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Pelirroja no es la única maldición de los Potter — capítulo 6
Desde hace semanas que los rumores de que alguien le rompió el corazón a Rose Weasley corren por todo Hogwarts. James no está sorprendido, ha escuchado que Rose suspendió la mayoría de sus asignaturas, por no decir todas. Es lo que más le duele: verla así, ver en lo que la convirtió. No puede creer que sea la misma chica que tenía el promedio más alto de su generación la que ahora camina por los pasillos, temblorosa, evitando las miradas. "¿La ves? ¡es ella! Escuché que salía con…" James tiene que soportar verla dar pasos temblorosos, dubitativos, hacia la biblioteca después de clases. Intenta actuar de lo más normal, hasta se ríe cuando sus amigas hacen una broma y jura y perjura que el estrés de los TIMO's fue el causante de su descenso en la tabla de calificaciones. Sale a tomar el sol, se remoja los pies en el lago. Incluso juega en el equipo de quidditch y sigue siendo increíble, pero James, que no es ingenuo ni estúpido y que ha aprendido a leerla entera, también sabe distinguir su risa falsa, sabe que reprobó porque no dormía por las noches, la mira a través de los árboles, con cuidado, y puede ver esa mirada perdida sobre sus pies sumergidos en agua. Y sabe que cuando juega quidditch piensa en todo menos en lo que está haciendo. Pero no puede hacer nada, tiene que actuar como un primo completamente normal, como si no sintiera las miradas de Lily y Albus cada vez que él y Rose están en una misma habitación, como si no escuchara la respiración entrecortada de ella, evitando echarse a llorar. Con el tiempo parece más fácil, aunque nunca dejará de doler del todo. El sábado por la mañana, por ejemplo, le pide prestado el periódico que le enviaron a Hugo y que está en sus delicados dedos. Cuando ella se lo da, sin mirarlo, sus dedos se rozan accidentalmente y Rose aparta la mano, soltando un grito ahogado que sólo él escucha.
"Está bien, James, está bien. Todo está bien, esto es lo mejor para ella". Pero no puede evitar pensar que quizá se ha precipitado, que el miedo ha podido con él y que cometió una estupidez. Mira la hoja frente a él.
FUGA MASIVA DE MORTÍFAGOS EN AZKABAN
AUTORIDADES DEL MINISTERIO
SE NIEGAN A DAR DECLARACIONES.
"La noche del pasado viernes, alrededor de las doce horas de la noche, se dio aviso
a las autoridades del Ministerio de Magia la fuga masiva de mortífagos en la prisión
de Azkaban. Las autoridades se niegan a dar declaraciones, lo único que nuestro
corresponsal de "El Profeta" logró saber fueron los curiosos datos que nos dio un
trabajador muy nervioso del Departamento de Seguridad Mágica:
"Los aurores están muy consternados. No creemos que los mortífagos causen
mucho revuelo, ahora que Voldemort ha desaparecido. Pero sabemos que
estas personas tienen una mente retorcida, quién sabe qué podrían hacer.
Tenemos noticia de alrededor de quince o veinte personas que lograron burlar
la seguridad de la prisión mágica. Por el momento no puedo decir más. Sólo
pedir a la comunidad mágica que esté alerta".
Esto fue lo que declaró el trabajador, preocupado, antes de abandonar las
Instalaciones del Ministerio. Como nos imaginamos todos, lo más probable es que
estos criminales intenten tomar represalias contra quienes tuvieron una participación
activa en la guerra contra el Señor Oscuro".
No hacía falta que lo dijera claramente, pero en ese momento James sabe que sus padres, Albus, Lily y él están corriendo el mayor peligro que han corrido en todas sus vidas… Y también sus tíos, Hugo y Rose. No quiere que le suceda algo malo, quiere poder esconderla bajo las cobijas de su cama para siempre. Una imagen, repentina y arrolladora, le cruza por la mente. Es Rose, tendida en la cama de James, sólo con la ropa interior puesta, mirándole. Los rizos se le arremolinan alrededor del rostro, le sonríe con confianza y un poco de picardía, con cierto aire de inocencia inconsciente que enloquece a James. Él está sobre ella, respirando con agitación, puede sentir sus piernas entrelazadas bajo las mantas, su cálido aliento diciéndole al oído cuánto lo quiere.
