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Historia 183757 — capítulo 4
Aún era temprano cuando Cass despertó. La túnica que había usado en el banquete estaba arrugada después de dejarla hecha un bollo en el suelo por un día y dos noches enteras, al igual que el uniforme, su pelo más enredado que nunca y tenía lagañas en sus ojos azul claro. Esquivando (con cierta torpeza) las camas de sus compañeras se metió en el baño y se lavó la cara. Desistió de peinarse y salió, con los últimos resquicios del sueño persistiendo en sus movimientos y entre bostezo y pestañeo observó a las demás levantarse. Fue hasta el baúl y eligió la segunda túnica negra, para comprobar con agrado que los colores y el escudo habían cambiado a los correspondientes a su casa, así como la corbata, que había pasado de negra a roja y amarilla durante la noche.
Comparándola con la del viernes, y considerando que sólo tenía un uniforme, puso la del día anterior en el cajón que ponía "Lavandería" y se colocó la nueva de manera que tapara el estado de la camisa y la pollera. Las cosas más pequeñas, como la corbata y las medias, habían salido mejor libradas.
* * *
Durante el desayuno habló con Dolly McBleeze, una niña regordeta que, en palabras mentales de Cass, era una chismosa en potencia, y, aunque no le agradara este tipo de personas, era la primera en admitir que "El Profeta" no le daría toda la información necesaria en algún posible incidente ni la ayudaría a expandir o desmentir un rumor.
Mientras hablaban dos figuras se acercaron por atrás. De repente la tostada con queso y mermelada que la pelirroja estaba a punto de morder desapareció para acabar en las manos de Albus Severus Potter.
-Ey Al, dame un pedazo a mí también.
Corrección, en las manos de Albus Severus Potter yScorpius Hyperion Malfoy.
Sin embargo la brujita siguió con lo suyo hasta que una mano pálida se sacudió frente a ella.
-Hola Scorp.
-¿Y yo?
-Buenos días Al, ¿estaba rica?
-Pues sí, tendré que contratarte como cocinera, Harper.
-Serían diez sickles la tostada Potter. ¡Pero no vuelvas a robarme la comida!- agregó en broma.
-Te lo dije- le susurró el rubio a Al. Cassandra rodó los ojos. Que se hubiera ofendido un poco "Buen, bastante" por una broma cuando no estaba en su mejor momento no quería decir que se enojaría por todo.
-¿Cuál es tu primera clase?
La chica revisó su horario, después le contestó a Scorp:
-La mía Pociones, ¿la de ustedes?
-¡La nuestra también!
-La tendremos juntos entonces- Quizás ese año no sería tan malo después de todo.
* * *
Si no se hubieran volcado esas malditas espinas de pez-león…
Si tan sólo no hubiera caído en el escalón falso que descubrió de la peor manera…
Pero ahora tenía que aguantar las risas de Albus y Scorpius detrás.
Cass había entrado corriendo al aula, resollando y rezando por un asiento libre, de ser posible, cerca de sus amigos. Y lo había, pero no exactamente con quién hubiera querido. O mejor dicho, exactamente con quién no hubiera querido.
Se había dirigido al escritorio del profesor Slughorn y le había explicado por qué había llegado tarde, y que se había quedado sin asiento, a lo que el profesor respondió levantando su gordo brazo y señalando el lugar libre.
-Allí, al lado de la señorita Weasley hay una silla, ¿por qué no te sientas ahí?
Cassandra masculló un "Sí señor" y con los pies como plomo se encaminó hacia la castaña.
-¡No mezcles el jugo de hongos con la mandrágora todavía!
Normalmente la pelirroja no se ponía nerviosa frente a un caldero, porque tía había sido medimaga en su juventud y como se había encargado de la educación de la chiquilla desde que ésta tuvo dos años la pelirroja acabó por aprender los principios más básicos, pero el hecho de que Rose le corrigiera hasta la forma de atarse el pelo ("Se te pueden caer mechones en la poción") sumado a que el viejo profesor pasaba por su banco y el de Albus más que por el de los otros alumnos la alteraba hasta el punto de ser descuidada con los ingredientes ("Lo último que un buen pocionista debe hacer" solía repetir Anne, que en su momento se encargaba de preparar los remedios mágicos de San Mungo").
* * *
Albus se sentó con Cassie en Transformaciones, aunque tuvo que echar prácticamente a Garret Macmillan, que se había empeñado en sentarse al lado de la pelirroja, pero salió corriendo con Emily Bount apenas entró la severa profesora que ya conocían.
