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Historia 183757 — capítulo 6
"-¡Sacadlo de ahí!- le interrumpió Morus.
-¡Dejádnoslo a nosotros!
(...)
-No, no, no lo habéis entendido-dijo-. Se llama Jim Burium y es un buen chico...
-¡Atémoslo y metámoslo otra vez en su celda!-gritó otra vez alguien de la multitud.
-¡Que sirva de comida a los peces!**"
Elisabetta Gnone, "Fairy Oak, El Poder de la Luz!
En la biblioteca de Hogwarts había cincuenta mesas de estudio. Cuarenta eran rectangulares, largas y se encontraban entre los anaqueles a los lados de los pasillos. Las otras diez eran redondas y se encontraban en el fondo de la enorme estancia, en un rincón escondido tras muchísimos libros lo más lejos posible de Madame Poisson. Gracias a esto eran las preferidas de los alumnos en cuanto a proyectos grupales; los libros absorbían el sonido y permitían que las discusiones y debates no molestaran a los demás.
Rose había descubierto ese lugar dos días atrás y desde entonces cada vez que visitaba la biblioteca (dos o tres veces al día) se sentaba en una mesa a leer o estudiar hasta que sólo era Rose, no un apellido famoso.
Claro que era distinto si había alguien al lado. En especial una pelirroja que cada tanto levantaba la vista del libro que fingía leer y la miraba con un muy fallido intento de disimulo.
Puso sus ojos en blanco.
El acoso por parte de Cassandra había comenzado hace dos semanas, justo unos días después de la desastrosa clase de vuelo (todavía tenía ganas de gritar de frustración, rabia y vergüenza cuando lo recordaba). Primero la pelirroja le pedía perdón y una oportunidad para resarcirse, pero a los cinco días de negativas cambió su táctica a seguirla por todos lados esperando poder ayudarla si llegase a necesitarlo, una pluma caída, pasarle algo que estaba lejos, cualquier cosa servía de excusa para intentar hablarle. Cada vez que esto sucedía Rose le decía que podía resolver sus propios problemas y que fuera a molestar a otras personas; después de todo, ese arrepentimiento no podía ser sincero, por mucho que Al insistiese.
Volvió a concentrarse en su libro, pero la mirada fija de Cassandra sobre ella la seguía desconcentrando, de modo que juntó sus cosas apresuradamente sin guardarlas del todo (cosa que nunca hacía), salió corriendo de la biblioteca (otra cosa que nunca hacía) y fue corriendo a los jardines a continuar con el ensayo para Pociones después de dar un par de vueltas para asegurarse de no tener ningún perseguidor indeseado (cosa que últimamente hacía bastante seguido).
* * *
-No puedes seguir haciendo eso.
-¿Por qué?
-Porque es raro que estés atrás suyo todo el tiempo y además empieza a ser molesto para nosotros que te pases todo el día siguiéndola.
-Pobre Scorp- la brujita intentó revolverle el pelo sin éxito, porque el chico era muy alto para ella, y añadió con voz lastimera -Me pregunto cómo aguantas el aburrimiento cundo yo salgo a arreglar nuestros errores.
-Yo no cometí ningún error. Esa Weasley se merece todo lo que yo pueda hacerle, Cass.
-Esa no es ninguna manera de probar que eres mejor de lo que ella cree. Aunque esté equivocada.
-No necesito probarle nada a ella ni a nadie.
Cassie enarcó una ceja.
-Claro- Sus ojos celestes lo miraban de manera tan elocuente que no hubiera necesitado Legeremancia para saber lo que decía en realidad: "Mentiroso".
Scorp deseó no haberle contado lo que le sucedía cuando la gente cuchicheaba sobre él. "Tarde".
-De todas maneras mostrarle a la gente que se puede confiar en mí no tiene nada que ver con vengarme de Weasley, ¡Me hizo quedar como un idiota! Puedo ser amable con todo el mundo y con ella no.
-¡Tú también la hiciste quedar como una idiota! ¡A veces eres imposible Scorpius Hyperion Malfoy! ¡No te quejes porque intento disculparme con Rose!
Los interrumpió una voz suave pero firme:
-¿No se los puede dejar solos ni un minuto? Se suponía que me iban a buscar para ir a visitar a Hagrid, no que se pusieran a discutir en el medio del pasillo.
Albus se acercaba a ellos. Y claro, le tuvo que recordar a Scorpius porqué estaba nervioso antes de enfrascarse en su conversación.
Su mente volvió un mes atrás, al primer día en que pisó el pasillo. En sus recuerdos se alzó un gigante de más de dos metros de altura con ojos sin asomo de malicia, pero que se oscurecieron al saber su nombre.
Intentó obligarse a dejar de pensar en todo eso pero sólo consiguió que se fijara en su cabeza como una estaca. Para cuando estuvieron frente a la rústica puerta de madera estaba casi temblando, sólo el orgullo le impedía salir corriendo.
