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La Tercera Generación de Hogwarts III — capítulo 40
Capítulo 25: Sin esperanza, sin miedo.
Hasta aquel día, Richard McKing no destacaba por ser el mejor Ministro de Magia que había existido en Inglaterra. Era visto como una figura frágil y consumida por el asesinato de su hijo, que jamás llevaría a la sociedad a un bienestar mejor. Dadas las convulsiones que sacudían el mundo y la omnipotente fuerza que se requería para hacerle frente, todos le exigían más. Todos pretendían que McKing fuese aquel hombre que prometió dar un cambio. Y que lo hizo en su momento: ayudó a Hermione Weasley a mejorar las condiciones de los ciudadanos magos y los nacidos de muggles, respetó cualquier ideología, se dejó la piel en instaurar una nueva Administración y contagió su carisma a todos los demás políticos.
Richard McKing no provenía de la mejor familia de magos, como muchos otros Ministros. Había sido un estudiante que había pasado desapercibido en la Guerra, y que, cuando el Señor Oscuro volvió, se había exiliado con su familia en Chicago. Fue allí donde acabó su formación mágica con notables resultados. Destacó cada vez más gracias a sus discursos sobre construir un mundo unido. También se hizo oír a través de los gestos que llevaba a cabo: facilitaba cursos de adaptación a los muggles con el objetivo de que entendiesen el mundo mágico, luchó contra la esclavitud de los seres mágicos y propuso una reforma del código penal mágico. Y Shacklebolt se fijó en él como un digno sucesor. Fue cierto que la sociedad tardó en acoger a ese hombre de mirada cálida, pues tan solo tenían ojos para aquellos héroes que habían defendido Hogwarts. De hecho, en aquel momento, todos aquellos que habían encontrado difícil el ascenso de McKing como Ministro, le rechazaban sin pudor. Incluso cuando la misma Hermione Weasley había declarado que era un ejemplo a seguir. Los magos querían un héroe que les librase de más conflictos y que acabase con aquello desconocido que aparecía en todas sus pesadillas.
El hombre de mirada caída ya había aceptado una entrevista con el periódico más excéntrico de toda Inglaterra: El Quisquilloso. Por supuesto, aquella entrevista con Luna Scarmander atrajo a un sector silencioso de la población que veía a McKing como una persona de extrema nobleza y con la capacidad de cuidar delicadamente a sus conciudadanos. Esa pequeña parte había sido la resistencia contra Voldemort. También se incluían a los nacidos de muggles que siempre le apoyarían. Así como incluso a la mayor parte de criaturas mágicas. En cambio, los periodistas que quedaban angustiados por no tener una entrevista con el Ministro, insultaron a su propio líder con titulares obscenos que fueron secundados por la opinión de muchos magos, más tradicionales.
Aquella segunda entrevista tenía el propósito de evitar un conflicto civil entre aquellos que pedían que Harry Potter fuese Ministro, sin más argumentos porque fue el Niño Que Vivió; y aquellos que reconocían la gran labor que McKing llevaba a cabo. Sin mencionar la disgregación política dentro del propio Ministerio.
Se trataba más bien de un discurso, le había advertido a Luna Scarmander.
Ambos, periodista y entrevistado, se encontraban en el despacho de Hogwarts del director Longbottom. No querían que nadie supiese aquel segundo encuentro con la prensa. Y el propio Neville se había ofrecido para facilitar aquello, sabiendo las buenas consecuencias que aquello podría tener.
-Eres un gran hombre, Richard.- comentó Neville antes de que el Ministro comenzase a hablar. El director se encontraba allí porque así lo había pedido el entrevistado. Ambos sabían que tenían mucho más en común de lo que aparentaban: habían sido elegidos por personas tan influentes que su decisión no podía ser discutida por nadie. Habían tenido disidencias para llegar allí. Y a veces se preguntaban si sus enemigos estaban en lo cierto.
-Ahora mismo nos encontramos en uno de esos momentos que definirán nuestra historia siglos más tarde. Estamos al borde de la guerra y la paz mágica tan deseada ha sido de nuevo amenazada. -Richard suspiró. Parecía la introducción de un discurso que ya tenía preparado en su cabeza.
-No se ponga nerviosa, señor Ministro. La pluma no grabará nada. Solo transcribe lo que usted diga. Tiene todo el tiempo del mundo.- tranquilizó Luna. La mujer, cuyos ropajes distaban mucho de la etiqueta requerida, miró hacia Neville para encontrar algo de apoyo. Richard sabía que Luna estaba ayudando al profesorado de Hogwarts y que la dirección del periódico de su padre estaba dirigida por su marido.
El Ministro asintió.