A pesar de eso, ignoró olímpicamente al chico y se hizo la ofendida por las risas en Pociones durante media clase, hazaña digna del mejor, hasta que los continuos toques en el brazo repitiendo: "Cassie, Cassie, Cassie" intercalados con las amenazas y reproches de McGonagall (que culminaron con cinco puntos menos para Slytherin, que le valieron silenciosos agradecimientos a Cassandra y miradas de odio al niño) la obligaron a darse vuelta y contestarle, ya bastante mosqueada de verdad, lo que acabó con la molesta.
-Así que la pelirroja habla- se burló Albus después de que Cass le repitiera un susurrado "¡Qué quieres, qué quieres, qué quieres, qué quieres!" acompañando cada palabra con golpes del libro (discretamente)- Y no es muy amable.
Sin embargo, sus ojos verde brillante captaron algo que pronto llamó la atención de todas las demás personas en el aula: la razón por la cual la profesora no los había castigado ya. Con rapidez, Cass también se volvió a ver qué causaba tanto alboroto en los pupitres del fondo.
Esta vez sus ojos fueron los que parpadearon perplejos, y su boca emitió un sonido parecido a "pffk" en el esfuerzo por contener la carcajada que pugnaba por salir de sus labios:
En el último pupitre Scorpius se agarraba la mano derecha con una mueca de confusión, sorpresa y, sobre todo, furia e indignación.
En vez de realizar el hechizo transmutador en la cerilla frente a ella, Rose se lo había realizado a los dedos del chico, que a partir de los nudillos se endurecían y afilaban hasta convertirse en agujas que debían medir unos diez centímetros.
Mientras la profesora retaba a la chica, que argumentaba que Malfoy había intentado robarle la cerilla para molestarla justo cuando ella pronunciaba el hechizo; Cass probó que ignorar a Albus había resultado provechoso haciendo que su cerilla fuera puntiaguda y ligeramente brillante y la de su compañero de pupitre, completamente de metal, con la útil ayuda de un joven de Slytherin que según dijo se llamaba Thomas Zabinni (aprovechó para decirle a Al que no se preocupara si le miraban raro en la Sala Común, cosa que éste no entendió ni medio). Los tres entregaron las cajas a una enfurecida profesora.
* * *
Ese día los relojes de Gryffindor y Slytherin bajaron veinte y veinticinco piedras respectivamente, ante la asombrada vista de todos los que se preguntaban quién podría haber hecho perder tantos puntos solamente en las primeras horas del ¡primer! día oficial de clases.
Las demás clases transcurrieron relativamente tranquilas (lo que se puede considerar tranquilo en un colegio cuando niños de once años aprenden a controlar sus poderes por primera vez) y para cuando bajaron a cenar tenían un montón de cosas que podían o no ser irrelevantes, pero que morían por contar.
Cassie pasó por la mesa de Ravenclaw a saludar a Maggie, quien le relató cómo un chico de Hufflepuff (Elliot Fintagan, o algo por el estilo) había estado a punto de mandar a su compañera volando por la ventana al echarle por error el encantamiento levitador.
Su amiga le contó la escena de Rose y Scorpius ("¡Incluso pinchó a Alice Longbottom! Esa Weasley se pasó, todavía no entiendo como Albus, que es de lo más calmado que existe, pueda ser primo de esa arpía mandona") pero Maggie no rio. Al preguntarle la razón, la metamorfomaga demoró unos segundos, pensándose bien la respuesta.
-Me da pena Rose Weasley. No tiene amigos por fuera de sus primos, y el más unido a ella está todo el tiempo con otras personas, ¿tú cómo te sentirías? No estoy diciendo que está bien cómo actúa, pero puedo entender un poco, porque no estoy en su situación, cómo se siente, está descargando su angustia en Scorpius y tú.
Aunque sabía por qué a su amiga le inspiraba lástima Weasley, no comprendía toda la reacción de venganzas y peleas. "Si quiere hacer amigos, mejor que deje de actuar cómo una prejuiciosa total y se deje de peleas infantiles con Scorpius y yo".Sin embargo, la chica no alcanzaba a darse cuenta de que ella misma estaba juzgando a Rose, el orgullo y el rencor ("…los Malfoy no son confiables y tampoco cualquiera que se junte con ellos" se repetía constantemente en su cabeza) no la dejaban admitir su error y disculparse.
-Lo pensaré… Te veré más tarde, ¡adiós!- saludó a su amiga con rapidez y se alejó, no pensaba hablar con Rose Weasley ni aunque la vida le fuera en ello.