"¿Por qué? ¿Por qué estoy tan nervioso? Sólo es otra persona resentida con mi padre; cómo si no hubiera lidiado con esto antes" Pero esto era diferente. Él mismo había visto la bondad en los ojos de Hagrid; su padre debía haberle hecho muchas cosas para que su trato fuera tan distinto con él. "¿Se puede uno sentir mal por decepcionar a alguien a quien apenas conoce?" El peso de su estómago le decía que sí.
Tragó saliva mientras la puerta crujía. Detrás apareció Hagrid, sonriendo por debajo de su barba negra veteada con canas.
-¡Albus! Pasa, pasa.
Entraron.
-Hagrid, ¿recuerdas a mis amigos?
"Voy a matar a Al cuando esto termine"
-¡Claro! Cassandra Harper… y Scorpius Malfoy- Allí estaba de nuevo esa mirada.
-Preparé algo de té y tengo unos pedazos de bizcochuelo con pasas de ayer.
-No gracias, Hagrid, comimos justo antes de venir- dijo Al con una sonrisa tan falsa como la de Scorpius -Aunque si tomaría una taza de té.
-Nosotros no com...- Empezó Cass pero no pudo terminar, porque el azabache la chistó discretamente.
-Yo quiero un poco señor Hagrid, por favor- Scorpius ignoró las señas de su amigo. Seguramente la comida no era tan mala.
-Como tú quieras- gruñó el guardabosque al fin y le sirvió un trozo enorme y una taza humeante el doble de grande de lo normal.
El niño mordisqueó la punta del pedazo y entendió los gestos de antes. Apenas podía morderlo, mucho menos tragarlo, y si bien había estado envejeciendo toda una noche, era claro que el bizcochuelo estaba duro desde el principio. Empujó otro trozo más grande por su garganta y se preguntó si Hagrid comía sus propias recetas.
El té, en cambio, estaba fuerte y caliente, reconfortante para el frío de afuera. Además ablandaba los bocados para no romperse los dientes.
El rubio miró a su alrededor, examinando la estancia, aprovechando que Cass estaba acaparando la conversación con su parloteo habitual.
La cabaña era grande -adecuada a su habitante- redonda y con una sola estancia.
Del techo, muy por encima de su cabeza, colgaban diferentes objetos, de los cuales muchos eran inidentificables para él. Muchas hebras de un material que parecía tan fino y suave que le dieron ganas de acariciarlo para comprobarlo, cuernos, colmillos y botellas con contenidos misteriosos todo pendiente de las fuertes vigas de madera (en algunos puntos estaban ennegrecidas como si se hubieran quemado).
También había paquetes, bolsas, algún tipo de fiambre y cacerolas y cacharros de distintos tamaños.
Una chimenea encendida, con algunas fotos en la repisa sobre ella, mantenía la temperatura. Al lado, con la cabecera opuesta al fuego se encontraba una cama -gigante, como casi todo allí y un poco hundida en el centro- y atrás de ella un mueble con tazas de té, libros y otras chucherías. Entre ellas había un paraguas rosado. La habitación era terriblemente distinta a su casa, pero mucho más acogedora. Una oleada de calor lo hizo estremecerse.
* * *
Fue una tarde lenta. Primero hablaron un rato sobre las materias, profesores, los deberes. Cass y Scorpius se enteraron de que Hagrid había asistido a Hogwarts, pero que no pudo graduarse debido a "circunstancias especiales". Sin embargo el antiguo director, ("el mejor hombre que haya existido" había dicho mirando de reojo al rubio), le había permitido ejercer la docencia igualmente. Todos hablaron bastante menos Scorpius y su táctica funcionó: Hagrid no parecía acordarse de que él estaba allí. Dejó vagar su mente un rato más, en vista de que la conversación no lo requería.
-¡Scorpius!
-¿Eh?- Estaba absorto contemplando un bulto entre las mantas de la cama. Podría haber jurado que lo vio moverse.- Lo siento Al, ¿qué decías?
-Si querías contarle a Hagrid como te pareció Hogwarts hasta ahora.
-Um…-"¿Qué debería decir?"- Es enorme- comenzó tímidamente- Con las torres, los pasadizos, las mazmorras, es casi como un laberinto. Pero es divertido- agregó rápido- porque siempre acabo en un lugar distinto para conocer-"Probablemente Peeves tiene algo que ver con eso"- Y las materias no son muy difíciles si me esfuerzo (Cass rodó los ojos). Además el castillo… todo en general, no sé… tiene algo que de alguna manera hace que te sientas bien, como si estuvieras en casa. Es genial estar aquí; con mis amigos. - Bajó la voz hacia el final de la frase, un poco avergonzado, aunque sus ojos brillaban.