-Por supuesto.- carraspeó, y siguió con el discurso.- Hoy por hoy, muchos de vosotros habéis perdido la esperanza en encontrar de nuevo una estabilidad que nunca ha existido. Hemos perdido a seres queridos. A figuras que nos inspiran. Y nadie nos dice qué es lo que nos está arrebatando la seguridad mágica.- En ese momento Neville alzó la mirada hacia Richard. Quizás una revelación sobre el Clan del Ojo por el mismo Ministro de Magia no fuese lo más acertado, pero el Ministro había medido meticulosamente todas sus opciones.- Nosotros.
La pluma cesó de escribir por un instante.
-¿A qué nosotros se refiere?
-A todos nosotros. A la separación que se está palpando entre nosotros. Si no permanecemos unidos, no podremos luchar con mayor fuerza. No es un divide y vencerás, esa frase la dijo Julio César antes de ser apuñalado por todos sus seguidores. No podemos hacer que el Ministerio cargue con todas las culpas y los reproches, porque, al fin y al cabo, tomamos las decisiones en vuestro nombre. Shacklebolt instauró una débil democracia que no podemos erradicar. Si me dirijo a vosotros es para pedir un alto al fuego. ¡Basta!- el rostro del Ministro estaba endurecido. No se había sentado, dijo que estaba más cómodo hablando de pie, como cuando daba sus conferencias sobre el avance del mundo muggle en Chicago. Le daba confianza. Por primera vez en mucho tiempo, Richard McKing volvía a tener esa llamarada en su iris que pedía justicia. - Debemos mantener la promesa de asegurar un futuro digno a las primeras elecciones. De mantener el mundo mágico vivo. Lo cierto es que queja tras queja, falsos rumores de que dimitiré, prensa sin gusto, miradas de recelo… ¡Todos piden un cambio! "Que hagan algo…", dicen. Pero no saben que ellos también tienen que desenfundar sus varitas llenas de polvo y dar ejemplo. Poco a poco, pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia en la balanza de "victoria" o "derrota". ¿Somos un país de vencedores? ¿Realmente pensáis que estamos rodeados de héroes? Sí, tenemos héroes, pero son solo unos pocos y solo los escucháis cuando lo que dicen os gusta u os conviene. Sí, tenemos héroes pero no duraran para siempre. Que se lo digan a Minerva McGonagall, que nos protegió silenciosamente de un ataque mayor. Que se lo digan a Roxanne Weasley, la niña inocente, cuyas muertes parecen lamentar incluso cuando odian a su familia por vivir entre muggles. Que les digan a las víctimas del ataque de Hogsmeade que los héroes son los que siempre velarán por nosotros. Que alguien vaya a la tumba de mi hijo y le diga: "Rick, no pasa nada, los héroes nos salvan al final". Pero, ¿quiénes son los héroes? Todo el mundo estará pensando en el Trío de Oro o en la Orden del Fénix. Tengo ahora mismo delante a Luna Scarmander y Neville Longbottom, mientras veo un retrato de Albus Dumbledure, quién me diría que recordarse a Nymphadora Lupin, Sirius Black, incluso el mismísimo Severus Snape fue un héroe. Y el recientemente fallecido Malfoy. ¿Qué pretendo decir con esto? Que incluso a los que más cerca de la oscuridad están, les brilla una luz pura que les permite en algún momento ser héroes. ¿Sabéis cómo se llama esa "partícula de héroe" que todo el mundo piensa que solo los elegidos la tienen? Humanidad. Y que yo sepa, todo el mundo es humano, sin distinción absurda entre muggles y magos. Todos podemos ser héroes. Sed héroes conmigo. Hagamos brillar la luz de todos juntos.
Se hizo un silencio en el que Richard se dejó llevar por su propia fuerza.
-¿Le importa si le he estado grabando desde que comenzó?
Neville se azoró ante la pregunta que él mismo había formulado. E incluso pareció arrepentido de haberle interrumpido.
-¡Neville!- reprochó Luna.
-Lo sé, lo sé, pero unas simples palabras escritas no van a transmitir lo que nos dice realmente con el tono de su voz. Lo siento, señor Ministro, pero lo veo necesario. -se rascó la cabeza.- Prosiga.
Richard McKing no se inmutó por aquel pequeño inciso. Es más, hizo como si no hubiese ocurrido, no sin antes asentir, dándole así permiso a Neville para seguir grabando aquello.
