowtruckle en la cabeza que emitía crujidos mezclados con una especie de gorjeos. Algo que no se ve todos los días.

    La directora miró a Poppy cortar poco a poco con unas grandes tijeras de plata todo lo que retenía  a la criatura a la cabeza de ¿Cassandra? Sí, Cassandra Harper, que tenía los puños apretados y los ojos fuertemente cerrados, como si no quisiera ver los restos de su antes hermosa cabellera.

Ris ras, medio metro de rojo cayó a las sábanas blancas. Una mano surcada por líneas blancas se extendió y lo tomó con cuidado, acariciando el sedoso rizo, antes de dejarlo descender suavemente a las baldosas blancas de la enfermería.

   El bowtruckle finalmente fue liberado, y entonces la profesora McGonagall decidió intervenir.

-Buenos días Poppy, ¿primeros pacientes del año? Espero que te haya ido bien en tus vacaciones.

-¡Oh sí! Buenos días Minerva. Grecia es maravilloso, y tienen unas pociones nuevas que después te enseñaré, en cuanto termine con esto, tuvieron un accidente en el límite del bosque con este bowtruckle cuando paseaban.

-¡Yo se los avisé Minnie! ¡Les dije que los bowtruckles atacaban a los que se acercaran a sus árboles, pero no me escuchó y se apoyó en él!

-¿Quién te ha pedido que dijeras nada, Weasley?- El mortificado tono al final de la frase no le pasó inadvertido a la mujer que se paraba en la puerta, ni a ella ni a nadie. "Es evidente que está avergonzada" ¿Y quién no lo estaría? Estaba siendo pelada y para empeorarlo, una compañera suya, por más hija de Hermione Granger que fuera, la estaba exponiendo, todo enfrente de la directora de su nuevo colegio.

   Liberar al bowtruckle había requerido cortar casi todo el pelo. Poppy le tendió un espejo a la niña con cuidado, casi temiendo su reacción.

   Un sollozo ahogado salió de su boca:

-Mi pelo-repetía constantemente mientras se pasaba la mano por la pelusa pelirroja que quedaba-Mi pelo.

-No está tan mal Cass-La voz de Scorpius Malfoy temblaba al pronunciar esas palabras. Podría haber sido una vacilación de lástima, de compasión, de miedo, pero… ¿era posible que fuera de risa? Minerva sacudió la cabeza y antes de salir anunció que los esperaba en su despacho al finalizar el almuerzo y que la señorita Harper podría ir cuando le terminara de crecer el pelo si se sentía demasiado incómoda caminando por el castillo de esa forma.

   Cass no entendió a qué se refería pero de todas maneras asintió y entonces la profesora se fue, dejando el eco de sus zapatos repiqueteando en el suelo de piedra del resto del castillo.

   Apenas se dejó de oír ese sonido, la carcajada que el rubio había estado conteniendo estalló, propagándose por la sala de tal forma que podría haber llegado hasta las mazmorras.

   Durante unos instantes fue como si el mundo se hubiera detenido y lo único que siguiera vivo fuera la risa fuerte, clara, y el muchacho de ojos plateados que en ese momento se agarraba la panza y se doblaba en dos, preso del sentimiento que le provocaba ver a su amiga en el estado en el cual se encontraba. Después, un grito cruzó la enfermería, se encontró con ese sonido, y lo cubrió.

-¡¡¿¿¿DE QUÉ TE ESTÁS RIENDO TEÑIDO ESTÚPIDO???!!- La cara de Cass se puso roja y sus ojos se abrieron tanto que parecía que se le saldrían, y, cualquiera que fuera la razón por la que su "ya no más" amigo se reía eso sólo contribuyó a su ataque espontáneo que no parecía tener fin.

-Es que…-se atragantaba-Es que… ¡ES QUE PARECES UN ELFO DOMÉSTICO!- Ahora comenzaba a parecer histérico.

   Pero era verdad. Si la pequeña estatura y la delgadez huesuda sumadas a la coloración y de sus ojos (además del tamaño de estos) la hacían parecer un duendecillo como los de las historias muggles, ahora que apenas tenía cabello se podían ver las orejas con soplillo, además de los ojos que parecían más grandes que nunca, y la cabeza demasiado chica para ellos, era una versión más alta y con muchísimas pecas de un elfo doméstico.

   Cassandra lo miró furibunda pero pronto se dirigió a Albus, que se tapaba la boca en un intento de esconder su diversión.

   ¡Claro! Hasta le pareció que Weasley estiraba un poco la comisura de los labios.

   Convencida de que ya no tenía nadie en quién confiar, excepto tal vez Maggie, les dio la espalda, se acostó y se cubrió con las mantas hasta la nariz.

-¡Por favor Cass! ¡Si ha sido divertido!- Albus intentó, pero no se pudo decir que consiguiera nada.

-¡Sí! ¡Incluso Weasley piensa lo mismo!

-¿YO? Jamás encontraría gracioso algo que TÚ dijeras- La castaña arrugó la nariz.

-¡No griten en la enfermería! Y tú señorita, no te vayas- detuvo a Rose que ya se disponía a irse- Tengo que revisar que no hayan rasguños o heridas.

-No hace falta señora Pomfrey. Por suerte no fui tan tonta como para tocar al bowtruckle.

   El ambiente quedó completamente arruinado con esa frase y nadie dijo nada mientras la enfermera sentaba a los dos niños en una cama y les aplicaba pomada en los brazos.