La peliazul sólo movió miró fijamente la cabellera roja sortear alumnos hasta su mesa, y después, con una leve sonrisa en los labios, inclinó la cabeza hacia una bruja de enmarañado cabello castaño rojizo que comía sola.
"No me hará el más mínimo caso".
* * *
La comida de los elfos, tan deliciosa como siempre, esperaba a los alumnos y pronto todos los de primero año estuvieron en sus cómodas camas, bien cubiertos con las mantas, pues el otoño estaba adelantado ese año y ya se hacía sentir (por muy mágicas que fueran, las paredes de piedra no eran lo mejor para conservar el calor).
Alice Longbottom, al lado de Cass, no hacía más que repetir lo ocurrido en las clases, echándole miradas de reojo a Rose;
-¡Eran de verdad!- exclamaba-Me pregunto si le habrá dolido que su dedos se transformen así.
"Es muy agradable, quizás podría ser mi mejor amiga" se dijo Cassie mirando a la rubia que parloteaba sin cesar. Se deslizó entre las sábanas, casi desapareciendo entre todo lo que se había puesto para darse calor, a la noche siempre le entraba frío.
Había sido un día hermoso, sí, que permanecería en sus mentes por mucho, mucho tiempo, pero agotador.
Sin embargo, en el mismo cuarto de primer año de la torre de Gryffindor una persona no dormía.
Rose Weasley se sentía sola y lo mejor que podía hacer para despejarse era pensar.
Su primo favorito, su mejor amigo había quedado en otra casa (y por suerte "Dedos afilados" Malfoy no estaba con ella ¡Tres hurras por eso!) pero el problema no pasaba por allí. ¡¡Lo que ocurría es que no pasaba tiempo con ella! Malfoy y la niña pelirroja "con ese nombre tan raro que no puedo acordarme" se las arreglaban para alejarlo, y a Rose le resultaba muy difícil hacer amigos nuevos. Sin embargo, el orgullo Weasley-Granger le impedía reconocerle (porque sí se lo reconocía a sí misma, claro que sí) que lo necesitaba.
Algo parecido sucedía en las habitaciones de Slytherin.
Scorpius y Albus no podían dormir, aunque ambos pensaran que el otro ya descansaba.
El joven Malfoy no dejaba de repasar los acontecimientos hasta esa noche. Estaba sorprendido de haber logrado hacer amigos, aunque no le habían faltado las miradas de rencor y los murmullos, podía suponer que Rose Weasley no era la única que había sido advertida sobre él. Aunque muchas de las miradas provenían de profesores. El de Herbología y el profesor Finch-Fletchey se veían afectados al verlo "Debe ser el parecido con mi padre". Pero volvió sobre sus pensamientos *"puede ser que muchos me miren raro y me eviten, pero hay alguien que me detesta de verdad".*Rose Weasley.
La chica lo había humillado, y si alguna cosa había aprendido de su padre, es que no permitiera que nadie lo dejara en ridículo y saliera impune.
Claramente, esa noche, la hija mayor de Ron y Hermione Weasley tenía protagonismo.
Mientras Scorp planeaba descabelladas venganzas, Albus Severus Potter reflexionaba acerca de su prima.
Rose podía ser muy testaruda cuando quería. "*Bien podría haber estado en Slytherin conmigo"*pensaba el chico cuando la veía actuar de esa manera fría y despectiva. Sin embargo, Al sabía que su prima era buena y la quería. Por eso había deseado sentarse con ella en Pociones, cuando por debajo de la máscara de indiferencia había podido ver la mortificación y vergüenza que ésta sentía al darse cuenta de que Cassie la evitaba deliberadamente. Y por eso se había sentado a su lado en Encantamientos, a pesar de que la castaña no le hablaba desde la discusión en la cena del día anterior, aunque ya había hecho un plan para que tuviera que conversar con él. "*El sombrero me eligió por algo. Se supone que soy astuto y consigo lo que quiero, y quiero que Rose hable conmigo y conozca a mis amigos, sé que cuando pueda hablar un rato con ellos sin intentar matarlos le agradarán"*afirmó decidido antes de relajar la mente y finalmente, dormir.
* * *
Los Gryffindor compartían Astronomía y Defensa Contra las Artes Oscuras con Ravenclaw, y en ambas clases Maggie y Cass se sentaban juntas. Y era una suerte, porque la pelirroja era completamente inútil en ambas (y ambas le parecían completamente inútiles).