-Necesitáis un Ministro que afronte las amenazas que nos depara el futuro y que no se quedé anclado en las ideas del pasado. No acabaremos con el enemigo con conflictos internos. No estaremos seguros si damos un simple discurso o escribimos una columna reivindicativa en El Profeta. Si alguno de vosotros quiere seguir los pasos de Ministros que nos llevaron a que el Ministerio crease una alianza con la Oscuridad para llegar a una estabilidad, es más diplomacia y una mala estrategia, pero es una elección. Sin embargo, no es la opción adecuada. Somos el Ministerio de Artemisia Lufkin, la primera mujer Ministro; de Nobby Leach, primer Ministro nacido de muggles; y de Shacklebolt, quién sostuvo las cenizas del Ministerio tras la Guerra. Así que no me digáis que, yo, Richard McKing, no os mantendré a salvo por seguir sus decisiones; y no las de Fudge o Scrimgeour. Como líder del Ministro Británico de Magia, nunca dudaré en defender este país, pero solo atacaré ferozmente cuando haya un claro objetivo y con la seguridad de que no arriesgaré ninguna vida, ya que, todos merecemos volver a casa. Acabaré con esta guerra antes de que empiece y haré justicia por todos los Caídos. Reforzaré el Departamento de Seguridad Mágica, así como la diplomacia que nos prevendrá de futuros ataques mágicos. Restauraré la moral de todos nosotros, con el fin de que el mundo mágico vuelva a ser extraordinario. Corren tiempos difíciles, mis queridos magos, y debemos permanecer unidos. Sé que muchos calificarán mis palabras como un discurso barato, y que insistirán en algo más radical o en otras maneras de manejar esta situación. Y espero que así ocurra, porque si no tenéis nuevas ideas u os levantáis para exigir más acción, entonces estáis dejando ganar al enemigo. Los pequeños gestos hacen una gran diferencia, y lo sabéis porque ya ha funcionado antes. Si vuestras esperanzas se han evaporado una y otra vez, entonces dejad de tener fe y quedaos con lo que ya sabéis, con lo que es seguro, con lo que siempre ha funcionado: Actuemos juntos como aquellos que lucharon en la batalla de Hogwarts. Ya sé que no soy el candidato que más os gusta para este puesto: me exilié de Inglaterra en la guerra, me he pasado toda mi vida leyendo libros y estudiando estrategias, luchando por los asuntos más polémicos… Pero aquí estoy. Y lo que ocurra en el mundo mágico no recae sobre mí, recae sobre todos vosotros. No soy yo el único que me he quedado en silencio cuando vi el cadáver de mi hijo. Sino también vosotros. Los cambios en el mundo mágico los hacéis vosotros, rara vez un Ministro de Magia, porque vosotros los pedís, porque vosotros os levantáis, insistís en nuevas ideas, mostráis liderazgo y exigís algo mejor. Creo firmemente que el cambio está por llegar porque lo estáis viendo, lo estáis viviendo. Vi el cambio en Alexander Moonlight cuando se adentró en las llamas de Hogsmeade para rescatar a los heridos. Cuando Astoria Malfoy firmó una promesa con el Ministerio para colaborar con todo el poder cedido por su difunto marido. Cuando los alumnos de Hogwarts se ayudaron entre ellos en el atentado de King's Cross. O cuando unos niños de apenas catorce años se adentraron en la sede del enemigo para rescatar al rehén más sonado de estos tiempos. Y, ciudadanos, estos no son los héroes que conocéis. Podían haberse quedado quietos, como todos nosotros, pero lo que hicieron fue luchar por lo que creían que estaba bien, unir fuerzas. No podemos dejar que nuestras disputas internas nos alejen de lo que realmente debemos salvar. No con tanto trabajo por hacer, no con tantos niños a los que educar y con tantos magos que están por formarse. No con una política y una prensa anclada en el pasado. No con tantas familias con tanto que perder. La unión hace la fuerza.
Neville aplaudió al segundo. Le secundó Luna, que había soltado una minúscula lágrima que surcó su rostro y con ello, el maquillaje de ojos púrpura que se había echado. McKing se dio cuenta de que no estaba hablando solo, y que aquellas dos figuras de Inglaterra le acogían con admiración.
Solo pudo pensar en su hijo Marcus. Jamás había mostrado una cara de admiración como aquella. Parecía odiarle por no hacer nada tras la muerte de su hermano. Aquel discurso iba indirectamente para él. Él era un héroe que no había mencionado. Su hijo sería tan importante como todos los que eran alabados por la población, lo sabía. Sabía su capacidad intelectual y secretamente la temía, pues estaba sin rumbo, y los genios sin rumbo podían alcanzar fácilmente todos los extremos: no solo la luz, sino la oscuridad. Le gustaría aprovechar aquella visita a Hogwarts para ver cómo le iba a su hijo. No obstante, sabría que le rechazaría.
