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La Tercera Generación de Hogwarts III — capítulo 32

Capítulo 21: El lobo ataca con el diente.

El ritmo de su corazón iba tan rápido que hubo un momento en el que creyó que explotaría. No era capaz de mover ni un músculo de su cuerpo, ni siquiera de respirar. Toda ella estaba en tensión, templando al mismo tiempo que sus latidos, con los ojos llorosos y las muelas traseras apretando fuertemente la carne. Sus pesados sentimientos la ahogaban y el escozor que comenzó a sentir cuando el cuchillo se clavó en cuello a cámara lenta le dejó sin respiración.

Había dado por sentado que había tomado una mala decisión. De no ser por su estúpido egoísmo no estaría allí, postrada sobre una fría pared de hielo, mientras el que se llamaba así mismo su asesino amenazaba con descuartizarla de un tajo. Tras aterrizar en el jardín de aquel gélido lugar, comenzó una carrera a contra reloj para entrar en el Palacio antes que su persecutor. Se sintió segura tan solo los segundos que duró la puerta principal cerrada con un gran mecanismo que ella misma había puesto en marcha antes de que Frank McOrez franquease la puerta. El joven había hecho un agujero en la puerta gracias a un hechizo. Ella parecía estar esperándole muerta de miedo, como si tan solo hubiese ganado unos segundos más de su vida. Volvió a correr, aquella segunda vez sin rumbo, con el corazón en un puño replanteándose qué demonios hacía allí. No podía salvar a su hermano si estaba muerta.

No logró despistar a Frank ni una sola vez. La angustia no tardó en cegarla. Sus piernas cada vez estaban más cansadas y tenía que sacar fuerzas de no sabía dónde para lograr girar en los pasillos más cerrados.

El agarre del muchacho no tardó en jalarla hacia atrás por el pelo. Ella había gritado instintivamente, aunque sabía que allí no había nadie para salvarla. La metió en una habitación a la izquierda del estrecho pasillo que parecía ser la cocina. Había un murmullo de personas que se habían retirado hacia la pared más alejada de ellos. Temían a McOrez incluso cuando eran del mismo bando.

Lily los había visto de refilón. Tenían un atuendo parecido al de los criados de la campiña inglesa muggle. Los rostros se retorcían de temor. Alguno de ellos osó decirle a su Amo que podía retirarse a otros aposentos y que les dejase trabajar. Frank McOrez abrió un cajón, sin prestarle atención y sacó de él varios cuchillos de diferentes tamaños. Lily seguía agarrada por la nuca y paralizada ante lo que estaba a punto de acontecerse.

El cuchillo salió volando hacia el corazón de aquel hombre sin piedad y sin titubeo. La mujer que lanzó un chillido en respuesta fue la siguiente víctima. Frank dejó a Lily, quien no se movió ni un milímetro de lo aterrorizada que estaba. El joven, que portaba un cuchillo de considerable tamaño en su mano izquierda, rasgó en seguida el cuello de la mujer, dejándola tirada en el suelo que poco a poco se bañó de sangre negra.

La joven pelirroja observó el oscuro halo de placer que se asomaba en los ojos de McOrez. Miles de agujas se clavaron en su estómago cuando la mirada del joven se dirigió hacia ella. Nunca antes había tenido la certeza de que disfrutaba matando, asesinando y viendo como la gente era torturada. Se estremeció solo de pensar que él habría pensado en su propia tortura que estaba destinada a sufrir. Una lágrima surcó su rostro.

La cabeza de la mujer se desprendió del resto del cuerpo. Las venas eran hebras que seguían conectadas a lo que había sido su cuello. El resto de los presentes se quedó inmóvil, pretendiendo ser simple mobiliario en aquella habitación. Había una joven que parecía llorar por dentro, cuyo rostro le fue tan frágil y débil a Lily que otra lágrima surcó su mejilla.

La puerta de la cocina se abrió de pronto, dejando paso a una figura apuesta que buscó en seguida el culpable de aquella atrocidad a la que parecía estar acostumbrado. Tensó su ceño ante Frank McOrez, quien seguía mirando a Lily con aspecto de macabro asesino.

