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Pelirroja no es la única maldición de los Potter — capítulo 8

Dos semanas después, cuando Rose despierta en su cómoda cama en la torre de Gryffindor, y no en la enfermería, sabe que tiene que volver a ser ella misma. No puede dejar que James la consuma así, no puede dejar que todo el mundo piense en lo débil que es, sin poderse recuperar de un simple corazón roto. Porque, siendo sinceros, ¿acaso era más que eso? Sí, James la había amado, pero era obvio que ya no lo hacía más. Era hora de aceptarlo. Era hora de dejar que los sueños y las lágrimas lloradas hacia adentro de sus ojos fueran en todo lo que consistía su día.

Se ducha, se peina y sale de la sala común a las siete en punto. Su cabello, trenzado, vuelve a relucir. Durante los días anteriores se ha vuelto opaco y triste, como hilos de cobre corroído. Tiene que recuperar todo el tiempo perdido, todas las materias reprobadas. Así que comienza haciendo los deberes de aritmancia de la semana pasada. También ignora que el lugar donde está sentada es exactamente donde vio a James con Lisa antes de caer desmayada. Desnutrición, había dicho madame Pomfrey, desaprobatoriamente. Una ligera anemia y tristeza. ¿Se puede diagnosticar a alguien con "síntomas de corazón roto"?

Eso, sumado a las preocupaciones que tienen sus padres por la fuga de mortífagos, da qué pensar a Rose. Se está comportando como una niña tonta, como una chica mimada y absurda. Debe centrarse en las cosas que sí importaban: cuidar a Hugo, ser responsable de sí misma. Si no puede ni siquiera alimentarse adecuadamente, ¿cómo será capaz de verificar que su pequeño hermano lo haga?

Aritmancia, runas antiguas, defensa contra las artes oscuras…los libros desfilan ante sus ojos por tanto tiempo que casi siente regresar a la vieja Rose. Casi.

―¿Rose?

La joven despega la mirada del papel yparpadea un par de veces para volver a la realidad. Ante ella está un perplejo Louis Weasley. Rose compone una sonrisa dolorida para su primo (y ya de paso, el mejor amigo de James). El chico, alto y rubio, es otro de los rompecorazones de Hogwarts. Con una madre medio veela, ¿qué más podía ser? La mira, con ojos más azules que los suyos, y suspira.

―Me alegra verte aquí. La biblioteca no se sentía lo mismo sin una sabelotodo entre sus pasillos.

Se sienta a un lado de ella y Rose le da un puñetazo amistoso en el brazo. Louis se ríe y Rose no puede evitar que una risa se le escape también. Se siente tremendamente extraño volver a escuchar ese sonido, tan natural y sincero, otra vez.

―¿Y tú? ―pregunta― Creí que no ponías un pie dentro de este lugar si lo podías evitar.

Louis desvía la mirada. No quiere decírselo; decirle que James lo envía todos los días para ver cómo está ella, decirle que James está más que destruido, que tanto es así que la busca, a todas horas: durante las clases, la cena y hasta en la noche, bajo la capa de su padre, y que se sienta por horas fuera de la habitación de las chicas, sólo para ver si ella está bien.

―Tengo tarea de pociones ―miente―, es una lata.

Rose descompone su sonrisa, sin llegar a poner una mueca triste de esas que ahora la caracterizan.

―Lo sé. ¿Crees… crees que las cosas serían más fáciles si no fuéramos magos?

Louis la mira perplejo.

―No tengo la menor idea. Lo único cierto que sé es que la vida es una perra. No importa lo que hagas, lo que creas, siempre habrá algo ahí para hacerte caer. Tu trabajo es superar esos obstáculos.

―Pero, aunque lo hagas, ¿no está siempre la muerte esperándonos en el final? ―inquiere Rose. ―Da igual cuánto te esfuerces, nunca ganarás.

Louis sonríe, como si supiera algo que ella no. Rose puede ver por qué todas las chicas lo quieren. Hay algo en su sonrisa, en la manera que brillan sus ojos, que te hace querer sonreír también.

―Deja de pensar cosas así, Rosie. La muerte llegará, pero antes hay que vivir la vida.

Durante la semana, las notas de Rose mejoran considerablemente. Su madre le envía una caja de pasteles de caldero el viernes, como recompensa por las buenas noticias. También anexa una carta pidiéndole disculpas por todas las cosas que le ha dicho durante las vacaciones. Cuando la lee, Rose llora. Escribe inmediatamente una respuesta, asegurándoles que estaban bien.

Las semanas pasan, sus notas suben y se vuelve a posicionar como la alumna más brillante de su generación. Ganan los partidos de quidditch y la amenaza de los mortífagos parece opacarse, tanto que los magos llegan a pensar que ya no son ningún peligro. Llega febrero, los días corren con rapidez, al igual que los meses. Parece que la vida tiene nuevamente un significado. Entonces, una noche de abril, Teddy (ahora profesor de DCAO) los despierta, a ella y a Hugo, y los sacar de sus habitaciones.

―¡Buenas noticias, chicos! La tía Hermione va a dar a luz, está en San Mundo. El tío Ron me ha pedido que los lleve hasta allá.

El corazón de Rose salta como loco. Se mira con Hugo y sonríen. Un nuevo miembro de la familia, ni más ni menos. Cuando llegan al hospital encuentran a toda la familia ahí. Pasan horas hasta que una enfermera deja a su padre entrar con su madre, y al menos otro par de horas hasta que se les permite entrar a Rose y Hugo.

Cuando llegan, su madre y su padre sostienen al nuevo hermanito (al menos eso sí lo han podido saber con anterioridad) Weasley- Granger, y Rose se pregunta si estaban tan felices cuando ella nació. Se pregunta si alguna vez se verá reflejada en ellos.

―Hola, mamá ―dicen ambos, y Hermione sonríe.

―Saluda a tus hermanos ―dice su padre al bebé.

Y a Rose la asalta otra duda, una que no tuvo con Hugo porque era demasiado pequeña como para entender lo que pasaba. ¿Será buena hermana? ¿Acaso alguien se merece una hermana como ella, débil y trastornada? ¿Una hermana que se enamoró de su primo?

Cuando lo carga entre sus brazos las dudas desaparecen. Su madre está feliz, igual que Hugo y su padre. Así que ella debe estar feliz, también. Y lo está. Es así como vuelve a la vida después de estar sumida en tanto dolor, en tanta tristeza. Se siente maravillosamente cuando vuelve a sonreír.

¡Hola! Bueno, ha pasado MUUUUUUCHO tiempo desde que actualicé, pero aquí está. En el capítulo anterior tuve un comentario que me descolocó un poco y lo cierto es que pensé en borrar la historia, pero alguien me ha hecho reflexionar. El estilo de mi escritura es tan dramático que llega a ser ridículo, pero así escribo y me gusta. Lo cierto es que mi aspiración es llegar a escribir libros, pasar de los fanfictions y todo eso. Pero todavía soy muy joven y estoy en el proceso de encontrar mi propio estilo, una manera de no copiar a otros escritores y hacer algo que sea únicamente mío. Por eso decidí dejar esto como está y continuarla. Quedan pocos capítulos, pero éste se lo dedico a Luna Roja97. Con mucho cariño.