-¿Qué hacemos con la grabación, señor Ministro?- preguntó Luna Scarmander.
-Creo que sé lo que debemos hacer, si me permite la sugerencia.- Neville recibió un gesto afirmativo de McKing.- Luna, puedes imprimir el discurso en tu periódico, para que así nos aseguremos de que todo el mundo lo va a recibir. Desde la última entrevista, están pendientes de tu periódico, así que eso nos lo tenemos asegurado. Pero, antes de que lo publiques, proyectaremos la grabación en la fachada del Ministerio de Magia, que es donde nos interesa que lo vean. Parece extrema propaganda política, pero eso es de lo que se trata. Cuando la gente que pase por allí, no aquella que queremos que cesen sus disputas, los magos que no tienen nada que ver, lo verán y se lo contarán a todo el mundo: la autoridad y la tenacidad del Ministro. Todos somos héroes, ese es el mensaje. Todos unidos. Bien, después se distribuirá el periódico por todo el mundo mágico.
-Me gustaría que lo proyectase también el Gran Salón, aquí. Los alumnos también son héroes.
-De acuerdo.- asintió el director. Después negó con la cabeza.- No, usted lo repetirá aquí esta noche. Así, avivarás la llama heroica desde las generaciones más jóvenes. Venga esta noche y anime a mis alumnos, señor Ministro.
-Puedo pasarle la transcripción si quiere.- ofreció Luna. La mujer le quitó el papel a la pluma que flotaba en el aire y se lo tendió.
De pronto, se sintió algo abrumado. Su hijo iba a verle dar el discurso más importante de su vida. Estaba nervioso por saber si finalmente le aprobaría.
-Muchísimas gracias a los dos, os veré esta noche.
-A usted, señor…- antes de que Neville terminase de formular su nombre, el Ministro se desvaneció en el aire.- Al menos no me ha gastado ningún sobre de té. - Se dirigió a Luna. Y sintió un extraño nudo en el estómago. Probablemente esa era una de las pocas veces que se habían quedado a solas después de mucho tiempo. Era tan incómodo como imaginaba. Ella no hablaría, porque a pesar de que lo que pudiese parecer, era más orgullosa que él.- Me alegro de que estés colaborando con McKing.
-Me lo pidió Harry.- respondió ella como si eso fuese razón de peso. Aquello le exasperó. La única noción que tenía de la vida de su antigua mejor amiga y, para qué engañarse, novia; era a través de Harry y Ginny, pues siempre serían sus fieles amigos. - Me alegro de que tú también lo estés haciendo.
-Yo lo hago porque es lo correcto.
-Qué curioso.- dijo ella. Neville se imaginó que era su excéntrico sarcasmo.- Siempre acabas haciendo lo correcto.
Lo que aquella mujer probablemente sabía, era que aquellas palabras eran una provocación para Neville, pues las peleas que habían tenido de más jóvenes, eran por el deseo de sentar cabeza del muchacho porque era "lo correcto". Para Luna, en cambio, quien creía aun en cosas imposibles, lo "adecuado" era vivir sin preocupaciones. Acabaron por razones de desacuerdos obvios.
-Aún no sabemos si lo hemos hecho bien.
Luna miró hacia Neville, y el director sabía que no había escuchado su respuesta porque mantuvo una mirada perdida que solo él sabía reconocer. Estaba buscando las palabras correctas y adecuadas. Luna quería algo y era complicado. O eso, o realmente se había vuelto loca.
-Hace tiempo que no me paso por tu casa.
-Nunca sueles hacerlo. Solo cuando vienen todos los del Ejército de Dumbledure en nuestras reuniones cada dos años…
-¿Cómo está Hannah?
Neville frunció los labios. No sabía a qué venía aquello, o sí y quería eliminarlo de su mente. A Hannah no le caía demasiado bien la antigua amiga - novia de su marido. De hecho, nunca habían mantenido una conversación. Decía que muchas veces se hacía la loca para desentenderse de los problemas. Hannah tenía razón.
-Ya sabes cómo está.
-¿Y Alice?
-Ya le has dado clase.
-¿Y Frank?
Neville la miró con desaprobación o con rencor, no sabía exactamente cómo habría sido su reacción.
-Bien.
-Este año cumplirá la mayoría de edad mágica. Hubiese sido un buen Gryffindor. La última vez que lo vi tenía esa sonrisa tuya de cuando estabas orgulloso por hacer algo bien, creo que había ayudado a Alice con un problema de deberes muggles. Alice se parece más a Hannah. Pero Frank es exactamente igual que tú. Espero poder verlo pronto, Neville, me gustaría mucho.
Pero Luna estaba hablando sola, Neville había desaparecido en el aire justo después de la primera frase.
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