-Será mejor que vayan al comedor y esperen a que Minerva los llame.

   Una vez que se fueron, y  antes de irse a preparar un poco de poción Crecepelo, la mujer se agachó y susurró en una oreja que apenas sobresalía entre las sábanas:

-No seas demasiado dura con ellos, se nota que te aprecian.

*      *      *

   Maggie corría hacia la enfermería en busca de una pelirroja bastante rencorosa que, en el momento en que su amiga abrió la puerta con un estrepitoso ruido, se dio vuelta provocando que Madame Pomfrey derramara la cucharada de poción que estaba a punto de darle en las sábanas.

-¡Maggie!

   La chica de pelo azul alcanzó a su amiga y le pasó la mano por la pelusa un poco anaranjada de su cabeza, apenada.

-¿Qué te pasó? Me contaron que estabas aquí y vine tan rápido como pude.

-Salimos a pasear y acabamos cerca del Bosque Prohibido, no me mires así Maggie, que ya sé que estuvo mal, un bowtruckle salió y quisimos agarrarlo, Scorp y yo, para gastarle una broma a Rose Weasley, pero me caí contra el árbol, ¡y me saltó encima!

   La mirada reprobatoria de Maggie probó ser de las pocas que podía hacer que Cassandra bajara la cabeza, probablemente una de las pocas capaces de hacerla arrepentirse de hacer algo:

-Eres mi tía de joven.-refunfuñó repentinamente interesada en las sábanas.

   En ese momento Madame Pomfrey salió de nuevo de su despacho para intentar de nuevo darle las cinco cucharadas de poción Crecepelo necesarias para que éste recuperara la longitud anterior al "Incidente del Bowtruckle" como sería apodado más tarde en alrededor de unas siete horas.

   La metamorfomaga, le apretó la mano pero le dirigió un último reproche tácito, y se fue silenciosamente.

   "Sí, definitivamente, mi tía de joven"

*      *      *

   Más tarde la Sala Común de Gryffindor recibió a Cassandra Harper con el pelo pasando sus hombros y por una vez desenredado, y una hora más tarde, a la hija mayor de Ronald Weasley con el propio más enredado que nunca.

   En el dormitorio ninguna quiso romper el silencio y la extraña tregua que había. Ambas se culpaban mutuamente de lo ocurrido y ambas estaban demasiado cansadas para iniciar una pelea.

   Se quedaron así unos minutos, recostadas en sus respectivas camas, la pelirroja mirando el techo, con un bucle en la boca y Rose de costado, hasta que recordó algo y sacó un pergamino del bolsillo interior de su túnica, que ya le había sido devuelta.

-Ten, es de la directora.

-Gracias.

*      *      *

   Cuatro porciones de pastel de papas, tres vasos de jugo de calabaza y siete bombones de menta y chocolate después de llegar al comedor para la cena, Scorpius se dirigió a su Sala Común. Al se había levantado apara hablar de un asunto con Rose y mientras cruzaba las puertas que aún lo sorprendían con su tamaño, el rubio giró la cabeza para verlo. Parecía que él y Cass discutían con Weasley.

"Como si fuera a hacer otra cosa, esa siempre está discutiendo con alguien".

   La verdad es que al joven Malfoy no le había agradado para nada Rose Weasley.

   En realidad le había resultado tan desagradable como amigable le parecía el primo de ésta. Su padre le había enseñado a no cometer sus mismos errores y por eso no prejuzgaba a la gente, pero la gente… lo prejuzgaba a él.

   Scorpius odiaba a las personas que lo señalaban en el Callejón Diagón.

   Odiaba a las personas que susurraban detrás y enfrente suyo.

   Odiaba a las personas que se negaban a venderles cosas cuando su padre las pedía y a los hombres que cada mes revisaban su casa en busca de objetos sospechosos.

   Sí, Scorpius Malfoy odiaba muchas cosas.

   Pero de todas, la que más odiaba era la soledad. Que los otros niños de familias mágicas se alejaran de él como si tuviera la lepra o el propio silencio de su casa, porque sus padres no habían querido más niños y recibían pocas visitas.

   Sin embargo, a la vez que odiaba todo eso, adoraba el mundo muggle. Donde podía pasear por la calle sin ser "El Hijo de Draco Malfoy", donde tenía amigos. Pero ahora había conocido a Cass y Albus, que no lo juzgaban ni les molestaba su presencia, y con quienes no tenía que esconder su magia. No podía estar más agradecido.

*      *      *

   Al día siguiente todos durmieron hasta tarde, aprovechando el domingo antes de comenzar la semana. A duras penas la niña -con su desordenadísimo cabello de vuelta- se levantó a las once de la mañana para ir a comer y cumplir el castigo, ordenando la biblioteca, porque los dos Slytherin habían preferido quedarse en la cama y saltarse el almuerzo.

    A la tarde, cuando todos los libros de la biblioteca estuvieron en su lugar, listos para el comienzo del año, continuaron con el paseo por los terrenos del colegio, esta vez sin la niña castaña que ni Albus quería cerca en ese momento después de la discusión de la noche anterior.

   ¿Qué hacía aquella? Releía todos los libros del año como repaso para el día siguiente.

    Se fueron a dormir con unos nervios y emoción que, suponían, cada chico de primero debía estar sintiendo, nada listos para el día que esperaban desde la llegada de la carta.