Quizás, si en vez de la joven e insegura profesora de DCAO que lo único que hacía era citar textualmente el libro a cada momento, basándose sólo en lo teórico *"porque no es capaz de hacer un hechizo correctamente"*según decían las malas lenguas de Hogwarts y haciendo todo terriblemente aburrido porque alcanzaba leer el capítulo siguiente del libro para predecir la siguiente clase, enseñara alguien que los hiciera trabajar y ponerse a prueba a sí mismos, como la directora, podría aprender algo, pero dadas las circunstancias, cualquier esfuerzo le parecía en vano.
Astronomía nunca sería su fuerte, a pesar de que su (últimamente, el pelo azul le había durado sólo la primer semana) rubia amiga la encontraba fascinante. Por esta razón, lo único que Cassandra hacía era copiar sus apuntes y mapas en los últimos cinco minutos, porque en el resto de la clase lo único que hacía explorar con el telescopio los terrenos del colegio que se veían desde la torre. En lo alto, observando la cabaña de Hagrid, los invernaderos y el Bosque Prohibido, que se extendía más allá de lo que alcanzaba la vista, Cass se sentía profundamente estremecida por el orgullo de ser bruja e ir a Hogwarts.
Aunque no todo era perfecto. Estaban los fantasmas, que en el momento menos pensado se deslizaban a través de los alumnos, provocándoles la típica sensación de ser bañados en agua congelada y Peeves. El poltergeist no hacía nada más que molestar a los alumnos y parecía especialmente concentrado en Scorpius. Bastaba con que lo viera aparecer y "ese pelo se te ve demasiado claro, ¿por qué no te lo tiñes?" Y el rubio tenía que volver a las mazmorras chorreando tinta.
Además de todo eso, estaba la tortura personal de Cass: Los escalones falsos y demás trampas del castillo, pero sobre todo los escalones. Caía en todos los que existían, desafiando cualquier regla de probabilidad, y llegaba tarde a todos lados. El incidente de la clase de Pociones no era el único que había tenido y los profesores que no eran tan permisivos como Slughorn ya le habían restado varios puntos, aunque éstos eran rápidamente recuperados por Rose, que, a sólo dos semanas del once de septiembre ya se perfilaba como la Hermione Granger de su generación, tal como la llamaban los profesores, seguida de cerca por Scorpius Malfoy, lo que le daba mucha rabia.
Pero más rabia le daba que Albus no le hablase y ya empezaba a extrañar aplastarlo en el ajedrez mágico. El plan de Al, que sólo consistía en ignorarla hasta que ella le dirigiera la palabra, porque estaba seguro de que Rose lo extrañaba tanto como él a ella, hubiera sido todo un éxito de no haber sido por eso precisamente: Estaba muerto de ganas de hablar con ella como lo hacían en la Madriguera o en el número doce de Grimmauld Place y casi a punto de romper su propio voto de silencio.
Sin embargo en clase de Encantamientos ocurrió:
-¿Me prestas tu pluma? La mía se ha roto.
A Al le pareció que habían pasado años desde la última vez que había oído esa voz, aunque sólo fuera para pedirle algo.
Con una sonrisa de oreja a oreja tanto en la boca como en los ojos, chispeantes, se la tendió diciendo:
-Sólo tenías que pedirlo- cuando los dos sabían que las esmeraldas exclamaban: "sólo tenías que hablar". Porque finalmente Rose se había rendido; pero eso no hacía que quisiera tratar con "los amigos de Albus" aunque sabía que éste creía poder lograrlo.
Aunque esa no sería la única preocupación de Rose.
"Oh mierda"
Sólo una cosa podía hacerle ignorar todas las lecciones de modales de su madre. Había un montón de personas apiñadas alrededor de la tabla de anuncios.
Con cuidado se acercó y en puntas de pie aprovechó su altura mirando por sobre toda la gente para leer el cartel:
CLASES DE VUELO
Las clases de vuelo comenzarán este viernes a las 3:30 con el profesor Wood. Los que tengan escoba propia podrán llevarla.
Detrás de ella se asomó un chico de cabellos negros y gafas redondas que le revolvió el cabello
-¿Preocupada Rosie? ¡Estoy seguro de que lo harás muy bien!-El tono irónico de James no le pasó desapercibido- Sobre todo delante de las serpientes.
-¡¿Qué?! ¡No!- Se dio vuelta y leyó el final del anuncio:
Los Gryffindor compartirán clases con los Slytherin.
Jefe de Casa,
Profesor Neville Longbotton
Las palabras cayeron sobre Rose con el peso de una sentencia.
Humillarse enfrente de Malfoy.
"Asombroso".