Cass abrió su boca para decir algo, pero en ese preciso instante el montón de mantas que el niño había visto cayó de la cama y debajo de él apareció un enorme perro negro que saltó encima de Scorpius, ladrando e intentado subirse encima de él.
-¡Fang! ¡Fang, quédate quieto!
Fang se aferró a la túnica del colegio con sus garras, instalando su cabeza y patas delanteras en el regazo de Scorpius. De su hocico chorreaban saliva y mocos, pero miraba a Scorpius con una expresión tan lastimera que sólo la persona más desalmada del mundo (o alérgica a los perros) podría haberlo echado. Por suerte, a Scorpius le gustaban bastante los perros (aunque nunca había tenido uno).
-No me molesta, señor Hagrid, ¿ve?- Le pasó una mano por la cabeza causando que Fang levantara la cabeza y soltara un ladrido contento que le empapó la cara- No hay ningún problema- aseguró con una sonrisa de lado a lado en el rostro salpicado de saliva.
* * *
El recelo no abandonó a Hagrid, pero es cierto que trató más amablemente al rubio durante el resto de la tarde y llegó al punto de decirle que lo llamara Hagrid en vez de "señor Hagrid" cuando se despedían.
Scorpius no tenía idea de qué podría haber hecho para cambiar su conducta, dado que sólo llegó a hablarle dos veces durante la reunión, pero estaba feliz. Sospechaba que fue cuando habló de Hogwarts. Porque Al le había contado lo mucho que Hagrid amaba el castillo. *"Es algo que tenemos en común, entonces"*había dicho en ese momento, y ahora volvía a pensarlo mientras sus ojos se paseaban por la Sala Común de Slytherin. Era el lugar más parecido a la Mansión de todo Hogwarts, en tonos de verde oscuro, fría, un poco tenebrosa y silenciosa por sobre todas las cosas, pero -por lo menos a su parecer- tenía esa atmósfera completamente distinta que quizás se debiera a que había mucha más gente de la que nunca vio en su mansión, o tal vez era efecto de la magia del castillo. Tampoco le urgía mucho descubrirlo, si de todas formas podría seguir disfrutándolo.
Era miércoles por la mañana y a la tarde visitarían a Hagrid. Esta vez tenía más confianza en poder convencer al hombre de que era una buena persona. Sólo necesitaba las oportunidades.
* * *
La sonrisa de Al estaba escondida bajo la bufanda. Cada vez estaba más cerca de integrar a Hagrid con las personas que le importaban, más cerca cuando cruzaron las puertas de roble, más cerca con cada paso del sendero.
De repente frunció el ceño; Rose no le había dicho que iría a visitar a Hagrid esa tarde, aunque después de todo, tenía sentido: No quería arriesgarse a que la invitara a ir con sus amigos.
Se cruzaron a la mitad del camino. El azabache le regaló una sonrisa (de su reserva aparentemente infinita de distintos tamaños y tipos) pero ella no se la devolvió. Ni siquiera lo miró a decir verdad; la cara de la castaña estaba vuelta hacia Scorpius, que iba un poco más adelante. Sonriente.
¿Qué persona que hubiera estado en el castillo el último mes podría no preocuparse si viera Rose Weasley sonriéndole a Scorpius Malfoy? Cualquier alumno creería que se había vuelto loca. Pero la sonrisa de su prima (Al fin y al cabo Albus las conocía mejor que nadie) no había locura si no triunfo, como cuando lo aplastaba en el ajedrez mágico o le planteaba un acertijo imposible, que sin embargo, ella había resuelto en unos minutos.
Finalmente llegaron a la puerta. Tocaron. Y la figura de Hagrid cuando abrió no le pareció tan amistosa como las otras veces.
- Pueden pasar- Cuando Cass y Albus estuvieron adentro entrecerró los ojos y se dirigió a Scorpius- Tú no.
-¿Qué? ¿Por qué, Hagrid?
- Señor Hagrid. No te hagas el inocente. Rosie me acaba de decir que fuiste tú el que la tiró de su escoba en clase de Vuelo y que la estuviste molestando todo el tiempo que estuvo aquí. Así que ahora ¡vete!- Gruñó el guardabosques.
Detrás de Hagrid apareció una carita pecosa:
-¡Él no hizo nada!
- Eso no es lo que Rose dice. ¿Y por qué voy a creerle al hijo de Draco Malfoy? Casi me hiciste creer que eras mejor que tu padre el viernes.
Con la mayor dignidad que fue capaz de reunir el aludido se dio vuelta causando que su capa ondeara al viento y comenzó el ascenso al castillo a pasos veloces. Enseguida, y sin decir una palabra más, Cassandra corrió para alcanzarlo.
-Hagrid, él no la tiró de su escoba.
-
Lastimó a Rosie, Al. No trates de defenderlo. No se merece tu amistad.
-
Claro que sí. Y ahora la necesita más que nunca.