Así había sido su primera noche juntos, en la casa de él. Cuando Rose se coló desde el cuarto de Lily hasta el suyo porque tenía miedo de la lluvia.
"Eres demasiado grande para temerle a la lluvia", había dicho James. Y ella, terca, había negado enérgicamente, todavía con los brazos alrededor de su cuello.
"La lluvia destruye cosas… como los libros, por ejemplo", y James sostuvo una carcajada al ver en su mirada una genuina preocupación. No quería arruinar el momento burlándose de Rose.
No quería arruinar tantas cosas, y sin embargo lo ha hecho.
A Rose no parece afectarle la noticia de la fuga de los mortífagos, a pesar de que los tíos les han enviado un montón de cartas a ella y Hugo pidiéndoles que se cuiden mucho, que tomen precauciones, que cualquier cosa extraña que vean deben avisar de inmediato. También Ginny le ha enviado sinfín de lechuzas a James. Le pide que no haga nada estúpido, pero James tiene la sensación de que no habla sólo de los mortífagos. Ginny está preocupadísima.
No es tonta. De hecho, de tonta no tiene ni un pelo. Sabía lo de James y Rose desde hacía mucho, muchísimo tiempo. Desde el mismísimo momento en que, con un día de nacida, Rose dio su primer risa sólo para él, desde que vio los ojos de James, que todavía era muy pequeño para comprender, agrandarse. Lo supo porque todas las navidades, cuando se sentaban cerca de la chimenea después de cenar, él la miraba sólo a ella. A su prima. Había sido así desde que ambos eran sólo unos niños y seguía siendo así cuando Rose reía con Lily al hablar de chicos, la navidad pasada, cuando James se puso más pesado de lo normal porque no le gustaba ese tal Scorpius Malfoy, ni para su prima ni para su hermana. Pero Ginny no quería creerlo, no podía. Quería poder cerrar los ojos y desear que nada de eso estuviera pasando y que al abrirlos James estuviera de la mano de una bonita chica rubia, o castaña, hasta pelinegra (aunque le recordase terriblemente a Cho Chang), lo que fuera menos una pelirroja. Era demasiado pedir, considerando que, después de todo, era un Potter.
No era que a Ginny le importase demasiado que fuese Rose Weasley la chica que le robaba el sueño a su hijo. Era su sobrina favorita, la muchacha más lista que había conocido desde Hermione, responsable, educada y valiente. Lo único que no quería era ver a James sufrir por ella. Porque sabía que, aunque en los magos no era tan extraño casarse entre familia, cada vez, mientras avanzaba el tiempo, era menos normal. Mucha gente ya los miraría mal en esa época, mucha gente los condenaría. James no se merecía eso. Su pequeño bebé no se merecía eso. Ella quería que fuera feliz, igual que su sobrina. Rose tenía un gran futuro por delante. Era brillante, podía llegar a ser cualquier cosa que quisiera, era encantadora y hermosa y tenía un montón de chicos babeando por ella.
Durante mucho tiempo quiso hacerse la ciega, la que no veía nada, la que no se daba cuenta. Pero había sido inevitable que todo su mundo se derrumbase cuando los descubrieron. Había entrado en pánico. Sólo quiere que James no tenga que pasar por todo esto.
Por eso la noticia le tiene tan tensa. Después de que Lily le escribiera la semana pasada contándole que Rose había suspendido prácticamente todo y que James estaba destrozado porque habían terminado oficialmente, sabe que James hará cualquier cosa para protegerla de los mortífagos. Y eso incluye dar su vida. ¿Qué esperaba? Debió haberlo sabido, no por nada James era un Potter.