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Historia 183757 — capítulo 5

"Ah, sí, hay que ser un hada o una madre, o tía Tomelilla, para comprender qué se esconde detrás de una arruga, un suspiro prolongado, una mirada evasiva, una pierna impaciente, un bostezo fuera de lugar. Alguien llama a eso "remordimiento, otros "mala conciencia". Nosotras, las hadas, lo llamamos "gusanillotormento"."

Elisabetta Gnone, "Flox de los colores"

   Era un día fresco. Lo bueno era que a pesar del viento cortante no estaba nublado, aunque el sol brillara pálido, sin dar mucho calor. Después de todo eran mediados de septiembre y el otoño estaba adelantado ese año.

   Como un cuervo sobre la nieve, así resaltaban las torres del castillo contra las nubes perezosas que flotaban por allí. Parecían velar por los alumnos que en ese momento se dirigían con excitación, ansiedad, y, porqué no decirlo, miedo.

   Miedo a caer desde las alturas, a fracasar, a la humillación, a mostrar su talento.

   Albus Potter era probablemente el único que caía en esa categoría, suponía él. Sabía que era estúpido, pero no podía evitarlo.

   ¿Cómo explicar lo que Al sentía cada vez que debía montar una escoba? De niño adoraba el Quidditch al igual que casi toda su familia, pero las constantes comparaciones ("Vuela igual a Harry", "Tiene talento para buscador como su padre", que aumentaban cuando volaba) habían hecho que se distanciara cada vez más del deporte, hasta que dejó de sentir interés por jugar. Su hermano parecía llevarlo mucho mejor, aunque tuviera más presión, porque era su madre la que se había dedicado al deporte profesional y James era cazador como ella, pero amaba demasiado el Quidditch como para ceder tan fácil a ese tipo de presiones.

   Albus no; tenía suficiente con las comparaciones físicas con su padre. No necesitaba más. Él quería ser distinto, construirse a sí mismo y no que su nombre lo hiciera.

   Pero era tan difícil…

   La realidad lo llamó con la forma de un hombre de espaldas anchas, cabello castaño y ojos del mismo color, al cual había visto varias veces en su casa..

-¡Bienvenidos! Soy el profesor Oliver Wood y les voy a enseñar, por lo menos hoy, como mantenerse en una escoba sin caerse cada vez.

   A decir verdad los asustó un poco, pero Oliver sabía que se les pasaría apenas despegaran del suelo. Por lo menos a la mayoría.

   Con cierta nostalgia buscó rasgos conocidos entre las caras que lo miraban; y se encontró enseguida con un par de ojos esmeralda que reconocería en cualquier parte, porque jamás los había visto en ninguna otra persona. Allí estaba el hijo de su buscador estrella: Albus Potter. El rostro que miraba era idéntico salvo en la barbilla, un poco más afilada y parecida a la de Ginny.

   "Veamos si vuela como sus padres"

*      *      *

   Después de que Oliver Wood (Cass no podía asociarlo a la figura de un profesor, no después de haber visto tantas atajadas asombrosas en los partidos contra las Holyhead Harpies) explicara como montar la escoba, subir y bajar, inició la parte práctica.

   Todos comenzaron a  exclamar "¡ARRIBA!" ansiosos por volar. Cass miró con atención para ver qué tal lo hacían sus compañeros.

   El primero en sostener el palo fue Albus, que lo miró con ¿aprensión? El siguiente fue uno alto y flaquísimo de Slytherin también. Scorpius le gritaba a la escoba como si le estuviera dando órdenes y finalmente lo consiguió a la tercera.

   De su fila no había mucha gente que lo hubiera conseguido. Peter Jeckles observaba con los ojos como platos el palo entre sus manos, sin poder creer que lo hubiera conseguido a la primera "Hijo de muggles" y Eleanor Lewis sonreía ufana apoyada en el mango. Cassie deseó poder patearlo para que cayera, por poner esa expresión de engreída. Alice, Dolly y Garret seguían intentándolo.

   Por último, sin quererlo, sus ojos se dirigieron hacia una persona en particular. Rose Weasley intentaba levantar escoba, pero lo único que ésta hacía era rodar por el suelo y dar pequeños saltos cómo si estuviese dudando de las capacidades de Weasley "que no deben ser muchas".

   Ahora sí, observó la escoba que yacía a sus pies, como quien mira un animal desconocido que puede reaccionar de cualquier manera al menor movimiento.

   Nunca había montado una antes, a pesar de que amaba el Quidditch y de que la vieja Barredora 11 de su padre se empolvaba en un armario. Su tía decía que era muy peligroso, aunque la dejaba ver los partidos (no sin quejas)

-¡Arriba!

