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Hermione y los merodeadores, nuevas amenazas — capítulo 13
Sin más problemas por parte de los slytherin, pronto estuvieron en halloween, esa mañana Hermione no podía quedarse quieta, tanto que despertó a Sirius que dormía a su lado.
Sirius apoyándose en su brazo la miro. −Herms, se que estas preocupada, que esta noche un troll se paseara por hogwarts, pero ya Severus esta avisado, además no tiene que hacer nada, solo impedir que ningún alumno se acerque hasta que el profesor Dumbledore y los demás se lo lleven.
−Igual no puedo dejar de preocuparme. −Y lo miro. −Es un troll, y en hogwarts hay más de 300 alumnos.
−Lo sé, pero poniéndonos histéricos no conseguimos nada.
Hermione que sabía que su marido tenía razón, lo beso y levantándose se metió en el cuarto de baño a prepararse para ese día.
Unas horas después, en hogwarts todos estaban celebrando la noche de los fantasmas y las brujas, cuando la puerta se abrió y apareció Quirell gritando que un troll de las montañas había entrado en hogwarts.
Al escuchar eso, todos los alumnos se pusieron a gritar y el profesor Dumbledore tuvo que poner orden.
−Que los prefectos lleven a los alumnos a sus casas. −Dijo el director.
Orión antes de irse con su casa, se acerco a su hermana. −Ves directamente a tu torre, no te separes de los demás.
Casi lo miro. −Tengo que hablar con Draco.
−Rápido.
−Sí. −Y se acerco a su primo. −Draco no te separes de los demás.
El niño la miro. −No me separare de mis compañeros, ahora vete.
−Sí. −Y dándole un beso cogió a Hermione de la mano y se fueron con sus compañeros.
Por suerte el troll pudo ser atrapado y ningún alumno sufrió ningún daño, el único que sufrió una herida en la pierna fue Snape y como no quería que nadie supiera que había intentado parar al troll lo oculto.
Al día siguiente, bien temprano Charlus y Hermione se pasaron por hogwarts, antes de irse a ver al profesor Dumbledore el auror miro a su hija. −Ves a ver a Severus para curarle esa herida, pero que nadie te vea.
Hermione le sonrió. −Papa soy buena escondiéndome por estos pasillos.
Al escuchar eso Charlus se rio. −A veces me olvido con quien estas casada, ahora ves. −Y dándole un beso en la frente se fue.
La medimaga sin ser vista por nadie, se fue al cuarto de su amigo, aunque en hogwarts ni en la otra realidad fueron amigos, gracias a Regulus eso había cambiado, sin contar que Severus estaba casado con una buena amiga suya Marlene.
Al llegar al cuarto del Severus, lo vio acostado en el sofá y se notaba que tenía fuertes dolores.
−He venido a ayudarte. −Dijo Hermione y haciendo grande su maletín empezó a sacar cosas para curarlo.
−¿Cómo lo has sabido?
La medimaga lo miro. −Porque en el pasado paso lo mismo, terminaste herido intentando parar al troll y aunque ahora las cosas son un poco diferentes, es igual, creo que hay cosas que no se pueden cambiar. −Y terminando de coger las cosas que necesitaría del maletín se sentó a un lado y empezó a trabajar.
Mientras la leona curaba al mejor amigo de su cuñado, en el despacho de Dumbledore, Charlus entraba y mirándolo le dijo: −¿Cómo es que tenias un troll de las montañas en la escuela?
El director lo miro. −¿Cómo te has enterado?
−Te recuerdo que tengo cinco familiares en esta escuela, sin contar que soy el jefe de los aurores. ¿Me vas a responder o qué?
−Estoy guardando una cosa a un amigo que necesita protecciones
−¿Y porque no lo lleva a gringotts? −Pregunto sentándose.
−Porque gringotts no es seguro. Seguro que te enteraste que entraron a robar.
Charlus lo miro. −No me hace ninguna gracia que haya algo tan peligroso por aquí cuando hay tantos alumnos indefensos. −Y se levanto. −Espero que me hagas caso, no me gustaría volvértelo a repetir.
Albus lo miro. −¿Cuándo nos hemos distanciado tanto?
−Cuando te obsesionaste por mi familia, primero que querías saber que oculto, no oculto nada ves demasiados fantasmas, ahora mi hija, Hermione es una hermosa mujer que solo trabaja en san mungo y cuida de su familia, su marido y sus hijos, no oculta nada, pero tu eso no lo sabes ver, cuando dejes esta obsesión entonces hablaremos de nuevo, ahora me tengo que ir, tengo trabajo del que ocuparme. −Y despidiéndose se fue.
Charlus una vez fuera del despacho del director se fue al despacho de Severus, y vio a su hija que estaba terminando de curarle la herida.
−¿Cómo la tiene?
−El troll le hizo una buena herida, por suerte no es nada grave y se la he podido curar bien. −Cuando término de curar la pierna se levanto y acercándose a su maletín saco dos pociones y se las entrego. −Son para el dolor y por si tuvieras alguna infección por dentro, con la poción se te ira.
−Gracias. −Dijo cogiéndolas y llevándoselas a la boca.
−De nada, te dejo otras dos pociones, dentro de 24 horas tómatelas y te dejo otra por si tuvieras mucho dolor, es instantánea así que en cuanto te la tomes se irá el dolor. −Después de sacar las pociones cerró su maletín y miro a su padre. Ya nos podemos ir.
−Sí que tenemos trabajo del que ocuparnos. −Y miro a Severus. −Ya le he dicho a Dumbledore que tiene que sacar lo que tiene oculto del castillo, ¿comprobaras que haga caso?