-¿Se puede saber qué haces?- le espetó el hombre.- Es la mejor cocinera que tenemos aquí, imbécil.- le insultó mientras se dirigía hacia la cabeza decapitada de la mujer. La cogió rápidamente, sin prestar atención al resto de personas que parecían temerle, aunque quizás menos que al muchacho.- Es la cocinera de su hermano… Se la llevaré a Longbottom.- dijo con una especie de sonrisa sádica y abandonó el lugar dejando una incomodidad en el rostro de Frank.

-Te dije que tu hermano estaría bien, Lilja.

  • comentó hacia la joven, arrastrando las palabras mientras se acercaba a ella. Lily se percató de que seguía teniendo empuñado el mismo cuchillo con el que había decapitado a aquella mujer.- ¿Recuerdas la profecía que te conté? -Esperó una respuesta en la muchacha pero ella estaba demasiado petrificada como para responder.- Dice que te mataré en una batalla sangrienta o algo así… -miró la sangre que se había manchado sus zapatos y que bañaba todo el suelo.- Puede que hoy sea ese día.

Sin previo aviso, la cogió de nuevo de la nuca y la llevó al pasillo, cuyas paredes estaban cubiertas de un hielo frío y duro contra el que fue estampada con fiereza. Sollozó, pero Frank parecía estar disfrutando demasiado de aquel momento, y, aun así, no se molestaría en dejar que sufriera. Giró la cara de la muchacha para poder ver su crispado rostro. Pareció gustarle porque rio con suficiencia. Aún seguía teniendo el afilado cuchillo que goteaba la sangre de su anterior víctima.

El ritmo de su corazón iba tan rápido que hubo un momento en el que creyó que explotaría. No era capaz de mover ni un músculo de su cuerpo, ni siquiera de respirar. Toda ella estaba en tensión, templando al mismo tiempo que sus latidos, con los ojos llorosos y las muelas traseras apretando fuertemente la carne. Sus pesados sentimientos la ahogaban y el escozor que comenzó a sentir cuando el cuchillo se clavó en cuello a cámara lenta le dejó sin respiración.

-Frank, por favor…- musitó, llena de miedo. Ante su estupor, el cuchillo dejó de hacer una leve incisión en su piel. Quiso aprovechar la ocasión.- Quizás hoy no es el día. No hay ninguna batalla como tal y… No puedes arriesgarte a matarme como así justamente hoy.

Pidió a Merlín y a todos los astros cuyos nombres desconocía que la oyesen. No quería morir. Arruinaría a toda su familia, a sus amigos, y aquella guerra que aún no había dado comienzo del todo se aceleraría peligrosamente. No podía dejar que Frank McOrez la matase.

El joven aún seguía atento a la expresión de Lily. Temió que supiese leer sus pensamientos o que, aun peor, estuviese analizando su próximo corte en su piel. Sin embargo, notó que el placer por la sangre que había mostrado cuando asesinó a aquellos dos inocentes, había desparecido en cuanto la miró a ella. Seguía teniendo esa expresión sádica en su rostro, pero también algo de preocupación en lo más profundo de sus ojos. Lily no lo había notado antes porque, sencillamente, no le había podido mirar a los ojos.

Entonces, rio para sus adentros. Fue un breve temblor en sus pulmones que se transmitió hasta los brazos con los que amarraba a Lily. Esta no supo cómo interpretar aquello. Era la primera vez que veía reír a Frank McOrez.

-Lilja.- la llamó, sabía que se refería a ella. Sintió aumentar el escozor de la herida abierta en su cuello. Como si hubiese leído sus pensamientos, y le temía que así era, retiró el cuchillo de su alcance y la liberó del agarre.- No tengas miedo. - Susurró.- Sé que hoy no es el día, desgraciadamente. No quiero que nadie te haga daño hoy y era mi forma de hacerles saber a los demás que me perteneces.