   La escoba no se movió

-¡ARRIBA!

   Dio un pequeño salto.

-¡ARRIBA!

   Nada.

   Siguió intentándolo. Lo consiguió justo después de Rose Weasley, y simulando no ser la antepenúltima en sostener el palo -al final sólo quedó Alice, que nunca llegaría a montar una escoba sin tener que agarrarla por sí misma-, y se apresuró a subirse de la manera correcta.

*      *      *

   Rose pateó el suelo sin mucha fuerza, deseando no despegar y quedar bien firme en la tierra.

   Sin embargo se elevó en un equilibrio cuestionable, uno, dos, cinco metros, hasta que abrió los ojos que estaban cerrados con fuerza y la invadió una sensación mareante de vértigo. Se ladeó demasiado y pudo ver el suelo acercarse velozmente, hasta que cayó sobre su hombro, dándose un golpe que la dejó aturdida y con el brazo flojo. Intentó moverlo, pero la atenazó el dolor y se rindió.

   Tambaleante, se paró con la ayuda de su mano izquierda, sólo para oír, como en una pesadilla, la misma risa estruendosa de la enfermería, pero con una nota claramente despectiva que supo de inmediato que era por ella, así que alzó el rostro y justo como había supuesto, contra el cielo azul se recortaba la figura de Malfoy carcajeándose con una estabilidad envidiable (y envidiada), oscura por estar de espalda al sol, pero era claro como el agua para Rose.

   Sintió ganas de llorar. Estaba dándole un espectáculo a Malfoy para que la humillara días seguidos. Proviniendo de una familia donde el Quidditch era más o menos el pan de cada día, ella era una inepta total ¡Hasta para patear el piso adecuadamente! Vencida, se dejó caer de rodillas al césped mientras otros idiotas secundaban al rubio. Probablemente entre ellos estaba la pelirroja.

   Una corriente de aire pasó a su lado y la conocida mata de pelo negro alborotado de su primo se apareció enfrente suyo mientras dejaba la escoba y la tomaba del brazo para levantarla con cuidado, y lo siguió otro par de manos huesudas y llenas de pecas.

   Una mancha roja sustituyó el borrón azabache que era Albus ahora que se le habían nublado los ojos por las lágrimas, pero no pensaba dejar caer ninguna, porque era la hija de Ron y Hermione Weasley y debía ser fuerte, no llorar por muy mal que se sintiera, porque ningún momento sería peor que la guerra a la que habían sobrevivido sus padres.

   Recién entonces supo a quién le pertenecía ese pelo escarlata. Sacudió a Cassandra Harper y sin decir una palabra se fue caminando hacia el castillo. Aún conservaba algo de dignidad y no iba a perderla dejando que esa chica la tratara peor.

*      *      *

   Scorpius estaba rebosante de felicidad.

   Había volado aplicando todo lo que el instructor de vuelo -que visitaba su casa cada martes- le había enseñado y no había errado ni una vez, excepto al principio, pero le restó importancia: ¡El profesor Wood le había dicho que tenía potencial de guardián! Y el había jugado en esa posición en el Puddlemere United, así que sabía bastante.

   El día después de la clase se le había pasado rapidísimo, sobre todo en comparación con lo que había sido la espera hasta las 15:30. ¡Y encima Weasley había volado terrible!

   Le había divertido tanto la caída… Aunque ahora un pequeño anzuelo de culpa le tenía enganchado el estómago y lo tironeaba para todos lados cada vez que miraba la castaña cuyo brazo estaba cubierto de vendas desde el hombro hasta el codo, impregnadas con una cataplasma mágica para que la fisura en el hueso cerrara en poco tiempo (según lo que le había dicho Albus.

   Cassandra tenía más remordimientos de conciencia.

   Sí, había peleado con Rose; sí, había intentado soltarle un bowtruckle encima y sí, se quejaba de ella con Scorp continuamente, pero después de todo la chica no estaba tan pesada en Pociones últimamente ni se peleaban cada vez que venía a hablar con Al. Además ella misma había tenido problemas y claro, se sentía avergonzada; era tan fanática del Quidditch que cualquiera pensaría que sabría agarrar una escoba. Al contrario, ella también se había caído, varias veces de hecho. Scorpius se había pasado de burlas.

   Habían sido injustos con Rose. "En un momento se lo mereció" dictaminó  "Pero esto ya es demasiado".

   A lo mejor estaba dispuesta a pactar una tregua.