−Lo hare, pero no confía en mí, sabe que estoy contigo.
−No te preocupes por eso, tu solo comprueba que todo vaya bien, y si ves algo raro no dudes en avisarme.
−Lo hare.
−Gracias, ahora nos vamos. −Y despidiéndose del profesor Charlus y Hermione se fueron.
Por la noche Severus llegaba a su casa y vio a Marlene con los niños, habían tenido dos hijos Derek de 8 años y Elizabeth de 6 años, los dos morenos como él, y el profesor los adoraba nunca creyó que podría querer a nadie tanto como quería a sus hijos, por ellos habían mejorado como persona, para que sus hijos estuvieran orgulloso de él.
Marlene al ver a su marido le sonrió. -Hermione, ya me ha escrito esta mañana, diciéndome que ya te había curado la pierna y te había dado pociones fuertes para que pudieras estar todo el día sin dolor.
El hombre sentándose le enseño la pierna. −¿Cómo la ves?
La mujer mirándola bien lo miro. −La veo bien, la tienes mucho mejor que esta mañana, se nota que un buen medi mago te ha curado. −Y pasó los dedos por la herida con cuidado. −¿Te duele?
−No. −Y saco las pociones que Hermione le había dado. −Por la tarde me ha empezado a doler pero me he tomado la poción y al poco rato se ha ido el dolor, así que he seguido dando clases, mañana por la mañana me tengo que tomar estas dos, igual el sábado me pasare un momento por casa de Remus para que me la termine de revisar.
−Si te duele, ves antes a verlo.
−Iré pero ahora está bien. −Y miro a sus hijos. −¿Qué hacéis?
Los niños lo miraron. −Estamos pintando.
Marlene le sonrió. −A tus hijos les gusta mucho dibujar. −Y levantándose le dijo: −Voy a empezar a preparar la cena, para que te vayas pronto a dormir, así tu pierna se terminara antes de curar.
−Gracias.
−De nada. −Y se fue a la cocina, mientras Severus miraba como sus hijos pintaban.
Sin más problemas, el tiempo fue pasando hasta que solo faltaban dos semanas para las vacaciones de navidades.
Como cada año, en la mansión Potter se celebraba la fiesta de navidad donde Charlus y Dorea invitaban a mucha gente.
Ese año habían decidido no invitar al profesor Dumbledore, las cosas no iban muy bien entre el director de la escuela y los anfitriones de la fiesta y no querían que nada la estropeara.
Ese sábado los alumnos estaban desayunando en el gran comedor, cuando empezaron a llegar las lechuzas, como cada semana una se acerco a Harry y el niño cogiendo sus catas, miro haber quien le habían escrito.
−¿Quién te ha escrito? −Pregunto Lyall mirándolo. −Veo que tienes más cartas que otros días.
Harry que estaba leyendo los remitentes, dejo de hacerlo y lo miro. -Aparte de mis padres, me escribe el abuelo Charlus.
−¿Y qué te dice?
−Ahora lo sabré. −Y abriendo el sobre se puso a leer la carta y sonrió. −Me habla sobre la fiesta navideña que celebra cada año y quiere saber si quiero invitar a algún amigo. −Y miro a Seamus y Dean. −¿Queréis venir a la fiesta de navidad de mis abuelos?
Los niños lo miraron. −¿Podemos ir?
Harry les sonrió. −Claro por eso os lo pregunto, hay música, comida y es muy divertido, mi abuelo me pregunta si quiero invitar a alguien así yo se lo digo y el os envía las invitaciones, podéis traer a vuestros padres.
−Mi padre es muggle. −Dijo Seamus.
El niño lo miro. −No importa, mis abuelos muggles también vendrán y también la abuela Hope que es muggle, es la madre de mi tío Remus, el padre de Lyall, como digo será muy divertida.
−Entonces sí que iremos.
−Estupendo, termino de desayunar y voy a responder la carta, no quiero que las invitaciones lleguen tarde. −Y miro a su primo. −¿Lyall vas a invitar a alguien?
−No, además estaremos a reventar. −Y miro a Will que como siempre estaba rodeado de chicas.
Harry miro a Will. −Will.
El chico dejo de hablar con su amigo y lo miro. −¿Si?
−El abuelo dice que solo puedes invitar a dos amigos, que no queremos que ocurra lo del año pasado, que el salón se lleno de gente y tuvieron que venir los bomberos a sacarnos. −Y riéndose se levanto y se fue.
−Que gracioso. −Y miro a Lyall. −Eso no paso.
El joven Lupin lo miro. −Yo no sé nada. −Y riéndose siguió desayunando.
−¿Es verdad? −Pregunto Seamus a su amigo.
Lyall lo miro. −No, pero sí que mucha gente quiso entrar en la fiesta y el abuelo Charlus tuvo que poner orden, a la fiesta solo se entra con invitación, por eso Harry os lo ha preguntado. −Y levantándose cogió sus cartas y los miro. −No os preocupéis los Potter son dos personas muy amables, me voy que tengo cosas que hacer. −Y despidiéndose se fue.
En la mesa de las águilas, Casi miro a Hermione. −¿Quieres venir a la fiesta de navidad de mis abuelos?
La joven águila la miro. −¿Qué fiesta?
−Una fiesta de navidad que preparan mis abuelos todos los años en su casa.
−¿Yo puedo ir?
Casi le sonrió. −Claro que si, por eso te pregunto, pero tengo que enviarle la carta a mi abuelo con la gente que quiero invitar para que os envíen la invitación.
−Sí que quiero ir.
−Genial, pues ahora les escribo. −Y terminando de desayunar se levanto y se fue a su cuarto a escribir su carta.