-¿¡Qué?!- se le escapó a la joven, arrepintiéndose al segundo de cuestionar la palabra de aquella macabra mente.- No.- sentenció, sintiendo una seguridad falsa en su pecho.- No te pertenezco… Siempre dices que me vas a matar pero siempre acabas huyendo… Estoy empezando a pensar que no te sientes tan a gusto matándome.

La cara del joven cambió drásticamente. Su pecho se hinchó y las venas de su cuello se marcaron más aún. Volvió a estamparla con la pared y cogió su brazo con fuerza. Levanto sus mangas, a pesar de los movimientos que hacía Lily para intentar escapar de allí. Levantó el cuchillo y lo clavó en su antebrazo.

La muchacha gritó de dolor tan alto que sus propios oídos se taponaron. El cuchillo hizo dos círculos concéntricos en su piel, haciendo gotear la sangre roja por ambos lados de su delgado brazo, manchando su túnica y la del joven. No había placer aquella vez en el rostro del joven, sino rabia y una descontrolada ira. Cuando acabó su tortura, se lo enseñó con un oscuro orgullo a su víctima. Era unas rajas curvas que simulaban la forma almendrada de un ojo. El Ojo. Sin embargo, había una particularidad que fue lo que más le había dolido, en el iris del ojo se observaban claramente unas iniciales: FM. Frank McOrez.

Los ojos de Lily que se habían llenado de lágrimas en el proceso se cerraron. Se encontró mareada de pronto y perdió el conocimiento precipitándose contra el suelo. Ya no sentía el dolor de su brazo ni el escozor de su herida abierta en el cuello. No sintió nada.

Frank McOrez la levantó cuidadosamente y la sostuvo en sus brazos. Bajó con sumo cuidado la manga de su brazo izquierdo e hizo un encantamiento para sanar lentamente la herida de su cuello. Era una reacción muy común desmayarse tras haber visto la marca que se quedarían durante toda su vida en su brazo. Desmayarse. Su sistema neuronal no podía asimilar aquella información tan devastadora. Sobre todo, tratándose de una niña de doce años a la que jamás habían tocado un pelo. No solo dañaba a su físico, sino a su orgullo, a su familia y, sobre todo, hacía cierta la profecía que estaba destinada a cumplirse. Él sería el mago más poderoso del mundo gracias a ella, por eso se veía obligado a cuidarla y a hacerle ver que era irremediable.

Ya había sentido la presencia de varios aurores en el castillo antes. Y sabía perfectamente a quién se iba a encontrar a la vuelta de la esquina. La expresión del hombre al ver a su hija en manos de Frank, conmovió por un momento al muchacho. Sus padres jamás se sentirían aquello al verle a él. El amor que impregnaba Harry Potter hacia la menor de sus hijos era emotivo. Frank McOrez sujetó con más fuerza a Lily en sus brazos.

-Se ha mareado, señor Potter.- dijo tranquilamente McOrez, como si se hubiese encontrado al padre de aquella muchacha en los pasillos de Hogwarts.

Se encontraba él solo, probablemente se había dividido en busca de su hijo predilecto. Él asintió, incluso dando por alto el hecho de que el joven que sostenía a su hija tenía las manos llenas de sangre y la túnica impregnada de un olor a muerte insoportable. Harry Potter examinó superficialmente a Lily.

-¿Puedes aparecerte?- preguntó con cierta voz ronca. McOrez asintió.- Llévala a enfermería. Sé quién eres y sé lo que has hecho, pero confío en que lleves a mi hija sana y salva a la enfermería.- le ordenó con cierta autoridad que impresionó al joven, a quién siempre le habían comentado la ineptitud de aquel hombre.

-Estará a salvo conmigo.

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Queridos lectores,

Sorpresa tanto para mí como para vosotros este pequeño adelanto, y aun sabiendo que quizás no lo haría, pero no me he podido resistir.

¿Qué os ha parecida esta escena? ¿Violenta? ¡Ánimo a esos teclados y comentad lo primero que se os venga a la mente!

Con cariño,

-A.